21 diciembre, 2012

UNA DIVERTIDA HISTORIA


EL LIBRO DE LA SEÑORITA BUNCLE

D. E. STEVENSON

A pesar de los grandes avances científicos en el campo del genoma humano, aún no se ha encontrado ninguna prueba que demuestre que la capacidad de entretener a lectores de todas las generaciones se encuentra ligada al ADN. Sin embargo, puede que no resulte demasiado arriesgado e imprudente aventurar alguna relación entre cromosomas y literatura cuando se descubre que D.E. Stevenson, autora de la entretenidísima novela  El libro de la señorita Buncle es, ni más ni menos, que sobrina segunda de R. L. Stevenson, aquel  prestidigitador de la ficción y  taumaturgo de la peripecia que nos sedujo con la tonadilla “¡Quince hombres en el cofre del muerto, yo-jo-jo y una botella de ron!”, que nos asustó con el toc-toc del bastón del ciego Pew o que nos zarandeó a través de mares brumosos a bordo de la Hispaniola.

Dorothy Emily Stevenson nació en Edimburgo en 1892 y vivió en Escocia hasta su fallecimiento en 1973. Su padre, ingeniero y constructor de faros, la educó en casa a través de institutrices y fue a la tierna edad de ocho años cuando D. E. comenzó a escribir sus primeros textos. Su extensa carrera literaria (escribió más de cuarenta novelas) comenzó con Peter West (1923), pero no alcanzó popularidad hasta la publicación de Mrs. Tim of the Regiment (1932).

Para fortuna y deleite de los lectores en castellano, la editorial Alba, uno de los buques insignia en lo que a clásicos universales se refiere, rescata, en su colección Rara Avis, esta pizpireta novela de brillante plumaje, publicada en 1934 y a la que siguieron, en su país de origen, por su enorme éxito de ventas,  dos secuelas (Miss Buncle married y The two Mrs. Abbotts). En El libro de la señorita Buncle, un pequeño pueblecillo inglés de los años treinta, humilde y devoto admirador de su propio ombligo, ve con alarma y espanto cómo el rígido orden social que gobierna consuetudinariamente sus vidas es amenazado por la publicación de una novela,  El perturbador de la paz, escrita por un malévolo convecino que se parapeta tras un pseudónimo. La malvada es, en realidad, la señorita Buncle, una mosquita muerta y “tonta perdida” (sic) con aspecto de no haber roto un plato -de porcelana Wedgwood, claro- en su vida y que, de una manera ingenua, simpática y sencilla, retrata la vida de Silverstream y de sus amistades presentándolas como en realidad son, es decir, con todos sus defectos, manías y miserias ocultas (o casi ocultas). El vendaval de El perturbador de la paz arrancará sus caretas, abrirá los armarios y esparcirá por las coquetas y floridas calles todas las emociones reprimidas, consciente o inconscientemente,  durante muchos años y, poco a poco, y ante la mirada atónita de los habitantes y de la propia Barbara Buncle, muchos de los pronósticos de la novela de la discordia se irán cumpliendo.

Pero no solo los vecinos formarán parte de este divertimento metaliterario; el propio lector participa en el juego, porque, al igual que ocurre con El perturbador de la paz, El libro de la señorita Buncle no puede abandonarse una vez empezado, y el apetito provocado con cada capítulo debe, necesariamente, saciarse con la lectura del siguiente. Y es que la autora construye un juego de espejos en el que se reflejan los personajes, y  en el que también se deforma el ingenuo estilo de la señorita Buncle, transformándose en una narración omnisciente sutil y guasonamente malvada, preñada de mudas, anécdotas, burlas soterradas, un poquito de romanticismo y mucho, mucho humor inglés. Su  pluma irónica e incisiva dibuja unos personajes –junto a sus alter ego metaliterarios- pintorescos y entrañables, prontos a saltar de las páginas para dedicarse a arrancar nuestros hierbajos, como hace el hilarante coronel Weatherhead con sus “padrastros”, a reunirse en la cocina alrededor de un té Earl Grey para escuchar las imprecaciones de la empingorotada y despepitada señora Featherstone Hogg, o a salir pitando a la estación de ferrocarril más cercana para tomar el primer tren a Samarcanda.

Desde su simpático comienzo, “Una magnífica mañana el sol asomó la nariz entre las colinas”, hasta su redondo final –anunciando, eso sí, las futuras secuelas-,  D. E. Stevenson despliega una prosa fluida que discurre ágil, saltarina y directa por  los breves capítulos en los que se estructura la obra, plagados de  diálogos cómicos, frases lapidarias, descripciones sencillas y coloristas, y, en un alarde de inteligente dosificación argumental, cuajados de  pequeñas subtramas que, unidas entre sí por el hilo invisible de la comedia, contribuyen a evocar en la mente del lector una sensación de velocidad y ligereza.

A los amantes de los libros que hablan de libros esta novela les parecerá una lectura deliciosa; a los lectores de Gaskell les recordará sin duda a Cranford; y a los que disfrutan con la ironía sutil e incluso mordaz puede que les quede un cierto regusto a Saki (en versión, desde luego, menos corrosiva) porque esta matrioska literaria esconde en su interior, además, una carga de profundidad dirigida no solo contra los profesionales de la crítica literaria, sino  contra el borreguismo lector que sólo compra y lee lo que compra y lee el vecino.

Tal vez se echa en falta un dramatis personae y un puñado de notas a pie de página para aclarar al lector hispanoparlante el significado de algunos nombres propios y su ingeniosa mutación a manos de la ingenua señorita Buncle, como complemento todo ello de un ya de por sí explícito prólogo… Pero, en suma, merece Alba nuestra felicitación por haber sabido ofrecer a los lectores una cuidada edición, con una traducción impecable y un atractivo diseño; y nuestro aliento también para que ponga el mismo empeño y el mismo esmero en la edición en castellano de las dos secuelas que D.E. Stevenson regaló a los lectores de su tiempo.


Pilar Moreno Monteverde.

Datos técnicos
El libro de la señorita Buncle, D.E. Stevenson (1934).
Traducción: Concha Cardeñoso Sáenz de Miera.
Alba Editorial; colección Rara avis.
Primera edición: mayo 2012.
378 páginas.

19 diciembre, 2012

OLD ENGLAND



INGLATERRA, INGLATERRA

JULIAN BARNES



¿Llega un momento en el que el original comienza a dejar de parecernos auténtico?¿Es posible que prefiramos una copia, limpia, aséptica y sin genética propia, al original mismo? ¿Reducimos la realidad a una serie de imágenes simplistas que podemos manipular a nuestro antojo? En estas cuestiones se zambulle Inglaterra, Inglaterra, una original obra de Julian Barnes en la que plantea una fábula orwelliana con su habitual habilidad para la narración.

Julian Barnes fue una de las varias promesas de la literatura inglesa de los años ochenta, junto a autores como Martin Amis, Ian Mcewan o Kazuo Ishiguro. Desde entonces ha tenido ocasión de mostrar su talento en diversas obras. La reciente publicación de Arthur & George, soberbia recreación del fugaz cruce entre la vida del escritor Arthur Conan Doyle y el abogado de origen indio George Edalji, es un ejemplo perfecto de su interés por lo "inglés", sus símbolos y valores o la herencia de esa Inglaterra de finales del siglo XIX y principios del XX.

No es la primera vez que Barnes vuelve su mirada a Inglaterra, para repasar sus tópicos, su pasado e, inevitablemente atisbar el futuro en un mundo que le ha dejado de pertenecer. En 1998, Barnes publicó una obra íntegramente dedicada a esta materia, escrita desde la ironía (y el cariño) en la que fantasea sobre la creación de un parque temático que recoja la esencia de lo inglés.

