11 febrero, 2013

ALICIA MARAVILLADA


LA ÚLTIMA MARAVILLA DE ALICIA

MANUEL VALERA

Ediciones Evohé, 2012

La última maravilla de Alicia, de Manuel Valera, nos trae una historia maravillosa, y hago uso de las varios sentidos que tiene este adjetivo.
Respecto al argumento, este es un poco difícil de explicar sin tener en cuenta muchos de los aspectos que conforman la historia y que, a la vez, pueden destriparla. Pero lo voy a intentar, queridos posibles lectores, para que os hagáis con él y os maravilléis tanto como yo. La última maravilla de Alicia nos cuenta la historia de Isaías, un joven —al parecer poeta— que se encuentra un poco perdido en cuanto a su vida. En un viaje en tren (así es como empieza la novela) tiene un encuentro fortuito con una extraña y cautivadora muchacha que se llama Alicia y dice ser, nada más y nada menos, la Alicia de Lewis Carroll. A partir de entonces, Isaías vivirá la vida desde una perspectiva distinta.
He de decir que no conocía a Manuel Valera pero me ha encandilado. Su forma de contar es bellísima y cada una de las páginas de esta historia —o cuento, si queréis— está impregnada de magia: la magia que desprende Alicia, la de los personajes y referencias a Lewis Carroll, la del encuentro y desencuentro, la magia maravillosa del amor y de la búsqueda. Y es que nuestro protagonista se pasa los días desde su encuentro con Alicia buscándola. Y esa búsqueda me ha recordado mucho a la de Horacio Oliveira, el cual se vuelve loco buscando a su Maga. Y es eso también lo que le ocurre a Isaías, porque en realidad no está buscando solo a su amor, que es Alicia, o que puede no serlo, ya que es posible que exista o que esté solo en su imaginación, sino que también es la búsqueda del sentido en la vida, la búsqueda de uno mismo, la del más allá de las cosas que nos rodean.
A lo largo del cuento van apareciendo personajes de Alicia, así como otros personajes que fueron reales y que ahora se introducen en la ficción que crea Isaías —y Valera, a su vez—. Es el caso de la charla —tan amena y reveladora— que mantienen R. L.  Stevenson y nuestro querido protagonista, y de la que voy a dejar alguna huella para que disfrutéis:
“La ficción es para el hombre adulto lo que el juego para el niño: ahí es donde altera la atmósfera y la tendencia de su vida”, señala Stevenson en una de sus intervenciones.
Y en otra: “Yo sigo creyendo en la decencia última de las cosas”.
Y así, poco a poco, con una prosa poética llena de belleza, que nos hace ver las cosas desde el punto de vista de la sensibilidad de Isaías, vamos andando de la mano con él en su búsqueda por deshacerse de todo lo que en realidad no es importante, de aquello que no hace feliz, de romper con los horarios y las reglas… Isaías ansía deshacerse del miedo que tiene y desea no ser uno más de esos que se levantan a las cinco menos cuarto de la mañana para ir a trabajar.
En la segunda parte del libro presenciamos la locura —o quizá razón— a la que cae Isaías al sentir que Alicia no va a volver. Como consecuencia de sus faltas reiteradas al trabajo y de acudir a la reunión disfrazado de As de Corazones, se le convoca a un juicio (recordáis el de Lewis Carroll, ¿no?) en el que la ironía llega a su culmen y desemboca en una resolución sabia por parte del juez: por una vez, ha vencido la locura de la fantasía —pero también de la razón, de la nuestra en la intimidad y en nuestro yo interior— frente a la realidad, tan mortífera como lo ha sido siempre con Isaías.
Y una vez ha conseguido vencer a esa realidad y deshacerse del miedo, es hora de viajar al lugar que veía en sueños, donde tal vez encuentre a su Alicia. Pero eso ya os lo dejo a vosotros, lectores.
La última maravilla de Alicia es un cuento repleto de metaliteratura, magia, fantasía, poesía en cada una de sus páginas. Es una alegoría sólidamente construida sobre el acontecer diario del ser humano mojado por la rutina de reglas, creencias y actitudes que parece que se tengan que seguir. Isaías es el símbolo de aquel que —no sin miedo al principio, por supuesto— abre su mente, deja volar su imaginación y plasma su yo interior en esa realidad cotidiana.


Elena Montagud

09 febrero, 2013

LA REINA LEONOR


LEONOR DE AQUITANIA
Régine Pernoud

«Leonor, por la cólera de Dios, Reina de Inglaterra».
Realizar una reseña sobre un personaje histórico de la talla de Leonor de Aquitania nunca es tarea fácil. Pero Leonor no merecería sólo una biografía, sino muchísimas más, ya que forma parte de ese puñado de mujeres excepcionales que destacaron por no conformarse con el papel que la sociedad les otorgaba,  y en el que figuran nombres propios como Hatshepsut, Isabel la Católica, María de Molina, Teresa de Jesús, Juana de Arco, Agustina de Aragón o Marie Curie; mujeres envueltas en un halo de leyenda como el que rodeó, ya en vida, a la duquesa de Aquitania, dos veces reina, de Francia y de Inglaterra.


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Leonor de Aquitania nació a principios de la década de 1120 y, desde su infancia, se vio rodeada de un ambiente culto y cortés. Convertida, al morir su hermano, en la única heredera del vasto dominio aquitano, siempre sintió una inclinación natural por las letras y la música. Al contraer matrimonio con Luis VII, rey de Francia, Leonor entra en la Historia y, a partir de ese momento, todos sus actos y decisiones se funden con un siglo excepcional, salpicado de figuras como la de Enrique II, Tomás Becket, Bernardo de Claraval, Guillermo el Mariscal, Ricardo Corazón de León o Juan Sin Tierra. Años de religiosidad, de cruzadas, de trovadores y de poesía cortés que ella impulsará en gran medida, y en los que se asiste en las artes al nacimiento de un nuevo estilo, el gótico, que llegará a todos los confines del orbe cristiano y erigirá catedrales para acariciar, con los dedos del alma, la majestad de Dios.


