25 mayo, 2012

KAFKIANAS


Conversaciones con Kafka 
Gustav Janouch


Conversaciones con Kafka es una obra peculiar. Recoge las conversaciones mantenidas entre 1920 y 1924 por el autor del libro (entonces un joven con inclinaciones literarias y artísticas) con Kafka. Esta extraña amistad nace de la relación laboral del padre de Janouch con Kafka (ambos eran funcionarios del Instituto de Seguros de Accidentes de Trabajo) a quien admira y respeta por sus opiniones y comportamiento. De este modo, Janouch tendrá acceso directo al despacho de Kafka los días en que acuda a visitar a su padre, observándole en su entorno laboral y acompañándole de vuelta a su casa en la Plaza Vieja. Según la relación se vuelve más estable, el joven acompañará a Kafka en alguno de sus paseos vespertinos.

Entre los estudiosos serios de la vida y obra del autor checo este libro no goza de excesivo crédito. Quizá se deba a que Kafka dejó un enorme corpus escrito en forma de correspondencia y diarios que ofrece una ingente información de primera mano sobre su vida y pensamiento. Otra importante razón es que las conversaciones que aquí se recogen aparecen desligadas de contexto, en muchas ocasiones como una acumulación de aforismos agrupados temáticamente. Que el copista de los mismos fuera un joven que sentía una gran admiración por su maestro pero que difícilmente tenía capacidad para reflejar de manera objetiva y alejada del tumultuoso espíritu juvenil, las precisas observaciones de Kafka, es otro argumento en contra de dar plena confianza a lo recogido en el texto.

En la propia introducción del autor se recoge otro hecho sorprendente que explica la diferencia entre la primera versión del libro, publicada por Max Brod, y la edición definitiva con nuevas conversaciones. Según informa Janouch, los párrafos suprimidos en la versión de Brod no fueron rechazados por éste sino que la persona que hizo las copias a máquina para enviarlas a la editorial, suprimió (quizá por ganar tiempo, o porque no eran de su gusto), numerosos pasajes. Las hojas que contenían estas partes hicieron su aparición años después en casa de Janouch, donde siempre habían estado guardadas sin ser consciente de ello. Se ha sugerido la posibilidad de que la adición en la edición definitiva haya sido "adulterada" para incluir reflexiones que puedan apoyar la tesis de un Kafka visionario, profeta de los desastres de la Guerra, el Holocausto o el Comunismo.

Dudas aparte, lo cierto es que este libro nos ofrece una imagen de Kafka algo diferente a la habitual pero, en esencia, totalmente acorde con lo que se sabe de él. Su gravedad y su seriedad a la hora de expresar sus opiniones, sus convicciones sobre el papel de la Literatura en la sociedad o su visión del judío de principios del siglo XX, alejado del gueto pero incapaz de hallar un lugar bajo el sol en el nuevo mundo que está surgiendo son una constante de su pensamiento a través de sus obras de ficción, diarios, correspondencia o estas conversaciones. .

Hay otras escenas que pueden resultar más sorprendentes, como las visitas a iglesias, a las que parece aficionado. Igualmente, Kafka se revela como un consumado conocedor de Praga, de sus recovecos y callejones, sus patios oscuros y los pasadizos más recónditos o la casa en que residieron pintores, políticos o músicos; todo ello le es familiar, como si fuera el cronista de la ciudad. También emerge un Kafka conocedor de la ciencia de su época; en las conversaciones utiliza símiles y metáforas tomadas de la mecánica de los fluidos, los fotones, etc. No parece que se trate, por tanto, de una persona totalmente entregada a sus reflexiones y a sus escritos, ajena del mundo y sus avances.

Esta imagen, que tanto ha distorsionado su figura, se suele ejemplificar con una entrada de su diario en la que coloca al mismo nivel un suceso trivial con la entrada de Rusia en la Primera Guerra Mundial contra Austria-Hungría. Por contra, el Kafka que aquí se nos presenta está muy pendiente de la actividad política de su época por el nacimiento de la República Checa tras el desmembramiento del Imperio Austrohúngaro, las corrientes sociales más extremas, las manifestaciones sindicales o, incluso, el movimiento sionista (su amigo Brod se presentaba a las elecciones por un partido que aspiraba a obtener un escaño por esta opción).

Pero todas estas corrientes sociales, políticas o ideológicas, producían un gran recelo y miedo en Kafka, no por los fines que perseguían, sino por lo que suponen de anulación del individuo. El Hombre, ese ser rico, con matices, capaz del bien y del mal por su propia elección, queda en un segundo plano por el peso de la masa que le instruye de modo que todo atisbo de pensamiento pasa a un segundo plano. Es la masa enfervorecida la que destruye la libertad del individuo imponiendo su propia Ley, su propia forma.

El pensamiento paradójico de Kafka lo abarca todo y corrige las apreciaciones apresuradas de su joven contertulio. Siempre un matiz, cuando no, una opinión en principio disparatada sobre las cuestiones más diversas, sean la Literatura, el Arte, la Vida o la Muerte, y todo ello con la precisión lingüística que le es propia. De este modo no se priva de corregir cualquier posible malinterpretación que de sus palabras pueda hacer Janouch (“El lenguaje es el ropaje de lo indestructible que hay en nosotros; un ropaje que nos sobrevive”).

Por las líneas del libro afloran detalles humanos de gran valor, como la información de que al tiempo que defendía judicialmente causas a favor del Instituto, sufragaba de su bolsillo la defensa jurídica del trabajador afectado, como forma de justicia equilibradora salvaguardando al mismo tiempo su lealtad al Instituto y a su propia conciencia.

Conversaciones con Kafka nos permite conocer la relación de Kafka con su compañero de despacho a quien respeta pese a la escasa simpatía que éste le profesa; también podemos llegar a comprender cómo su trabajo en el Instituto le causaba tanto malestar y rechazo pese a su desempeño siempre correcto e incluso ejemplar.
 
Las paradojas de Kafka están muy unidas a su característico sentido del humor que la imagen vulgarizada de su figura ha obviado totalmente en favor de un ser tenebroso y depresivo. Por contra, Janouch (igual que Max Brod) pone de manifiesto las numerosas ocasiones en que sus conversaciones terminaban en una carcajada, o al menos en el especial modo de carcajear que tenía Kafka.

Este libro no será de interés para aquellos que pretendan acercarse a conocer al autor checo, antes bien, les confundirá por su estilo meramente acumulativo y algo desordenado, así como por la seriedad de muchas de las reflexiones que en él se contienen. Para aquellos conocedores de la persona y obra de Kafka el libro puede ser un extraordinario contrapunto con el que disfrutar con cada una de las reflexiones que en él se contienen pues, aunque no hubieran sido pronunciadas por Kafka (al menos en su literalidad), éste las habría suscrito totalmente.