Sir Jack Pitman, un multimillonario cuya nacionalidad original es dudosa (siempre los patriotas más vocingleros suelen ser los de adopción) desea culminar su vida invirtiendo una fortuna en la compra de un territorio (la isla de Wight será el objetivo final) para recrear al modo de un parque de atracciones temático, todo aquello que se debe ver y conocer de Inglaterra. De este modo, pretende, de una parte, conservar las esencias (o la imagen popular de éstas) de su país, así como preservarlas de los propios ingleses.

La idea que fundamenta el proyecto es la de que el público desea antes la copia que el original, más aún cuando la reproducción se le presenta de manera aceptable y cómoda, pudiendo visitar en un día aquello que requeriría varias semanas de fatigosos esfuerzos en la Inglaterra real. Desayunar sobre los acantilados de Dover, almorzar en Stratford-upon-Avon para luego tomar el té en un cottage con tejado de paja y cenar ante una espléndida puesta de sol en Stonehenge son sólo algunas de las múltiples posibilidades que ofrece la nueva Inglaterra, que, para destacar más su pretensión de sustituir a la original, lleva por nombre Inglaterra, Inglaterra.

En el catálogo de lo british más puro no faltan los taxis londinenses, los beefeaters, los autobuses de dos pisos, las cabinas telefónicas o el Big Ben. Pero para demostrar que no hay nada que la imaginación y el dinero (junto con la dosis adecuada de chantaje y coacción) puedan conseguir, también se podrá compartir una velada con el Dr. Samuel Johnson y sus inteligentes disertaciones, asistir a un asalto de la alegre pandilla de Robin Hood, contemplar en los cielos de Wight una representación de la Batalla de Inglaterra o disfrutar del cambio de guardia y la salutación de unos monarcas auténticos.

Para ello, Sir Pitman se rodea de un equipo de colaboradores multidisciplinar que le ayude a plasmar su idea en hechos concretos. Conviven así, un historiador estrella mediática de la televisión, un captador de ideas cuya única tarea inicial es la de grabar las ocurrencias espontáneas de su jefe, o una psicóloga -Martha Cochrane, cuyo papel fundamental es aportar negatividad y cinismo a las reuniones.

Martha es precisamente el personaje conductor de la novela, eclipsada en ocasiones por el todopoderoso Pitman. Su infancia difícil, abandonada por su padre, y su madurez compleja debido a varias relaciones insatisfactorias, configuran una visión del mundo que atrae de inmediato al millonario, que admira su crudeza y sarcasmo, y a otros miembros del equipo. De ser una empleada más pasa a ocupar un papel relevante dentro de la empresa (no explicaremos el cómo, sólo que Cochrane ha aprendido a manejar los mismos instrumentos que su jefe) y consigue convertir Inglaterra, Inglaterra en un completo éxito mercantil.

La identificación de la copia con el original es tan grande que, con el tiempo, los propios empleados del parque comienzan a identificarse con sus personajes. Robin Hood roba animales de granjas próximas, Johnson cae en una profunda melancolía abúlica y la copia empieza a querer parecerse demasiado al original, a cobrar vida propia, a reclamar su autonomía. Se da así la paradoja de que el modelo estático, destinado a eternizar Inglaterra, acaba por tornarse dinámico, asumiendo los valores mercantiles y falsarios de los que Pitman renegaba inicialmente.

Martha, tras su caída en desgracias, regresa a Inglaterra (a secas) y Barnes nos ofrece el contrapunto a lo que ocurre en la feliz Inglaterra, Inglaterra. Debido a su éxito comercial la pérfida Albión ha perdido todo su empuje económico, los especuladores han hundido la libra, el turismo abandona las islas, las instituciones internacionales le dan la espalda y la aristocracia se exilia en el Continente. Escocia y Galés aprovechan la oportunidad para independizarse y expandirse comprando tierras a los condados ingleses empobrecidos. Sin embargo, lo peor es que, tras ver arrebatada su historia, Inglaterra ha perdido la conciencia de sí misma (terrible pesadilla en un mundo en el que la globalización favorece la uniformidad) y debe buscar una nueva.

La nueva Inglaterra se rebautiza como Anglia, en un intento de recuperar sus raíces históricas. El regreso de los inmigrantes a sus países de origen ha convertido a Anglia en un estado rural y despoblado. Los transportes recuperan la fuerza animal como principal energía y la alimentación se limita a aquello que puede producir la tierra. Finalmente, Anglia ha vuelto a su más pura esencia medieval y rural, frente a Inglaterra, Inglaterra que tras crearse con la finalidad de copiar el original, recrear su pasado se convierte en futuro. Paradojas del destino de las que Martha tampoco logra escapar en su viaje por reconstruir su trayecto vital.
 
Inglaterra, Inglaterra, está escrita con la habitual maestría de Julian Barnes, con su preciosismo detallista y su ritmo narrativo impecable. No obstante, en algunos momentos, el esfuerzo de Barnes parece dirigirse a explicaciones excesivamente prolijas de aspectos claramente accesorios, mientras que en otros pasajes los acontecimientos se desencadenan con excesiva precipitación lo que hace perder el equilibrio narrativo. La combinación de aspectos psicológicos, la fabulación sobre el futuro de Anglia o el contraste entre realidad y copia resultan en ocasiones confusas.

Pese a no ser una de las mejores obras de Barnes, su argumento es tremendamente atractivo, original y muy sugerente; su estilo, brillante; y el resultado general más que aceptable. Ironía y reflexión, historia y ficción combinadas con acertadas reflexiones del autor sobre aspectos tan dispares como el arte, la felicidad y el amor la convierten en algo más que una curiosidad.

 GWW

DATOS DEL LIBRO

  • Nº de páginas: 320 págs.
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • Editorial: ANAGRAMA
  • Lengua: ESPAÑOL
  • ISBN: 9788433968913



16 diciembre, 2012

EL VIEJO TOLSTOI


EL VIEJO LEÓN. TOLSTOI, UN RETRATO LITERARIO

MAURICIO WIESENTHAL

Edhasa pocket, 2010

Compuesto por un conjunto de textos sobre Tolstoi, Wiesenthal nos acompaña en un recorrido por distintos aspectos del pensamiento, obra y vida del gran escritor ruso. Y como colofón, en una sección  titulada Album para la memoria, el autor comenta una serie de fotografías, muchas de ellas tomadas por la propia Sofía Tolstaia,  imágenes del viejo  Tolstoi,  rincones de la casa (Iasnaia Poliana), imágenes con su familia, con Gorki, con Chertkov, con los campesinos, en fin, un álbum familiar. Wiesenthal cree que «esta forma de presentar mi “recuerdo novelado” ayudará al lector a situarse en la realidad del  mundo de Tolstoi, en el paisaje ruso, en la gente y en la época […]. Así viví mis peregrinaciones a la Rusia de Tolstoi». Comparte el autor con Tolstoi la idea de que sólo la novela permite «comprender» al ser humano al contemplarlo en su entorno. El hombre y su circunstancia, como ya planteó Ortega.

