24 enero, 2013

SAGAS MEDIEVALES

SAGA DE TEODORICO DE VERONA 

ANÓNIMO
En Bergen, la ciudad nórdica donde el rey Hákon IV Hákonarson (1214-1263) tenía su corte, las noches de invierno eran largas y frías. En torno al fuego, en humildes casas o en lujosos banquetes, los sagnamenn amenizaban las veladas relatando historias de reyes, héroes, hadas, ondinas, dragones, troles o enanos. Los rapsodas recorrían las plazas de las ciudades y pueblos regándolos de hechos extraordinarios, gestas legendarias y crueles batallas, a mayor gloria del monarca y sus leales caballeros.
Aún hoy el reinado de Hákon IV suscita controversia entre los historiadores. Para unos fue hombre poderoso y dominante, que gobernó con puño de hierro el mayor imperio noruego que haya existido; para otros, sólo un personaje mediocre que alcanzó el trono en un momento clave de la historia noruega. Sea como fuere, de lo que no hay duda es que, durante su reinado, Noruega dejó atrás las luchas intestinas que la desgarraban y conquistó la unificación y el reconocimiento internacional; su corona se legitimó al entroncar con otras monarquías europeas como la castellana, con uno de cuyos vástagos, el infante don Felipe, hermano de Alfonso X, se desposó la princesa de aciago destino, Kristín, hija de Hákon. Su corte asistió al florecimiento de las artes en general y de la literatura en particular, plasmando en textos escritos leyendas germanas adaptadas a la lengua noruega, de donde nacería un nuevo género denominado riddarasögur o “sagas de caballeros”. El origen oral de estas narraciones en prosa se nos revela en su propia etimología, que ya Borges subrayó en sus Literaturas germánicas medievales, al señalar el origen alemán –sagen-  e inglés –say- del término saga,  cuyo significado viene a ser “decir o referir”. La Real Academia Española define el vocablo como “cada una de las leyendas poéticas contenidas en su mayor parte en las dos colecciones de primitivas tradiciones heroicas y mitológicas de la antigua Escandinavia” y, como muestra de la difusión que estas epopeyas han alcanzado a través de los siglos, también propone la acepción “relato novelesco que abarca las vicisitudes de dos o más generaciones de una familia”, evidenciando así uno de los rasgos de este tipo de literatura, la crónica de la vida de un personaje célebre –y de sus parientes y allegados- desde su nacimiento hasta su muerte.
Un magnífico ejemplo de este tipo de relatos es la Saga de Teodorico de Verona, única versión íntegra y estructurada que se conserva en la literatura medieval sobre la vida del monarca Teodorico el Grande (454-526) -Þiðrekr para los noruegos-.  Escrita a mediados del siglo XIII, narra las hazañas del rey ostrogodo a lo largo de varios años en escenarios italianos, húngaros, rusos, polacos o españoles, salpicándola con una serie de aventuras protagonizadas por furiosos dragones, pizpiretos enanos, vesánicos gigantes, hercúleos herreros, virtuosas princesas, hermosas doncellas, nobles caballeros e intrépidos guerreros.



Algunas de estas historias, más próximas a la leyenda que a la crónica, comparten protagonistas con otras sagas, como la de El cantar de los nibelungos, cuyo héroe, Sigfrido –Sigurðr en noruego-, que evoca en el lector el recuerdo del Aquiles homérico, inspiró a Wagner para componer su mastodóntica obra El anillo del nibelungo. Y no sólo el compositor alemán fue seducido por la mágica influencia de estos relatos; los lectores de J.R.R. Tolkien descubrirán sin mucho esfuerzo la musicalidad nórdica en los nombres de elfos, troles o enanos de El señor de los anillos; y los demás recordarán cuentos como La cenicienta o la Bella Durmiente de los hermanos Grimm, pensarán en el “érase una vez…” cuando lean “y ahora hay que contar…” y sonreirán al hallar entre sus páginas algún émulo de Guillermo Tell o al mismísimo rey Arturo.
La saga describe, en sus comienzos, los antecedentes familiares de Teodorico, continúa con su niñez y adolescencia y prosigue narrando los conflictos familiares con su tío Ermenerico –Erminrekr-, que acabaron avocándolo al exilio de Teodorico a la corte de Atila, rey de los hunos. Años después, Teodorico, comandando un ejército de hunos vuelve a Italia a intentar reconquistar su reino, pero la muerte de su hermano y de los hijos de Atila provoca el regreso prematuro y dolorido del héroe junto a éste, a pesar del favorable desenlace de la batalla. Finalmente, consigue recuperar su reino pero fallece por la gravedad de sus heridas tras vengar la muerte de su hermano. Pero a la trama general se unen episodios de otras leyendas y sagas, elementos mágicos y supersticiosos, y episodios caballerescos y corteses, todos ellos estructurados en XXVI relatos y divididos a su vez en 442 capítulos (muchos de ellos con sólo algunas líneas de extensión) intitulados con concisión y objetividad (“Velent elabora una imagen de Reginn y recupera sus herramientas”; Viðga y Þiðrekr combaten a caballo”; “Los niflungos y Sigurðr se van de caza”).
El medievalista Jacques Le Goff afirmaba que “las obras de arte, las imágenes, nunca son inocentes; las de la Edad Media lo son menos que otras muchas”. Quizás no erramos demasiado si extrapolamos esta afirmación a la Saga de Teodorico. A pesar de la aparente ingenuidad y puerilidad en su forma, en la que se nos presentan a los reyes como seres legendarios, a los héroes tan aguerridos que parecen deformes, a las espadas tan resistentes que parecen forjadas por semidioses y a los animales tan inteligentes que parecen humanos, en el fondo del relato late una intención moralizante que muestra, escondida entre sus líneas, un afán por ensalzar el espíritu caballeresco, el honor y la monarquía como único y legítimo cemento aglutinador de los pueblos.
Y sería imperdonable concluir sin resaltar la calidad de la edición que nos propone La Esfera de los Libros. No sólo el aspecto formal del libro es impecable, de portada en cartoné, con una iconografía elegante y bella y una edición del texto a dos tintas; también la traducción de Mariano González Campo, especialista en lenguas nórdicas, autor a un tiempo de la interesante introducción y de las más que oportunas notas, evidencia un profundo conocimiento del lenguaje nórdico antiguo. Su minucioso trabajo, que constituye la primera traducción al castellano del texto íntegro de esta maravilla medieval, transmite toda la magia de una época fascinante y sorprendente, y nos aproxima a la desconocida y antigua literatura noruega.
Y el broche de oro de la edición: Luis Alberto de Cuenca, flamante nuevo miembro de la Real Academia de la Historia y traductor al castellano de otros textos medievales como El cantar de Valtario, prologa la obra, desplegando ante nosotros la alfombra roja de la literatura por la que el lector hollará con deleite los caminos que llevan hacia los pueblos nórdicos del Medievo.