No es posible leer la biografía de Leonor de Aquitania sin caer preso de su personalidad arrolladora. Lejos de los cánones medievales de la mujer, la reina de Francia marcha con su marido a Jerusalén en plena cruzada; impulsa la nulidad de su casamiento para contraer matrimonio con Enrique II; es madre de diez hijos (dos con Luis VII y ocho con el rey inglés); recorre sus dominios con admirable tesón; se convierte en fuente de inspiración del amor cortés; subleva a sus propios hijos contra su padre e, incluso, encabeza una carta dirigida al mismísimo Papa de la siguiente manera: «Leonor, por la cólera de Dios, Reina de Inglaterra». Una mujer que, desgarrada por el dolor de ver a su hijo predilecto prisionero, se atreve a reprochar el comportamiento al propio Celestino III: «Los reyes y príncipes de la Tierra han conspirado contra mi hijo; lejos del Señor se le tiene en cadenas, mientras otros saquean sus tierras; se le sujeta mientras otros le flagelan. Y durante todo este tiempo la espada de San Pedro permanece en su vaina».



Régine Pernoud (Châteaux Chinon, 1909- París, 1998), medievalista rigurosa y narradora de excepción, se embarcó hace cuarenta años en una empresa nada sencilla: acabar con los mitos, leyendas y fábulas que acompañaron a la reina Leonor, no sólo durante su vida sino también tras su muerte. Para la historiadora francesa y doctora en Letras no sería un hecho aislado, ya que hizo de la lucha contra los prejuicios su leitmotiv, como dejaría patente en el brillante ensayo Para acabar con la Edad Media, publicado por la editorial Medievalia y cuyo rotundo título avanza el propósito de la autora, que no es otro que el de alumbrar la oscuridad medieval y desmontar de un plumazo la creencia generalizada de que el Medievo encarna, mejor que ninguna otra época, la ignorancia, el embrutecimiento y el subdesarrollo. En este caso ha sido Acantilado la encargada de traer al mercado español una reedición de esta estupenda biografía publicada por primera vez en 1969, fecha que, curiosamente, no se indica en el libro, pero que no constituye un olvido involuntario de la editorial como ya ha demostrado en otras de sus publicaciones. No es ésto lo único a destacar en las siempre impecables ediciones de Acantilado: en este caso encontramos también un par de erratas en los árboles genealógicos que ilustran el texto, y en los que se menciona a la esposa de Alfonso VIII de Castilla como nieta en vez de hija de Leonor, y a San Luis, rey de Francia, como Luis VIII en vez de Luis IX.


Con una figura histórica de la magnitud de Leonor –o Aliénor, como se la conoce en la historiografía francesa-, es fácil caer en la tentación de la hagiografía. Sin embargo, Pernoud levanta una muralla que mantiene alejados sentimentalismos, sensiblerías, leyendas y cuentos románticos trasnochados para construir una imagen sólida y bien documentada de una mujer con una fuerza y un empuje excepcionales, dotando al ensayo de amenidad sin perder un ápice de rigor. Esta medievalista francesa que, como Leonor, rompió moldes en una época en la que la investigación científica era terreno casi exclusivo del sexo masculino, acerca al lector la figura de la reina de Inglaterra cuidando hasta el más mínimo detalle. Los capítulos de esta biografía, tan apasionante que se lee como una novela, están intitulados con elegancia y evocación, arrancan con unas bellas estrofas de amor cortés de Bertrand de Born, de Bernart de Ventardorn o de Peire Vidal, y su prosa es tan elegante, delicada y embaucadora que al acabar un capítulo no se puede evitar devorar el siguiente con fruición. La abundancia de anécdotas, el desfile de personajes, la vida cotidiana en la corte, las intrigas políticas, las guerras intestinas o los conflictos entre Iglesia y Estado transmiten la pasión de la autora y contagian su fascinación por un siglo deslumbrante y rebosante de Historia con mayúsculas.

Pilar Moreno Monteverde

Datos libro:

Régine Pernoud

LEONOR DE AQUITANIA
Acantilado 2009

336 páginas.

07 febrero, 2013

AMÉRICAN WAY OF LIFE


Historias de un gran país

Bill Bryson



Bill Bryson es un periodista norteamericano que tras vivir durante cerca de veinte años en Gran Bretaña, casarse con una inglesa y tener hijos, decide volver a su hogar americano arrastrando a su familia. Al poco de instalarse en New Hampshire recibe la propuesta de un semanario británico de escribir un artículo semanal en el que relate la experiencia de un americano que redescubre su país y los contrastes que advierte en relación a su vida en el Reino Unido.
Pese a sus recelos iniciales, Bryson se lanza con decisión y entusiasmo a la nueva tarea que le permite explorar y estudiar los más diversos aspectos de la vida americana ofreciendo un artículo semanal durante un año y medio a sus lectores británicos en un tono desenfadado e irónico. Historias de un gran país lleva por subtítulo Viaje al american way of life lo que describe con mayor precisión su contenido: un año y medio de artículos junto a una breve introducción explicativa del origen del libro.

Como es de prever, desfilan por estos artículos todos los tópicos comunes sobre la vida americana: la superabundancia de comida y la obesidad, el apego por el cumplimiento de las normas por ridículas que puedan resultar, la creciente invasión de la publicidad, la cultura de la reclamación, la total ignorancia sobre cualquier asunto ajeno a los Estados Unidos (sea en materia de arte, historia, geografía, …). Pero también, Bryson nos regala emotivas instantáneas de una mentalidad tan tremendamente positiva y confiada (conviene destacar que se trata de artículos escritos con anterioridad al 11-S) que rayan en la simpleza.
Del mosaico de artículos se obtiene una imagen fidedigna y creíble de unos Estados Unidos alejados del tópico hollywoodiense. Asentado en uno de los estados con mayor riqueza forestal, Bryson entona una extraordinaria alabanza del tesoro natural de su entorno. Bosques interminables, capaces de tragarse restos de pequeños pueblos abandonados, e incluso aviones que se estrellan sin ser localizados hasta pasados varios meses pese a la utilización de las más modernas técnicas de exploración mediante satélite. Sorprendentemente, Bryson señala que esta enorme extensión boscosa es reciente ya que apenas hace 60 años la mayor parte de la superficie hoy cubierta estaba destinada al cultivo. Un buen ejemplo a seguir.
Esa inmensa naturaleza casa con las dimensiones propias de los Estados Unidos. Las distancias entre puntos que se consideran próximos asustarían a un europeo medio. Un día de playa en la cercana costa puede suponer un viaje de más de cinco horas por trayecto. Sin embargo, Bryson echa de menos el viejo encanto de las carreteras americanas y su panoplia de atracciones inverosímiles, típicas a mediados de los años cincuenta. Según asegura, las distancias se hacían más llevaderas gracias a carteles que advertían de la presencia de extraños fenómenos como la piedra atómica, un campo de gravedad, una casa construida con latas de cerveza a un paso de la carretera principal (para ser más exacto, a unos doscientos kilómetros de la misma) y que, inevitablemente causaban una desoladora decepción al ser contemplados, decepción que desaparecía de inmediato al ser sorprendidos por un nuevo cartel que anticipaba la cercana presencia de la huella de dinosaurio más grande del estado de Arizona.