Así, Wiesenthal, que además de escritor es un viajero empedernido, cuenta no sólo la vida de Tolstoi, sino sus circunstancias: los orígenes ancestrales de su mansión  Iasnaia Poliana; la vida de las gentes rusas, leyendas y costumbres; anécdotas de los escritores contemporáneos de Tolstoi y las relaciones que mantenían entre sí; la batalla entre el viejo Leon y su esposa Sofía, que como leona a su vez, defendía el patrimonio familiar y la herencia de sus hijos frente a las locuras exageradamente generosas de su esposo, manipulado por los grupos de oscuros seguidores, no siempre desinteresados.  También nos cuenta la pasión que el matrimonio mantuvo durante años, ligándola al detalle simbólico del manojo de llaves que Sofía llevaba atado a su cintura. Bellísimo simbolismo. Y la relación con los niños, a los que amaba sobremanera, así como con la música, que entusiasmaba al escritor y que consiguió transmitir ese entusiasmo a toda la familia. Tolstoi era un hombre vitalista, pleno de inquietudes, deseos, pasiones, que según los momentos de su ciclo vital canalizó en una dirección u otra. 
En su vejez –recordemos el título de este libro, El viejo León― se escoró hacia un pensamiento moralizante, humanitario, pacifista en la línea de Gandhi, con el que intercambió larga correspondencia. Abandonó parcialmente la literatura para sumergirse en un mar de actividades pedagógicas, desarrollando teorías religioso-libertarias que chocaban tanto con la Iglesia Ortodoxa (que le excomulgó) como con los políticos de amplio espectro: del Zar a los comunistas. Incluso con sus propios seguidores. Y es que el viejo León poseía una personalidad única, independiente, una fuerza vital libre y casi salvaje.  Este viejo había visto venir lo inevitable: la muerte de un mundo al que la falta de ideales, la falsa idea de seguridad, el desprecio de la pobreza y la capacidad de convivencia con el abuso y la injusticia le devorarían como buitres. Lo que Tolstoi proponía era una vuelta a los valores sencillos, el respeto a la naturaleza, el trabajo y la exigencia moral. Una cultura se destruye ―nos dice Wiesenthal, parafraseando a Tolstoi―cuando carece de valores reales de justicia y cuando olvida sus ideales de renacimiento proponiendo sólo un horizonte de abundancia, oportunismo moral  y progreso material sin fe. Estas son ideas básicas en Tolstoi. El concepto de autoridad moral sustenta todo el  edificio tolstoiano, y el aserto del evangelista S. Juan «el conocimiento de la verdad es lo que os hará libres» era una premisa básica para el viejo León.
Wiesenthal  se documentó ampliamente sobre Tolstoi para su novela  Luz de vísperas,  así como para un capítulo sobre el escritor ruso en Libro de Requiems.  Visitó  en varias ocasiones Iasnaia Poliana y los alrededores de la mansión, los jardines, bosques etc. También visitó la casa donde Tolstoi y su familia residían cuando estaban en Moscú. 

En 1972, Wiesenthal tuvo la suerte y el honor de poder encontrarse personalmente con una nonagenaria Alexandra Lvovna Tolstaia, la hija menor del viejo León. Vivía en Valley Cottage, (Nueva York). Aún dirigía la Tolstoy Foundation, una institución que se ocupaba de huérfanos e hijos de emigrantes, desde 1941. En la Unión Soviética Alexandra fue detenida y encarcelada por defender la libertad de expresión. Finalmente abandonó la Rusia en 1929. Mantuvo hasta sus últimos días el espíritu humanitario de su padre.
Libro interesantísimo, lleno de datos y de anécdotas curiosas, de ideas y de relatos, muy en el estilo de Wiesenthal. Digresiones constantes le llevan a hablar de otros muchos autores y artistas, tuvieran contacto o no con Tolstoi, así como transcripción de textos extraídos de su novela Luz de Vísperas, poemas o citas de diversos escritores, comentarios jugosos y teorías sobre el hecho literario y una mirada sobre el presente y el futuro del arte de escribir. No sólo para seguidores y amantes del viejo León, sino para cualquiera que ame la literatura y la vida, porque de libros y de vida se habla.

Mauricio Wiesenthal (Barcelona, 1943) es un escritor español, enólogo y fotógrafo de origen alemán (con ascendencia de Hamburgo). Es autor de narraciones, ensayos y biografías; además de varias obras sobre temas enológicos. Ha sido Profesor de Historia de la Cultura en la Escuela Superior de Comercio de Cádiz, profesor del Centro Cultural del Vino de Barcelona y conferenciante invitado en distintas universidades españolas (UIMP, Deusto). Ha colaborado en varias obras enciclopédicas y dirigido algunas de ellas; ha escrito también numerosos libros sobre las culturas precolombinas de América. Igualmente, es autor de medio centenar de guías y libros de viajes -publicados en inglés, francés, italiano y alemán- y de algunas obras de divulgación médica.

Ariodante

14 diciembre, 2012

APOCALIPSIS


EL QUINTO JINETE

LARRY COLLINS Y DOMINIQUE LAPIERRE


Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis son los cuatro caballeros que se describen en la primera parte del capítulo sexto del Apocalipsis. “ Cuando abrió el sello cuarto, oí la voz del cuarto viviente, que decía: Ven. Miré y vi un caballo bayo, y el que cabalgaba sobre él tenía por nombre Mortandad, y el infierno le acompañaba: Fueles dado poder sobre la cuarta parte de la tierra para matar por la espada, y con el hambre, y con la peste, y con las fieras de la tierra”. Apocalipsis, VI, 7-8.
¿Por qué es Gadafi el Quinto Jinete?. Él se considera a sí mismo descendiente directo del profeta Mahoma y dice estar investido de una misión divina: velar por la causa árabe. Su fundamentalismo le convierte en un ser inestable que hace imposible prever el curso de su política o intentar ajustarla a acuerdos o negociaciones. Y, dado su fanatismo, el mundo lo mira con recelo porque tiene todo el poder financiero para fabricar armas de destrucción masiva y provocar un conflicto nuclear de imprevisibles consecuencias. Por eso, para intentar tener un cierto control sobre este iluminado los países occidentales han tratado de buscar un mantenimiento de relaciones normales con  su régimen, aún teniendo la certeza del apoyo libio al terrorismo y de que sus embajadas han actuado en determinados momentos como base de criminales.

El Quinto Jinete es un libro escrito por  Larry Collins (West Artford-Connecticut, Estados Unidos, 14/09/29- Frejus, Francia 20/06/05) y Dominique Lapierre (Chatelaillon, Francia, 1931),  un dúo que ha vendido 50 millones de ejemplares de sus cinco títulos conjuntos: ¿Arde París?, O llevarás luto por mí, Oh Jerusalén, Esta noche, la libertad y El quinto jinete . ¿Arde Nueva York? Es el último trabajo publicado por ambos escritores desde 1980. Se puede decir que Dominigue Lapierre fue un precursor de la novela de terror moderno con amenazas catastróficas. También podría citarse a Frederick Forsyth, autor de La alternativa del diablo.

Escrita en tercera persona, es una novela testimonio, porque lo que en ella se relata podría suceder en la realidad. Con gran maestría los autores logran confundir al lector mezclando realismo y ficción , para que así se tome la obra como una historia novelada.

"Señor presidente, creo que debe de enterarse de este pliego. Es la traducción de una cinta grabada en árabe y dirigida a usted que fue depositada a primera hora de la tarde en el puesto de guardia principal"

“Traducción de la cinta (...) “Afirmas que quieres restablecer la paz en el Próximo Oriente, y ruego a Dios que te bendiga por su esfuerzo (...) no habrá justicia para mis hermanos árabes de Palestina mientras los sionistas, con la bendición de tu país, sigan robando la tierra de mis hermanos para instalar en ellas sus colonias ilegales...” (pág. 13).

Tres terroristas islámicos logran transportar hasta la ciudad de Nueva York una bomba atómica. El presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, recibe un ultimátum de Gadaffi: tiene un plazo de treinta y seis horas para que los sionistas abandonen los territorios árabes ocupados. Si no se cumplen las condiciones que dejó grabadas en la cinta mandará detonar la bomba. Diez millones de habitantes de la gran manzana eran sus rehenes desde ese momento. ¿Se podría preparar un plan en ese plazo para desalojar la ciudad de los rascacielos sin que cundiera el pánico entre la población y sin que el dirigente  libio se enterase?. Se pone en marcha todo el protocolo diplomático y empiezan las conversaciones con los principales líderes mundiales: Breznev, Begín, Giscar d´Estaing, el propio Gadaffi. ¿Puede ser esa bomba el principio de un holocausto nuclear, en el que no solamente desaparecería Nueva York sino también gran parte del mundo?.