 GWW

Datos del libro
  • 13.0x20.0cm.
  • Nº de páginas: 354 págs.
  • Editorial: DESTINO
  • Lengua: CASTELLANO
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • ISBN: 9788423328321
  • Año edicón: 1998
  • Plaza de edición: BARCELONA


23 mayo, 2012

A LANZAZOS


Las lanzas coloradas 
 Arturo Uslar Pietri


El venezolano Arturo Uslar Pietri (1906-2001) es uno de los nombres mayores de la literatura hispanoamericana; se lo considera el padre de la moderna novela histórica surgida en estas latitudes. Las lanzas coloradas (1931) es su obra más famosa, uno de esos clásicos que figuran en todos los manuales y que, por supuesto, muy pocos de nuestros escolares (y adultos) leen. Escrita durante una estancia en París y publicada por vez primera en España, le valió a su autor un éxito inmediato, que luego consolidaría merced a otras seis novelas, multitud de volúmenes de género diverso (destacando una amplia producción ensayística) y una columna de opinión que sostuvo por mucho tiempo, “Pizarrón”, muy estimada en su país.
Uslar Pietri escribió su novela a poco de que Rómulo Gallegos, compatriota suyo, señalara un hito literario con la publicación de su Doña Bárbara (1929), obra que se convertiría en la culminación de la narrativa regionalista, una corriente literaria de fuerte contenido simbólico que en las primeras décadas del siglo XX se ocupó de la singularidad latinoamericana. Sus mejores exponentes son las novelas La vorágine (1924, del colombiano José Eustasio Rivera), Don Segundo Sombra (1926, del argentino Ricardo Güiraldes) y la ya mencionada de Gallegos. La novela regionalista fluctúa entre un cierto folclorismo –descripción de tipos humanos característicos: el llanero venezolano, el cauchero colombiano, el gaucho argentino-, falto en todo caso del complaciente afán pintoresco que mucho lastraba la obra de autores precedentes; y, sobre todo, una concepción fatalista del hombre de estas tierras, sometido a su pesar a la inmensidad de un entorno agreste e implacable y convertido prácticamente en prolongación de las fuerzas ciegas de la naturaleza . La tendencia localista impregna buena parte de la novelística latinoamericana, lo que en muchos casos le enajena el interés del mundo de fuera. Uslar Pietri, sin desembarazarse del aprecio de lo vernáculo, optó por desmarcarse tanto del naturalismo paisajista y pintoresco como del regionalismo y sus resonancias alegóricas, especialmente aquella contraposición entre civilización y barbarie que le subyace (a modo de desarrollo del tema que el argentino Domingo Faustino Sarmiento planteara en su clásica novela Facundo, de 1845). El resultado es, al menos en el caso de la que reseño, una obra más apta al reconocimiento internacional.
‘Las lanzas coloradas’ tiene por contexto la guerra de independencia en lo que fuera la Capitanía General de Venezuela. 
En la breve extensión de la novela se condensa una variedad de personajes de distinta condición, destacando entre ellos el hacendado Fernando Fonta, joven soñador y de escaso temple, seducido por el idealismo de la causa independentista; y su brutal capataz, Presentación Campos, mulato fuerte, bravucón y de imponente presencia; ávido de acción y de gloria guerrera, Campos solivianta a los esclavos que dirige, destruye la hacienda y se pliega al ejército del general Boves, jefe realista famoso por su crueldad. 
Mientras Campos va en busca de la guerra y disfruta de sus atrocidades, el hacendado la padece. En compañía muy diversa –Fonta con sus dos amigos, uno de ellos un oficial inglés, Campos a la cabeza de los esclavos sublevados-, guiados por motivos contrapuestos, recorren ambos los amplios llanos venezolanos hasta toparse con los bandos en liza. La que hay es una guerra salvaje.Uslar Pietri no se va con medias tintas al representarla, pero tampoco hace de su novela libelo acusatorio ni folletín propagandístico. Lejos de formular discursos aleccionadores, se aplica a enfocar la lente en la violencia desatada, en la que los personajes no sirven más que de peones. El hombre que ha perdido su hacienda y cree muerta a su hermana, ese Fernando Fonta que en Caracas se uniera a los conspiradores que alentaban la instauración de la república, debe empuñar un arma cuando sus escasos arrestos se han extinguido. Por su parte, Campos, quien se ha unido al bando realista sólo por parecerle el más fuerte –y es que toda señal de debilidad lo asquea-, se luce en la refriega, complacido de enrojecer su lanza con la sangre del enemigo. No es la justicia de una causa o las iniquidades de su contraria lo que conduce la narración, en la parte medular, sino la ferocidad de la guerra y el salvajismo desbocado de los hombres del llano.

“La degollina se teje y desteje sañuda. Fúndense los montones de jinetes vertiginosos y las lanzas, como pájaros torpes, van rebotando en los pechos. Los gritos empavesan toda la atmósfera. Ya nadie es un hombre; cada cual es tan sólo una cosa fatal que sabe destruir, que quiere destruir, que no alienta sino para destruir”.

La figura señera de Bolívar se cierne a lo largo del relato como una sombra, como una obsesión, ominosa o esperanzadora según se trate de realistas o de patriotas. Nunca llega a tomar cuerpo, el Libertador, pero se presiente su significado. Es el hombre que ha encarnado la lucha por la emancipación y que, pese a no tener presencia material en la novela, pende sobre ella en correspondencia con su aura legendaria. No pueden Fonta y sus amigos verlo, han sido arrollados por los de Boves. Campos, el feroz pardo, herido de muerte, oye en su prisión los vivas al Libertador que se aproxima; desvaría, se enardece, quiere verlo…

“Viene. Aquel hombre que lo ha obsesionado. Que ha obsesionado toda la tierra de Venezuela. Está llegando. Va a pasar junto a él. Podrá verlo pasar a caballo. Haciendo un esfuerzo le verá la cara por entre las rejas del ventanillo.
“El griterío inunda las paredes, el techo, la sombra, y fatiga el delirio del herido. Siente el hervor de la sangre, de la sombra, de la tierra. Pasan como legiones de alas por el aire. Todo se estremece Comprende que está llegando algo que no a ver sino una vez en su vida. Afuera las voces llegan al paroxismo. Rueda, rueda y crece, crece como una rueda, y llega, llega. Se aproximan inminentemente. Resuenan junto a la pared. Llegan a la ventana. Estallan sobre ella”.

Rodrigo


- Arturo Uslar Pietri, Las lanzas coloradas. Ediciones Cátedra, Madrid, 2000. 302 pp.


21 mayo, 2012

CUENTO DE AJEDREZ


EL HECHIZO DE CAISSA

FERNANDO ORTEGA
Ed. Viceversa, 2011



En el Siglo XVIII, el británico Sir William Jones, escribió un poema cuyo título era el nombre de esta divinidad. El poema trata de las proposiciones amorosas que Ares, el dios de la guerra, hizo a la musa Caissa. Ésta no mostró el más mínimo interés por Ares, que desesperado pidió ayuda a Apolo, dios del deporte (y de la medicina, la luz, la música, etc...). Apolo creó el ajedrez para que Ares se lo ofreciese a Caissa como regalo, y que después Caissa trasladó a los hombres.