Son muchas las cosas que han cambiado desde los tiempos de juventud de Bryson. Los moteles son un buen ejemplo. A finales de los años cincuenta y primeros sesenta, todos los cruces de caminos, pequeñas poblaciones y áreas de servicio contaban con sus correspondientes moteles, cada uno con sus propias características diferenciales. Sus dueños eran familias que ofrecían un trato cercano y personal a sus huéspedes supliendo las carencias de unas habitaciones no demasiado elegantes o limpias. El tiempo ha borrado estos establecimientos de los mapas americanos, sustituidos por unas pocas cadenas que ofrecen moteles estandarizados e impersonales de modo que, en cualquier estado de la Unión, uno puede alojarse en uno de estos establecimientos conociendo de antemano el mobiliario de la habitación y el contenido del buffet libre para el desayuno.
Esta tendencia a favorecer lo previsible parece haber traído consigo (¿o será más bien al revés?) la desconfianza ante lo diferente. Acostarte en una habitación exactamente igual en Nebraska que en Ohio, ver los mismos canales de televisión, desayunar los mismos ingredientes en Colorado que en California, no sentir ni valorar el “riesgo” (relativo, es cierto) de una experiencia algo diferente. Este desasosiego por lo desconocido ha llevado, señala Bryson, a que las miles de variedades de chocolatinas americanas carezcan de auténtico sabor a chocolate, que los tipos de queso autóctonos se hayan acomodado a unos estándares generales que les han llevado a perder su peculiaridad.
La profusión de Starbucks o McDonald´s son otro buen ejemplo de la homogeneización creciente de la vida americana (uniformidad que inevitablemente parece adueñarse también de nuestras ciudades). Bryson comenta entristecido a uno de sus amables vecinos que la apertura de un McDonald´s enfrente de un coqueto restaurante familiar próximo a su casa ha llevado al cierre del restaurante perdiendo la última oportunidad de cenar de una manera decente en el entorno, a lo que el vecino contesta indiferente que le parece normal ya que lo bueno del McDonald´s es que siempre sabes lo que vas a comer antes de entrar.

Como ya he señalado, muchas de las referencias de Bryson acaban por ser un triste anticipo de las tendencias que hoy vemos a nuestro alrededor. La cultura de la reclamación (injustificada, se entiende) por el mero hecho de tentar la suerte y obtener una improbable (y en muchos casos improcedente indemnización), la complicación creciente de los trámites de embarque por las medidas de seguridad totalmente ajenas a lo que representa realmente nuestra seguridad, etc. Bryson denuncia la política de las empresas de recortar servicios a los usuarios justificando dichas medidas precisamente con la disculpa de que se trata de “ofrecer un mejor servicio”.
Pero gran parte del encanto de estos artículos no reside tanto en el aspecto antropológico que parece deducirse de ellos. En la mayoría de los casos, las reflexiones nacen de la narración de anécdotas en las que el propio Bryson es el desgraciado y torpe protagonista. Así, le vemos perdido sobre un trineo motorizado totalmente incapaz de evitar chocar repetidamente contra todo árbol que crezca a menos de trescientos metros a su alrededor, derramando refrescos sobre una monja en un vuelo terrible (especialmente para la monja), sufriendo los horrores de la dieta que su mujer le impone prohibiéndole la mantequilla de cacahuete o su feliz (sólo al principio) encuentro con la trituradora de basuras, ese invento tan americano y cuya peligrosidad en manos de un desastrado Bryson la convierte en un arma de destrucción masiva.
Asistimos a excursiones familiares en las que sus hijos muestran mejor sentido de la orientación o le vemos atiborrar el carro de la compra del supermercado con treinta variedades diferentes de cereales que su mujer le obligará a desayunar hasta el último copo como expiación por su delito de atentar contra los alimentos frescos que tan trabajosamente logra encontrar en el pequeño rincón en el que están confinadas esos extraños y “peligrosos” vegetales tan desconocidos para un americano medio, más afín a los precocinados y congelados.
La ironía que desborda todos los artículos es otro elemento que le acarrea numerosos problemas en su vida cotidiana. Y no es que los americanos no sean divertidos, simplemente es que carecen de sentido del humor. Bryson (quizá contagiado por el “humor inglés”) responde al funcionario de aduanas que le pregunta “¿Verduras o fruta?” con un “gracias, agente, me vendrían bien unas zanahorias” para descubrir que estos amables funcionarios son incapaces de advertir siquiera esta leve ironía. Bryson, desconcierta a uno de sus vecinos que lleva un árbol en la vaca de su coche, preguntándole si pretende camuflar su vehículo, a lo que el honrado ciudadano, tras un leve bloqueo, responde con una profusa explicación sobre el motivo por el que lleva atado el árbol.
Humor, bastante información para satisfacer al curioso, anticipación de corrientes, estilo ameno y familiar que admite un hueco para la reflexión. Bryson se escapa del uniformismo que denuncia y cada uno de los artículos abre una nueva perspectiva. Sus títulos son un buen ejemplo (Los misterios de la Navidad, Esos aburridos extranjeros, Por qué nadie camina, Al aire cubierto, En la barbería, Imposibilidad de comunicación, Perdido en el cine, Dónde está Escocia y otros consejos de utilidad, La mejor celebración americana, La vida deportiva y así hasta setenta y ocho artículos).