Trama muy bien desarrollada y fundamentada que puede fecharse en los años de la guerra fría. Es un thriller y muy trabajado, donde los personajes históricos son tratados con tal verosimilitud que se ve que los han estudiado a fondo por el conocimiento que tienen de los mismos. Son treinta y seis horas de intenso suspense, con un ritmo trepidante que engancha hasta el final pues mantiene en vilo al lector porque las horas van transcurriendo vertiginosamente y no se ve una solución definitiva. El cataclismo nuclear parece inminente. 

Sus autores comentan que han pasado cuatro años reuniendo abundante documentación, recorriendo países para realizar entrevistas y reunir testimonios que le dieran veracidad a la obra. Ellos mismos dicen: “Todos los personajes del Quinto Jinete son reales. Hemos  pasado centenares de horas con ellos, desde políticos, directores del FBI, de la CIA, terroristas, incluso con rateristas barriobajeros de Brooklyn. Hemos analizado su personalidad, sus motivaciones, investigado su pasado para así poder reconstruir su comportamiento en la situación histórica que relatamos”. Quizás lo que menos me gusta es la figura del presidente de los Estados Unidos, casi reflejado como un ser todopoderoso, muy por encima de todos los demás personajes. 

Francisco J. Portela

Título original: Le cinquième cavalier.
Autores: Larry Collins y Dominique Lapierre
Nº Pág.: 416
Traducción: J. Ferrer Aleu.
Plaza & Janés Editores S. A.
R. B. A. Editores S. A., 1993
ISBN: 84-473-0145-1



                                                                                                         



11 diciembre, 2012

LA INUSITADA SENSACIÓN DE HABERLO VIVIDO


DESPUÉS DE COMER PERDICES O POR QUÉ LAS MUJERES SON BOLUDAS

RITA GARDELLINI

Existen momentos en Después de comer perdices o por qué las mujeres son boludas que nos hacen replantear nuestros deseos mas ocultos. Despiertan en el lector pasiones dormidas, aparentemente inexistentes, pero que detectamos cuando nos las muestran, como en este libro, desnudas, claras, y ofensivamente descriptivas. En estos cuentos se puede contemplar la presencia latente de Borges y Cortázar, que acompaña y observa a la escritora a través de los relatos, pero que no molesta ni contamina, dejando  a la autora con una voz propia, libre y salvaje, que penetra en la mente del lector con una fuerza literaria implacable. Y es que Rita Gardellini rebosa literatura. Tiene una capacidad extraordinaria (más bien un don) para jugar con el lenguaje. Hay momentos en los que se disfruta leyendo el cuento por el simple placer del texto. También, algunas historias contienen un grado conmovedoramente amargo, y poseen la virtud de la cercanía, a pesar de que sus personajes hablan con el estilo propio del lugar de donde viven. 
Podemos reírnos por la reacción alocada de sus protagonistas, o sentir angustia por la desesperación que genera un rechazo, o imaginar el hastío y frustración de una mente marginal, solidarizándonos,  no sin cierta complicidad, ante el profundo desasosiego que provoca la incomprensión. El tema de la soledad —un tema ya de  por sí fascinante e inquietante— se plasma de una manera brillante y en ocasiones puede resultar  muy tortuosa. Aunque habla de mujeres, el amor, el sexo, y las relaciones de pareja, en realidad transmite, por momentos, las inquietudes de los seres humanos ante la dictadura de la cotidianeidad: las inseguridades, los deseos, las envidias… Los sentimientos más primitivos y auténticos, los más desgarradores. Entre los cuentos hay unas historias que llegan más que otras. Quizás porque la complejidad de algunos personajes llama mucho la atención, y otros pueden interesar menos. Pero en todos los relatos se mantiene algo especial, que pervive en esa prosa asilvestrada que la autora tanto domina.

De este modo, encontramos el pudor y la incomodidad de los defectos físicos resaltados en algunas de las escenas más tragicómicas del libro, y somos capaces de entender los sueños rotos de una noche de verano inducidos  —con crueldad— por  la respuesta de un amor no correspondido. Todo esto, claro, con un estilo literario jocoso y entretenido. Nunca pedimos que se acabe el tiempo compartido con los personajes, sino que deseamos más horas para pasar con ellos. En la difícil tarea de divertir de una manera inteligente, Después de comer perdices asombra por su efectividad y calidad, y demuestra a todos aquellos que reniegan de la literatura pura por ser excesivamente elitista que se puede ser sublime literariamente sin olvidarse del atractivo poder del contenido.

Los relatos de Paula y Fiona, por ejemplo, contienen ciertas dosis de humor que generan algunas escenas cómicas, pero es un humor despiadado. Todo lo provoca la honestidad con la que se conversa, porque en el fondo, las pasiones humanas son así, contradictorias, efímeras y absurdas. Y la sinceridad nos asusta porque nos asusta la verdad sobre nosotros mismos. Esa es una de las cosas que más atraen de sus relatos. Pueden parecer juegos. Sin embargo, sorprende “la verdad” que reside en ellos. Lo fácil que se identifican esas emociones en las largas noches de invierno.

Xabier Fole
Nueva York. Octubre de 2012.
Periodista y redactor de televisión. Graduado en Historia por el City College de Nueva York, especializado en historia intelectual de los Estados Unidos, fue becado por The New York Times como fact-checker en la sección Syndicate. 

A la venta en las librerías en Rosario, Argentina.
En España


07 diciembre, 2012

CRÍMENES DE BARRIO


CRIMEN EN EL BARRIO DEL ONCE

ERNESTO MALLO


No es muy frecuente encontrar novelas bestias, de brutalidad atrayente y de una mirada mordaz y salvaje a lo que nos rodea, por eso llama tanto la atención esta novela.
¡Una maravilla! Argentina y argentinos, lenguaje muy suyo, expresiones porteñas, Buenos Aires, dictadura e hijos de puta, la mezcla no puede ser peor o mejor según se mire.

Colocar una novela negra, negrísima, en mitad de aquellos años y aquellos hechos, es de gran atrevimiento, no deja indiferente a nadie. Pongámosle que el ser humano tiene sus zonas grises y que en ciertas circunstancias inciden aún más y que la brutalidad forma parte del comportamiento de ciertos estamentos, lo agitamos y el cóctel resultante es un territorio que parece un frente de batalla. Verdum, Ypres o el Somne eran igual de peligrosos que pasear por ese Buenos Aires. En mitad de la novela el autor cita un par de novelas sobre el género humano y la dictadura, novelas que han causado estupor por su crudeza y realidad, pero personalmente la presente novela me ha causado más turbación que las citadas, seguramente por dos motivos, por el ambiente negro que crea el autor y por esa sensación de familiaridad y de vivir en mitad de la locura, que se prolonga tanto que ya no le prestamos atención ni la consideramos algo anormal.

Pero la novela es mucho más, es una novela de género de una pieza, es una investigación criminal de primer orden y son unos personajes de calidad encomiable.
El personaje del inspector Lascano es una delicia, su amigo el forense otra similar y de ahí en adelante. No se desperdicia nada, no da puntada sin hilo. Todos los personajes de la novela están perfectamente caracterizados, con truculencia, con carnosidad y con un jugo tan especial que dotan los buenos novelistas a sus recreaciones.

Además, la conjunción novela negra y argentinos no puede ser más interesante, parece como piezas de una Katiuska que perfectamente se ensamblan entre sí. Un gran acierto del escritor es recrearlo con su lengua, con sus maneras porteñas y con sus expresiones y otro acierto de la editorial es no poner ni una nota sobre ellas. Por cierto y hablando de editorial, es encomiable la labor de Siruela con esta novela, un acierto con letras mayúsculas la presente edición, es por estos libros por lo que es preciso agradecerle su labor editorial.
Si quieren una buena novela, si desean una experiencia un tanto bestia, si les gustan los tipos duros, los malos de verdad, los argentinos, los represaliados, los represores, está es su novela. Aseguró, con rotundidad, que gustará a quién la lea.