El juego del ajedrez es una actividad mayoritariamente masculina, racional por excelencia,  lo más parecido a un tratado de matemáticas, notación musical o  filosofía mezclados con el arte de la pesca o el scrabble. Algo para lo que hacen falta unos nervios de acero, una paciencia infinita...y silencio. Que se puede jugar física o mentalmente, si uno tiene buena memoria. Es todo un universo, un amplísimo campo donde se conjugan múltiples factores, y donde la implicación del jugador es total.

Pero Fernando Ortega (Valencia, 1968), en su debut literario con El hechizo de Caissa,  ha demostrado que el ajedrez es mucho más. Licenciado en Ciencias de la Actividad física y el Deporte, es profesor de instituto y acérrimo defensor del esfuerzo y del aprendizaje, de la enseñanza y de la cultura...además del ajedrez.

La novela tiene una estructura de cierta complejidad, que trata de subsanar marcando las distintos hilos narrativos con tipos de letra diferentes. Cada capítulo muestra tres líneas de discurso: en un recuadro con tipografía de vieja máquina de escribir, hay un texto firmado por “el escriba de Caissa”. No sabremos quién escribe esto casi hasta el final del libro. Esos textos aislados nos hablan de una concepción de la vida en términos ajedrecistas. Una concepción lúdica, gozosa, feliz.

En el siguiente hilo, nos vemos inmersos en una partida de ajedrez, inserta en un torneo, una competición de altura. El protagonista lo narra en primera persona, ya que él es uno de los contendientes. Y sólo asistimos a una jugada cada vez, aunque también se nos muestra todo lo que la rodea, movimientos, sonidos, olores y miradas. Esta es la parte donde los aficionados disfrutarán y le extraerán más provecho que los legos.

Finalmente, viene la narración de la historia propiamente dicha, también en primera persona, a cargo de Marcos, un joven de origen argentino, adoptado por Roberto Vázquez, viudo madrileño, ajedrecista que ha abandonado las competiciones y la vida pública, encerrándose en el oscuro trabajo de una biblioteca y reservando un par de días para jugar un viejo amigo, invidente. Nos resulta chocante esta adopción, no comprendemos por qué un viudo que parece vivir en un mundo autista y que no es precisamente amante de los niños, se ha empeñado en llevarse consigo a este pequeño niño de cinco años, arrancándolo de los brazos de su tata María Laura, del mundo amoroso y femenino de la infancia y  trasladarlo de su Argentina natal a un país extraño y diferente, sin que haya una mujer en casa, sin encontrar un ambiente acogedor sino una fría y seca acogida. Pero la explicación llegará, si somos pacientes y seguimos la lectura con mucha atención.  Y entenderemos.

Marcos nos cuenta su vida desde el momento en que llega a Madrid. Nos lo narra como si, mientras espera la siguiente jugada de su oponente, fuera haciendo un recuento de su vida, una vida muy joven todavía, pero ya adulta. El relato nos sugiere continuos interrogantes, cuya respuesta iremos encontrando a lo largo de las páginas, en un viaje del pasado al presente lleno de misterios y de dudas,  sufrimientos y de angustias,  pequeños placeres y momentos gozosos. Recorrido iniciático, de aprendizaje; no sólo de ajedrez, sino de la vida. Como un aceite balsámico que aliña la ensalada de este niño-adolescente-joven,  el ajedrez lo impregna todo. Un mundo en blanco y negro, de reglas, tácticas, estrategias, aperturas, juegos medios, avances, jaques y tablas. Mundo que, curiosamente, se mueve para conseguir una reina y para matar al rey. Una parábola, una sustitución de esa realidad hostil por esa otra ficción controlada por el reloj y las sesenta y cuatro casillas, donde podemos repetir movimientos, con pequeñas o grandes variaciones, pero siempre en campo acotado y con un tiempo límite: la muerte, que también está presente en la narración, la muerte real y la muerte virtual. 

La búsqueda de explicaciones, la dolorosa necesidad de un padre/maestro, hacen que  la soledad frente un Roberto lejano e inasequible lleve a buscar y encontrar otros maestros, saltando del “abuelo” ciego, a Onofre, la guarida del Paraíso, y finalmente a Adrián, odioso personaje cuya tiranía sustituye a la paterna, llenando de normas y obligaciones el deseo de superación de Marcos; el amor, el deseo soterrados, subliman en la pasión constante del juego, que le absorbe todas sus energías. La supeditación de todo su universo en función de una sola idea, Caissa: el ajedrez. Todo ello es lo que encontramos en esta lectura. Pero el ajedrez es un símbolo: podría ser la música, internet, o los videojuegos. Claro que el ajedrez se presta mucho más a ese simbolismo.

No es casual que en la casa que acoge a Marcos no haya mujer. No hay madre/reina; sólo padre/rey, y muy problemático, lejano, excesivamente racional y perfeccionista, con un pasado enigmático y oscuro. No es casual, insisto, esta inmersión casi obsesiva en el mundo masculino. Entre sus amistades, el personaje de Matías –único verdaderamente “normal” entre tanto friki– es muy amable y la inasequible Sandra, la  parte femenina de la novela, es difícil de encajar, salvo por su fuerte simbolismo. Se echa en falta más información sobre Roberto, el padre, y su fallecida esposa, de la que no sabemos nada. Roberto queda siempre en el fondo, a oscuras, como un contrapunto para que Marcos brille. De un modo u otro, el mundo del juego que atrae a Marcos, le hipnotiza como en un hechizo, es un mundo lógico y matemático, hiperracional, en el que nuestro protagonista desea introducir algo de pasión, de sentimiento, un fogonazo de emoción mientras choca, sistemáticamente, con los muros humanos que le rodean. Las dos concepciones del juego: el frío, racional y perfecto frente al intuitivo, genial y emocionante, se alternan en la historia, y Marcos es quien ha de decidir cual elegirá.
 
A lo largo del relato se avanza hacia una investigación de sus orígenes, ligada a su progreso con la técnica del ajedrez, llegando al final a un clímax realmente opresivo y explosivo. El autor dosifica bastante bien la información y el avance del protagonista en su ansia de saber, de subir, de llegar. Únicamente en algunos pasajes se excede un tanto en las explicaciones ajedrecísticas, llegando a resultar, para el lector ajeno al mundo del juego, algo lentas de digerir. El aficionado al ajedrez disfrutará muchísimo, sin embargo, con esta lectura.

