10 marzo, 2013

MAFIAS


LA CANCIÓN DEL SICILIANO
CRISTINA AMANDA TUR
Ed. Funambulista 

La canción del siciliano comienza con el asesinato en la isla de Ibiza de Mario Sonnino, guardaespaldas de Sacha La Plaggia, especialista en obras de arte... y nieto y sobrino de capos de la Mafia. En esta novela tenemos una trama de ficción entrelazada con personajes y hechos reales de la historia de la Mafia siciliana, una historia cuyos protagonistas —el equipo contra el Crimen Organizado de Ibiza, comandado por el policía sevillano Ariel, y Rebelene, una periodista local amiga de los policías pero fascinada por Il Bel Sacha y con el corazón dividido, intentarán averiguar hasta qué punto la muerte del guardaespaldas de La Plaggia es una venganza relacionada con el pasado de la famiglia. La investigación (y el amor) llevará a la periodista a Sicilia; y todos deberán enfrentarse a sus convicciones, educación y sentimientos, sin que ninguno pueda evitar escapar a su naturaleza.

Mario supo inmediatamente lo que estaba ocurriendo, y supo también que estaba muerto sin remedio y sin extramaunción. Había llegado el momento de encontrarse con su destino y buscó algún santo al que encomendar su espíritu, pero todos parecían encontrase aún de vacaciones”.

Esta es la cuarta novela de la saga escrita por la autora ibicenca Cristina Amanda Tur en la que aparecen los miembros del equipo contra el Crimen Organizado de Ibiza y la periodista Rebelene. Todo empieza con un asesinato, el de Mario Sonnino, guardaespaldas de Francesco La Plaggia, que desde hace algún tiempo residía en Ibiza. El equipo de policías, bajo las órdenes de Ariel, realiza las investigaciones oportunas para averiguar hasta qué punto esa muerte guarda relación con el pasado de la familia de Sacha, nieto del capo Francesco di Vicenzo.

Las investigaciones nos llevarán de Ibiza a Sicilia. A lo largo de  la novela iremos dando el salto de una isla a otra. Ricardo Salvi, será el carabineri  que les irá pasando la información solicitada a los policías españoles para aclarar qué tipo de conexión puede haber entre la mafia siciliana y la corrupción reinante en Ibiza.

Con pocas pinceladas conocemos los rasgos, sobre todo psicológicos, que definen a los personajes que nos iremos encontrando a lo largo de esta adictiva novela. Así nos iremos familiarizando con el carácter de Ariel, el jefe del equipo, desconfiado del trabajo de sus superiores y a quien sus compañeros conocían perfectamente, pues por sus gestos y su mirada adivinaban lo que podía estar tramando. Rebelene es una periodista local, amiga de los policías, que se dirige con ellos al lugar de los hechos. Sabía que siempre podían aportarle jugosas noticias para su sección de sucesos del diario local para el que trabajaba. Se sentía atraída por Sacha La Plaggia, un marchante siciliano, que vivía desde hace un tiempo de forma acomodada en Punta Galera, una  zona privilegiada de la isla. Los policías desconfiaban de él y le investigaban pues sospechaban de su estancia en Ibiza y creían que el asesinato de su guardaespaldas se trataba de un ajuste de cuentas entre bandas rivales mafiosas. La decisión de Rebelene, que se sentía atraída por Il bel Sacha, de acompañarlo en su viaje a Sicilia, jugará un papel importante en el desenlace de esta fascinante trama, que sorprenderá al lector.

Es de agradecer el buen trabajo realizado por la autora pues conjuga perfectamente la ficción con los hechos reales que nos va relatando a lo largo de la misma. Sabe en qué momento debe introducir la historia de la Mafia siciliana, reciente y pasada. Emotivo es el homenaje que le rinde en Palermo a los jueces Falcone y Borsellino, asesinados vilmente por los clanes mafiosos. Todo ello relatado con un lenguaje crudo y realista. Los diálogos son ágiles y de un ritmo casi cinematográfico.

La canción del siciliano se la recomiendo a los amantes de la novela negra y, por supuesto, a los que quieran iniciarse en este género. Su ritmo trepidante hace que nos enfrasquemos en su lectura desde las primeras páginas.  No quedarán defraudados pues encontrarán en ella todos los ingredientes que en él son habituales: drogas, corrupción, persecuciones, vigilancias a sospechosos, traiciones, ambición, poder, vendettas, la omertà o ley del silencio, el ojo por ojo. Las costumbres que los antiguos capos de estas organizaciones criminales siguen llevándose en la actualidad. Muchas de ellas nos recordarán a la obra cumbre de Mario Puzzo, El padrino, pues nos encontraremos con el significado de una boda en un clan mafioso, que se aprovecha para hacer negocios o los “mensajes” que se les dejan a los enemigos.

Encontramos también otro factor habitual en este tipo de novelas, como es la crítica social, donde vemos cómo claramente la mafia es la que tiene el poder y las instituciones públicas están cargadas de una corrupción galopante.  Se nota, sin lugar a dudas, el gran conocimiento que tiene sobre la Mafia esta periodista y criminóloga ibicenca. Una novela que no resultará indiferente a quienes la lean. 

Francisco Portela

05 marzo, 2013

EL PRIMER MOTÍN


El navío Congreso Mexicano 
 Motín a bordo.
LUIS DELGADO BAÑÓN
Ed. Noray, 2012

Don Luis Delgado Bañón es capitán de navío y ha sido director del Museo Naval de Cartagena. Historiador y marino, dos cosas que no se pueden esconder. Don Luis está novelando la historia de nuestra Real Armada desde las últimas galeras hasta nuestra guerra civil. El volumen que comentaremos hoy, número 22 de la Saga Marinera Española, se sitúa en 1.824. Mal rey y malos tiempos para un imperio en el que ya se pone el sol. No acompañaremos en este volumen a ningún Leñanza de sangre, que es el recurso que suele emplear don Luis en sus libros para dar continuidad a la narración, añadir elementos críticos, y salpimentar la historia con relatos de alcoba, intriga, espada y pistolón, mucho aguardiente de Cehegín, y cualquier cosa que pueda amenizar un tema ya de por sí apasionante. Hoy será nuestro cicerone el capitán de navío Adalberto Pignatti, Beto para los amigos. Nombrado segundo comandante del navío Asia, verá como una misión aparentemente de rutina se convierte en un desastre por culpa de…  ya se verá. Sepa usted una cosa: todo lo que va a leer no es, como en otras series de novela marinera, fruto de la imaginación del autor. La realidad supera a la ficción. Con detalles novelescos para hacer la lectura más divertida, tal como don Luis se lo cuenta sucedió lo que hay en estas páginas.

A lo largo de sus libros, el autor no se corta ni con el sable: hoy no toca servir la rica carne adobada que tan bien prepara Miguelillo, sino amarga mazamorra. No vamos a hablar de cómo un grupo de idealistas, partiendo de California en una fragata que lo es solo de nombre, conquistan Alaska. Ni de cañones de a 24 en un bote de remos, ni de combates a tocapenoles en la noche oscura. Como en San Vicente hoy toca una página negra de la Real Armada, y se presenta sin paños calientes. Un buque sin capitán, un motín a bordo, una traición que es siempre otra fidelidad… pero que aquí es cruel como puñalada por la espalda. Todo marino sabe que el capitán manda a bordo solo por debajo de Dios, y eso porque Dios es más antiguo (en la cadena del mando, se entiende). ¿Qué ocurre cuando el senyor de la nau, amo de la vida y la muerte, que ha sido un hombre valiente que se ha enfrentado a su rey por corrupto, cae en lo que por el bien de su alma espero fuera melancolía?