Pilar Moreno Monteverde

22 enero, 2013

ROTH CONTRA SHYLOCK


Operación Shylock

Philiph Roth

Apenas recuperado de los efectos alucinógenos del Halcion, un medicamento para combatir sus problemas de sueño tras una operación de rodilla, y previo a un viaje a Jerusalén para hacer una entrevista a su amigo, el escritor judío Aarón Appelfeld, con vistas a su posterior publicación en el New York Times, Philip Roth es informado de que alguien que se hace por él, está concediendo entrevistas a la prensa israelí y se propone la divulgación de una extraña teoría: el diasporismo.
La diáspora representa la expulsión del pueblo judío de la Tierra Prometida y su dispersión por el mundo. Frente a esta fuerza centrífuga, Thomas Herzl fundó el movimiento sionista que propugnaba, entre otras ideas, el regreso del pueblo elegido a Israel y la fundación de un estado judío como forma de acabar con el antisemitismo y la persecución a los judíos. Es conocido que las tesis de Herzl, pese a la incertidumbre y dudas que las rodearon en sus inicios, fueron ganando adeptos y finalmente se aceptaron internacionalmente tras el Holocausto.
La creación del estado de Israel, y el consiguiente desencadenamiento de sucesivas guerras ha supuesto uno de los mayores factores de inestabilidad en el mundo occidental moderno, hasta el punto de que el conjunto de pueblos árabes se opone a Israel y están dispuestos al exterminio judío, deseo que puede hacerse real cuando un país árabe tenga acceso a armamento nuclear. De ahí que surja una nueva teoría, el diasporismo, que defiende la necesidad de que los judíos de la diáspora, los hijos de los antiguos judíos europeos retornen a una Europa que les apoye y proteja, alejándolos así de su posible exterminio a manos de los árabes y de la inmoralidad de un Estado que, para sobrevivir, ha perdido toda referencia moral. De este modo los judíos, para seguir siéndolo, deben alejarse de su Estado, recuperando la idea del judaísmo tal y como se ha venido entendiendo a lo largo de la historia y que es, en esencia, el judaísmo de la diáspora, que ha traído al mundo logros como los que representan Freud, Einstein, Heine. Marx o Kafka, entre otras muchas brillantes mentes judías.

Cuando el Philip Roth auténtico viaja a Jerusalén se encuentra con el "falso" Philip Roth (idéntico físicamente, idéntico en su manera de actuar, en su voz, en su ropa, ..), pero hechizado por su némesis, evita denunciar a la policía la suplantación. Antes bien, el real Roth asume el papel del falso Roth y defiende entusiastamente el diasporismo ante un antiguo compañero de Universidad árabe al que reencuentra casualmente en la Ciudad Santa. Ambos Roth intercambian de continuo sus respectivas personalidades en una compleja competición mutua por anular al otro. El falso Roth acude a la habitación del hotel donde se hospeda el Roth verdadero, registrando sus pertenencias, éste se acuesta con la novia de aquél, etc.

Ambos acuden a las sesiones del juicio que tiene lugar para encausar a un ciudadano norteamericano de origen ucraniano a quien todas las fuentes apuntan como el despiadado Iván el Terrible, tristemente célebre en el campo de Treblinka. El juicio parece representar una justificación de los poderes del estado judío que no quiere dejar de jugar la partida del victimismo mientras comete atrocidades sin nombre. Víctimas o verdugos en ambos bandos actuando del modo que reprochan al otro campo.
Finalmente el falso Roth, que no ha conseguido ser aceptado por el verdadero, desaparece de escena y el Mossad propone a Philip Roth realizar una misión en Grecia gracias a la publicidad e interés que ha levantado el diasporismo en aquellos que parecen apoyar la causa árabe.
Esto es, en esencia, lo principal de un argumento complejo y con numerosas ramificaciones e implicaciones que van desde lo anecdótico, hasta las más profundas reflexiones sobre el estado de Israel, el papel de la revuelta palestina o el juego de espejos entre verdad y mentira.
La novela es lo suficientemente rica en detalles como para poder aproximarse a ella desde numerosos puntos de vista. Quizá uno de los más genéricos y que permite explicar la mayor parte de sus páginas es la idea de la dualidad. Casi cada elemento de la novela y cada personaje se explica por dicha dualidad. Dos Philip Roth que, por momentos, se fusionan al asumir uno el papel del otro. El árabe compañero de facultad de Roth en su juventud es ahora partidista y fanático, reproduce inconscientemente el esquema de lucha y odio que heredó de su padre y trata de inculcar en su hijo la misma semilla que rechazó en su juventud.

Los inofensivos taxistas árabes parecen capaces de las mayores atrocidades, mientras un fiero soldado israelí aprovecha la oportunidad de confesar a Roth sus contradicciones morales más profundas al tener que servir como soldado en un conflicto que apenas siente como propio mientras sueña con el fin de su servicio militar para emigrar a los Estados Unidos. Los más aguerridos defensores de la causa palestina parecen por momentos confidentes de los servicios secretos judíos y las locuras altruistas de un viejo inválido sobreviviente de los campos de concentración nazis que desea financiar con un millón de dólares el diasporismo, resultan no ser tan desinteresadas como se presumía.
Incluso la realidad histórica posterior a la redacción de la novela parece jugar a este festival de equívocos. Demjanjuk, el sospechoso de ser Iván el Terrible, aparenta ser un inofensivo hombre de familia, acompañado en el juicio por su hijo, representación de la vida familiar y religiosa que vivía en Estados Unidos. Roth lo considera, precisamente por esa normalidad, culpable de los terribles hechos que se le imputan Sólo quien ha cometido tales crímenes, quien ha vivido todas las emociones y furias en tan pocos años, como Iván el Terrible, puede quedar agotado y satisfecho, asumiendo una vida totalmente gris e inocua. Su vulgaridad es la mayor prueba de su culpabilidad. Y sin embargo, tras la inicial condena a muerte será absuelto al demostrarse que su condena se basó en pruebas falsificadas por la KGB.
Operación Shylock toma su nombre del personaje de El mercader de Venecia, la famosa obra de Shakespeare en la que aparece el prototipo de judío según los cánones del antisemitismo. Shylock es el prestamista judío que financia a Antonio, a quien odia, con el compromiso de que, en el caso de no recuperar su dinero, podrá cobrarse una libra de carne de Antonio. Pero de verdugo, pasa igualmente a víctima cuando el Dux de Venecia descubre que Shylock está involucrado en una conspiración contra su poder lo que da lugar a la conversión de verdugo en víctima y al inolvidable discurso: ¿El judío no tiene ojos? ¿El judío no tiene manos, órganos, dimensiones, sentidos, afectos, pasiones? ¿No es alimentado con la misma comida y herido por las mismas armas, víctima de las mismas enfermedades y curado por los mismos medios, no tiene calor en verano y frío en invierno, como el cristiano? ¿Si lo pican, no sangra? ¿No se ríe si le hacen cosquillas? ¿Si nos envenenáis no morimos? ¿Si nos hacéis daño, no nos vengaremos?”.
Shylock representa al judío avaro, egoísta pero, al tiempo, representa a la víctima del odio gentil y es esta contradicción la que planea constantemente sobre este libro de Roth. Desde el punto de vista de Roth, empeñado en ofrecer su visión del judaísmo a lo largo de toda su obra, éste será el principal tema de su novela. Sin embargo, como gran escritor que es, Operación Shylock alumbra más contradicciones y juegos de espejo ajenos a lo judío, que convierten su lectura en un constante examen de conciencia al lector atento; así, las contradicciones que todos acarreamos y el modo de superarlas, la alternativa entre apariencia o realidad y un largo etcétera.