En suma, una opera prima de bastante calidad literaria, bien escrita, con un  cuidado lenguaje juvenil, que mantiene el interés, aunque le cueste un poco de arrancar; que crea unos personajes obsesivos pero verosímiles, -quizás el femenino es el más flojo en cuanto a su desarrollo-, cargados de simbolismo, y sobre todo, nos cuenta una historia que interesa y apasiona, y que puede tomarse literal y/o metafóricamente como un viaje iniciático hacia la madurez y hacia la vida, con una idea central: “la única meta de la seducción es disfrutar de ella misma.(....). Juego, ciencia, deporte, arte...y de nuevo, juego.”(pág. 373)

 Ariodante

19 mayo, 2012

ALQUIMIA LITERARIA


EL ALQUIMISTA

PAULO COELHO

Quién no ha leído Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll,  El Principito de Antoine de Saint Exupéry o Juan Salvador Gaviota, de Richard Bach. Todos ellos son relatos que tienen algún trasfondo detrás de su inocente apariencia externa. Nos parecen simples historias para niños o jóvenes escritas con la intención de entretenernos y aficionarnos a la lectura pero todos nos enseñan algo. Incluso en las programaciones escolares son obras que se eligen como lecturas obligadas pero no son escogidas al azar, por decir que los alumnos tienen que leer algo. Los alumnos deben explicar lo que el autor nos ha querido enseñar con esas historias, algunas con apariencia irreal, disparatada; otras, como quimeras, sueños. Pero todas ellas esconden un fin. 

Algo semejante pasa con El Alquimista (O Alquimista), novela de Paulo Coelho. En el prefacio, narrado en primera persona, el autor nos dice que es un libro simbólico, a diferencia de El Peregrino de Compostela (Diario de un mago), que fue un trabajo descriptivo. Siempre estuvo muy interesado en la Alquimia, a la cual dedicó once años de su vida y  confiesa que le interesaba más descubrir el Elixir de la Larga vida, pues le desesperaba el pensamiento de que todo se acabaría algún día, antes de entender y sentir la presencia de Dios tras hacer el Camino de Santiago. Su maestro, RAM, el cual le reconduce por el camino que estaba trazado para él, le explica que existen tres tipos de alquimistas:

- “Aquellos  que son imprecisos porque no saben de lo que están hablando, aquellos que lo son porque saben de lo que están hablando pero también saben que el lenguaje de la Alquimia es un lenguaje dirigido al corazón y no a la razón”.
- “¿Y cuál es el tercer tipo? –pregunté- “Aquellos que jamás oyeron hablar de Alquimia pero que consiguieron, a través de sus vidas la Piedra Filosofal”.


Paulo Coelho (Río de Janeiro, 24 de agosto de 1947). En 1972 inicia su carrera como autor, que incluye trabajos periodísticos, guiones para la televisión, dirección escénica o composición de canciones, aunque su fama viene derivada de su labor como novelista. En 1974 fue encarcelado, acusado de subversión por el gobierno brasileño. Se caso con la pintora Cristina Oiticia y con ella adoptó los preceptos de la orden religiosa RAM (rigor, amor, misericordia). Su primer gran éxito  fue “El peregrino de Compostela”(1987), donde relato sus experiencias durante la peregrinación por el Camino de Santiago. Otros títulos conocidos internacionalmente son; “Brida”, “Las Valquirias”, “La quinta Montaña”, “Verónica decide Morir”  “A orillas del río piedra me senté y llore” y “Once Minutos”.

Ya en tercera persona, el narrador nos relata la historia de Santiago, un pastor que se desplaza con su rebaño por los campos andaluces. Durante dos noches duerme en una iglesia abandonada y sueña con que un niño se acercaba a él y a sus ovejas y comenzaba a jugar con éstas. Después conducía a Santiago hasta las pirámides de Egipto donde se hallaba un tesoro. Cuando llegó a Tarifa, fue a contarle su sueño a una gitana. Ésta le dijo que debía viajar hasta Egipto para encontrar su tesoro. Descontento, se sienta en  un banco de la plaza a leer un libro y conoce a un anciano que dice ser el rey de Salem. El misterioso rey le cuenta una historia: la meta en la tierra de todo hombre es su Leyenda Personal,”Cuando una persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño". 

El pastor decide viajar a África. Desembarca en Tánger y empieza su largo camino que le llevaría hasta el tesoro. Se da cuenta de que ha llegado a una tierra ajena. Todos hablan lenguas extrañas y tienen costumbres y vestimentas muy diferentes. Al poco tiempo de llegar a la ciudad un chico le roba el dinero que había conseguido vendiendo sus ovejas. Un comerciante de cristal le da trabajo en su tienda. Había transcurrido casi un año y se acuerda de que tiene que seguir con su Leyenda Personal. 
 
Pero aún le esperaban una serie de vicisitudes hasta llegar a las Pirámides, que era donde encontraría su tesoro. Se marcha con una caravana que partía al día siguiente para atravesar el desierto. Como había guerras tribales viajaban con precaución y querían llegar pronto al oasis, porque según la Tradición era un lugar neutral y no podía ser atacado. Se enamora de Fátima, sólo de verla ir a recoger agua al pozo con un cántaro. Caminando por el desierto, cerca del oasis, se encuentra con un jinete misterioso que le hace unas preguntas intimidantes. Como le hablaba de cosas que poca gente conocía se da cuenta de que era el alquimista. Éste acepta acompañarle hasta las pirámides, no sin antes pasar por una serie de peligros y pruebas. El jinete decide separarse del muchacho al llegar a un monasterio copto. Allí son recibidos por un monje. Santiago viaja solo hasta llegar a las Pirámides. Al verlas, llora y donde caen sus lágrimas empieza a cavar. Allí estaba su tesoro. 
 
Este best-seller de Paulo Coelho está escrito con un lenguaje sencillo, directo y lleno de sentencias y términos simbolistas, como Leyenda Personal, Lenguaje del Mundo, Gran Obra, que le dan al texto un sentido alegórico y otras veces metafórico. Se intercalan historias bíblicas como la que figura en el prefacio contando cómo Nuestra Señora y el niño Jesús deciden bajar a un monasterio. También encontramos otra sobre Jesús, ocurrida en el  reinado de Tiberio. El personaje de Melquisedec, el rey de Salem, lo encontramos en el Génesis. También en el prefacio el autor nos relata la historia de Narciso. A lo largo de la novela observamos cómo el joven va conversando con personas mayores, como Melquisedec, el mercader, el inglés o el alquimista. Es curioso que se forma siempre una relación maestro y alumno, pues de esta manera el autor nos da a conocer conceptos moralizantes. 

Vemos también, como es habitual en el escritor brasileño, la relación con la naturaleza,  que normalmente, en sus obras, siempre tiene un momento para acordarse de la ella: En este caso, los campos de Andalucía, el desierto, las montañas o el rebaño de ovejas.

El ritmo es algo lento por su realismo simbólico pero no falto de aventuras. Ritmo que nos permite imaginarnos perfectamente cada escenario por el que el protagonista viaja en busca de su sueño, de su Leyenda Personal.