Don Luis oyó hablar del presentismo, pero es un tema que no le interesa. La acción está contada desde el punto de vista de un oficial de la Real Armada, con el sentimiento y moral –o a veces falta de ella- propio de aquellos tiempos.  No se comete este error tan en boga de poner personajes actuales en hechos pasados: Pignatti es un hombre de su época, con lo bueno y lo malo, con un concepto del honor que nos puede parecer hoy en día inverosímil… pero que era el propio de aquellos duros hombres. El lenguaje, el comportamiento, las reacciones ante sus superiores y compañeros… remiten a aquellos años.  A pesar de su fabulosa documentación y fidelidad a los hechos, no es el objetivo del autor un ensayo objetivo y desapasionado, sino mostrar los sentimientos encontrados de un marino fiel a una causa. Cuando Pignatti, Beto, te cuenta la tempestad que atormenta su alma ves a un hombre y no a un personaje. No es un héroe vestido de blanco, capaz de desfacer cualquier entuerto. Hay actos suyos que serían no solo indignos de un oficial, sino también de un caballero. Pero sientes el deseo de abrazarle, y decirle “yo también he cometido errores en esta vida, me pregunto cómo hubiera jugado tus cartas”. Los personajes de Don Luis son de carne, huesos y lágrimas, incluso los imaginarios.

Hay muy buena novela marinera, pero en mi opinión esta serie destaca en dos puntos. Modestamente, quien suscribe navega un poquito. Y cada vez que abre uno de estos volúmenes siente la imperiosa necesidad de zarpar. En la obra de don Luis cuando hay viento frescachón se cargan los juanetes, como todo buen nostromo haría.  Y cuando hay rachas de ventarrón como poco, como poco tomas dos rizos, pero teniendo la capa ya preparada. No pierda su tiempo en encontrar errores marineros en esta narración, que no los hay. Igualmente ocurre con los detalles de uniformidad, costumbres… para un aficionado al mar y la historia, este libro es una delicia. Ya puedes tener mar de damas: con la costa a sotavento sufre el capitán, sufre el último paje de escoba, y sufre el lector. Maldita la hora, nostromo, que no celebramos el paso del Ecuador, la primera muesca marinera. Cruza los dedos a Neptuno, el de los siete dedos.
Y por otro lado… Navegar es estar muchas horas en el puente, a veces sin nada más que hacer que vigilar las olas y las nubes. En el navío Asia, el segundo de a bordo tiene la costumbre de reunir a los oficiales de mar y los caballeros y contarles historias. Consigue el autor que te sientas ahí, en cubierta, con una mano sujetando el bicornio y la otra en el biricú, notando el viento salado en el rostro, viendo a muchas millas aparecer ya el pico del Teide, y escuchando junto a los guardiamarinas el por qué se llaman estas islas Afortunadas, o cómo tenemos que bajar tantas millas para evitar las terribles calmas cuando… ¡Vela tres cuartas a estribor! ¿Será amigo? ¿Será mercante o corsario? ¿Buena presa, o descubierta de una división de navíos enemigos? Historia de braza y coraza, toca dejar la ilustración y tomar el sable… o no. Y no solo eso: en los consejos de a bordo, como un oficial más, el lector se sumerge en los debates de política, en la historia de aquellos tiempos convulsos, que van a ver el fin de un imperio y el nacimiento de nuevas naciones. Así que como dice Martín Fernández de Navarrete, además de halagar el corazón fortifica uno su entendimiento, lo que es buena cosa, y con un pedazo de nuestra historia del que poco se enseña en las escuelas. Por algún extraño motivo la historia naval es una gran desconocida, cuando otros países han sabido sacar jugo a la suya. Hombres de hierro en barcos de madera, luchando por un mal rey en un mundo que se descompone, sin pensar en dar un paso atrás, simplemente porque es su deber. Y si toca hoy derrota y vergüenza, se cuenta. Ya vendrán las victorias, que las hubo. Solo le pido, como lector, una cosa a don Luis, y es la misma que le pidió en su día aquel espíritu a Ramón Llull: “Escribe”. ¿Para qué? respondió éste. “Para que se sepa”.
Así que hágame caso. Si le apasionan la historia y el mar corra a comprar El navío Congreso Mexicano, sírvase una copita de rico aguardiente de Cehegín… y disfrute de una historia que no es solo ficción, sino nuestra historia. Y si no le apasionan… mi querido amigo, corra a comprar este libro. Es que usted las ha probado poco.

Miguel Aceytuno

03 marzo, 2013

MONSTRUOS


EL MONSTRUO EN MÍ
JOSE IGNACIO BECERRIL POLO

En 1886, Robert Luis Stevenson publicaba «El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde» (en ingles «Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde»),una novela que exploraba la dicotomía psicológica del ser humano. La finalidad del autor era evidenciar la hipocresía social que juzga exclusivamente por las apariencias, obligando a las personas a reprimirse públicamente. Sin embargo, esta cohibición solo era soportable mediante la satisfacción privada de una serie de deseos «cuestionables». En consecuencia, se generaba una dualidad en el compartimiento del individuo, que daba lugar a dos personas completamente diferentes dentro de un mismo cuerpo. Este conflicto interior, que viene a representar la eterna lucha entre el bien y el mal, sigue vigente en la actualidad. Y podría decirse que ha encontrado nuevas formas de manifestarse, pero también de ocultarse a nuestros ojos.

En «El monstruo en mí» J. Ignacio Becerril utiliza la ambigüedad para manipular la psicología del lector, obligándole a replantearse todo lo leído cuando apenas quedan unas pocas líneas o palabras para concluir el relato. El autor nos demuestra la rapidez con la que conformamos nuestros juicios y clasificamos a los personajes en base a nuestros prejuicios, sin esforzarnos por conocer todos los detalles de la historia. Las apariencias nos engañan y ese es nuestro mayor error. De ahí que cada relato conlleve una reflexión, un mensaje más complejo que se oculta tras la convicción de saber lo que va a ocurrir a continuación.
A pesar de la amplia temática, el factor sorpresa es el elemento común de todos los relatos que conforman esta antología. El mejor ejemplo es «La ciudad inhabitada», un relato en el que predominan los interrogantes acerca del origen que explicasen la presencia de un mal invasor y que podría considerarse una excelente metáfora del título.

Algo similar a «De sueños y monstruos» u «Ocho esferas plateadas» que demuestran la existencia de monstruos en la vida real, capaces de sobrepasar los límites de nuestra imaginación para adquirir una presencia física a través de nosotros y ejecutar el mal para el que fueron concebidos. Sin embargo, junto a «Tumbas en la ciudad», conforman los relatos más simples y no terminan de encontrarse a la calidad narrativa del resto.