Su escritura meticulosa parece perder algo de pulso en algunos pasajes del libro dado que éste no se asienta en una estructura tradicional de la novela; conjuga extractos de la entrevista que mantuvo con Appelfeld, suprime el último capítulo escrito para la novela por otro en el que explica el motivo de dicha mutilación, jugando nuevamente con la dualidad entre ficción y realidad, con la novela que habla de la novela que sostiene en sus manos el lector. En definitiva, un Roth algo alejado del habitual pero igual de estimulante, capaz de atrapar el interés de quien le lee.

GWW


 Datos del libro
  • Nº de páginas: 464 págs.
  • Editorial: DEBOLSILLO
  • Lengua: ESPAÑOL
  • Encuadernación: Tapa blanda bolsillo
  • ISBN: 9788497937559
  • Año edicón: 2011
  • Plaza de edición: BARCELONA

19 enero, 2013

NEVEROS GRANADINOS


 
LA HERMANDAD DE LA NIEVE

JOSÉ VICENTE PASCUAL

Ediciones EVOHÉ. 2012


Crónica de un poeta que habita en las nieves leonesas sobre una novela escrita para las nieves de Granada.


La hermandad de la nieve posee un conjunto de aspectos capaces de convertir una novela histórica en obra literaria sin más adjetivos, es decir, en una obra de arte: la puesta en escena, el tratamiento de los personajes, el lenguaje, el misterio… el poeta, en este caso el novelista, busca siempre a Homero, y en esa línea, a Robert Graves o Marguerite Yourcenar, por no sembrar el pánico con nombres de más actualidad.

 Es de agradecer la intencionada ausencia de la Granada romántica con sus misterios y mitos sobre la Alhambra, así como la presencia y descripción de un paisaje más auténtico, una tierra de ministriles dando crédito a la lucha de clases en la que se desarrolla el relato. Aunque misterios no faltan, y los miembros de la Hermandad de la nieve se verán en la ocasión de salvaguardar bajo su custodia algunos de ellos, ocultos en unas cuevas de la sierra: un tesoro real y otro falsario. Me refiero al manuscrito de El lazarillo de Tormes y a los Libros Plúmbeos del Sacromonte.
*
           Esta nueva obra del veterano y prestigioso novelista José Vicente Pascual (Madrid, 1956), puede encuadrarse en el género histórico y así se hace constar en la portada de la preciosa edición, de 350 páginas, publicada por Evohé.
De una “novela histórica” lo que menos le suele interesar a un poeta, a priori, es la historia, puesto que ya la suele conocer, y, si no es así, prefiere recurrir a los especialistas en la materia antes que exponerse a que cualquier autor mal documentado le someta a la tortura de sus veleidades narrativas. Lo que suele buscar es un conjunto de aspectos capaces de convertir la obra en literatura, es decir, en una obra de arte: la puesta en escena, el tratamiento de los personajes, el lenguaje, el misterio… Para no desorientar al lector, el poeta busca siempre a Homero, y en esa línea, a Robert Graves o Marguerite Yourcenar, por no sembrar el pánico con nombres de más actualidad.

Es más, resulta al poeta gratificante que el autor se tome el atrevimiento de “inventar” la historia, sin con ello se contribuye a resaltar algunos aspectos que la historia real ha dejado oscuros o no se ha ocupado de desentrañar suficientemente, bien por considerarlos irrelevantes, bien por desconocerlos y no atreverse a imaginarlos. Cree el poeta que las grandes obras de la literatura gozan de estos elementos y a la cabeza de todas ellas pone El Quijote de Cervantes. Cuánto haya de real o de irreal importa poco si el resultado es un estudio del comportamiento humano. Para Platón el poeta, el escritor, debe contar con lo verosímil más que con lo veraz.

Con esas coordenadas, La hermandad de la nieve de José Vicente Pascual no podía menos que entrar en el ámbito de interés de este poeta una vez sabido, y hay que agradecer al lector que sea el mismo autor quien lo proclame abiertamente, que no existió la “Hermandad de la nieve” tal como de ella se habla, pero que sí existió una Granada recién conquistada por Isabel de Castilla y Fernando de Aragón  que fue ciudad en la que se concentró la sabia que nutriría en muchísimos aspectos la modernidad occidental. Y también existió la nieve con sus diecisiete formas de nevar.
¿Qué es lo que se dispone a encontrar el lector, entonces? Pues lo que se encuentra es una familia de  montañeses procedentes de las tierras altas de León, quienes, por circunstancias de la guerra, se encuentran en la Granada recién conquistada  y deciden afincarse allí, abandonado el servicio de armas que ejercían a las órdenes de Gonzalo Fernández de Córdova, y dedicarse a bajar nieve de la Sierra Nevada, convertirla en hielo y distribuirla por las casas de una nobleza que se encuentra recién instalada en una de las ciudades más misteriosas de la península. Una ciudad, Granada, en la que la convivencia con los residuos de la nobleza musulmana destronada resulta harto complicada para ambas partes, vencedores y vencidos.