Francisco Portela

Título Original. O Alquimista
Traducción: Monserrat Mira
Editorial Planeta, 2007
Pág.: 184


15 mayo, 2012

RELATOS


EL CÍRCULO DE KRISKY

MIGUEL PUENTE MOLINS


Dependiendo de cómo salga del berenjenal en el que me haya metido por su culpa, considero que la curiosidad es uno de mis mayores defectos, o la más grande de mis virtudes. Ayer me empujó a pasarme por la presentación en Valencia de un par de libros del llamado “género fosco”. Este tipo de literatura, definida, por lo que entendí, como un tipo de fantasía oscura, gusta de jugar con el terror, nuestras fobias y nuestras angustias.

No sé si es debido a los muchos cuentos de muertos resucitados, ánimas en pena, brujas, maldiciones, sucesos extraños y conductas aviesas del personal más variopinto, oídos durante mi infancia al calor y única iluminación de una chimenea vieja, o a que la lectura con ocho años de Poe y Lovercraft me curó de espantos, pero lo cierto es que en casi 40 años que llevo leyendo cuanta historia de fantasía cae en mis manos, no he encontrado ningún relato o novela que me estremezca o haya hecho que me sobresalte ante algún ruido. Debido a esa incapacidad para causar emoción en mí,  no suelo interesarme mucho por la novela llamada  “de miedo” o “de terror”. No le encuentro más aliciente que el de la calidad literaria que pueda tener, pues normalmente suelo encontrarlas previsibles y poco interesantes.
Uno de los libros de los que se habló,  El círculo de Krisky, es una  antología de relatos. Esto no es algo que me entusiasme demasiado, pues los cuentos me parecen eso, cuentos, siempre demasiado cortos. A pesar de ser otro punto en su contra decidí probar suerte cuando un amigo me señaló un valor que lo hacía muy atractivo a mis ojos: los relatos tenían bases mitológicas.
Mitología: la palabra que, junto a “Fantasía” e “Historia”, hace que se disparen todas las alarmas en mi mente y me sienta atraída por una narración como por un imán.
 Así que lo compré, y esta mañana, mientras me tomaba el café he pasado una hora muy agradable enfrascada en su lectura. Pensaba leer un relato o dos mientras desayunaba y cuando me he dado cuenta se habían terminado las páginas. Eso es buena señal, desde luego.
 
El libro se compone de ocho relatos muy armónicos en su temática y en su estructura, que si bien no me han hecho pasar miedo, ni siquiera un poco de inquietud, sí que me han parecido historias interesantes bastante bien escritas y bien desarrolladas. Tienen la duración adecuada a cada una. Unas son muy cortas, pero sin tener apariencia de estar resumidas. Otras se alargan bastante más, sin que les sobre paja de relleno. Pero todas, con independencia del tema, el estilo o la duración, han conseguido lo mismo: que acabe de leerlos con una sonrisa de complicidad con el autor.

El primero de ellos, Los siete cuervos, está basado en un cuento popular, no muy difundido, que yo conocí en mi infancia como el de “Los siete hermanos cisnes”. El autor coge la historia, la sitúa en Galicia, y la viste con una exquisita ambientación de mitología celta-galaica que  a mí personalmente me ha hecho disfrutar mucho. Me ha parecido delicioso.
El segundo, Una duda razonable, es un cuento muy corto que tiene su punto de sorpresa gamberra y me dejó con la grata sensación de que se trata de un guiño a Poe.
En Psicosomático, quizá de los que  menos me han gustado, la enfermedad mental se mezcla con otras culturas con un resultado inquietante y muy interesante. La forma en que trata la somatización de los problemas mentales es cuanto menos curiosa, pero creo que el final podría haber sido mejor elaborado.
El hombre sin nombre hunde sus raíces en la civilización del creciente fértil. Algún fleco suelto en una historia bastante elaborada hace que este relato no sea lo redondo que podría haber sido. Es una pena, pues tiene elementos suficientes para convertirse en uno de los mejores relatos de la antología.
Sombra, otro de los más breves, hace buena la máxima de “menos es más” y se convierte en uno de los mejores para mi gusto. Inquietante y con un sabor que me ha recordado a King, en sus cuatro páginas condensa sentimientos y emociones muy diversas.
El extraño caso de Elías Fosco es, para mi gusto, el mejor de todos. Ambientado en la Galicia de la transición, con un fondo de mitología, cultura, o superstición (como se le quiera llamar) de la tierra natal del autor, le da otra vuelta de tuerca a la llamada “novela negra” concentrándola en un cuento interesante y muy especial. Lástima algún desliz tonto que lo afea un poquito,  pero que no afecta a la historia.
La cabeza de Dick pone el contrapunto humorístico que sirve para descargar la tensión acumulada tras el relato anterior. Historia simpática y un poco traviesa, nos vuelve a demostrar que este autor se maneja muy bien en las distancias cortas.
El círculo de Krisky es el relato que da nombre y cierra la antología. Basado en las cadenas de mensajes que recibimos todos en nuestros correos con desesperante asiduidad, las mezcla con extraordinaria habilidad con el folklore centroeuropeo, creando un relato capaz de despertar cierta ansiedad, para culminar en un final interesante.
En resumen, este libro me ha gustado bastante, más de lo que me esperaba. Solo algún pero ensombrece el buen sabor que me ha dejado.

Comentarios sobre la edición: un error de maquetación (creo, que yo de eso no entiendo) en una página llama bastante la atención.
Comentarios sobre el autor: algún desliz involuntario y cierta tendencia a perderse en frases largas (un par de veces en todo el libro) son las únicas pegas que podría encontrarle buscando mucho.

Ángeles Pavía

Ficha Técnica
Título: EL CIRCULO DE KRISKY
Autor: MIGUEL PUENTE MOLINS
Editorial:  AJEC
Páginas: 167
ISBN: 84-15156-22-2
Género: Antología de relatos.






13 mayo, 2012

LOS FITZGERALD


ZELDA Y FRANCIS SCOTT FITZGERALDKYRA STROMBERG




Francis Scott Fitzgerald resume ejemplarmente la mayoría de las virtudes y defectos de su época, hasta el punto de que su asociación con los "felices veinte" o la era del jazz toma rasgos de simbiosis. Su origen de clase acomodada no le impidió padecer de un fuerte sentimiento de inferioridad respecto a quienes ocupaban una clase superior a la suya y junto a los que trataba de situarse como un igual, no por su dinero sino por su talento. De este modo, la literatura se convirtió en el arma con la que pretendió asaltar las mansiones con vistas a Central Park o las villas de la Riviera francesa. Afortunadamente para sus lectores (y para él mismo) su talento literario estaba a la altura de este empeño por lo que la calidad de su obra está fuera de discusión en nuestros días.
Con un afán tan grande por acceder a lo más selecto de la sociedad de su tiempo, no parecía lógica la elección de su esposa, una hermosa sureña, hija de un hacendado de clase alta de Montgomery. Zelda le habría permitido formar parte de la pequeña aristocracia del lugar, pero no satisfacer sus anhelos de notoriedad, reconocimiento y riqueza a un nivel más amplio.