Si bien, J. Ignacio Becerril nos plantea un interesante interrogante en «Todo está hecho», «Ni el infierno querrá tu alma» y «No habrá descanso en la muerte». En estos tres relatos, la venganza representa un nexo en común que impulsa a sus protagonistas a actuar en contra de sus principios para poder perpetrarla contra los auténticos monstruos. Por ello, sitúa al lector ante la disyuntiva de posicionarse a favor o en contra de ellos, haciéndole replantearse si el fin justifica los medios.
No obstante, «El monstruo en mí» consigue destacar sobre otras antologías por dos relatos: «Casa ocupada» y «El hombre que soñaba con mariposas». El primero es un autentico tributo a la literatura fosca que no decepcionará a sus seguidores y permitirá el resto una primera aproximación a este género. Un cuento tenebroso protagonizado por una peculiar familia de proscritos, en la que el amor es sinónimo de dolor. Sin embargo, la inocencia infantil consigue imponerse sobre la maldad adulta. Una historia que estremece y conmueve a partes iguales.

Por último, «El hombre que soñaba con mariposas» no es un relato propiamente dicho, sino una novela corta que el punto final perfecto a esta antología. Una pesadilla que comienza al despertar y nos describe un mundo similar al concebido por Robert A. Heinlein para «Starship Troopers». El ser humano ha perdido su primacía como especie dominante y ahora son otras las que ocupan su lugar, mientras nosotros quedamos reducidos a meras presas, un alimento fácil de conseguir y todavía más fácil de devorar. Sin embargo, pronto descubriremos que a pesar de lo terrible que pueda parecernos nuestro presente, siempre hay esperanza para un futuro mejor.
Al igual que si nos paseásemos por un laberinto de espejos, «El monstruo en mí» nos muestra todas las perspectivas que pueden conformar la misma realidad. Cada reflejo será diferente al anterior, pero será solo una cuestión de apariencia porque el objeto o la persona no cambian de uno a otro.

Mari Carmen Horcas


Titulo: El monstruo en mí 
Autor: Jose Ignacio Becerril Polo
Editorial: Saco de Huesos
Año de publicación: 2011
206 págs.
ISBN: 9788493942175

01 marzo, 2013

A CIEGAS


EL PAÍS DE LOS CIEGOS

CLAUDIO CERDÁN


Esta novela no aparecerá en la lista de los libros más vendidos, no será considerada un Best Seller ni tampoco la encontrarán en los centros comerciales cercanos a su casa, pero para los amantes del género negro será considerado un libro interesantísimo y levantará pasiones. Será libro que aparezca en las librerías de siempre, en donde los libreros, hechos a vender libros buenos o a recomendar novedades un tanto desconocidas, darán buena cuenta de él. Porque este libro, señores, es bueno, muy bueno.
La narración entronca directamente con nuestro querido género negro, el género negro nacional que autores como Serafín, Montero, Gonzalez Ledesma, Marsé, Muñoz, Ibáñez y otros más que no se citan por la escasez de espacio, han llevado como estandarte de novelas que nos han entretenido, divertido e incluso reír a mandíbula batiente. Es por ello, ahora que nos bombardean con autores de otros países con una ternura sin igual, por lo que le doy mayor importancia a semejante novela. Nada que ver con los autores nórdicos, comparado con ellos esta es una novela de hombres  y no de niños, aquí la sangre, las vísceras y los fluidos corporales saltan casi de las páginas y nos llega un aroma indudable a vida y a realidad.
La novela tiene una magia propia, tan propia que cuando te quieres dar cuenta andas por la página ciento cincuenta y no puedes parar. Estructurada en capítulos cortos y con una acción continua no se detiene por nada y nos arrastra página tras páginas en pos del protagonista, un personaje tan censurable como honesto. Tengo que hablar del pulso narrativo, el cual, es incesante, no dejando apenas un respiro, algo en verdad difícil de conseguir puesto que no consigue aburrir ni tan siquiera cansar, sino que nos hace que leamos con mayor ansia si cabe.
El autor ha trasladado la acción a Alicante, allí nos muestra una realidad que simplemente nos asombra, nos asquea y nos interesa.
Véase como ejemplo:
“La fauna más desarrapada de Alicante emerge de sus madrigueras en esta parte de la ciudad. Mendigos diabéticos que se han quedado ciegos de tanto beber,  putas desdentadas de cinco euros la mamada, heroinómanos con SIDA que se pinchan en los genitales. En esta parte de la ciudad llueve papel de plata quemado, sangra bilis de esquizofrénico, sonríe entre dientes podridos por la droga y grita en pos de una muerte rápida que nunca llega.” Pag.145.
Podría poner más extractos del libro, pero con el anterior y el siguiente creo que los lectores se harán, perfectamente, a la idea de cómo escribe este escritor y el tono de la novela.
“El trance de pasar de esta vida a la siguiente es igual de sucio que al nacer. En uno terminas oliendo a placenta y en el otro acabarás apestando a mierda. Sólo hay que recordar el semen de las perneras de los ahorcados, el último esputo de sangre del cirroso o los ganglios ulcerantes de la sífilis. No existen maneras dignas de irse al otro barrio. Da igual que palmes de pie o sentado, en una cama rodeado de extraños conocidos o como un viejo abandonado en un asilo, en el Titanic o a la hora de la siesta.... da igual, porque, a fin de cuentas, no eres más que un trozo de carne sin pulso.” Pag. 130-131.
El autor, todo un descubrimiento, emplea el sarcasmo de manera constante, no sólo para los personajes sino para cualquier situación, convirtiendo toda la narración en algo ácido y corrosivo. Emplea una prosa dura y convincente, mostrando que controla el lenguaje y lo pone a su servicio de manera brusca, tan brusca que parece sometido a todo un tratamiento violento. La aparición de palabras, no muy académicas pero que a nadie se escapará su significado, como descular o ahostiar, nos hacen sonreír y acercarnos aún más a la libertad de la calle.
Como decía el autor ha supuesto toda una alegría, un escritor que ha demostrado que sabe crear personajes duros e inolvidables y ha llenado las páginas de este libro de una prosa que nos acerca tanto a la realidad que nos hace pensarnos y mucho la visita a Alicante, que aparece ante nosotros con otro rostro, el de una ciudad mucho más vital y honesta, más siniestra y más divertida.
Como lector y amante de la novela negra le animaría a que prosiguiera con esta senda, otra novela más como esta y le garantizo que será considerado como uno más de nuestro pabellón particular de escritores de cabecera.
Hay que agradecer a la editorial Ilarión, no sólo la cuidada edición, sino también la firme apuesta por este autor y por esta literatura, tan maltratada por las grandes editoriales. Tengo la plena seguridad que acertarán con semejante proceder.
En resumen una novela de una pieza, interesante, atractiva y que devuelve con intereses todo el tiempo que le dediquemos. No hay que perderse semejante lectura, a los amantes del género negro les chiflará y a los que no lo conozcan o se acerquen por primera vez les resultará muy atractivo y con seguridad les sorprenderá.

 Sergio Torrijos

DATOS TÉCNICOS:

ISBN: 978-84-938572-7-1 
EDITORIAL: ILARIÓN
Fecha de publicación: 2011
 298 páginas



25 febrero, 2013

WAUGH VIAJERO


ETIQUETAS 
Evelyn Waugh


Evelyn Waugh es conocido principalmente por su obra Retorno a Brideshead, sin embargo, con anterioridad a la misma, había escrito algunas novelas de humor (¡Noticia Bomba! es un buen ejemplo) en las que satirizaba a la sociedad de su época.
Con una finalidad algo más monetaria, escribió durante la década de los años treinta algunos libros en los que daba cuenta al público inglés de sus viajes por el extranjero. Etiquetas es el primero de estos libros, en el que describe su viaje por el Mediterráneo. Dada la escasa novedad y originalidad de su ruta, el propio Waugh titula la obra etiquetas dado que apenas puede añadir nada que no haya sido escrito sobre estos lugares, limitándose a destacar aquello que llama su atención, en especial en materia humana, más que artística, paisajística o histórica.