GWW


Datos del libro
  • 15.0x23.0cm.
  • Nº de páginas: 352 págs.
  • Editorial: PENINSULA
  • Lengua: ESPAÑOL
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • ISBN: 9788483074831
  • Año edición: 2002
  • Plaza de edición: BARCELONA


05 febrero, 2013

TRILOGÍA POLACA


A SANGRE Y FUEGO (Trilogía polaca I) 

 Henryk Sienkiewicz

Acción a raudales, romance y vuelcos dramáticos, celebración de la amistad y la camaradería, asedios y batallas en campo abierto, lances de honor, un trasfondo histórico llamativo, un aire de epopeya y la dosis precisa de humor. Estos son algunos de los ingredientes que hacen de A sangre y fuego, obra del escritor polaco Henryk Sienkiewicz, una lectura exuberante, irresistible, comparable en este sentido a las más inspiradoras lecturas de juventud. La novela es la primera parte de un ciclo narrativo conocido como “Trilogía polaca”, originalmente publicada entre 1884 y 1888 y completada por las novelas El diluvio y Un héroe polaco. Su autor, nacido en 1846 y fallecido en 1916, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1905, en la actualidad es conocido sobre todo por su novela Quo vadis, varias veces llevada al cine. Escritor prolífico y de inmensa popularidad internacional en su tiempo, fue también periodista y un activo promotor de la causa polaca.

Concebida en días en que Polonia se hallaba desmembrada y carecía de existencia como estado soberano, la trilogía obedecía al propósito de enardecer en los polacos el ansia de independencia, evocando una etapa difícil pero gloriosa de su historia nacional; una época en que el estatus del país era el de una potencia de primera categoría en la Europa oriental, capaz de resistir con éxito las embestidas de sus numerosos enemigos. Pertenece, pues, a la estirpe de los relatos patrióticos fundacionales, propiciadora en su caso del orgullo nacional polaco. A sangre y fuego fue tempranamente traducida al inglés y otros idiomas occidentales, cosa extraordinaria para una tradición literaria periférica, y no es aventurado suponer que la novela –junto con sus hermanas de la mentada trilogía- tuviera parte en la simpatía internacional por la causa polaca. Trascendido este contexto, lo que queda es una novela de sofisticación modesta pero bien llevada, amena y emocionante.

El ciclo está ambientado en una época particularmente convulsa de la historia polaca, el siglo XVII, cuando la denominada República de las Dos Naciones, un vasto estado que aglutinaba el Reino de Polonia y el Gran Ducado de Lituania y cuyo apogeo se verificó en las primeras décadas de dicha centuria, enfrentó una serie de amenazas desde dentro y fuera de sus fronteras. La primera de ellas fue la sublevación cosaca de 1648 en la provincia ucraniana, liderada por Bogdán Mielniski, atamán o comandante de las tropas cosacas que contó con el apoyo del Khan de Crimea y su temible caballería tártara; en esencia, una insurrección de soldados y campesinos contra la dominación polaca, de la que el Khan esperaba sacar tajada. (Cabe apuntar que las armas de la doble República incorporaban numerosos regimientos cosacos, buena parte de los cuales permanecieron leales al reino y combatieron contra los sublevados.) Esta es, justamente, la base histórica en que se sustenta la trama de A sangre y fuego, cuyo clímax lo representa el asedio a la ciudad fortificada de Zbaraj (1649). En las décadas siguientes sobrevendrán sendos ataques por parte de suecos y turcos, tema de las dos novelas siguientes.

Nada de sorprendente, la galería de personajes es predominantemente masculina. Desde ya se puede decir que la construcción de caracteres no es el punto más alto de la novela, pero este es un aspecto que en obras del género suele estar subordinado al entramado de los acontecimientos y el despliegue de la acción. También es cierto que los de A sangre y fuego cumplen sobradamente con las exigencias narrativas y en general resultan bastante simpáticos. Tenemos al protagonista, Juan Kretuski (es una pena que en la edición de Ciudadela Libros los nombres de pila aparezcan traducidos), teniente de húsares de noble cuna y viril estampa; dechado de virtudes marciales, es quien lleva a cabo las misiones más arriesgadas y el que nunca flaquea ante el enemigo. Favorito del príncipe Visnovieski, personaje histórico que defiende de la rebelión a la República (seguramente, muy idealizado por Sienkiewicz), en ambos se puede ver la encarnación del arquetipo de héroe con que el autor esperaba inspirar al pueblo polaco. Conforme a este parámetro, Kretuski es un soldado y un patriota cabal: consumido por el dolor a causa de los peligros que se ciernen sobre su amada, antepone empero sus obligaciones para con la patria amenazada y solo se lanza a la busca de Elena cuando aquellas lo liberan –apenas por instantes-. La guerra es su elemento y la defensa del honor patrio su causa suprema.