Por otro lado, Zelda aspiraba a vivir en el lujo indolente en que se había criado, y sin embargo acabó casándose con un escritor que no había publicado más que un puñado de cuentos y que acababa de ver impresa su primera novela. Un escritor que tenía que consolidar su talento prometedor que aún no le impedía vivir en la estrechez. Sin embargo, el romance culminó (no sin ciertas tensiones) y el sol brilló sobre la estrella de Scott quien comenzó a ganarse una reputada fama a través de sus cuentos (llegó a ser el escritor de relatos mejor pagado de Estados Unidos) y de los adelantos por cuenta de sus futuras novelas que, generosamente, le daba su editor.
De este modo, provisto de fama y dinero, Scott y Zelda pasaron a ser el ingrediente de moda en cualquier acontecimiento social relevante. El despilfarro y el exceso con el alcohol, sus peleas públicas y las consiguientes reconciliaciones no hicieron otra cosa que aumentar la fama de la pareja.
Sin embargo, estos excesos no parecían mermar la calidad de la obra de Scott Fitzgerald quien parecía capaz de captar la imagen de toda una generación, de toda una época caracterizada (en esos ambientes) por el lujo y el desenfreno, el relativismo moral y la falta de principios y compromiso. Scott era capaz incluso de captar ese lado oscuro del glamour y la riqueza, y así lo dejó plasmado en su novela más conocida, El Gran Gatsby, en la que el protagonista esconde el origen de su fortuna incierta y sufre las consecuencias de su éxito, como si de una justicia se tratase que equilibrara la balanza de la vida.
Al igual que en este personaje, la sombra también se cernía sobre Scott ya que sus gastos (rigurosamente contabilizados en su ledger) superaban con creces los ingresos que su obra literaria le reportaba lo que no hacía otra cosa que aumentar la presión que sufría por publicar más relatos y adelantar su próxima novela y, con el fin de aliviar dicha tensión, se sumergía en nuevos viajes y fiestas alcohólicas acrecentando la espiral en que se veía envuelto.

Entre tanto, la vida y personalidad de Zelda siguió su propio curso. En los principios de su relación actuó como el centro de atracción de las fiestas sociales. Su belleza y encanto cautivaban a sus anfitriones, si bien los excesos con el alcohol terminaban por crear ciertas suspicacias. Pasada esta primera época como Miss Fitzgerald, trató de crear su propia personalidad, desarrollando los más diversos intereses. Así, se dedicó (recuperando una afición de su juventud) a la danza de manera intensiva para luego optar por la literatura como forma de consolidar su propia identidad.
Siempre ha sido muy discutido el papel de Zelda en la literatura de Scott. Es un hecho probado que el escritor tomó prestado abundante material de los diarios y cuadernos de Zelda (lo que no hizo más que crear un cierto sentimiento confuso en ambos). De ahí que el intento de Zelda por publicar sus pequeños relatos (y su única novela) contaron siempre con cierta desconfianza por parte de Scott. De una parte temía que las obras de Zelda se adueñaran del tema de su próxima novela, de otra temía enfrentarse a ella en este campo en el que él siempre había sido el creador admirado. Así, en ocasiones aconsejó que algunos relatos se publicaran como obras conjuntas, para obtener un mejor precio gracias a su nombre. En otras, aconsejó al editor de Zelda, a espaldas de ésta, que la persuadiera para que cejase en su empeño de publicar su novela.
En cualquier caso, y tomara lo que tomara prestado de las ideas de Zelda, el principal papel de ésta en la obra de Scott Fitzgerald es el de modelo de sus personajes femeninos hasta un punto en que es difícil si las protagonistas de sus obras imitan a Zelda o ésta a aquéllas. Un nuevo modelo de mujer, atrevida, autónoma, aflora en sus libros al mismo tiempo que lo hacía en la vida real, flapper era su nombre y Zelda su icono.

Finalmente, la inestable vida de Zelda se quebró comenzando una peregrinación por diversos sanatorios, en Europa y Estados Unidos, para tratarla de diversos problemas nerviosos. La relación de la pareja se mantuvo pese al forzoso alejamiento y, casi recíproca indiferencia, que se refleja en la correspondencia que intercambiaban. Las nuevas obras de Scott habían perdido el apoyo de gran parte del público que antaño las acogía con admiración; no en vano, la Gran Depresión había modificado definitivamente el panorama de la sociedad norteamericana. Sus relatos cada vez se vendían a peor precio y los problemas económicos continuaban amenazando la vida de Fitzgerald, de modo que éste buscó el refugio en la única industria que parecía sobrevivir a la gran crisis: Hollywood.
En el mundo del cine trató de comenzar una nueva vida marcada por su dedicación, poco fructífera, a la escritura de guiones que apenas verían la luz. Junto a estos trabajos coleccionó pequeñas historias detectivescas en torno a un personaje singular, Pat Hobby, y comenzó a elucubrar sobre su próxima novela, basada en el mundo del cine del que ahora tenía un conocimiento de primera mano.
Esta última novela, El gran magnate, sería publicada póstumamente ya que la vida abandonó a Scott en 1940. Zelda le seguiría penosamente ocho más tarde al fallecer en el incendio del sanatorio en el que estaba internada.

Scott Fitzgerald escribió siempre desde un cierto hedonismo y con una perspectiva vital claramente superficial; sin embargo, supo incrustar en sus personajes suficientes vetas agridulces que humanizan su carácter dotándoles de una profundidad de la que sin duda carecían muchos de los amigos en que se inspiró. Sus crecientes problemas económicos no hicieron sino poner de manifiesto su escepticismo ante las clases acomodadas y la relación fluctuante que mantuvo con ellas. Este sabor amargo vela el optimista paisaje con que suelen abrirse sus obras y nos adentra en dramas sutiles en los que el lenguaje (para cuyo reflejo escrito tenía gran talento) es capaz de impulsar por sí mismo una trama.
Su relación con Zelda refleja igualmente las mismas contradicciones vitales. Deseoso de tener una mujer admirada y de ser envidiado por su causa pero al tiempo, celoso de la sombra que ésta pudiera arrojar sobre su fama. No aceptó los intentos de Zelda por afianzarse como una personalidad propia, empujándola a una crisis psíquica (cuyo origen, no obstante, fue fundamentalmente hereditario) que acabó por hundirla y por destruir su ya delicada relación.

Al cabo, esta relación no hizo sino satisfacer sus intereses. Ambos obtuvieron parte de aquello por lo que se habían unido y, ciertamente, conocieron el amor en sus primeros años. Kyra Stromberg narra este proceso de un modo algo desorientado. Culpemos también a la era del jazz, quizá un poco de mareo y desenfoque sean apropiados cuando se habla de esta vibrante pareja y el tiempo en que vivieron.