 Sergio Torrijos


DATOS TÉCNICOS:
 189 páginas
 ISBN: 978-84-9841-510-0
 EDITORIAL: SIRUELA
Fecha de publicación:  2011

04 diciembre, 2012

FANTASEANDO


EVERLOST
NEAL SHUSTERMAN

La mente de Neal Shusterman es fantástica. Y a fantástica le doy los varios significados que posee. Primero, porque con Everlost ha creado una novela maravillosa para jóvenes y para adultos. Y segundo, porque su mundo está repleto de fantasía.
            La novela comienza con un accidente de tráfico que Shusterman sabe contar de modo preciosista para que no quede en una simple tragedia. Este accidente se convierte en mucho más: es el paso de los dos protagonistas, Allie y Nick, a un lugar del que no saben nada pero del que pronto tendrán que conocer mucho. Ese lugar se llama Everlost, una especie de mundo paralelo, de espacio en el que las almas de los niños se quedan entre la vida y la muerte (¿una especie de purgatorio? No lo sabemos, lo que sí está claro es que es hermoso, aunque también peligroso). Allí, desorientados y preocupados, se encontrarán con otro niño, Lief, el cual les acompañará en sus aventuras. Pronto, llegarán al sitio en el que vive Mary, reina de los Escocidos (sí, la palabrita se las trae, pero no tengamos en cuenta la primera acepción que se nos viene a la cabeza… Luego lo explicaremos más detalladamente), una guía espiritual para todos esos niños perdidos. Pero Allie quiere saber más, porque no cree que Mary lo sepa todo, así que ella misma se embarcará en una aventura peligrosa para conocer nuevas respuestas, que la llevará a toparse con el mismísimo Mcgill, el monstruo más horrible de Everlost…
            Lo que más me ha gustado de la novela son sus personajes. Allie, la testaruda, la que quiere saber más y más. Nick, el que se conforma con poco. Lief, aquél que lleva años perdido y resignado. Mary, la Wendy de Everlost. Stradivarius, la hipocresía personificada. El McGill, que representa el poder de conseguir algo al desearlo con fuerza. Todos ellos podrían parecer personajes arquetípicos, pero en realidad, van evolucionando a lo largo de la trama y, los que al principio eran cobardes luego se convierten en valientes, los que eran malvados sienten una especie de arrepentimiento en su interior, los que se aman también se odian… Shusterman sabe complementar y jugar con los sentimientos de cada uno de estos niños perdidos en el mágico mundo de Everlost.
            En cuanto a Mary, reina de los Escocidos, tengamos en cuenta que esta palabra hace referencia a esos niños que se sienten dolidos en un mundo al que no pertenecen. Es su guía espiritual, la que los anima a continuar allí. Muy llamativa y una idea curiosa y lograda, que logra captar la atención del lector, son los finales de capítulo en los que se introducen conceptos que Mary ha elaborado acerca de Everlost. Se juega así con el papel del narrador y el del personaje de Mary, pues ésta a su vez se convierte en una especie de segunda narradora. Para mí, es uno de los personajes más elaborados por Shusterman: hermoso pero a la vez letal.

            Allie es otro personaje fundamental, ya que se convertirá en la enemiga de Mary, llegando incluso a elaborar ella misma libros en los que hable de Everlost, desmintiendo hechos que ya narró la Reina. Cabe destacar que son dos personajes muy distintos pero semejantes a la vez, ya que en ambas existe un gran conflicto moral: las dos luchan por lo que consideran justo.
            Nick, a mi parecer, es el personaje con más evolución en la persona, y dicha evolución es complicada. No voy a decir nada más porque no quiero desvelar parte de la trama, pero es el personaje que realiza un cambio profundo desde la niñez hasta la madurez, comparándose con los personajes aparecidos en las obras de viaje del héroe.
            A su vez, podríamos decir que Everlost, ese lugar de “reposo” para las almas de los niños, es un personaje más. Su influjo es enorme. Eso sí, se echa en falta más información sobre ese mundo, más pinceladas sobre el lugar. Esperemos que en las siguientes Shusterman continúe con su labor, puesto que en su mente debe haber todo un universo everlostiano.

            El lenguaje de Neal es vívido, visual, cinematográfico. La historia se cuenta de un modo tan sencillo, como si se tratase de un cuento de hadas, pero a la vez tan hermoso y metafórico, que se convierte en una leyenda repleta de magia, y sin necesidad de ningún efecto extraño: aquí no aparece la hechicería en sí, ni dragones, ni princesas encantadas, ni gnomos… Sólo niños extraviados. Pero es que la magia está en ellos, en su desorientación espiritual.
            Como colofón, señalar que no es una novela destinada a niños pequeños, sino a jóvenes que ya están de camino a una edad adulta, pues contiene mensajes morales que el niño no puede llegar a comprender. Eso no quiere decir que no pueda disfrutar la historia, claro que lo hará, aunque no logrará descifrar algunas de las bonitas claves de la historia (la pérdida de la memoria en los niños, el apego por lo material, el ciclo repetitivo de las acciones… son todos elementos que Shusterman utiliza con maestría para que el lector reflexione sobre ellos y sus relaciones a lo largo de la historia).
            Como siempre que me sucede con las sagas, me quedo tristona, a la espera de tener pronto en mis manos la segunda parte y sumergirme de lleno de nuevo en ese universo, en ese mundo everlostiano.
           
 Elena Montagud

Ficha:
Título: Everlost

Autor: Neal Shusterman

Traducción: Adolfo Muñoz

Editorial: Anaya

Págs: 359



01 diciembre, 2012

AMERICAN WAY OF LIFE


Historias de un gran país 
Bill Bryson


Bill Bryson es un periodista norteamericano que tras vivir durante cerca de veinte años en Gran Bretaña, casarse con una inglesa y tener hijos, decide volver a su hogar americano arrastrando a su familia. Al poco de instalarse en New Hampshire recibe la propuesta de un semanario británico de escribir un artículo semanal en el que relate la experiencia de un americano que redescubre su país y los contrastes que advierte en relación a su vida en el Reino Unido.
Pese a sus recelos iniciales, Bryson se lanza con decisión y entusiasmo a la nueva tarea que le permite explorar y estudiar los más diversos aspectos de la vida americana ofreciendo un artículo semanal durante un año y medio a sus lectores británicos en un tono desenfadado e irónico. Historias de un gran país lleva por subtítulo Viaje al american way of life lo que describe con mayor precisión su contenido: un año y medio de artículos junto a una breve introducción explicativa del origen del libro.
Como es de prever, desfilan por estos artículos todos los tópicos comunes sobre la vida americana: la superabundancia de comida y la obesidad, el apego por el cumplimiento de las normas por ridículas que puedan resultar, la creciente invasión de la publicidad, la cultura de la reclamación, la total ignorancia sobre cualquier asunto ajeno a los Estados Unidos (sea en materia de arte, historia, geografía, …). Pero también, Bryson nos regala emotivas instantáneas de una mentalidad tan tremendamente positiva y confiada (conviene destacar que se trata de artículos escritos con anterioridad al 11-S) que rayan en la simpleza.
Del mosaico de artículos se obtiene una imagen fidedigna y creíble de unos Estados Unidos alejados del tópico hollywoodiense. Asentado en uno de los estados con mayor riqueza forestal, Bryson entona una extraordinaria alabanza del tesoro natural de su entorno. Bosques interminables, capaces de tragarse restos de pequeños pueblos abandonados, e incluso aviones que se estrellan sin ser localizados hasta pasados varios meses pese a la utilización de las más modernas técnicas de exploración mediante satélite. Sorprendentemente, Bryson señala que esta enorme extensión boscosa es reciente ya que apenas hace 60 años la mayor parte de la superficie hoy cubierta estaba destinada al cultivo. Un buen ejemplo a seguir.