No es asunto baladí recrear el vacío imperante en una ciudad que durante siglos ha conocido una forma de vivir totalmente opuesta a la de los nuevos amos y señores; se requiere para ello una habilidad tan solo al alcance de un narrador experto, muy experto, como lo es el autor de más de veinte novelas, algunas de ellas como “Juan Latino”, “La diosa de Barro”, “Homero y los reinos del mar”, con un entramado similar al que nos propone el autor, y la misma ambición de perfeccionarse en la tradicional “novela histórica”, para recrear y recrearse en la invención de un mundo narrativo completamente autónomo y singular.
La familia leonesa de los neveros, instalados en Granada, pronto va a tener que sortear los conflictos con la vieja y rancia nobleza castellana y con los otrora orgullosos nazaríes, muchos de los cuales han devenido en moriscos (cristianos “nuevos”),o bien ocupan posiciones en las Alpujarras como rebeldes y levantiscos que todavía sueñan con reconquistar su mundo, ayudados por el poderío turco del momento. Aunque serán las mujeres, un elenco de media docena de ellas, con una marcada personalidad que las hace sugerentes y distintas, las que se irán haciendo dueñas del relato.

La Que No Dice Su Nombre, con ser la menos descrita y retratada, resultará a la postre la de mas calado por hacerla el autor “médium” entre estos dos mundos, el que fenece y el que nace. Sería ocioso reseñar aquí las características comúnmente atribuidas a estos dos mundos, el musulmán y el cristiano, y su tremendo antagonismo en aquel siglo XVI en el que Isabel y Fernando iban a terminar la Reconquista e iniciar la unión de los reinos cristianos de la península. Aquella unión que sería, a la larga, fundamento de uno de los grandes imperios que en la historia han sido, conquistador de un nuevo mundo y propagador de la fe cristiana a latigazo limpio y con una fe curtida en las hogueras de la Inquisición.

Jose Vicente Pascual
No quisiéramos olvidarnos de la principal protagonista: la nieve. Porque, así como la hermandad es fingida, no lo es la nieve que cubre las laderas del Mulhacén y que señorea sobre una ciudad con clima mediterráneo, fría en invierno y con unos estíos implacables, en los que un pedazo de hielo puede resultar un bien tan preciado que aquellos que dispongan de dinero se propondrán con avidez conseguirlo. La nieve es, pues, la protagonista de este libro y en torno a ella giran, como satélites, personajes y situaciones que no vamos a revelar en pro del argumento. Pero sí avanzaremos que no son los leoneses, las tres generaciones de neveros, gente de desorden sino más bien partidarios de contemporizar y acomodarse al devenir de la ciudad que nace “ex novo”, como perla de la corona de Castilla y Aragón, sobre las cabezas de dos jóvenes reyes que se disponen a dar un vuelco a la historia hasta entonces conocida.
De los “materiales” que tal vez para otro autor hubieran sido de interés, muchos han quedado fuera de la obra. Tal es el caso de la princesa Cetti Mariem y su marido Sidi Yahya, sobrina ella del rey de Granada. A pesar de lo cual, una vez bautizados y conversos, él será nombrado Alguacil Mayor de Granada, Principal de la Caballería de Santiago, Beneficiado de las salinas de La Malahá, señor de la Tahá de Marchena y marqués de Campotéjar. Recibieron los nombres cristianos de Doña María y Don Pedro de Granada Benegas.
No ahorra el autor sus juicios personales, puestos casi siembre en boca del muy ecuánime y juicioso Álvaro de Bayos, narrador y protagonistas del relato, como cuando dice: “Usarcé lo ha dicho hace unos momentos. Allá donde hay guerras y ejércitos en campaña surgen muchas oportunidades para los hombres determinados en busca de fortuna… (pág 26).  Ni tampoco deja de hacer referencia en algún momento a la “Pragmática de los Reyes Católicos” de 1505, por la que se obliga a los musulmanes y judíos a bautizarse; ni al Cardenal Cisneros y sus órdenes de quemar los libros santos de los musulmanes en Granada. Ningún asunto que pueda arrojar alguna luz sobre el comportamiento imaginado para sus personajes ha sido dejado a un lado, con lo que al final de la lectura, uno se encuentra imbuido del ambiente que pudo respirarse en aquella maravillosa ciudad de Granada recién rescatada de las manos del famoso Boabdil, a quien se le ahorra el escarnio de escuchar la famosa frase que se suele poner en boca de su madre: “No llores como mujer lo que no has sabido defender como hombre”; frase que el autor reputa invención de algún poeta romanticoide, estragado por el mito exótico de una Granada de “intrigas en el paraíso” que en realidad nunca existió.


Es de agradecer la intencionada ausencia de la Granada romántica con sus misterios y mitos sobre la Alhambra, así como la presencia y descripción de un paisaje más auténtico, una tierra de ministriles dando crédito a la lucha de clases en la que se desarrolla el relato. Aunque misterios no faltan, y los miembros de la Hermandad de la nieve se verán en la ocasión de salvaguardar bajo su custodia algunos de ellos, ocultos en unas cuevas de la sierra: un tesoro real y otro falsario. Me refiero al manuscrito de El lazarillo de Tormes y a los Libros Plúmbeos del Sacromonte. El primero de ellos (1554) fue declarado maldito por la Inquisición, de cuyas manos tratan los neveros de salvaguardar una copia. Los segundos fueron declarados falsos y heréticos por el papa Inocencio XI en 1682.
Entre las capitulaciones de 25 de noviembre de 1491 y 1568, cuando los moriscos nombran rey de Granada a Aben Humeya con el beneplácito del Sultán de La Sublime Puerta, guardada por las ambiciones de Selim II, puede situarse la acción de esta novela muy bien escrita y diseñada al modo de un guión cinematográfico. No se trata de una gran epopeya plagada de episodios cruenta (aunque acciones bélicas no faltan en el relato), sino la dura y áspera aventura que supone salir adelante, sobrevivir a tiempos de calamidad, a una familia que no pertenece a ninguno de los dos mundos enfrentados sino a la clase de gentes que perviven gracias a su tesón y su trabajo, sin dejar por ello de involucrarse en los acontecimientos históricos que marcan su tiempo.
El poeta ha creído encontrar en La hermandad de la nieve de José Vicente Pascual un modelo de lo que él (el poeta) entiende por novela histórica, siguiendo el gusto de Platón.
         
JOSÉ ANTONIO LLAMAS
León, 2013

17 enero, 2013

MÁRAI LIBERADO


LIBERACIÓN 

Sándor Márai

Salamandra Ed.


En el arranque de ¡Tierra, tierra!, segundo volumen de sus memorias, Sándor Márai describe su primer encuentro con un soldado soviético, episodio con el que nos introduce en su testimonio del sometimiento de la patria por un poder extranjero. Se verificaba en aquel entonces el asedio de Budapest por el Ejército Rojo, a fines de 1944, y al susodicho soldado lo siguieron muchos otros, toda una inmensa hueste surgida del Este cual materialización de la eterna pesadilla europea, premunida esta vez de una novedad ideológica –el comunismo-. Verdadera historia de una liberación nacional frustrada, el referido libro está surcado de  reflexiones sobre el significado cultural, social y político de la invasión. Ahora bien, mucho antes de concebir estas memorias, Márai escribió al fragor de los mismos acontecimientos una novela breve y bastante ácida, la que solo sería publicada de modo póstumo. Se trata de Liberación, una cruda historia de oprobio y desengaño, no ya en el plano político, sino en el de la intimidad de una mujer.