Su viaje comienza con un vuelo comercial que le lleva de Londres a Paris donde disfrutará de los placeres de la noche parisina para descubrir que los locales de moda sirven champagne de malísima calidad y que el bullicio bohemio que tanta fama da a la capital francesa no es otra cosa que una sucesión de locales a los que se acude en romería, de modo que se visite el local que se quiera, siempre se acaba viendo a las mismas personas. Apenas cien noctámbulos dando tumbos por cinco o seis cabarets forman la esencia de la noche parisina. Acompañado por viejos amigos, conocerá a extravagantes caballeros y elegantes damas algo ebrias, llegando a la conclusión de que París convierte a todo el que la pisa en extranjero, nada en ella tiene carácter propio y verídico, un gran teatro mercantil. Afortunadamente, Waugh no llegó a conocer cuán acertado era su juicio y el largo camino que aún se debía recorrer en este sentido.

Un incómodo viaje en tren le lleva a Monte Carlo donde disfrutará de su primera inscripción en un auténtico club (el Sporting Club) y de la contemplación anhelada del Mediterráneo. Pocos días después se embarca en un crucero turístico (el Stella Polaris) de bandera noruega que le llevará hasta Nápoles donde descubrirá que el turismo ha arruinado la posibilidad de disfrutar de estos lugares sin la conveniente custodia de un guía de confianza que impida caer en manos de timadores, mendigos o delincuentes de la peor calaña.
El viaje continua arribando en la costa palestina para visitar las arenosas tierras de Haifa y Nazaret que no parecen haber gozado del entusiasmo del escritor. El Stella Polaris sigue su ruta hasta Port Said donde Waugh desembarca para vivir una temporada en la ciudad y poder visitar El Cairo y Helwan. Integrado en la pequeña colonia occidental, se apresta a tomar notas para un futuro libro sobre la sociedad de Port Said. Un pequeño grupo de militares, funcionarios, diplomáticos y empresarios en cuyas relaciones se entremezcla para disfrutar de lo mejor de cada grupo haciendo fugaces escapadas a El Cairo y visitas a las pirámides, la Esfinge y otros restos egipcios.

Finalmente decide escapar de la opresión camino de otra pequeña prisión, Malta, donde se hospeda gratis en el mejor hotel de la isla a cambio de la promesa de escribir unas amables líneas sobre el establecimiento en el libro que seguirá a esta ruta. Desconozco si el pobre director del hotel pudo llegar a discernir si fue objeto de una fina ironía o directamente de un incumplimiento contractual en toda regla dadas las observaciones que Waugh hace al respecto. La isla, pese a sus más de cien años de dominio británico, no ha perdido su carácter mediterráneo. Los bien conservados restos de los edificios de la Orden de San Juan son empleados, no para el turismo o el pasto del ganado – como ocurre en otros muchos lugares- sino para dar cobijo a la administración británica siendo prácticamente el único símbolo de su dominio.
El casual reencuentro con el Stella le permite escapar de la isla camino de Creta donde aún están en sus inicios las excavaciones de los palacios micénicos por lo que tras la breve parada, el crucero reanuda su camino, esta vez rumbo a Estambul, donde Waugh puede ver de primera mano los cambios que el régimen de Kemal ha introducido para occidentalizar la sociedad turca: la prohibición de la poligamia, el sufragio femenino, la supresión del traje típico turco, etc. Sin embargo, estos cambios son vistos con escepticismo por Waugh quien considera que todo cuanto tocan los turcos (sea arte, costumbres, ...) acaba por degradarse. La contemplación de las riquezas de los antiguos palacios imperiales y de las riquezas de los harenes sólo evoca la sospecha de que, en el derrumbe final del Imperio, muchas de esas joyas serían sustituidas por otras falsas.
El viaje continua en Atenas donde Waugh se reencuentra con un amigo la universidad junto con el que recorre los locales nocturnos más alejados de las rutas turísticas para descubrir que los parroquianos atenienses no sólo no tratan de pedirles dinero, sino que les invitan a bebidas.
La visita a Corfú, ya conocida por el autor, le reafirma en su deseo de enriquecerse para poder comprar una villa en esa paradisíaca isla, por lo que insta al lector a que compre varios ejemplares del libro que está leyendo para financiar así su proyecto. Remontando el Adriático visita Ragusa (actual Dubrovnik) y Cattaro criticando que ambas ciudades, en especial la primera, de indudable estirpe occidental, hayan sido entregadas al experimento yugoslavo tras la Primera Guerra Mundial (no en vano, los años noventa del pasado siglo corrigieron sangrientamente este error).

La visita a Venecia permite a Waugh comprobar lo poco que ha quedado de un pueblo que se caracterizaba por sus virtudes cívicas, su pasión por el arte y su habilidad comercial. La venta del encanto de su ciudad es lo único que pervive de un pasado de gloria.
El Stella regresa a Monte Carlo para dar por finalizada su temporada invernal y volver al Mar del Norte para la temporada veraniega. Waugh aprovecha el viaje para regresar a Inglaterra evitando la tortura y vulgaridad del tren. Barcelona es la próxima parada que arranca grandes elogios, tanto de las Ramblas como, en particular, de la obra de Gaudí de la que ignoraba su existencia. La visita a las famosas casas del arquitecto catalán, al parque Güell o a las obras incompletas de la Sagrada Familia causa su admiración. Este buen sabor de boca hace que su visita a Mallorca resulte algo decepcionante. Si bien, la impresión es muy superior a la que le produce Argel donde la plena confusión de razas y la falta de una organización social europea al estilo de la de Port Said son una muestra de degeneración que denuncia. Málaga es otra parada breve de la que apenas logra dejar ver una cierta indiferencia.

La visita al Peñón de Gibraltar es otra decepción ya que la presencia de policías ingleses, periódicos ingleses, tabaco inglés y otros elementos típicos de las islas, en un contexto extraño suscitan cierta inquietud en Waugh que ve próximo el final de su viaje. Éste tiene dos paradas adicionales de gran encanto para el escritor. De un lado Sevilla, de la que admira su elegancia y estilo de vida, de otro Lisboa a la que considera encantadora, guardando un especial recuerdo para el monasterio de Belém y la Plaza del Comercio.
El Stella arriba finalmente a Inglaterra entre la niebla y las sirenas, arrojándole a las conveniencias inglesas, a su correspondencia atrasada, las invitaciones sociales y otras obligaciones que tanto deplora.