 GWW
ZELDA Y FRANCIS SCOTT FITZGERALD 
KYRA STROMBERG, 
EL ALEPH, 2001
ISBN 9788476694473

11 mayo, 2012

ROMA EN ACCIÓN


DEVOTIO

GABRIEL CASTELLÓ



Ed. GOOD BOOKS



SINOPSIS

DEVOTIO se compone de dos escenarios que se intercalan y avanzan en paralelo, uno desarrollado en tiempos de Diocleciano mientras que el otro arranca pocos meses después de que César cruce el Rubicón: en el primero nos sumergiremos en la Tarraconense de principios del siglo IV, sumida en una crisis económica y social sin precedentes hasta aquel momento en el que una nueva secta oriental gana adeptos día a día. El Augusto decide erradicarla a golpe de edicto y el encargado de dicho propósito en la provincia es un hombre cruel y sin escrúpulos, el gobernador Publio Daciano. Alentado por la ciudadanía más conservadora de Caesaraugusta, ordena el arresto de dos prominentes cristianos, el obispo Valero y su diacono, Eutiquio (conocido para la posteridad como San Vicente Mártir) y su traslado a Valentia donde serán procesados por su apostasía. Tito Antonio, magistrado emérito de la ciudad, conoce por casualidad al joven reo y, prendado por su carisma, decide actuar como su abogado frente al implacable gobernador.

 El segundo escenario alterno nos lleva a la Beronia fronteriza veinte años después de las guerras sertorianas. Un joven muchacho se enrola en las levas que Lucio Afranio, uno de los legados de Pompeyo el Grande en Hispania, está realizando por toda la Citerior con el propósito de reforzar las legiones fieles al Senado ante la inminente llegada del usurpador Cayo Julio César. Antes de partir, su padre le revela su auténtico nombre y condición como ciudadano romano, además de la terrible historia que le llevó al exilio. Lucio Antonio, el hijo de Cayo Antonio Naso, parte hacia la guerra dispuesto a lavar el honor de la familia y acompañará a los líderes de la facción pompeyana desde Ilerda hasta Munda en el periplo de aventuras y horrores que supuso la Guerra Civil. Sus crónicas suponen una versión claramente “pompeyana” y menos mitómana del De Belo Civili que nos dejó escrito César.

 Tanto Eutiquio como Antonio son dos exponentes de la fidelidad extrema a sus ideales, por ello ambos representan a la perfección la devotio hispana llevada a su máximo extremo.
***
¿A qué extremo te pueden llevar tus convicciones? ¿Matarías o morirías por un ideal? DEVOTIO es la epopeya de dos hombres, separados por el tiempo, pero unidos en su lealtad extrema a sus creencias. Recorriendo estas dos historias paralelas, la de Eutiquio de Osca en tiempos de Diocleciano, y la de Lucio Antonio durante la Guerra Civil, el lector conocerá la turbulenta Hispania romana en dos momentos muy diferentes, la República y el Imperio, la creación del estado más grande de su tiempo y la corrosión interna de un mundo decadente.
***
Dos épocas, dos protagonistas, una misma cualidad:
Fidelidad hasta la muerte.

HISPANIA, albores del siglo IV…
 El nuevo gobernador de la Tarraconense, Publio Daciano, un veterano de las legiones de pasado oscuro, está dispuesto a que su primer cargo provincial sea el impulsor de sus ambiciones. Para ello no escatima esfuerzos en aplicar los edictos imperiales de Diocleciano con absoluta severidad. En plena persecución religiosa, el joven diácono de Caesaraugusta, un muchacho arrogante llamado Eutiquio de Osca, es arrestado junto a su obispo y conducido a Valentia para ser ambos juzgados por su apostasía. Tito Antonio, magistrado emérito y hombre de edad y reconocido carisma en la colonia, acaba siendo el abogado del joven cristiano frente a un riguroso tribunal liderado por el propio gobernador…
 
HISPANIA, 49 a.C.
 Turibas, un sencillo jovenzuelo berón, descubre que no es quien cree ser, sino hijo de un ciudadano romano exiliado tras las guerras sertorianas. Su padre, Cayo Antonio Naso, le revela al llegar a la mayoría de edad su tremenda historia y el verdadero origen de su familia. El muchacho, dispuesto a lavar la honra familiar mancillada durante la revuelta de Sertorio, se enrola en la leva que su tío, Lucio Afranio, está realizando en la Hispania Citerior con tal de nutrir de auxiliares las legiones fieles a Pompeyo acampadas en Ilerda ante la inminente llegada del usurpador Cayo Julio César.
 Los ojos de Lucio Antonio nos harán recorrer una Hispania en guerra, conocer el conflicto desde el punto de vista de Pompeyo el Grande y Catón de Útica, navegar por el Mare Internum hasta las exóticas África, Numidia, Grecia y Egipto, presenciar momentos cruciales de la historia romana como las dramáticas batallas de Farsalia o Munda y estremecernos con su romance imposible con la bella Varinia, la única hija del propretor Accio Varo. Las crónicas que Lucio va escribiendo a sus padres entre campaña y campaña relatan esas aventuras, pasiones y odios, además de todos los sucesos extraordinarios en los que se ve involucrado durante los largos cuatro años de Guerra Civil que asolaron la República y supusieron el germen del Imperio.
***


HISPANIA, invierno del 303
Un nuevo gobernador sin escrúpulos…
Un muchacho cristiano sin miedo…
Un viejo magistrado sin ayuda…
 Tres hombres distintos cuyas vidas confluirán en Valentia, a dos de ellos los engullirá la Historia, el tercero forjará una leyenda. Pocos conocen su verdadero nombre, muchos su apodo: Vincentius.

HISPANIA, primavera del 49 a.C.
La República está en guerra. César controla Roma y se dirige a marchas forzadas hacia Hispania con tal de derrotar a las legiones fieles a Pompeyo el Grande acantonadas en Ilerda. Lucio Afranio, uno de los legados de Pompeyo en la Citerior, se ve forzado a realizar una leva entre los indígenas para reclutar efectivos con los que reforzar sus legiones. Un muchacho berón se entera de su verdadero nombre y ascendencia en la víspera de dicha leva. Su padre no es solo un sencillo aldeano, es un prófugo, un ciudadano romano exiliado forzosamente tras las guerras sertorianas. Tras conocer los dramáticos motivos que obligaron a su padre a no volver a su Valentia natal, decide enrolarse en la milicia celtibera para restaurar el honor de la familia.
 En las cartas que Lucio Antonio, el hijo de Cayo Antonio Naso, les escribe a sus padres entre campaña y campaña el lector descubrirá una versión paralela de la Crónica de la Guerra Civil de César, pero vista desde el lado pompeyano, siendo sus ojos testigos de acontecimientos tan atemporales como las batallas de Farsalia o Tapsos, la muerte de Pompeyo o el suicidio de Catón. Su relato le sumergirá en la agonía de la República romana, las intrigas intestinas que socavaron a los enemigos de César, además de estremecerle con su historia de amor imposible con Varinia, la hija del propretor de África hasta llegar al final de la guerra tras el sangriento asalto de Corduba.