Escrita en el segundo semestre de 1945 y publicada recientemente en castellano,  Liberación tiene por protagonista a Erzsébet, una joven que, como la mayoría de sus conciudadanos, se cobija en los refugios antiaéreos de Budapest, en los hacinados sótanos de una ciudad que se ha tornado escenario de la descomunal guerra en curso. Se oculta, además, bajo una identidad falsa que la protege de la persecución de los fascistas húngaros -los cruces flechadas- y de la Gestapo, que se afanan en capturar a su padre, un famoso científico que ha solidarizado con los judíos y otras víctimas del fascismo. Articulada la narración en torno a la joven, asistimos a un agobiante cuadro de tensiones y padecimientos propios de un asedio; compelidos sin apenas distinción de clases a una vida subterránea, los habitantes de la capital húngara se deslizan bien pronto a un estado de promiscuidad y de relajación de las normas sociales, una condición en que la irritabilidad, la suspicacia y la mezquindad parecen imponerse a los mejores impulsos humanos. Por encima de sus cabezas resuenan el tableteo de las ametralladoras y el estruendo de las bombas, mientras que nazis y cruces flechadas, acicateados por la desesperación y la rabia de la agonía, redoblan esfuerzos en su bárbara cacería del hombre…

Erzsébet cifra todas sus esperanzas de liberación –para sí y para sus compatriotas, incluso para su tiempo- en la llegada de los rusos. ¿Cómo reprochárselo si otros, más avezados en las faenas de la vida y mejor informados, se hacen similares ilusiones? La situación es tal que apenas puede imaginarse algo peor; los ocupantes alemanes, bien se sabe, llevaron las cosas a tal extremo que a los soviéticos se los pudo ver como liberadores. El contrapunto de las expectativas de Erzsébet lo ofrece uno de sus compañeros de confinamiento en el improvisado refugio, un antiguo profesor de matemáticas de origen judío y, a la sazón, inválido. A la idea de que con los rusos todo cambiará, expresada con fervor por nuestra joven, opone el profesor la dosis necesaria de incertidumbre y escepticismo; el prolongado diálogo que ambos sostienen, justo antes de desencadenarse la catástrofe final, procede como pueden hacerlo las conversaciones entre desconocidos expuestos en común a situaciones extremas, mejor si entre ellos fluye una secreta corriente de simpatía. Es, este diálogo, el contrapunto entre la madurez desencantada, la que viene de vuelta de las aspiraciones desmedidas y las ensoñaciones románticas, y la juventud entusiasta e idealista, fogosamente dispuesta a creer. Y es en este diálogo que la novela trasciende el marco estrictamente histórico en que se desenvuelve para regalarnos un atisbo del mejor Márai, el que en obras como El último encuentro, La mujer justa y La extraña nos sumerge en perspicaces y desgarradoras exploraciones del alma.

El realismo cauteloso del postrado matemático nos anticipa el significado profundo de la novela, en que la liberación aludida en el título excede el ámbito de lo político, de las calamidades de la época. Más allá de lo que depara el específico contexto en que se desarrollan los acontecimientos (la guerra, la llegada de los rusos, el cambio de régimen), lo que el autor pone en juego es, principalmente, la liberación del individuo en el plano moral y espiritual. A renglón seguido, la realidad irrumpe abrupta y brutalmente en la forma de un soldado soviético, cuando el sótano en que se refugian los personajes ha sido desalojado por todos excepto por la joven y el inválido. Es una ominosa aparición, la del soldado, indicio del cambio de tornas histórico y, sobre todo, una pesada losa sobre las ilusiones de Erzsébet.

Liberación es, a todas luces, una novela escrita sin demasiadas pretensiones, exponente menor de una obra que en su conjunto es de muy alto nivel. Para los lectores asiduos de este autor puede que resulte un poco disonante por su crudeza, inusual en una novelística que se caracteriza por la parquedad de la acción –que no en las emociones- y un refinamiento no exento de ironía. Resulta una lectura valiosa, empero, en que destaca la descripción de un contexto tan premioso y atosigante como el de la guerra librada en plena ciudad, con las víctimas civiles en el primer plano, y cuyo material proporciona un complemento a ras de suelo de un libro como las memorias de Márai. Lectura valiosa, digo, como todo lo que conozco de su autor.

Rodrigo

- Sándor Márai, Liberación. Salamandra, Barcelona, 2012. 158 pp.

14 enero, 2013

EL ABUELO DE LORD BYRON


VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO
PRECEDIDO DE UN NAUFRAGIO
JOHN BYRON
Ediciones del Viento,  2006


John Byron (Londres, 1723-1785) fue un marino británico, y aunque en sus días disfrutó de reconocida fama y prestigio en Inglaterra, actualmente es más conocido por ser abuelo de otro Byron: George Gordon, sexto Lord Byron, poeta universal, viajero empedernido, iconoclasta, trasgresor y legendario.
El honorable John Byron no es escritor, propiamente: lo que nos cuenta es una relación, a modo de reportaje o bitácora, del viaje que realizó alrededor del mundo, a instancias del rey Jorge III, con fines exploratorios y científicos, a bordo de la fragata Delfín,  barco de la armada británica  que por primera vez recubría su casco con planchas de cobre, como protección. Sin embargo, la mitad del libro está  compuesta por el relato de un naufragio que el joven ―diecisiete años― guardiamarina Byron sufrió en un primer viaje. Relato que su insigne nieto, Lord Byron, el cual admiraba mucho a su abuelo, contará en su obra Don Juan y le inspirará para otra de sus obras, El Corsario.
El joven guardiamarina Byron formaba parte de la expedición del almirante Anson, y su barco, la Wager, encalló en las terribles costas de la Magallania.  Cuatro años tardó en volver a su país, cuatro años de rozar la muerte en distintas ocasiones, de hambruna,  enfermedades y todo tipo de desgracias y penalidades. La mayoría de sus compañeros fallecieron y quizás la juventud y su constitución física de Byron le mantuvieron con vida, a pesar de las infrahumanas condiciones que hubo de soportar.
Pero lo importante es que sobrevivió, y pudo relatar los sucesos y aventuras vividas. Esa primera parte del libro, la calificaría de más interesante aún que la segunda, ya que ésta, a pesar de su interés, no tuvo el dramatismo de aquélla.