Si bien la enumeración de las paradas en el viaje mediterráneo de Waugh promete una lectura amena e interesante, la verdad es que en la mayoría de las ocasiones, los comentarios resultan torpemente personales. El desprecio por otras culturas (en especial la musulmana) resulta un tanto intolerable en nuestros tiempos. Esa superioridad de la que parece hacer gala no guarda relación con las críticas que de continuo hace a su vida en Inglaterra, que parece detestar. Más aún, en 1929 su actitud parece algo trasnochada y más propia del siglo XIX. Los tiempos han cambiado lo suficiente desde Gladstone como para que su actitud resulte más bien ridícula. Su esteticismo es algo afectado y superficial, lo que en Wilde forma parte de una concepción más amplia de la vida, en Waugh resulta decadente y fuera de lugar.
No obstante, el libro fue escrito en un momento clave en la historia de los viajes. Hasta poco antes de ser escrito, sólo los muy acaudalados podían permitirse el lujo de un gran viaje (el famoso tour europeo). Los viajes se prolongaban durante largas temporadas en las que se hacían acompañar de numerosos criados y sirvientes y en las que el contacto con la población local resultaba vulgar y sólo justificable con el fin de experimentar una leve porción de exotismo. Sin embargo, tras la Primera Guerra Mundial, el turismo comienza a ser practicado de un modo diferente (el Stella es un buen ejemplo de ello) y deja de ser privativo de las clases más ricas, si bien sigue reservado para personas de fortuna. Los criados dejan de ser acompañantes, se busca la novedad aún a riesgo de tener que hacer largas caminatas por arenas ardientes o sufrir picaduras de insectos. Los guías turísticos organizan las visitas a los lugares imprescindibles para que nadie crea haber dejado atrás algún monumento digno de admiración. En numerosas ocasiones Waugh hace burla de este nuevo tipo de turistas, en especial, hace presa en australianos y americanos.
Ese momento de transición es, al tiempo, reflejo de una época en la que aún convive una sociedad heredada de los tiempos previos a la Primera Guerra Mundial y una nueva forma de entender las relaciones sociales, laborales y familiares que se impondrá definitivamente con el torbellino del próximo conflicto. Este contraste se pone de manifiesto en Etiquetas y será el que, con mejor tino, se plasme en obras posteriores de Waugh.

GWW


Datos del libro
  • 14.0x22.0cm.
  • Nº de páginas: 224 págs.
  • Editorial: PENINSULA
  • Lengua: ESPAÑOL
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • ISBN: 9788483074916
  • Año edición: 2002
  • Plaza de edición: BARCELONA


22 febrero, 2013

DILUVIANDO


EL DILUVIO (Trilogía polaca II)

 Henryk Sienkiewicz

Segunda parte de la “Trilogía polaca” de Henryk Sienkiewicz, la novela El diluvio nos transporta al bienio crucial de 1655 y 1656, cuando la doble monarquía polaco-lituana, también conocida como  República de las Dos Naciones, se ve amenazada de extinción.  Son tiempos borrascosos en que prosperan los enemigos, multiplicándose en torno a las fronteras del país. Al este y al sur el estado de guerra es permanente, esforzándose los ejércitos de la República en desbaratar las incesantes embestidas de tártaros y moscovitas, turcos y cosacos. Húngaros, valacos y transilvanos se revuelven inquietos, como ansiosos de hacerse con unos cuantos bocados de lo que amaga ser festín de numerosos comensales. Para colmo de males, al rey Carlos Gustavo de Suecia –de ascendente estrella- se le ha abierto el apetito. Bien pronto, en verdad, la  tormenta se convierte en diluvio. El formidable ejército sueco invade Polonia desde el noroeste y se apodera rápidamente de la mitad occidental del país; el rey Juan Casimiro –a quien hemos visto acceder al trono polaco en la novela anterior, A sangre y fuego- ha debido huir apresuradamente, acompañado por aquellos de sus vasallos que le profesan lealtad. No es solo la soberanía de un país lo está en juego, sino también la fe y el bienestar de sus habitantes.

Los mismos suecos se maravillan de la facilidad de la conquista, que parece haber sorprendido a un país, sin embargo, poderoso y en constante pie de guerra. ¿Han degenerado la virilidad y el patriotismo en Polonia? ¿Declinan el honor y la lealtad en Lituania? De hecho, no son pocos los potentados locales que se muestran proclives al invasor, y entre los traidores  se cuenta el hombre más rico y de mayor alcurnia de la región (es el príncipe Juan Radzivil, demasiado ansioso de ceñirse una corona). No obstante, la rápida conquista es seguida por una rebelión que cunde con similar prontitud. El estado de rapiña y desorden instaurado por el conquistador disipa la modorra de las gentes, y el asedio infructuoso  del monasterio-fortaleza de Jasna Gora, al sur de Polonia, demuestra que las fuerzas invasoras lo son todo menos invulnerables. El ejemplo de Jasna Gora, bastión de la fe nacional, inspira a lo largo y ancho del país la voluntad de alzarse contra el invasor y de castigar a los traidores. Será el diluvio contra el diluvio.

Como en A sangre y  fuego, una doble trama de índole  histórico-romántica provee la nervadura de El diluvio, pero aquí la narración gana doblemente en complejidad. Amor y guerra se ven aderezados por una historia de redención y una intriga política notablemente más sofisticada, ambiciones personales y traiciones mediante. Esta vez el protagonismo recae en un personaje de nombre Andrés Kmita, joven guerrero de noble linaje y carácter turbulento, a quien las luchas en las fronteras orientales ha amistado con individuos de la peor reputación, unos verdaderos proscritos. Llevado de su violenta naturaleza y en tan sórdida compañía, Kmita deja tras de sí un reguero de sangre y destrucción tal que, aunque bravo soldado, sus compatriotas lo creen perdido -como hombre de bien y como ciudadano-. En la hora más negra para el país, opta por el que resulta el peor de los partidos: apoya al príncipe Radzivil, inesperado aliado de los suecos. Cierto es que Kmita actúa impulsado por un acendrado sentido del honor militar –es un oficial subordinado de Radzivil- y enceguecido por su ingenuidad en el conocimiento de los hombres, pero nada de esto lo salva del estigma del traidor. Desesperando de recuperar el honor perdido, Kmita deberá acometer las más difíciles hazañas en favor de su patria y de su rey. No menos desesperado es su empeño de redimirse a los ojos de su amada; y es que, como cabe esperar, el amor juega un poderoso papel en esta historia, haciendo del protagonista un rendido petinente: jamás aceptará la noble Alejandra Billevich  unir su destino con quien se ha hecho tan deplorable fama.

Alejandra, pues, es la heroína de turno, tan bella y virtuosa como puede serlo una princesa de cuento. No difiere gran cosa de la Elena Kurzevik de la novela anterior, con lo que Sienkiewicz sigue quedando al debe en el acápite de los personajes femeninos.  La novela exhibe igualmente una nutrida galería de personajes, entre los cuales identificamos algunos de los que  conocimos en A sangre y fuego; reducidos, en general, a un papel muy marginal. Al admirable Zagloba lo disfrutamos a cuentagotas, perdiendo la novela en sentido del humor. No hay, tampoco, enaltecimiento de la amistad y la camaradería en tan alta medida como la que nos regocija en la antedicha novela. Sin embargo, no todo es pérdida en El diluvio, pues a la aludida complejización de la trama y del personaje protagónico se añade la del antagonista. Y por antagonista no me  refiero  al príncipe Juan Radzivil, sino a su primo, Bogislao: un malvado de la estirpe de los memorables, del que sólo cabe lamentar la (relativa) parquedad de su papel. Hombre pagado de sí mismo, aparentemente un petimetre de costumbres un tanto afeminadas, Bogislao Radzivil es en realidad un temible guerrero y un intrigante feroz; un aristócrata en quien el peligro surte el efecto de un antídoto contra el aburrimiento. Individuo de mil recursos, es capaz de burlar las peores amenazas -y de disfrutar de la burla-. Por temple y horizonte valórico, viene a ser el opuesto exacto de Kmita. Las fechorías de Bogislao Radzivil sumarán, en la cuenta del protagonista, el deseo de venganza al afán de redención.