A Kretuski lo secundan Miguel Volodiovski, gallardo oficial y espadachín sin igual que languidece cuando no tiene ocasión de combatir (será el protagonista de Un héroe polaco); Longinos Podbipieta, hidalgo lituano de altura y fuerza desproporcionadas: es un casto varón y un espíritu simple, también un formidable guerrero que causa estragos con su descomunal espada de cruzado –herencia de sus antepasados-; y Zagloba, el tuerto, barbado y entrañable Zagloba: sin duda alguna, el más carismático de los personajes de la novela. Parlotero, bromista, tarambana y fanfarrón, fecundo en embustes y en ardides, Zagloba es un hidalgo ruteno entrado en años y en carnes pero todavía fuerte como un roble, provisto además de un corazón de oro; de buenas a primeras parece un tanto cobardón y es un hecho que prefiere la astucia a la mera fuerza bruta, pero bajo el apremio de las circunstancias se transfigura en león y acomete hazañas de las que ni él mismo se creía capaz –por si fuera poco, la suerte parece estar siempre de su lado-. Gusta de alardear de sus proezas, exagerándolas y pavoneándose al extremo de resultar cómico. Es justamente este personaje el que aporta la mayor dosis de humor a la novela, y si a esto añadimos su genuino candor y su predisposición a congeniar con las gentes del pueblo llano, participando feliz en sus francachelas, es candidato seguro a granjearse las simpatías del lector. (La dosis restante de humor proviene del joven Rendian, astuto y leal sirviente de Kretuski.) Estos personajes conforman un cuarteto de amigos de los inolvidables, el que inevitablemente recuerda a los cuatro mosqueteros de Dumas.
Muchos son los personajes de la novela, y entre ellos asoman los necesarios antagonistas. Está ciertamente Mielniski, líder histórico de la rebelión, retratado como un hombre valiente y ducho en artimañas; visto con distancia, no desmerece gran cosa frente a un Visnovieski pues parece el denodado paladín de una causa no menos patriótica que la de los polacos. Pero quien destaca sobre todos es el cosaco Bohun, hijo predilecto de la estepa; jefe militar de complexión hercúlea, célebre por su audacia y sus hazañas legendarias, su sola mención suscita temor no solo entre los polacos sino también entre tártaros y turcos. Viene a ser el rival de amores de Kretuski, aunque su origen oscuro y su carácter sombrío y turbulento lo tornen odioso a los ojos de la bella en cuestión, la princesa Elena Kurzevik. Y ya que estamos, es el turno de los personajes femeninos. Como en tantos otros casos, incluso tratándose de escritores mejores que Sienkiewicz, la imaginación del polaco se muestra limitada al momento de moldear sus personajes femeninos, contentándose con los estereotipos. Cuando no es una hermosísima y dulce doncella, encima huérfana –Elena-, la que interviene es una bruja malvada –tanto si es una avinagrada patricia, tía de Elena, como si es una hechicera de veras, cómplice de las maniobras de Bohun-, o bien la chica coqueta pero honesta en el fondo –Anita, damisela polaca de la que se enamora Podbipieta-. Sometidos a motivos característicos de la literatura de acción y de empaque épico –la rivalidad entre amantes, el rapto de la mujer, el reencuentro feliz-, los asuntos amorosos rezuman pureza y castidad. La fórmula está cantada: del encuentro inicial entre Elena y Kretuski, la desvalida joven de belleza prodigiosa y el apuesto caballero, solo podía surgir un amor espontáneo. Pero no es con los parámetros del siglo XXI que se debe apreciar la novela, obviamente, y la verdad es que no cuesta hacerse cómplice de escenas pletóricas de ingenuidad.
Sin ánimo de exagerar su valor, cabe afirmar que la de A sangre y fuego es una narrativa tan sobria como vigorosa, si acaso tópica en sus motivos, pero de lectura gozosa. No es poco decir.

Rodrigo

Henryk Sienkiewicz, A sangre y fuego
Ciudadela Libros, 
Madrid, 2007. 
421 pp.

03 febrero, 2013

JOHNSON & CHESTERTON


EL JUICIO DEL DR. JOHNSON
Comedia en tres actos
G.K. CHESTERTON
Trad.: Miguel Martínez-Lage
Ed. Sexto piso, 2008

En el prólogo a esta breve «comedia en tres actos» Chesterton insiste en lo ficticio e imaginario de la acción así como lo que allí se dice, aunque lo digan personajes que existieron, junto a otros que no. Es el espíritu de Johnson lo que permanece, y algunos detalles, como el viaje que realizó a las Hébridas, que tuvo lugar en 1773, y su amistad  con Boswell, que fue en realidad su biógrafo y amigo. También es real el personaje de John Wilkes (1725 —1797) periodista, político radical y parlamentario inglés, expulsado de la Cámara por difamar a Jorge III, de quien era opositor; y Edmund Burke (1729–1797), escritor y político, considerado el padre del conservadurismo liberal británico o viejos liberales (old whigs), en contraposición con los jóvenes liberales, (new whigs) que apoyaban la Revolución francesa. Pero el matrimonio de espías norteamericanos Mr. y Mrs. Swift es completamente imaginario, aunque encarna una cierta posición que Chesterton usa para enfrentar a Johnson y para situar el debate sobre la política, la moral y la condición humana.
En el primer acto, la pareja americana desembarca en las Hébridas con la idea de llegarse a Londres e investigar cuales son las posiciones de la Metrópoli con respecto a los nuevos estados americanos y la revolución francesa. Allí, curiosamente, se encuentran primero con un matrimonio escocés, gaita incluida, que les causa cierto estupor, y más tarde con Boswell y Johnson, a la sazón de turismo por aquellos lares. Los diálogos son jugosísimos y altamente cargados de ironía y dardos envenenados. En algunos momentos llegan a ser desternillantes, casi grouchianos.
En el segundo y tercer actos, la acción se desarrolla en Londres: primero un  encuentro en el salón de los Swift, en el que Wilkes coincide con Johnson y Boswell, además de la imaginaria marquesa de Montmarat; y en el último acto, los Swift, Johnson, y Burke cierran el discurso y se despiden. Hay párrafos sin desperdicio, como lo que Swift le dice a su esposa, tras contemplar, recién desembarcados, a la pareja escocesa, él tocando la gaita y la mujer afanándose en la cocina: «Ahí tienes una imagen perfecta del estado primitivo, que también llaman salvaje. El hombre habla a sus anchas mientras la mujer se ve obligada a realizar todos los trabajos serviles. He visto esa misma estampa en nuestros pieles rojas de la otra orilla». Lo curioso es que mientras Swift larga estas parrafadas a su mujer, es ella la que ha de preparar el té y bregar para encender el fuego. A Chesterton le encantan las paradojas.
En otra parte, dirigiéndose a la señora Swift, el Dr.Johnson defiende las formalidades: «la convención es civilización, señora, y no podemos prescindir de la cortesía sin perder humanidad» y ya que la señora parece inclinarse por una vida sencilla y sin complicaciones protocolarias, le replica el viejo Johnson «Señora mía, una vaca lleva una vida sencilla. No necesita más que hierba» a lo que protesta la señora Swift: «No será usted tan rudo que vaya a comparar a una dama con una vaca» «No, señora, ―contesta él―la compararé con un asno si le desagrada que se la trate con la debida civilidad».
En suma, una comedia plena de fino humor y filosofía,  como gustaba a Chesterton y como también le hubiera gustado a Johnson, cuyo espíritu flota sobre el texto como si realmente hubiera sido él el autor. Versan los acertados diálogos sobre la vida humana, sobre la política, sobre las costumbres y en fin, sobre lo que distingue civilización de barbarie. Imprescindible lectura para los amantes de la reflexión y del humor.
Dr. Samuel Johnson (Lichfield, 1709- Londres, 1784) es una de las figuras literarias más importantes de Inglaterra: poeta, ensayista, biógrafo, lexicógrafo, considerado por muchos como el mejor crítico literario en idioma inglés. De un gran talento y una prosa inigualable, era un anglicano devoto y políticamente conservador, un tory. Aunque apoyó la causa jacobita, terminó aceptado la sucesión hannoveriana para la época de Jorge III. Pero, por encima de todo, Johnson fue un pensador en extremo original e independiente durante toda su vida.
Gilbert Keith Chesterton (Londres, 1874 - Beaconsfield, 1936), escritor británico, ensayista, narrador, biógrafo,  poeta, periodista y viajero literario. Pasó del agnosticismo al anglicanismo y de ahí al catolicismo. Conflictivo, impetuoso, inquieto y contradictorio, creador del personaje del Padre Brown, al que dedicó muchas de sus novelas de intriga; impregna sus textos un humor que a veces resulta algo ácido, absurdo o incomprensible, pero que da un tono especial a sus obras.