La fragata Wager era un viejo barco que había hecho el recorrido de Indias habitualmente, y fue armado y pertrechado ―al mando del capitán Cheap― para formar parte de la escuadra del almirante Anson, que debía enfrentarse a la española del almirante Pizarro, aunque nunca llegaron a hacerlo, ya que ambas escuadras fueron destrozadas y dispersadas por los terribles temporales australes del cabo de Hornos. El naufragio de la Wager se produjo el 14 de mayo de 1741, al norte de las islas Guayanecos, en la fría, desolada y pantanosa costa oeste de la Patagonia. El resto de la escuadra fue desmantelada por el temporal y algunos de los buques hubieron de regresar al Brasil, mientras que otros consiguieron llegar a la isla chilena de Juan Fernández. El joven guardiamarina soportó en tierra, junto a otros supervivientes, condiciones terriblemente inhóspitas y dramáticas. De ciento cuarenta hombres que consiguieron llegar a tierra, fue disminuyendo su número a pasos agigantados, debido a las malísimas condiciones, la falta e insalubridad de los alimentos, el húmedo y gélido tiempo que les mantenía permanentemente empapados y  sin poder apenas guarecerse, las incursiones no siempre amables de los indios y las rencillas internas entre los náufragos, que ocurrieron desde el primer momento. La recuperación de material procedente del barco, mientras estaba a flote, les fue muy dificultosa: «Nos veíamos con frecuencia obligados ―cuenta Byron― a pescar las cosas por medio de grandes garfios amarrados a unas varas, en cuya faena nos venían a incomodar los cadáveres que flotaban entre las cubiertas» cuando trataban de rescatar objetos, herramientas o comida del barco embarrancado. «Hallábame nos diceen el estado más lastimoso, a causa de mi enfermedad, que se había agravado por las infames cosas que comía».

Tras diversos intentos de salir de allí y avanzar hacia el norte, buscando lugares civilizados o al menos, de mejor clima y condiciones de subsistencia, hubieron de regresar, mermados de fuerzas y con cada vez menos personal, al campamento base ―por llamarle de algún modo―, que llamaron Isla Wager, para esperar mejores condiciones climáticas e intentarlo de nuevo.
Finalmente, con algunos indios que, con la esperanza de bonificaciones y regalos, les ayudaron a desplazarse, consiguieron avanzar en el arduo trayecto, a veces por mar y a veces por tierra y por cauces de ríos, hasta llegar a tierras habitadas y habitables,  cerca de Chiloé. Allí los indígenas les alimentaron y vistieron, pues su estado era francamente  lastimoso. Byron describe minuciosamente tanto paisajes como el aspecto de los indios, sus costumbres, el trato a las mujeres, etc.

El encuentro con la guarnición española-chilena es descrito así: «Salieron a encontrarnos tres o cuatro oficiales y un pelotón de soldados, todos con las espadas desenvainadas, y nos rodearon como si tuvieren que custodiar a un enemigo formidable, en vez de tres pobres diablos desamparados que apenas si podíamos con nuestros cuerpos». Fueron mantenidos como prisioneros (España e Inglaterra estaban en guerra) y trasladados de una población a otra hasta llegar a Santiago, donde fueron embarcados finalmente para Europa. Pero la mayoría de las veces el trato que recibieron fue satisfactorio, incluso en Santiago dispusieron de libertad de movimiento, siendo recibidos por el gobernador. Los tres que sobrevivieron finalmente eran el capitán, Mr. Cheap, el oficial Mr. Hamilton y el guardiamarina Byron. Éste describe con bastante interés y detalle las costumbres, apariencia y vestuario de los chilenos de la capital, así como la economía del país y su funcionamiento.

La segunda parte del libro trata del viaje alrededor del mundo, del que el ya comodoro Byron da cuenta del trayecto, las incidencias, descripciones de islas, indígenas, botánica y zoología, en fin, detalles más de tipo científico y geográfico, pero menos atractivo en cuanto a las andanzas y aventuras humanas, reducidas al gobierno de la fragata y su lucha ―victoriosa, por otra parte―contra los elementos, llegando a buen término el viaje. Byron fue el primero que dio a conocer detalles exactos para la navegación por el Estrecho de Magallanes. Partieron de Plymouth (Inglaterra) el 2 de julio de 1764 y regresaron el 9 de mayo de 1766. Veintidós meses en la mar. La Relación del viaje alrededor del Mundo fue publicada póstumamente.
Para el relato del naufragio, se ha usado como base la edición publicada por J. Valenzuela  (Santiago de Chile, 1901), que a su vez se basó en la primera edición inglesa (1768). Para el relato del viaje alrededor del mundo se ha basado en la edición madrileña de 1943, a cargo de Ciriaco Pérez Bustamante.
Destaca el traductor los fallos de estilo y escritura, cosa que percibimos en la lectura, si bien el dramatismo de los hechos nos hace sobrellevar la ausencia de una forma literaria más atractiva. Lo que se echa de menos en esta edición es algún mapa de ambos recorridos, puesto que al emplear nombres que hoy no existen como tales, a veces resulta muy difícil seguir la derrota de los buques.

Ariodante



11 enero, 2013

DIDO Y ENEAS


DIDO REINA DE CARTAGO

ISABEL BARCELÓ

 Es Ediciones


Isabel Barceló (Sax, Alicante) nos relata esta historia como lo hacían los poetas antiguos. La narradora, Imilce, se reune con su escribiente Karo en la plaza del granado, en Cartago. En torno a ella se congregan los habitantes de la ciudad que quieren escuchar los recuerdos de esta anciana que narra los hechos que llevaron a la Reina Dido a abandonar Tiro hasta llegar a las costas libias y fundar Cartago, así como sus amores con el príncipe troyano Eneas y el fatal desenlace tras conocer el deseo de éste de seguir su rumbo para fundar su ciudad en las costas del Lacio. Todos escuchan pero también aportan. La memoria colectiva está presente en todo momento, sobre todo cuando hablan los que en esa difícil travesía habían tomado parte.

Dido Reina de Cartago fue gestada al estilo de las novelas publicadas en el siglo XIX pero con la diferencia de que, en vez de aparecer los capítulos en un diario determinado para que sus lectores siguieran con interés la lectura del mismo y esperasen a la aparición del siguiente capítulo, se fue publicando en el blog Mujeres de Roma, del que Isabel Barceló es su administradora. Por eso los capítulos son muy cortos. La autora concedió la posibilidad a los lectores de implicarse en la novela de una manera especial: algunos optaron por elegir como «propio» alguno de los personajes clásicos, o aportar personajes por el simple procedimiento de inventarse para ellos un nombre y un oficio, según sus gustos y fantasías. En el listado de personajes aparecen los nombres de los participantes o sus seudónimos cuando así ellos lo quisieron.