Escrita al abrigo de la inspiración patriótica, con la mente puesta en la postrada Polonia del siglo XIX, en El diluvio el motivo del deber patrio no solo es tan importante como en el título precedente sino aún más expresamente remarcado. No es gratuito que se lea en la novela, por ejemplo,  que “debemos estar siempre dispuestos a ceder los más altos honores por el bien público”. Con todo, no llega esto a lastrar la lectura al punto de hacerla una experiencia agobiante; bien al contrario, la acción a raudales, las cautivantes dosis de intriga política y el ritmo sostenido de la narración garantizan una lectura tan fluida y amena como la de A sangre y fuego.

Rodrigo


- Henryk Sienkiewicz, El diluvio
Ciudadela Libros, Madrid, 2007. 
438 pp.

21 febrero, 2013

RELATOS QUEBRADOS


LA REALIDAD QUEBRADIZA

José María Merino

Decía Horacio Quiroga, en su “Decálogo del perfecto cuentista”, que un cuento es una novela depurada de ripios. No cabe duda de que José Mª Merino (La Coruña, 1941) -uno de los grandes embajadores del cuento español, miembro de la RAE y galardonado con numerosos premios-, tomó en su día nota del consejo quiroguiano y demuestra hoy su vasta experiencia en La realidad quebradiza, un puñado de relatos y microrrelatos (recopilados con gran acierto por el también cuentista Juan Jacinto Muñoz Rengel) que constituye en realidad un repaso cronológico de toda una vida dedicada a la creación de pequeñas –y no tan pequeñas- ficciones en sus mejores libros de cuentos, como los Cuentos del reino secreto, los Cuentos del barrio del refugio; los Cinco cuentos y una fábula o Las puertas de lo posible, entre otros.

Pero Merino no es solo uno de nuestros mejores cuentistas, es también un imaginativo creador de literatura fantástica, esa que David Roas define como aquella que muestra la convivencia conflictiva de lo real y lo imposible. Y es que, en palabras del propio Merino tomadas de su prólogo a Cuentos de los días raros (uno de los volúmenes extractados), “frente al sentimiento avasallador de aparente y común normalidad que esta sociedad nos quiere imponer, la literatura debe hacer la crónica de la extrañeza. Porque en nuestra existencia, ni desde lo ontológico ni desde lo circunstancial, hay nada que no sea raro. Queremos acostumbrarnos a las rutinas más cómodas para olvidar esa rareza, esa extrañeza que es el signo verdadero de nuestra condición”.

Como si de un Arquímedes de la imaginación se tratase, Merino parece retar al lector en cada cuento, como diciendo “dadme un episodio cotidiano, corriente y moliente,  y escribiré un relato fantástico”. Porque si algo rezuma en los cuentos del coruñés es la imaginación, una fértil –casi prodigiosa- creatividad que parece abonar todos los campos de la literatura fantástica, y que tan acertadamente se dan cita en La realidad quebradiza: la desfamiliarización, el mito del doble (Doppelgänger), las realidades paralelas, la despersonalización, la vida de la materia inerte, la confusión entre sueño y vigilia, las vueltas de tuerca metaliterarias, el vínculo entre lenguaje y realidad, la metamorfosis o… -cómo no-  los fantasmas. Todo un catálogo de temas fantásticos entre los que destaca la ficción científica, en la que el autor manifiesta no solo su curiosidad ante la fugacidad y mutabilidad de un mundo futuro imprevisible, sino también cierto tono nostálgico ante la desaparición de lo acostumbrado y conocido.

 Y para lograr el efecto de inquietud que lo fantástico persigue, y el desasosiego que lo inexplicable pretende, Merino recurre a todos los ascendientes literarios y cinematográficos que han marcado desde los comienzos su trayectoria como escritor, reencarnándolos en sus páginas a través de camufladas referencias intertextuales sobre Dostoievsky, Twain, Monterroso, Homero, Galdós…; de términos que evocan en la mente del lector al más clásico Asimov (como “Puertomarte” o “espaciopuerto”); o de sutiles referencias a aquella película que transcurría en un tiempo y una galaxia muy lejanos

Pero… ¿Sólo eso? ¿Sólo un nuevo doctor Frankenstein que resucita a un monstruo formado por miembros muertos de seres que un día existieron? No, mucho más que eso. Porque no sería justo silenciar que,  junto a grandes influencias literarias de otros tiempos, del ingenio de Merino surgen, con impronta propia y sin contraer deudas con el pasado, nuevas y sugerentes propuestas, como sus curiosos vocablos (“arcantro”, “psicotensora” o “burgas”) o sus extrañas criaturas, algunas ( los “hadanes”) más familiares que otras (como los artrópodos parlantes, las mariposas gigantes o las espeluznantes esculturas dotadas de vida propia).

Quiroga afirmaba también que, para obtener la vida en el cuento, se debía escribir como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de los personajes, de los que el autor podía haber sido uno. Y como si de un personaje mismo se tratara, el espíritu y la curiosidad de Merino empapa todos y cada uno de los cuentos que escribe: se le reconoce en el ubicuo, caleidoscópico y desconcertante profesor Souto de numerosos relatos; en el misterioso testigo y narrador de Los valedores; en el hombre desplazado y anulado de El derrocado; en el pequeño que descubre la magia del séptimo arte en El niño lobo del cine Mari… Es también su estilo el que impregna sus voces, un estilo evocador, irónico, humorístico, nostálgico, inquietante, salpicado de bellas metáforas, adornado siempre con el adjetivo adecuado. Y es, en fin, su prosa la que envuelve y controla sus vidas, entre juegos de elipsis y analepsis, inteligentes mudas, creciente tensión y… giros sorprendentes que conducen a finales asombrosos.

La antología que Rengel nos propone incluye, a modo de prólogo, un audaz viaje a través de la mente del autor, en el que se nos aproxima a su biografía, se diseccionan sus entresijos y mecanismos narrativos, y se despiezan su memoria, lenguaje y personalidad. Un refrescante aperitivo para un apetitoso menú que, claro está, había de terminar con un suculento postre: una entrevista inédita a Merino que Páginas de Espuma regala a sus lectores y que posiblemente dejará a estos con la misma sensación que deja en el paladar una exquisita vianda: con “ganas de más”.       

La realidad quebradiza es, en definitiva, una excelente recopilación de relatos (con preludio y coda) que no sólo introduce al lector en los mundos fantásticos de Merino, sino que lo invita, atrayéndolo y seduciéndolo, a explorar sin descanso esos mundos y a recorrerlos sin demora de punta a cabo.   

Pilar Moreno Monteverde 

Datos técnicos
La realidad quebradiza, José Mª Merino
Páginas de Espuma, 2012
262 páginas.




19 febrero, 2013

EL EXODO


JOSUÉ EL ERRANTE

MERCEDES PINTO MALDONADO


Josué el errante nos relata la dilatada y escabrosa vida de un judío que huye de Alemania a los diecinueve años, en los albores del nazismo, empujado por un amor imposible.