Ariodante

01 febrero, 2013

ANDRES FERRER: SOÑANDO CON ÁRBOLES


ENTREVISTA A ANDRÉS FERRER TABERNER

AUTOR DEL LIBRO DE ÁRBOLES, NUBES Y SUEÑOS




Hoy os traigo una entrevista muy especial para mi. Una entrevista a un hombre entrañable, muy querido por quienes le conocen y están a su alrededor. Un caminante incansable, a la antigua usanza, con su mochila a la espalda y preparado siempre para recorrer nuevas sendas y disfrutar del paisaje que le rodea así como de las gentes con las que se para a habar y aprender algo de ellas, de sus costumbres, de su hospitalidad, de sus sueños.  

Andrés Ferrer Taberner ha realizado en solitario todos los caminos de España que van hacia Poniente. Caminante impenitente, el autor del libro De árboles, nubes y sueños. El caminar de un peregrino a Santiago ha participado y organizado ciclos culturales en la montaña, aunando el senderismo con el conocimiento, en línea con la Institución Libre de Enseñanza. Ha sido, además, profesor de Historia del Arte y se define como un «poeta del pensamiento libre, un gran observador y divulgador que investiga, explora y transmite con ilusión, describiendo todo aquello que ve, más allá de la mirada, convirtiendo al lector en compañero cómplice de sus andanzas entre nubes y montañas».

De árboles, nubes y sueños es una suerte de ‘road movie’ novelada, iconoclasta, irreverente, lírica, épica y libre como su autor. Difícil de clasificar, al no sujetarse a género alguno, salta de la historia a la comedia, de la geografía a la poesía y del arte al relato, pasando por el ensayo.


Sinopsis del libro:

Esta obra es capaz de sumergirnos en un relato que nos llevará a lugares y paisajes que sólo se pueden vivir andando, por el Camino de Santiago o por cualquier otro camino de la geografía de este país que se abra en el horizonte. Un caudal de experiencias viajeras desgranadas en una crónica de imágenes llenas de afectos y risas, esfuerzo y vida.
Es ésta una suerte de roadmovie novelada, iconoclasta, irreverente, lírica, épica y libro como su autor. Deliciosamente incorrecta y difícil de clasificar al no sujetarse a género alguno, más bien cimbrea, muta y salta, en insolente vodevil, desde la historia a la comedia, de la geografía a la poesía y del arte al relato pasando por el ensayo. Todo ello sin perder un ápice de interés para quien decida iniciar este gran viaje caminando.
De recomendable lectura para todo aquél que hizo, hace o hará el Camino de Santiago. Y especialmente para quien no quiere hacerlo sino desde su imaginación, un camino que le trasnportará a un espacio de emociones del que no deseará volver hasta no haber llegado al final.

 FICHA TÉCNICA:

Título: De árboles, nubes y sueños
Autor: Andrés Ferrer Taberner
Editorial: Carena Editors
Primera edición, 2012
Encuadernación rústica con solapas
Nº páginas: 368
ISBN: 9788492932573


 ENTREVISTA

Vamos a hablar con él de El Camino Francés. Sus experiencias vividas en ese largo trayecto hasta el Campus Stellae aparecen plasmadas en el libro del que hoy nos va a hablar. Al final de la entrevista escribiré una pequeña semblanza sobre esta ruta, la más antigua de las que conducen a los peregrinos que van a visitar al Apóstol Santiago.

1.-  De árboles, nubes y sueños. Es el título de su libro pero ¿pueden ser estas tres palabras el resumen de su experiencia tras haber hecho a pie el Camino de Santiago?

A. F. T.-Para mí desde luego. Cuando di con ellas y las combiné supe que resumían mi viaje y mi estado de animo en él. Tanto los árboles como las nubes y los sueños -los míos, naturalmente- fueron el hilo conductor de mi andadura. Los duendecillos que mantenían mi corazón e imaginación despiertos y atentos a los prodigios de un viaje tan increíble como es hacer el Camino de Santiago andando.

2.- Don Vicente Blasco Ibáñez era también un gran viajero. ¿Ha influido en su afición las impresiones que nos dejó plasmadas de sus viajes el gran escritor valenciano?

A. F. T.- No. Quien más ha influido en mí, en la manera de sentir el paisaje al menos, ha sido la generación del 98, muy especialmente Antonio Machado. En cuanto a mi forma de relacionarme con las personas a lo largo del Camino -tanto con mis compañeros como con los lugareños cuyo trato frecuentaba-, ha sido el cine de Luis García Berlanga el que me ha marcado su impronta desde la infancia. Ahí sí que me siento muy valenciano. En mi manera de relacionarme con el prójimo suelo echar mano de un análisis irónico crítico y cariñoso a la vez, rasgo berlanganiano como pocos. El humor es una herramienta muy útil para conocer de verdad a la gente. Y sobre todo a uno mismo.

3.- ¿Por qué eligió el Camino Francés?.

A. F. T.- Porque es la ruta jacobea por excelencia, tanto por razones históricas como culturales en general. Además del Camino Primitivo (el que parte de Oviedo), por supuesto.