El lector se encuentra con dos narradores: Imilce, la hija de Barce, nodriza de Siqueo y confidente de Dido que completa sus conocimientos con textos de las crónicas de Xilón, y el poeta troyano Trailo, a quien en más de una ocasión acusa de utilizar un tono demasiado poético y el permitirse ciertas licencias con las que ella no está de acuerdo, pues lo tacha de partidista. Nos encontramos con unos capítulos escritos en primera persona y otros en tercera dictados por un narrador omnisciente.

Imilce es el personaje en torno al cual gira este relato. Quiere que sus recuerdos queden anotados para que generaciones posteriores conozcan la verdadera historia de su pueblo. Un personaje al que, pese a su carácter temperamental, le iremos tomando cariño a medida que van pasando los capítulos.
 

Pigmalión era un hombre ambicioso. Quería el trono que había heredado su hermana tras morir su padre. Pero también quería riquezas: el tesoro que estaba escondido en el templo de Melqart para llevar a cabo sus planes. No dudó en torturar a Siqueo, el sacerdote del templo y esposo de Dido, para que le revelase el escondite.

La reina era conocedora de las pretensiones de su hermano. Enterada de la atrocidad que había cometido en la persona de su esposo, decide huir de la ciudad con los habitantes que quieran seguirle pues no quería que se produjese un enfrentamiento entre hermanos. Junto con el Príncipe del Senado y Acus, el hijo de este, prepara sigilosamente la huida. A medida que tocan diversos puertos para aprovisionarse se les van uniendo algunos pasajeros más, como los curiosos hermanos Xilón y Filón, la amazona Nismacil, el cordelero Kostas, o las bailarinas que son tomadas prisioneras en Chipre. Tras sufrir muchas penalidades durante la travesía llegan a las costas libias y tiene un encuentro con Yarbas, el rey de esas tierras, para que le dejase construir en su costa una ciudad.

Eneas, príncipe de los troyanos, entra en escena. Tras la destrucción de Troya, huye con varias naves para tratar de llegar a las costas del Lacio, en Italia, y allí fundar otra ciudad. Dido los recibe y acoge en Cartago. Los homenajea con un excelente banquete de bienvenida. Dido había sido aconsejada en más de una ocasión de que volviese a tomar esposo pero ella se negaba y era fiel a la memoria de Siqueo. Yarbas el rey libio, le pidió matrimonio en varias ocasiones. Pero al llegar Eneas a Cartago, los dioses entran en acción y deciden que Cupido aparezca en escena para que Dido se entregue a Eneas, que era hijo de la diosa Venus. Pero, tras llevar instalados un tiempo en las playas de Cartago, Eneas decide que ha llegado el momento de seguir su ruta. Dido es avisada de las pretensiones del príncipe troyano. La reina se desmorona al no poder retener a su amado y la tragedia se consuma.

Con pocas pinceladas vamos conociendo cómo son los personajes que irán apareciendo en esta historia. El carácter de la Reina Dido, fuerte, enérgica, que demuestra grandes dotes de mando conforme a su cargo para hacerse valer ante su pueblo o el temperamento de la anciana Imilce. La ambición y la codicia de Pigmalión o la actititud desconcertante de Eneas, hijo de Venus, que cae prendado ante la belleza de Dido pero que sabía que su destino estaba marcado y debía de cumplirlo.

Dido Reina de Cartago es una historia en donde se conjuga lo humano y lo divino, pues los dioses juegan un papel importante en el devenir de los acontecimientos. Vemos cómo Neptuno, Eolo, Juno o Venus intervendrán directamente en la historia para que se cumpla el destino que tienen preparado para el príncipe troyano Eneas, poniéndole a prueba al enviar a Cupido para que Dido se quedara prendada de él. Una historia, en definitiva, bien construida pues se nota que la autora, una gran conocedora de la antigüedad clásica, sabe hacernos llegar la historia que nos cuenta de la forma más sencilla posible. 

De esta forma, Isabel Barceló consigue que nos enganchemos en su lectura desde las primeras páginas, y se nos haga amena y entretenida. El estilo es directo y el lenguaje utilizado sencillo pero contundente. Si a ello le unimos unos diálogos breves y directos, así como unas descripciones concisas, pues el lector lo agradece. En todo momento y siempre empleando estas premisas nos daremos una idea de cómo se va desarrollando el pasaje que estamos leyendo.  Dido Reina de Cartago es una novela histórica que no va a defraudar porque tiene todos los ingredientes necesarios para que el lector disfrute de la historia por lo que recomiendo su lectura. 

Francisco Portela

 DATOS DEL LIBRO
Nº de páginas: 300 págs.
Encuadernación: Tapa blanda
Editoral: ES EDICIONES
Lengua: ESPAÑOL
ISBN: 9788492760084

26 diciembre, 2012

DEPARTAMENTO Q


DEPARTAMENTO Q: La mujer que arañaba las paredes  

JUSSI ADLER-OLSEN



Novelista danés, desconocido y que nos presenta a un nuevo protagonista de sus novelas policíacas, el inspector Carl Morck.
Tras esta frase que nadie piense que nos encontramos ante un nuevo producto de la factoría escandinava de novela policíaca, quien se acerque a este libro con esa idea se habrá confundido y mucho. Porque esta novela, aunque tenga elementos propios de tal tendencia, no lo es.
El escritor ha dado una patada a la pelota de la novela policíaca y la ha lanzado unos cuantos metros más allá, sigue siendo el mismo juego y el ambiente que refleja sigue  pareciéndose, al menos en el fondo, pero el juego se ha complicado, se ha enriquecido y se ha llenado de más carnosidad.
El autor ha tomado referencias de la novela policíaca escandinava, como ya dije, le ha sumado elementos de la novela anglosajona y algo de otros lugares, por ejemplo, se percibe la influencia de la novela de género italiana. Ese cóctel, lo ha agitado, lo ha removido y lo ha servido en una copa danesa, dando como resultado una novela muy atractiva
Los personajes son de verdad, de carne y hueso, de personas que tienen secretos, que callan cosas, que sufren y que hacen tonterías. El personaje principal es el mejor ejemplo de ello, un hombre maduro que tiene una pésima relación con sus compañeros de trabajo y que en algunos momentos piensa con la bragueta y cuyo mayor disfrute es no hacer nada, aún así es buen policía y de sus mañas nos da buena cuenta la narración. La relación que mantiene con su segundo, al que no describiremos, es poco más que una verdadera maravilla, una manera sutil, elegante y humana de acercarnos a otros de cuyas diferencias culturales nos separan.
La humanidad de los personajes recorre toda la novela, son seres humanos y como tales se comportan, existen verdades que no creemos, nos obcecamos en ver la vida de una manera diferente a como es, odiamos a nuestros compañeros de trabajo, nuestros vecinos nos caen mal, en fin una vida normal y corriente pero en este caso dentro de una novela policíaca.
Si a ello le sumamos un ritmo frenético, es imposible dejar de leer, y le damos una trama bien urdida tenemos una muy buena novela.
Cabe destacar la trama de la investigación policial, diseccionada con paciencia y precisión, reconstruyendo paso a paso, no sólo la investigación sino también los hechos ocurridos y aunque se hace con lentitud en algunos momentos dicha disección no nos aburre, todo lo contrario, se disfruta del trabajo de los agentes, quienes con un trabajo de hormigas van uniendo una pieza con otra para llevarnos al desenlace final y como siempre más lógico.
El ritmo es elevadísimo, sostenido con astucia por el escritor, que posee un dominio amplísimo sobre las claves de la novela de género, de las que hace uso en abundancia, dándonos pequeñas miguitas de información que vamos recorriendo a toda velocidad para llegar al desenlace.
El autor no es complaciente con la sociedad que nos muestra, es una sociedad viva, real, existen malvados, asesinos, gente de la peor catadura moral, pero también personas honestas y buenas y esa mezcla, que en el fondo es tan real como la vida misma, nos hace sonreír al encontrarnos ante esa sociedad tan bien diseccionada.
La prosa del escritor no es florida, no la necesita, es concisa y se pone al servicio de la trama y esas características ayudan a que la novela sea de muy sencilla lectura.