Educado en un ambiente judío ortodoxo, Josué necesitará sobrevivir a las situaciones más extremas como garimpeiro en África del Sudoeste para comprender que, más allá de culturas y religiones, existe el valor de la amistad. Kuaima, un nativo himba huido de la tiranía de su colono, y Carlos, un diplomático español que ha escapado del absolutismo religioso de su esposa, serán los amigos que le acompañarán.
 
Abandonará a su familia en los peores momentos, traicionará a sus amigos, olvidará sus orígenes. Y todo por un valioso diamante que no sabe si tendrá destinatario.

«Me llamo Josué, hijo de Aarón y Sara, los seres más honrados que he conocido jamás. Nací en Londres, el 14 de septiembre de 1912, en la vivienda que se encontraba justo encima de  la sombrerería propiedad de mis abuelos maternos»

De esta forma se presenta el protagonista de esta novela, Josué, una historia narrada en primera persona desde su vejez porque sentía cómo a sus años sus facultades iban mermando y tenía claro que su final estaba próximo pero antes quería desahogarse escribiendo en sus memorias el testimonio de su dilatada y escabrosa vida. Una vida que comienza en Londres, en el seno de una familia judía ortodoxa. Pero su padre se cansó de la sombrerería y decidió marchar con su familia a Essen. El relojero Jeremías Rabinovich le había ofrecido un trabajo en la granja. La vida de Josué iba a cambiar desde aquel momento sin que él lo supiera, una vida que estaría marcada siempre por un nombre: Abigail.

Pero con el paso del tiempo veía cómo a Abigail le tenían preparado otro futuro. Un futuro en el que él no estaba presente. Las costumbres que le rodeaban eran muy rígidas. Su vida giraba en torno a la sinagoga, el Sabbat, el Talmud o la Torah. Josué se sentía preso de esas costumbres, que le hicieron ver que esa unión con la mujer a la que tanto amaba iba a ser imposible. Jeremías Rabinovich ya le había encontrado un marido que le diera un futuro mejor para su hija. Este fue un duro golpe para él y tomó una decisión.

 Hizo ver a sus padres cuáles eran sus planes. Tardaron en asimilarlo pero finalmente accedieron. Su periplo había empezado. Un periplo que duraría más años de los previstos. Pese al compromiso de la mujer que amaba él quería demostrar a todos que podía hacerla feliz y  volvería para recuperarla.

Josué el errante es una novela dividida en diez partes, que corresponden al largo recorrido que le llevaría hasta conseguir su ansiado sueño. En Essen embarca en un buque, el Woerman, que lo llevaría hasta su destino, Africa del Oeste —hoy Namibia— donde iba a trabajar como garimpeiro en el río Orange. En el buque conoce a uno de los personajes que más iba a influir en su vida, el diplomático español Carlos Ladrón de Guevara, que huía de su Madrid y de la beatitud de su santa esposa.

En África del Sudoeste conocerá la difícil vida de los garimpeiros, que pasan todo el día en el río Orange buscando diamantes. Una vida muy dura en la que nadie es amigo de nadie. Pero Josué conocerá a Kuaima, un nativo bantú, de la tribu himba,  que se había escapado de la granja donde trabajaba, víctima de la mano dura de su amo y harto de las vejaciones que sufrían los suyos. También se encontrarían con Juan, otro español del Sacromonte granadino.

Mercedes Pinto Maldonado construye con gran acierto una historia preciosa que nos sumerge en una época difícil pues comienza nada más finalizada la Primera Guerra Mundial y abarca gran parte del siglo XX. Comienza en una época convulsa, donde iremos conociendo la ascensión del nazismo al poder, encabezado por Hitler; seremos partícipes del estallido de la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo ambos conflictos son tocados un tanto de soslayo pues los hechos están narrados desde el punto de vista de Josué pero a él tal vez le corresponda una de las tareas más ingratas una vez finalizado el conflicto. A su regreso a Essen se involucra en ayudar a aquellos que de un modo u otro habían sido víctimas del holocausto. Josué trataba por todos los medios de ayudar al rabí Berkovitz a hacer justicia y a trabajar en El libro de la memoria para que nunca se olvidase lo que había sufrido su pueblo.

Los personajes de Josué el errante están trazados de manera que parecen de carne y hueso pues actúan como tales, como personas que sienten y padecen igual que un ser humano. Con pocos rasgos se nos presenta a unos hombres y mujeres a los que vamos conociendo perfectamente. Nos hacemos una idea de Kuaima, el nativo que había padecido la violencia de sus superiores pero que no guardaba rencor. Al contrario, era una persona comprensible y que procuraba ayudar a sus amigos. Entre los tres, Carlos, Josué y Kuaima se había establecido un vínculo de unión inquebrantable. Kuaima les abre a los dos hombres blancos su corazón, les hace partícipe de su secreto. Hasta tal punto confiaba en ellos que, pese al riesgo que podían correr, los lleva consigo para que conozcan a su familia. Carlos, con su manera peculiar de entender la vida, siempre estaba ahí para lo que hiciera falta y Josué fue quien mejor lo conoció. No creía que detrás de aquel hombre amante de las juergas, desprendido y mujeriego había en él un verdadero amigo. Josué quizás era el más débil de los tres, pero con el tiempo iría madurando. Se haría un hombre sin darse cuenta. Y todo era por la única obsesión que tenía: encontrar el diamante que le hiciera recuperar a Abigail.

Pero a medida que transcurre la novela vemos cómo Josué siente una angustia interior porque se pregunta muchas veces si ha hecho lo correcto. La duda aflora en él en más de una ocasión. Por un lado pensaba que tenía que escapar de las ataduras que le ahogaban por no comprender cómo entendían la vida sus seres queridos pero por otro quería ser libre y demostrarles que no era tan débil como ellos pensaban y así poder recuperar lo que él consideraba suyo.

Josué el errante es una novela que me atrapó en su lectura desde el principio. El fondo histórico de la misma irá complementada con ingredientes como aventura, amistad, amor, avaricia, traición, intriga y también habrá lugar a la reflexión: las conversaciones que encontraremos sobre la religión, la amistad o las dudas que tienen los personajes sobre su actuación en la vida, si fue por egoísmo o qué motivo condujo a Josué a tomar el camino que eligió. Kuami, Carlos y el rabí Berkovitz le harán ver a Josué cómo salir de esas continuas incertidumbres que él tiene.

El estilo fluido de la narración, un vocabulario fácil de asimilar y un perfecto equilibro entre las descripciones y el diálogo directo entre los personajes hacen que recomiende Josué el errante para su lectura. 

Francisco Portela

15 febrero, 2013

EMPEZANDO POR EL FINAL


UN FINAL PREFECTO
John Katzenbach 






Apenas unos kilómetros de distancia separan a tres mujeres que no se conocen entre sí. La Pelirroja Uno es una doctora soltera de cerca de cincuenta años; la Pelirroja Dos una profesora de escuela en la treintena y la Pelirroja Tres una estudiante de diecisiete años. Las tres son vulnerables. Las tres son el objetivo de un psicópata obsesionado por demostrar al mundo quién es él ...
Cuando éramos pequeños, nuestras madres siempre nos daban los mismos consejos como «Nunca hables con desconocidos», una advertencia que tiene su origen en la célebre historia de Caperucita roja. La versión que conocemos hoy en día difiere significamente en muchos aspectos del original, sobre todo en su final. A partir del diálogo entre Caperucita y el lobo disfrazado de la abuela, el cuento cambia. Si bien, la moraleja permaneció intacta. El objetivo era prevenir a las jóvenes de encuentros con desconocidos para evitar las violaciones. De ahí la capucha roja, como símbolo de la madurez física de la mujer, y también del posterior derramamiento de sangre en la historia, pues no todos los finales son felices.