Esa inmensa naturaleza casa con las dimensiones propias de los Estados Unidos. Las distancias entre puntos que se consideran próximos asustarían a un europeo medio. Un día de playa en la cercana costa puede suponer un viaje de más de cinco horas por trayecto. Sin embargo, Bryson echa de menos el viejo encanto de las carreteras americanas y su panoplia de atracciones inverosímiles, típicas a mediados de los años cincuenta. Según asegura, las distancias se hacían más llevaderas gracias a carteles que advertían de la presencia de extraños fenómenos como la piedra atómica, un campo de gravedad, una casa construida con latas de cerveza a un paso de la carretera principal (para ser más exacto, a unos doscientos kilómetros de la misma) y que, inevitablemente causaban una desoladora decepción al ser contemplados, decepción que desaparecía de inmediato al ser sorprendidos por un nuevo cartel que anticipaba la cercana presencia de la huella de dinosaurio más grande del estado de Arizona.
Son muchas las cosas que han cambiado desde los tiempos de juventud de Bryson. Los moteles son un buen ejemplo. A finales de los años cincuenta y primeros sesenta, todos los cruces de caminos, pequeñas poblaciones y áreas de servicio contaban con sus correspondientes moteles, cada uno con sus propias características diferenciales. Sus dueños eran familias que ofrecían un trato cercano y personal a sus huéspedes supliendo las carencias de unas habitaciones no demasiado elegantes o limpias. El tiempo ha borrado estos establecimientos de los mapas americanos, sustituidos por unas pocas cadenas que ofrecen moteles estandarizados e impersonales de modo que, en cualquier estado de la Unión, uno puede alojarse en uno de estos establecimientos conociendo de antemano el mobiliario de la habitación y el contenido del buffet libre para el desayuno.
Esta tendencia a favorecer lo previsible parece haber traído consigo (¿o será más bien al revés?) la desconfianza ante lo diferente. Acostarte en una habitación exactamente igual en Nebraska que en Ohio, ver los mismos canales de televisión, desayunar los mismos ingredientes en Colorado que en California, no sentir ni valorar el “riesgo” (relativo, es cierto) de una experiencia algo diferente. Este desasosiego por lo desconocido ha llevado, señala Bryson, a que las miles de variedades de chocolatinas americanas carezcan de auténtico sabor a chocolate, que los tipos de queso autóctonos se hayan acomodado a unos estándares generales que les han llevado a perder su peculiaridad.
La profusión de Starbucks o McDonald´s son otro buen ejemplo de la homogeneización creciente de la vida americana (uniformidad que inevitablemente parece adueñarse también de nuestras ciudades). Bryson comenta entristecido a uno de sus amables vecinos que la apertura de un McDonald´s enfrente de un coqueto restaurante familiar próximo a su casa ha llevado al cierre del restaurante perdiendo la última oportunidad de cenar de una manera decente en el entorno, a lo que el vecino contesta indiferente que le parece normal ya que lo bueno del McDonald´s es que siempre sabes lo que vas a comer antes de entrar.
Como ya he señalado, muchas de las referencias de Bryson acaban por ser un triste anticipo de las tendencias que hoy vemos a nuestro alrededor. La cultura de la reclamación (injustificada, se entiende) por el mero hecho de tentar la suerte y obtener una improbable (y en muchos casos improcedente indemnización), la complicación creciente de los trámites de embarque por las medidas de seguridad totalmente ajenas a lo que representa realmente nuestra seguridad, etc. Bryson denuncia la política de las empresas de recortar servicios a los usuarios justificando dichas medidas precisamente con la disculpa de que se trata de “ofrecer un mejor servicio”.

Pero gran parte del encanto de estos artículos no reside tanto en el aspecto antropológico que parece deducirse de ellos. En la mayoría de los casos, las reflexiones nacen de la narración de anécdotas en las que el propio Bryson es el desgraciado y torpe protagonista. Así, le vemos perdido sobre un trineo motorizado totalmente incapaz de evitar chocar repetidamente contra todo árbol que crezca a menos de trescientos metros a su alrededor, derramando refrescos sobre una monja en un vuelo terrible (especialmente para la monja), sufriendo los horrores de la dieta que su mujer le impone prohibiéndole la mantequilla de cacahuete o su feliz (sólo al principio) encuentro con la trituradora de basuras, ese invento tan americano y cuya peligrosidad en manos de un desastrado Bryson la convierte en un arma de destrucción masiva.

Asistimos a excursiones familiares en las que sus hijos muestran mejor sentido de la orientación o le vemos atiborrar el carro de la compra del supermercado con treinta variedades diferentes de cereales que su mujer le obligará a desayunar hasta el último copo como expiación por su delito de atentar contra los alimentos frescos que tan trabajosamente logra encontrar en el pequeño rincón en el que están confinadas esos extraños y “peligrosos” vegetales tan desconocidos para un americano medio, más afín a los precocinados y congelados.
La ironía que desborda todos los artículos es otro elemento que le acarrea numerosos problemas en su vida cotidiana. Y no es que los americanos no sean divertidos, simplemente es que carecen de sentido del humor. Bryson (quizá contagiado por el “humor inglés”) responde al funcionario de aduanas que le pregunta “¿Verduras o fruta?” con un “gracias, agente, me vendrían bien unas zanahorias” para descubrir que estos amables funcionarios son incapaces de advertir siquiera esta leve ironía. Bryson, desconcierta a uno de sus vecinos que lleva un árbol en la vaca de su coche, preguntándole si pretende camuflar su vehículo, a lo que el honrado ciudadano, tras un leve bloqueo, responde con una profusa explicación sobre el motivo por el que lleva atado el árbol.


Humor, bastante información para satisfacer al curioso, anticipación de corrientes, estilo ameno y familiar que admite un hueco para la reflexión. Bryson se escapa del uniformismo que denuncia y cada uno de los artículos abre una nueva perspectiva. Sus títulos son un buen ejemplo (Los misterios de la Navidad, Esos aburridos extranjeros, Por qué nadie camina, Al aire cubierto, En la barbería, Imposibilidad de comunicación, Perdido en el cine, Dónde está Escocia y otros consejos de utilidad, La mejor celebración americana, La vida deportiva y así hasta setenta y ocho artículos).



GWW


Datos del libro
  • 15.0x23.0cm.
  • Nº de páginas: 352 págs.
  • Editorial: PENINSULA
  • Lengua: ESPAÑOL
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • ISBN: 9788483074831
  • Año edición: 2002
  • Plaza de edición: BARCELONA


28 noviembre, 2012

DISTORSIONANDO


EL ARTE DE LA DISTORSION
JUAN GABRIEL VÁSQUEZ




Reúne este libro una magnífica colección de 17 artículos, (ensayos, prólogos y conferencias) cuyo eje es el quehacer literario. El autor, que además de escritor es ferviente lector, y en su prólogo nos advierte de que lo que buscamos, lectores y escritores, es “la profunda satisfacción que nos dan los mundos cerrados, autónomos y perfectos, de las grandes ficciones. Esos mundos que, precisamente por haber nacido de la imaginación libre y soberana, dan a la realidad un orden y un significado que ésta, por sí sola, no logrará jamás. Esos mundos donde, precisamente porque no han sucedido nunca, las cosas seguirán sucediendo para siempre.”

Libro que se lee de un tirón, los textos son muy amenos y atrapan la atención del lector; si se han leído las obras o al menos a los autores de los que habla, aún es posible un disfrute mayor; pero incluso en el caso de no haberlo hecho, y de leer sobre perfectos desconocidos, como en mi caso, con el escritor colombiano Ribeyro, sus acotaciones y comentarios sobre su vida y obra me han parecido interesantes y muy acertados.