La edición es elegante, algo habitual en Maeva, cabe destacar un par de expresiones que creemos son fruto de una traducción no muy lograda, son expresiones como “padre postizo” o “hijo postizo”, seguramente se podrían haber cambiado por padrastro o hijastro.
En resumen una muy buena novela, con una trama muy bien realizada, con unos personajes que nos darán grandes horas de satisfacción, porque deseamos, que no esperamos, que la editorial se anime y publique más de este buen escritor y no nos deje con la miel en los labios, una dosis no ha sido suficiente. Una novela que dará gratas horas de placer y que no decepcionará a todo aquel que se acerque a ella.

Sergio Torrijos 

DATOS TÉCNICOS:
415 páginas
ISBN: 978-84-15120-02-5
EDITORIAL: MAEVA
Fecha de publicación:  2010


25 diciembre, 2012

FELIZ NAVIDAD

El conjunto de administrador y colaboradores de Opinión de libros os desea a todos unas Felices Fiestas, y os augura muchas lecturas para el próximo Año Nuevo:


23 diciembre, 2012

HIPATÍA


 LA ÚLTIMA NOCHE DE HIPATIA

EDUARDO VAQUERIZO


Editorial: Alamut



Nada más enterarme de la existencia de este libro quise leerlo. He de reconocer que la historia de Hipatia me fascinó desde el primer momento en que la conocí. Yo soy una de esas mujeres que admiran a las grandes de la antigüedad, y como tal, no podía perdérmelo. De pequeñita ya había leído algo sobre Hipatia pero no me había introducido de lleno en saber más sobre su historia y lo dejé pasar. Fue hace tres años, a través de una asignatura de libre elección de la universidad (en concreto, “Religión y mitología romanas”) en la que el profesor nos fue presentando los distintos cultos en aquella época tan lejana a nosotros. Fue entonces cuando nos habló de Hipatia y nos dio más información sobre ella. La inteligencia de esta mujer, sus ansias por aprender en una sociedad en la que la mujer “debía ser mujer y nada más” y su posterior sufrimiento, me hicieron admirarla como nunca.
            La novela La última noche de Hipatia de Eduardo Vaquerizo nos cuenta los últimos días de la vida de esta filósofa y matemática a través de un personaje que ha viajado en el tiempo para descubrir más sobre la Historia. De esta manera, en esta novela podemos encontrar al principio, la historia de un grupo de investigadores, físicos, historiadores, filósofos… que quieren vencer las leyes del espacio-tiempo y viajar. Paralelamente, el autor va introduciendo una serie de epístolas que le envía Cirilo a su tío Teófilo, en las que ya muestra  el fanatismo que va a destruir la ciudad de Alejandría. También, encontramos las memorias de Orestes, prefecto  de Alejandría y amigo de Hipatia que nos da su propia visión sobre las circunstancias. Será en la segunda parte del libro (si se me permite decir que podemos dividirlo en dos partes), cuando Marta —una de las historiadoras del proyecto— consiga viajar hasta Alejandría y conocer a Hipatia, convirtiéndose en uno de sus discípulos en la Academia.
            A pesar de que la novela en sí podría ser considerada como de ciencia-ficción con tintes históricos, pienso que es mucho más que eso. Con esto me refiero a que se nota que Vaquerizo domina el arte de la escritura. Sí, me arriesgo diciendo “arte” porque él lo tiene. La novela podría ser narrada de un modo sencillo, sin embargo, Vaquerizo utiliza una prosa poética, un ritmo narrativo, que te impacta. A medida que iba leyéndolo, adentrándome cada vez más en la historia, disfrutaba más y más e incluso llegué a pensar que hacía tiempo que no leía una novela con una prosa tan magnífica.
            Las reflexiones de los personajes, los diálogos trabajados, el dominio que muestra Vaquerizo en el uso de las epístolas… todos ellos son recursos difíciles de conseguir que funciones correctamente, pero él lo consigue y creo que con creces. Además, las descripciones de los lugares de Alejandría, los hábitos de sus habitantes, el proceso de ascenso del cristianismo frente al resto de cultos… Todo esto también nos muestra que el autor ha trabajado en su obra arduamente, para conseguir el mayor rigor y verosimilitud y es algo que se agradece.
            Vaquerizo no sólo nos retrata una época historia, sino que le da un giro a dicha historia y reflexiona sobre ella, cómo podría haber sido de otro modo, las consecuencias de la implicación en los viajes en el tiempo (que es algo que se ha debatido ya en numerosas ocasiones). Y deja al lector la elección de reflexionar sobre el destino de Hipatia, sobre el fanatismo y el oscurantismo.
            Sin más, sólo me queda recomendar la novela. Y la recomiendo con una gran sinceridad. Me disgustaría que todos aquellos seguidores de la historia de Hipatia y de Alejandría se sintiesen mal por una “transgresión” (en el buen sentido de la palabra) en la historia, ya que opino que La última noche de Hipatia es mucho más que eso. Es un ejercicio intelectual, narrativo, artístico… que no se suele dejar ver mucho en nuestra literatura últimamente. 

Elena Montagud

¡Sálvese quien pueda! - Andrés Oppenheimer

¡Sálvese quien pueda! El futuro del trabajo en la era de la robotización. Oppenheimer siempre me ha llamado la atención, si bien no he sid...