4.- Se define su libro como una obra iconoclasta, irreverente, lírica y épica. ¿Su autor se puede definir también de esta forma?.

A. F. T.-Yo diría que sí. Tengo una visión sobre la vida muy poética e irónica a la vez. Tanto que puedo incurrir en algún que otro exceso al respecto.

5.- ¿El viajero mira el Camino de Santiago de una forma distinta al Peregrino?

A. F. T.- Sí. Su punto de vista es más amplio. El viajero tiene la obligación de aportar una visión más amplia y universal. Y sobre todo más literaria.

6.- Un viajero se fija en todo lo que ve. ¿Qué fue lo que más le llamó la atención a lo largo de su recorrido?

A. F. T.- Pues en el control casi absoluto que tiene el paisaje en el estado de ánimo. Pesa mucho en las alegrías o penas del caminante. Incluso modela el propio monólogo que interiormente va manteniendo éste en sus largos ratos de soledad.


7.- Dice del Camino de Santiago que es un espacio de emociones del que no deseará volver hasta no haber llegado al final. ¿Tiene tanto embrujo como para hacer que uno siga hasta el último kilómetro aunque le falten las fuerzas?

A. F. T.- Sí, porque es un espacio de plena libertad en donde el viajero se desplaza en tres direcciones a la vez: en el geográfico, en el temporal (recorrido histórico y artístico) y en el personal (a través de los propios sentimientos y pensamientos que el Camino le va despertando). Por tanto, el peregrino o caminante se sentirá impulsado por esa energía interna que alberga el ser humano cuando está motivado o ilusionado de verdad y que es capaz de abordar cualquier empresa. Porque al final el Camino de Santiago es un sueño que hacen realidad los pies a fuerza de voluntad y convencimiento. Si el caminante a Santiago goza de esa energía, una ampolla en el pie -por muy mala pinta que tenga- le dará risa, puesto que la verá como una simple burbuja de aire adherida a su piel. En cambio, si carece de ese impulso del que hablo, una ampolla se le antojará tan dramática como una gangrena gaseosa al menos. Y abandonará. Al final, como casi todo en la vida, es cuestión de carácter.

8.- Y la acogida al viajero ¿Varía mucho de una Comunidad a otra?.

A. F. T.- No noté diferencia alguna. España sigue siendo hospitalaria en cualquier rincón, sea jacobeo o no.

9. - ¿Qué sintió al llegar a la Plaza del Obradoiro?

A. F. T.- Lo mismo que se siente en una noche de amor largamente acariciada: Un gran subidón y a la vez una paz indecible. Y también ganas de repetir, claro.

10.- Lleva ya recorrido medio orbe a pie o en bici. ¿Aún le quedan fuerzas para seguir disfrutando de su gran afición?

A. F. T.- Bueno, lo de medio orbe es muy exagerado, ya quisiera yo. Lo que sí puedo decir es que cada paso dado por mis piernas ha sido a conciencia, sintiendo el camino tanto en mis pies como en mi mente y corazón; ese debe ser el poso de los viajes andando.

11.- Después de la experiencia de haber publicado De árboles, nubes y sueños piensa plasmar sus reflexiones sobre alguno de los viajes que realizó en algún otro libro?.

A. F. T.- Mi próximo libro será de relatos cortos. Pero seguro que en un futuro no muy lejano habrá otro de narrativa de viajes.

12.- Quiero agradecer a este viajero incansable el hecho de haberme permitido dar a conocer a los que visitan mi blog sus experiencias.

A F. T.- Soy yo el que le agradezco la oportunidad que me ha brindado aquí para hablar sobre mi libro

Francisco Portela.

Fuentes: www.libreríadesnivel.com, www.arteguías.com, prensa.SGAE.es wikipedia.





28 enero, 2013

MIRANDOSE AL ESPEJO


LOS ESPEJOS TURBIOS

RAFAEL MARÍN



Un asesinato, en pleno Cádiz, que no tiene misterio pues se sabe la autoría del mismo y sólo es preciso investigar el móvil y la identidad de la víctima. Será esa investigación la que marque el hilo argumental de la novela. Usando la técnica de novela policíaca tradicional a la que se han cambiado los elementos aunque en el fondo es el mismo juego.
En el prólogo se habla sobre un noir cañí, no estoy de acuerdo con ello, es un noir, eso sí, pero no cañí, más bien lo consideraría un noir gaditanni y de esa procedencia lo debe todo. Será una novela policíaca, negra o como se quiera, pero gaditana al máximo. La ciudad, los personajes, la propia idiosincrasia de su gente, su propia manera de pensar y sobre todo de actuar, incluso su humor que destila por toda la novela, todo es gaditano. Es más me recuerda a una frase de una bulería de un señor que en un Triptico Flamenco le dedicaba un LP a Cadiz y decía “esa gracia fina que tienen en Cai...”
Me sorprende encontrar a semejante autor, no había leído nada suyo, un pedazo de escritor, con todas las letras. Tiene un estilo muy propio, tan personal que es inconfundible, una magia muy propia para describir situaciones, una visión crítica de su entorno y una mirada muy aguda sobre el género humano, sirva como ejemplo:
“......no era una rebelde familiar porque el mundo la hubiera hecho así, sino porque quería hacerse un mundo de otra forma, y seguro que había aprendido pronto cuáles son los resortes que mueven ese mundo, tan sencillo como que todo pasa por la bragueta y por la entrepierna.” Pag. 192.
La novela tiene tintes muy clásicos, el autor parte de lo tradicional y luego lo pasa por el tamiz de su entorno, Cadiz y puro Cadiz, le suma otro poquillo de guasa de aquellos lares y para completarlo le añade esa mirada tan personal hacia todo y todos lo que nos rodean, dando un cóctel muy sugerente, plagado de diversión, pues no hay un momento que no te provoque una carcajada o una sonrisa, repleto de localismos, tan bien hechos y elaborados que las explicativas definiciones del final no son precisas, en lugar de excluir acaban por formar parte de tu vocabulario, de lo que doy fe personalmente.
Un buen ejemplo de esos toques clásicos con pizquita gaditana:

“Aprovechó entonces Torre para cambiarle el agua al canario y, en aquella postura, mirando la pared de cerámica con dibujitos de barcos y diosas griegas, un andoba se le acercó y le susurró al oído que tenía anfetas, coca, éxtasis y crack, que si le interesaba. Torre se subió la cremallera, se arremangó las mangas, se volvió hacia el nota y le dio dos hostias y lo tumbó de espaldas. Lo cogió en vilo, lo sentó en la taza de uno de los váters y le sacó de los bolsillos del chaqué las papelinas y pastillitas y las tiró por el desagüe. Luego se lavó las manos y lo dejó allí, con una mosqueta enorme en la nariz que le estaba poniendo perdida la camisa con chorreras, como si tuviera claveles brotándole a la altura del pecho. Normalmente a Torre le importaban tres carazos que la gente se drogara, se pinchara, se diera por el culo o se dedicara a coleccionar sellos, pero le entró de pronto esa picá, se le había acabado la paciencia, se le había puesto mala leche y no sabía por qué, exactamente.” Pag. 161.

La novela no sólo es divertida y está bien escrita, sino que es interesante por mucho de lo que dice. Una vez comienzas, en eso tienen razón en el prólogo, apenas puedes dejarla y la terminas si no de una sentada de dos.
La editorial Ajec no había hecho acto de presencia en el género policiaco y hay que darle la enhorabuena, porque es apuesta arriesgada, en busca de la calidad y sobre todo atrevida, no sólo por los tiempos que corren, sino por editar un libro que evidentemente gusta al editor. Algo que tiene mucho mérito. Su entreé en el género ha sido de categoría y le rogaría que prosiguiera editando este tipo de novelas y de esta forma, los amantes del género negro se lo agradecerán.
Recomiendo fervientemente esta novela. Es un soplo de aire fresco a la novela negra nacional, ya de por sí de alto nivel, y que esta obra lo eleva un poco más. No me hago a la idea de nadie que no sea capaz de disfrutar esta novela, es más, arriesgaría a decir que gustará a casi todo el mundo. No lo duden, recordarán esta novela si no por su contenido o por su trama sí por su sabor salino y el olor a Cádiz.
Ha sido todo un placer tener la posibilidad de reseñarla.


Sergio Torrijos


DATOS TÉCNICOS:
282 páginas
ISBN: 978-84-15156-45-13
 EDITORIAL: AJEC
Fecha de publicación:  2012



26 enero, 2013

TRONOS ARDIENTES


EL TRONO DE FUEGO

RICK RIORDAN

Dicen por ahí que las novelas juveniles son lo que son y ya está. Que no se les puede sacar ninguna chicha. Que solo ofrecen romances juveniles sin complejidad. Que es muy fácil escribir historias juveniles… Sin embargo, me alegro de que en el panorama literario aparezcan obras que demuestren todo lo contrario: que la novela juvenil es mucho más de lo que se puede llegar a creer, que no ofrecen solo romances juveniles, que no es sencillo escribirlas… A fin de cuentas, los jóvenes lectores son igual o más exigentes que los demás. Vamos, que de tontos no tienen un pelo, y también saben distinguir buenas y malas historias.
El Trono de Fuego es una de esas novelas juveniles que ofrece a sus lectores —tanto jóvenes como adultos— una historia maravillosa, mágica y entretenida, tal y como sucedía con su predecesora.
Carter y Sadie pertenecen a una familia de faraones (para los que han leído la anterior novela, seguro que los recuerdan) y dominan la magia. De nuevo, tienen una misión que cumplir, mucho más peligrosa que la anterior: deben despertar a Ra, el dios del sol, el más poderoso, para que Apofis —el dios del caos— no engulla el sol y el mundo acabe destruido, quedando oscuridad y más oscuridad. Para ello, solo disponen de un par de días, pero nadie sabe dónde se ocultó Ra a descansar. A todo esto hay que sumarle el hecho de que los dioses han formado dos bandos: los que quieren despertar a Ra y los que están en contra de ello. Sadie y Carter van a tener que superar muchas pruebas… ¿Lograrán despertar a Ra, el dios más poderoso?

Rick Riordan ha sabido combinar entretenimiento con mitología egipcia, algo que me parece muy satisfactorio y original, pues hasta ahora sí teníamos historias de magos en las que nos remontábamos a otras mitologías y religiones, pero no la egipcia, y lo cierto es que es muy interesante. De este modo, los lectores se verán atrapados en una historia llena de aventuras, magia, dioses egipcios y, también, amor. Una de las cosas que más me han gustado del libro es que al final se haya incluido un glosario en el que se explican una serie de palabras egipcias, así como los dioses y diosas que son mencionados a lo largo de la novela, con lo que el lector, si en alguna ocasión se pierde, puede acudir a él e informarse.
Otra cosa que también me ha gustado mucho es la forma de contar la historia. El autor ha utilizado la vieja estrategia del manuscrito encontrado, aunque adaptado a los nuevos tiempos: el texto se supone que es la transcripción de un archivo de audio. Esto hace que la narración gane verosimilitud y que, además, el lector se sienta apelado una y otra vez a lo largo de la historia por los dos personajes protagonistas.
También gustará mucho a los lectores el retrato que se hace de los dioses. Algunos de ellos parecen personas normales y corrientes, con sus caprichos y sus tonterías, tal y como sucede por ejemplo con Anubis, que estoy segura que será uno de los que más gustará a las jóvenes lectoras. Creo que Riordan mantiene durante toda la novela la coherencia y las historias de los dioses están introducidas en los momentos correspondientes, además de que se crea un argumento sólido e interesante.
No es extraño, por lo tanto, que Disney haya comprado los derechos cinematográficos de Las Crónicas de los Kane, así que, tal vez, dentro de poco podamos ver en pantalla a Sadie, Carter y los dioses luchando contra el caos.

Elena Montagud

Ficha técnica:
Título: El Trono de Fuego
Autor: Rick Riordan
Traducción: Manuel Viciano
Serie: Las Crónicas de los Kane
Editorial: Montena
Págs: 410




¡Sálvese quien pueda! - Andrés Oppenheimer

¡Sálvese quien pueda! El futuro del trabajo en la era de la robotización. Oppenheimer siempre me ha llamado la atención, si bien no he sid...