Por su origen colombiano, Vásquez nos habla de sus compatriotas, y nos compara obras, actitudes y textos que nos resultan muy sugerentes, reflexionando ante su actitud literaria, comparada con la de otros autores europeos.
Por su vocación universal, trata de otros escritores de muy diversa procedencia, y que son objeto de su admiración, como G. Sebald, S. Bellow, J. Conrad, Ph. Roth, V. Naipaul, etc., y nos admira con una serie de detalles curiosos o reflexiones muy pertinentes sobre su obra o sobre ellos mismos.

Conrad, concretamente, es un autor de culto para Vásquez, y leemos su nombre a lo largo de casi todos los artículos, aunque hay algunos especialmente dedicados a él, como Ver en la oscuridad y Viaje a Costaguana. Costaguana es el país imaginario donde Conrad recrea su magnífica novela Nostromo. Según Vásquez, ésta es la mejor novela sobre Hispanoamérica jamás escrita fuera de la lengua española, incluso le concede el rango de antecedente del boom literario hispanoamericano, emparentándola con La casa verde o con ciertos episodios de Cien años de soledad. Nos cuenta Vásquez cómo surgió en Conrad la idea de esta novela y su ansioso proceso de creación, cómo un simple hecho real  le sirvió para crear todo un mundo que le era absolutamente ajeno, ya que apenas si había visitado el Caribe muchos años antes, en su etapa de marino, y sin pasar demasiado tiempo por allí. Conrad se inspira en los momentos políticos en los que Panamá, (Sulaco, en la novela) auspiciada por EEUU, se segrega de Colombia, de la que era una provincia, así como en la aventura de un personaje real, Santiago Pérez Triana, que, llegado a Londres a finales del XIX, publicó el relato de su huída de Colombia en 1902. Del contacto de Conrad con Pérez Triana no sabemos nada, pero algo hubo. Conrad, después, mezcló los ingredientes y utilizó su imaginación para el resto, que resulta una novela, si bien con la impronta conradiana, que no es la más típica suya, al alejarse de los temas marinos y asiáticos habituales. Y siguiendo con Conrad, Ver en la oscuridad fue un prólogo al Corazón de las tinieblas, de Conrad y esto le proporciona un pretexto para reflexionar sobre la vaguedad o la imprecisión en la novela, o en la obra de arte.  Y cita una carta de Conrad a  R. Curle, diciendo “La explicitud, mi querido amigo, es fatal para el encanto de una obra de arte, pues le roba toda capacidad de incitar, destruye toda ilusión”, lo cual Vásquez y yo misma compartimos plenamente. Y también Kundera: “la novela es el reino de la ambigüedad.”(Los testamentos traicionados).

En Los hijos del licenciado: para una ética del lector,  comienza reconociendo que “la lectura de ficción es una droga y el lector es un adicto”, y que la lectura  en nuestros días, ya lejanos de las lecturas colectivas alrededor del fuego, realmente “es un vicio solitario”, porque el lector está solo ante el libro; nos viene a decir con Proust que, al contrario que la conversación, la lectura consiste para nosotros en establecer comunicación con otro pensamiento, pero permaneciendo solos, gozando de la potencia intelectual que tenemos en soledad y que la conversación disipa inmediatamente; y que en un mundo lleno de servidumbres, de dramas y de inquietudes, el mundo de los libros es un mundo de libertad. “El hecho de que esta vida sea sólo una y no podamos ser a la vez hombres y mujeres, ateos y creyentes, fieles e infieles,  pero sí podemos imaginar que lo somos”, y por tanto podemos vivir otras vidas con nuestra imaginación y con una buena ficción entre nuestras manos.

En El arte de la distorsión, artículo que da nombre al libro, y que fue en su origen una conferencia impartida en El Escorial en 2006, defiende la libertad del literato en la creación de ficciones: la única razón de ser de la novela es decir lo que sólo la novela puede decir. Y trata el inevitable tema de la novela histórica, coincidiendo, sin citarlo, con Kapuscinski y con Heródoto en la imposibilidad de conocer la historia, o más bien, que toda historia es, apenas, una versión (de los hechos). Y cita a Julian Barnes en su Historia del mundo en diez capítulos y medio, al decir que “inventamos historias para tapar los hechos que no conocemos; conservamos unos cuantos hechos verdaderos y alrededor de ellos tejemos un nuevo relato.”

En Malentendidos alrededor de García Márquez analiza las influencias y relaciones de su obra con otras obras y con la realidad, con el Macondo real. Y nos dice que el malentendido consiste en considerar  la influencia como influenza (gripe), haciendo un juego de palabras muy cabrerainfantiano. La influencia es buscada, no “recibida”: García Márquez se sumerge en Faulkner y en Hemingway, sin ningún problemaza que, según Harold Bloom, los talentos más débiles idealizan, pero los de imaginación capaz, “se apropian” de los libros ajenos. Es como en pintura: por poner un único ejemplo evidente: Picasso, que se apropió de miles de pinturas ajenas pero les dio su sello absolutamente personal. No se puede crear de la nada, siempre hay que partir de algo, de algo anterior que nos de el pie, la base sobre la que crear y construir nuestro propio edificio. Nuestro bagaje cultural, nuestra vida, lo que han hecho los demás y lo que hemos hecho nosotros.

En Las máscaras de Philip Roth  desmenuza la obra del autor norteamericano, al que tanto gusta mezclar ficción y realidad, incluirse e inmiscuirse dentro de sus obras, adoptando un alter ego (Zuckermann) pero negando siempre que sea él mismo, mientras que en su vida repite lo que ocurre en sus novelas y viceversa. La clave de su universo: la trasgresión, transformar el deseo en literatura, la política en deseo, el deseo en literatura política o erótica.
Disecciona la obra sebaldiana en La memoria de los dos Sebald,  e indaga sobre cómo se enfrenta el hombre a su propia historia, cómo reconstruye su pasado: en Sebald, recordar no es un acto intelectual, sino físico, y no hacerlo conlleva riesgos morales.
En Apología de las tortugas habla del cuento, de la diferencia entre cuento y relato corto, (tale y short story), de la posible muerte de la novela pero la vigencia e importancia del cuento. En Diario de un diario trata de Ribeyro, autor colombiano afincado físicamente en París y espiritualmente en el siglo  XIX, con lo que se automargina respecto al boom hispanoamericano de los sesenta, y además, encarna una versión imprecisa de Bartleby. En El tiro y el concierto analiza la relación entre literatura y política, en general y en concreto, en Colombia. Cervantes es objeto de La paradoja de Don Álvaro Tarfe,  y sus problemas con el Quijote apócrifo, y también sobre Cervantes versa Historia de un malentendido: lecturas anglosajonas de El Quijote.
En Literatura de inquilinos, trata un tema que le toca de lleno personalmente al autor: la permanencia voluntaria en situación de emigrado; el asentamiento en otro país que no es el suyo, y que Vásquez insiste en no llamar “exilio”, voz que le trae connotaciones que quiere evitar, y prefiere el término “inquilino”. Y aquí habla de Conrad (inquilino por antonomasia), de Naipaul, de Hemingway,...y olvida mencionar a Sándor Márai, aunque éste se exilia por cuestiones evidentemente políticas, pero incluso cuando podría haber vuelto a su país, decide permanecer fuera pero seguir escribiendo en húngaro, su patria, según él.