John Kaztzenbach recurre al clásico cuento, convirtiéndolo en el sendero que las tres protagonistas deben recorrer para salir del peligroso bosque, antes de que el lobo consiga darles caza. El autor se inspira en la leyenda transmitida de forma oral, previa a Charles Perrault y los hermanos Grimm, que pocos conocen.

El escenario claustrofóbico, la sensación de sentirse vigilada o la tensión ante el ataque inminente de la bestia son algunos de los detalles que pretendía reflejar en su última novela. El concepto de trasladar el cuento a la realidad resulta interesante, aunque no sería la primera vez que se hace. Es más, gran parte de las historias actuales parten de la misma base. Por este motivo, la verdadera originalidad no reside en lo qué se cuenta, sino cómo se cuenta.

La presentación y comparativa de las tres pelirrojas es interesante y consigue captar la atención del lector en las primeras hojas, pero cuando se produce el esperado encuentro, pierden personalidad y atractivo. A partir de este momento, las escenas transcurren con una lentitud exasperante, sin apenas variaciones respecto a las que les preceden.

De igual modo, el Lobo Feroz no resulta tan peligroso como pretenden hacernos creer, sino un animal fácil de domesticar (y chantajear) que muestra una actitud demasiado mansa durante gran parte de la novela. Es más, podría decirse que resulta decepcionante si consideramos las expectativas generadas al principio del libro.

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Katztenbach
La prolongación del juego entre el ratón y el gato provoca que la tensión inicial sea sustituida por el hastío, en especial, cuando somos capaces de anticipar los próximos movimientos de sus personajes. De hecho, la mayoría de las escenas guardan gran parecido con libros anteriores, como «El psicoanalista», «Juegos de ingenio» o «El profesor». Un detalle apreciable entre los seguidores de Kaztzenbach y que pone en evidencia la redundancia de su obra.

Además, la trascendencia del cuento de «Caperucita Roja» es, en realidad, mínima. Las breves menciones que se realizan son insuficientes para comprender aspectos tan importantes como la elección de las víctimas. El cuento queda relegado a un segundo plano, y el autor acaba haciendo una interpretación demasiado personal del mismo. Por consiguiente, la novela se encuentra desligada de la historia que la inspira y los árboles acaban por impedirnos ver el bosque.
En resumen, «Un final perfecto» no cumple con la promesa implícita en el titulo. John Katzenbach pretendía ser el leñador que salvaba a Caperucita, pero acaba convirtiéndose en el lobo que la devora con glotonería, sin llegar a disfrutarla.

Mari Carmen Horcas.

Titulo: Un final perfecto; 
Autor: John Katzenbach
Editorial: Ediciones B
Año de publicación: 2012
432 págs.
ISBN: 9788466652193

13 febrero, 2013

JUGANDO AL BACARRÁ


BACARRÁ

ÓSCAR URRA


Tercera entrega de Óscar Urra y su emblemático detective privado Julio Cabria. Al contrario de la lógica el autor ha elegido un nuevo modelo, un formato más continuista, es decir, mismos personajes, mismo espacio y una trama que enlaza con los anteriores títulos de la saga. Ahora me preguntó si continuará con sucesivas entregas o Urra da por terminada la trilogía.
El listón se ha ido elevando en las obras anteriores y Bacarrá aún lo eleva un poquito más, aquí la prosa de Urra deslumbra, luce como nunca y sobre todo se nota ese poso de madurez y de saber hacer que dan tener dos novelas a las espaldas. Ya no sorprende el autor y ahora lo que nos muestra tiene momentos de auténtica delicia, como el primer capítulo, una obra de arte.

De todas formas a lo largo de la novela se van mostrando buena parte de su fino sentido literario:
“Los dados no tienen ni tendrán la gracia de las cartas, meditaba Cabria esquivando turistas borrachos por la Cava Baja a las tantas de la madrugada, de retorno a su morada. Los dados son veloces, atolondrados y dependen de la suerte o de la trampa, como un pícaro del Siglo de Oro, mientras que el naipe es espiritual, volátil y traicionero, como un personaje de Shakespeare, aunque ambos hagan un ruido delicioso sobre el tapete; unos, a cráneos dulcemente entrechocados; otros, a resuello cercenado. En la mano, la carta es fría y el dado cálido. El dado va desnudo y hay que cubrirle; la carta va vestida, y hay que desnudarla. Al caer, el dado se hace el muerto, mientras que la carta mata. El naipe es un cortesano renacentista, el dado un legionario romano; el dado es plebeyo, la carta patricia; uno es el ying, otro el yang; y así hasta el infinito, o hasta mi portal....”Pag. 61.
Entre las líneas del texto aparece, cómo no, todo el arte y la imaginería de los juegos de azar, como ha sido el ejemplo anterior y el siguiente:
“Quería ver claro de una vez y librarse de la maldición que últimamente le perseguía: ganaba casi sin querer, jugara a lo que jugara, y, como todo jugador sabe, una racha demasiado larga, buena o mala, engendra desgracias, viola la dinámica secreta de la lógica timbera, te marca ante los demás y ante uno mismo como un raro y un indeseable de los tapetes.” Pag. 91
.
En este fragmento aparece uno de los elementos que más valoro en el escritor madrileño y es su fino sentido psicológico, no se juega para ganar, al menos no siempre, se juega por el vicio de jugar e incluso, como se destaca en el fragmento, ganar siempre puede acarrear un problema, pues la suerte y la desgracia caminan de la mano, algo que es tan cierto como que ésta es una buena novela.
Otra de las características de Urra como escritor son los personajes que crea y su mundo propio. Son personas solitarias, frías, ensimismadas en su mundo con claro oscuros, en algunos con grises y en otros con negros. Trabaja muy bien el escritor ese ambiente, un tanto claustrofóbico, cerrado, tan opaco como una timba de las que acostumbra a describirnos y aunque pueda parecer que con semejante ambientación sus novelas no sean de sencillo tránsito no lo es, su mundo se abre con una facilidad que asombra y nos ofrece ese ambiente canallesco tan animoso.
En resumen un buen colofón para la trilogía, un verdadero soplo de aire fresco a la novela negra hispana y también una invitación a un mundo nocturno, variopinto, estrafalario, jugador y apostavidas que tan bien viene para los lectores. Si le sumamos una prosa contundente y de calidad ya tenemos una serie de novelas de lo más destacable. Toda una invitación a la lectura y al disfrute.


Sergio Torrijos

DATOS TÉCNICOS:

212 páginas
 ISBN: 978-84-15065-09-8
 EDITORIAL: SALTO DE PÁGINA
Fecha de publicación:  2011



¡Sálvese quien pueda! - Andrés Oppenheimer

¡Sálvese quien pueda! El futuro del trabajo en la era de la robotización. Oppenheimer siempre me ha llamado la atención, si bien no he sid...