GABRIEL CASTELLÓ

Ficha técnica:


DEVOTIO
AUTOR: Gabriel Castelló
FORMATO: 13.5X21.5 CM
PÁGINAS: 790
IDIOMA: ESPAÑOL
EDICIÓN: 1°
ISBN: 9788494053474
PVP:19.95€

Podeis encontrarlo aqui:

09 mayo, 2012

GÓGOL ESTEPARIO


Taras Bulba Nikolái Gógol


Ed. Losada, 2011

El protagonista de esta novela es en realidad el pueblo cosaco, de origen eslavo y asentado después del siglo X en las estepas que hoy conforman gran parte de Ucrania y el sur de Rusia. Pueblo cuya imagen estereotipada es la de unas gentes más bien salvajes, levantiscas y celosas de su libertad, consumados jinetes y juerguistas de campeonato (tan diestros en el danzar como en el beber). Pues bien, acaso sea este uno de los casos en que el estereotipo represente una buena parte de la verdad, al menos considerada con una cierta perspectiva histórica o, dicho de otra manera, con una mirada retrospectiva. Parecen confirmar este supuesto -entre otras fuentes- algunas novelas rusas decimonónicas, cuyo valor testimonial en este sentido acaso exceda el propiamente artístico (sin tratarse en modo alguno de obras deficientes). Me refiero a La hija del capitán, de Alexander Pushkin; Taras Bulba, de Nikolái Gógol; y Los cosacos, de Lev Tolstói.
El caso de Taras Bulba es singular, porque en ella su autor se propuso nada menos que forjar la épica del cosaco, en un empeño que denota el influjo del romanticismo a la sazón en boga –es la primera mitad del siglo XIX-. Ese romanticismo que, llevado del desencanto ante la modernidad y el universalismo de las categorías racionalistas, se volcó al enaltecimiento de la nación como expresión suprema del alma colectiva, y para ello nada más decisivo que hurgar en el pasado legendario de los pueblos (cuanto más legendario y heroico, tanto mejor). En verdad, Gógol no es un escritor rigurosamenteromántico, puesto que en su obra destacan elementos propios del realismoque ya amagaba con desbancar al romanticismo, tales como la sátira y el ánimo de denuncia social. Taras Bulba representa una suerte de paréntesis en el conjunto de su obra, uno intermedio entre dos épocas y dos corrientes culturales. Es la épica romántica del cosaco, pero vertida en prosa y en conformidad con un estilo realista. El impulso romántico de la obra se advierte precisamente en su carácter de epopeya, en que el novelista recrea el pasado glorioso de una etnia notoriamente simbólica, de entre las que conformaron la Gran Rusia (compuesta en esencia por las actuales Rusia, Ucrania y Bielorrusia o Belarús).

Gógol no pinta al pueblo cosaco en color de rosa, sino que exhibe muy crudamente el primitivismo y la brutalidad que con toda certeza se le puede atribuir en la época en que se ambienta el relato, el siglo XVI, habida cuenta de que la suya era y sigue siendo tierra fronteriza entre dos continentes y sus respectivos paradigmas civilizacionales. Los cosacos se hallaban por entonces enfrentados en constantes luchas contra polacos, tártaros y turcos. También se contaban entre sus enemigos calmucos, lituanos y moscovitas. Aunque habían abandonado el nomadismo mucho tiempo atrás, su estilo de vida conservaba más de un toque de las pasadas costumbres trashumantes, evidentes sobre todo en su cultivada estirpe de jinetes y en su forma de organización social. En el modo en que se reúnen y deliberan en torno al destino de la nación cosaca, acudiendo desde los más apartados confines, hay claras reminiscencias de lo que debió ser su primigenia estructuración en clanes, posiblemente rivales pero hermanados al momento de enfrentar a un enemigo común.

Gógol no escatima honestidad al retratar las cotas de tosquedad y salvajismo que podía alcanzar el varón cosaco en la orgía o en la acción militar. Pero tampoco le mezquina admiración al elevarlo a la condición de “extraordinaria manifestación de la potencia rusa”, homenajeando su papel histórico de contención de invasiones mogolas. En el cosaco cifra Gógol lo que hoy consideraríamos tópicos sobre el ‘ser nacional ruso’: disposición a una amistad ruda y generosa, rectitud de carácter, despreocupación respecto del futuro, desprecio de los bienes materiales y ansia de gloria, etc. Características en cierto modo notables aunque en ellas no hubiera sino un ápice de verdad, pero de las que bien se puede recelar si, como ha ocurrido, llega Rusia a ocupar un sitial internacional de preponderancia.

En un relato cuya extensión varía entre las 150 y las 200 páginas, según sea la edición, asistimos a feroces campañas sostenidas por los cosacos contra el tradicional adversario polaco, cuyo empuje amenazaba la libertad de los jinetes de las estepas, y cuyo refinamiento cortesano ya se hacía sentir en la nobleza moscovita –algo que en muchos cosacos suscitaba todo el recelo posible-. Taras Bulba, coronel y jefe de un regimiento de cosacos, es el verdadero instigador de la primera de estas campañas, ansioso de que sus hijos Ostap y Andréi completen su educación –o mejor, olviden la que han recibido en la academia o seminario de Kiev-. No creo que muchos desconozcan la dramática suerte corrida por ambos jóvenes en esta campaña inicial, que parece una especie de batida preliminar en comparación con lo que vendrá luego. En efecto, tras el frustrado desenlace de aquélla, los cosacos se embarcarán en una expedición en toda regla, calificada por el autor como una de aquellas guerras de religión que han hecho estragos en la historia de Rusia y de sus vecinos.Pero este episodio sólo ocupa unas cuantas páginas fínales del relato, en las que nos enteramos de la muerte del protagonista, tan cruel como despiadada ha sido su cólera vengativa.

La narración es vívida y vigorosa, dotada por momentos de una cálida pátina de pintorequismo; cualidades que, a poco andar la lectura, le granjean el entusiasmo del lector –cuando menos, éste ha sido mi caso.-. Aparte la colorida descripción de proezas guerreras, disfrutamos de una emotiva historia de amor y traición, y celebramos la entereza con que los personajes arrostran la adversidad.No menos interesante es el tratamiento de las costumbres de los cosacos y, como se puede suponer, la contextualización histórica de lo narrado.
Taras Bulba se deja leer como narración épica pero también como novela histórica y como documento etnográfico. Su brevedad es un argumento contra toda reticencia. En suma, entretenida y recomendable lectura para quien no la haya acometido aún.

Rodrigo

Nikolái Gógol, Taras Bulba.
Losada, Buenos Aires, 2011. 191 pp.

¡Sálvese quien pueda! - Andrés Oppenheimer

¡Sálvese quien pueda! El futuro del trabajo en la era de la robotización. Oppenheimer siempre me ha llamado la atención, si bien no he sid...