Nos alargaríamos demasiado si comentásemos todos los ensayos, con lo que finalmente resumiremos diciendo que el libro es una reflexión sobre la literatura y los literatos, los problemas con los que se enfrentan: la memoria, la historia, la política, las influencias, la relación realidad-ficción, y los retos que han de superar; las relaciones con los lectores y la crítica y con sus países de origen; los distintos avatares que acompañan a la creación literaria y que a veces permanecen ocultos a la vista del público, parapetados tras la obra del autor, donde se contiene su vida y otras vidas, sus ideas y otras ideas, otras ilusiones, otros mundos. Y que nosotros los lectores participamos de ellos al leerles.

 Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973), escritor, traductor, ensayista y crítico literario,  autor del libro de relatos Los amantes de Todos los Santos (2001), de dos novelas, Los informantes (2004) e Historia secreta de Costaguana (2007, Premio Qwerty a la mejor novela en castellano, Barcelona, y premio de la Fundación Libros & Letras, Bogotá) y de una breve biografía de Joseph Conrad, El hombre de ninguna parte (2007). Ha traducido obras de John Hersey, Víctor Hugo, John Dos Passos y E. M. Foster. El ensayo que nos ocupa, “El arte de la distorsión” ha ganado el Premio de Periodismo Simón Bolívar. Es columnista de El Espectador, de Bogotá, aunque desde 1999 vive en Barcelona, después de haber estado viviendo en París y en Las Ardenas, Bélgica, en un voluntario alejamiento de su país natal,  que él no quiere llamar exilio, sino inquilinato.

Ariodante

 Título: El arte de la distorsión | Autor: Juan Gabriel Vásquez | Editorial: Alfaguara | Páginas: 232 |






26 noviembre, 2012

REINANDO DIDO


DIDO, REINA DE CARTAGO
ISABEL BARCELÓ



Isabel Barceló (Sax, Alicante) nos relata esta historia como lo hacían los poetas antiguos. La narradora, Imilce, se reune con su escribiente Karo en la plaza del granado, en Cartago. En torno a ella se congregan los habitantes de la ciudad que quieren escuchar los recuerdos de esta anciana que narra los hechos que llevaron a la Reina Dido a abandonar Tiro hasta llegar a las costas libias y fundar Cartago, así como sus amores con el príncipe troyano Eneas y el fatal desenlace tras conocer el deseo de éste de seguir su rumbo para fundar su ciudad en las costas del Lacio. Todos escuchan pero también aportan. La memoria colectiva está presente en todo momento, sobre todo cuando hablan los que en esa difícil travesía habían tomado parte.

Dido Reina de Cartago fue gestada al estilo de las novelas publicadas en el siglo XIX pero con la diferencia de que, en vez de aparecer los capítulos en un diario determinado para que sus lectores siguieran con interés la lectura del mismo y esperasen a la aparición del siguiente capítulo, se fue publicando en el blog Mujeres de Roma, del que Isabel Barceló es su administradora. Por eso los capítulos son muy cortos. La autora concedió la posibilidad a los lectores de implicarse en la novela de una manera especial: algunos optaron por elegir como «propio» alguno de los personajes clásicos, o aportar personajes por el simple procedimiento de inventarse para ellos un nombre y un oficio, según sus gustos y fantasías. En el listado de personajes aparecen los nombres de los participantes o sus seudónimos cuando así ellos lo quisieron.

El lector se encuentra con dos narradores: Imilce, la hija de Barce, nodriza de Siqueo y confidente de Dido que completa sus conocimientos con textos de las crónicas de Xilón, y el poeta troyano Trailo, a quien en más de una ocasión acusa de utilizar un tono demasiado poético y el permitirse ciertas licencias con las que ella no está de acuerdo, pues lo tacha de partidista. Nos encontramos con unos capítulos escritos en primera persona y otros en tercera dictados por un narrador omnisciente.

Imilce es el personaje en torno al cual gira este relato. Quiere que sus recuerdos queden anotados para que generaciones posteriores conozcan la verdadera historia de su pueblo. Un personaje al que, pese a su carácter temperamental, le iremos tomando cariño a medida que van pasando los capítulos.

Pigmalión era un hombre ambicioso. Quería el trono que había heredado su hermana tras morir su padre. Pero también quería riquezas: el tesoro que estaba escondido en el templo de Melqart para llevar a cabo sus planes. No dudó en torturar a Siqueo, el sacerdote del templo y esposo de Dido, para que le revelase el escondite.

La reina era conocedora de las pretensiones de su hermano. Enterada de la atrocidad que había cometido en la persona de su esposo, decide huir de la ciudad con los habitantes que quieran seguirle pues no quería que se produjese un enfrentamiento entre hermanos. Junto con el Príncipe del Senado y Acus, el hijo de este, prepara sigilosamente la huida. A medida que tocan diversos puertos para aprovisionarse se les van uniendo algunos pasajeros más, como los curiosos hermanos Xilón y Filón, la amazona Nismacil, el cordelero Kostas, o las bailarinas que son tomadas prisioneras en Chipre. Tras sufrir muchas penalidades durante la travesía llegan a las costas libias y tiene un encuentro con Yarbas, el rey de esas tierras, para que le dejase construir en su costa una ciudad.

Eneas, príncipe de los troyanos, entra en escena. Tras la destrucción de Troya, huye con varias naves para tratar de llegar a las costas del Lacio, en Italia, y allí fundar otra ciudad. Dido los recibe y acoge en Cartago. Los homenajea con un excelente banquete de bienvenida. Dido había sido aconsejada en más de una ocasión de que volviese a tomar esposo pero ella se negaba y era fiel a la memoria de Siqueo. Yarbas el rey libio, le pidió matrimonio en varias ocasiones. Pero al llegar Eneas a Cartago, los dioses entran en acción y deciden que Cupido aparezca en escena para que Dido se entregue a Eneas, que era hijo de la diosa Venus. Pero, tras llevar instalados un tiempo en las playas de Cartago, Eneas decide que ha llegado el momento de seguir su ruta. Dido es avisada de las pretensiones del príncipe troyano. La reina se desmorona al no poder retener a su amado y la tragedia se consuma.

Con pocas pinceladas vamos conociendo cómo son los personajes que irán apareciendo en esta historia. El carácter de la Reina Dido, fuerte, enérgica, que demuestra grandes dotes de mando conforme a su cargo para hacerse valer ante su pueblo o el temperamento de la anciana Imilce. La ambición y la codicia de Pigmalión o la actititud desconcertante de Eneas, hijo de Venus, que cae prendado ante la belleza de Dido pero que sabía que su destino estaba marcado y debía de cumplirlo.

Dido Reina de Cartago es una historia en donde se conjuga lo humano y lo divino, pues los dioses juegan un papel importante en el devenir de los acontecimientos. Vemos cómo Neptuno, Eolo, Juno o Venus intervendrán directamente en la historia para que se cumpla el destino que tienen preparado para el príncipe troyano Eneas, poniéndole a prueba al enviar a Cupido para que Dido se quedara prendada de él. Una historia, en definitiva, bien construida pues se nota que la autora, una gran conocedora de la antigüedad clásica, sabe hacernos llegar la historia que nos cuenta de la forma más sencilla posible. 

De esta forma, Isabel Barceló consigue que nos enganchemos en su lectura desde las primeras páginas, y se nos haga amena y entretenida. El estilo es directo y el lenguaje utilizado sencillo pero contundente. Si a ello le unimos unos diálogos breves y directos, así como unas descripciones concisas, pues el lector lo agradece. En todo momento y siempre empleando estas premisas nos daremos una idea de cómo se va desarrollando el pasaje que estamos leyendo.  Dido Reina de Cartago es una novela histórica que no va a defraudar porque tiene todos los ingredientes necesarios para que el lector disfrute de la historia por lo que recomiendo su lectura. 

 Francisco  Portela

¡Sálvese quien pueda! - Andrés Oppenheimer

¡Sálvese quien pueda! El futuro del trabajo en la era de la robotización. Oppenheimer siempre me ha llamado la atención, si bien no he sid...