12 marzo, 2012

CON PUSHKIN EN LA INTIMIDAD


DIARIOS ÍNTIMOS
(1836-1837)
A.S. PUSHKIN
Traducción de Olga Volkonskaya
Prefacio de Mijail Armalinsky
Ilustraciones de A.S. Pushkin
Editorial Funambulista.

Magnífica traducción y cuidada presentación editorial, que incluye ilustraciones del propio Pushkin, es la obra presente. Reflexiones sobre el amor, la pasión, las relaciones con las mujeres -incluida su esposa-, así como su visión general de la vida, siempre a través del cristal del sexo, son el tema del  Diario Secreto. Escrito para no ser publicado hasta mucho después de su muerte, en sus páginas Pushkin se siente absolutamente libre y no pone freno a sus palabras. Abre su alma y su cuerpo al lector: desde crudas confesiones sobre su irrefrenable necesidad física de las mujeres, hasta detalladas descripciones del acto carnal que hubieran hecho sonrojar al propio Casanova, que era mucho más sugerente que explícito –quizás porque sus memorias sí estaban destinadas a publicarse en vida. Así como Tolstoi, en cuyos diarios de juventud plasma una vida turbulenta, se siente culpable ante su propio desenfreno, Pushkin, por el contrario, no sólo no se siente tal, sino que justifica su inevitable necesidad de sexo como una peculiaridad personal, alardeando de ello. Lo necesita, lo busca, lo desea: no puede evitarlo.
Únicamente le preocupa el honor, -tema recurrente en su obra, por otra parte-  es decir, el honor de su matrimonio: su esposa debe serle fiel, al menos en público. De ahí que llevase adelante el duelo fatal. D’Anthés, casado unas semanas antes con su cuñada Ekaterina, le provoca constantemente tratando de seducir a su esposa, y ésta le alienta con un coqueteo constante pero sin rendirse. Natalia parecía ser una mujer de pocas luces, aunque de una belleza esplendorosa. Y jugaba sus cartas: casó con Pushkin sin amor, para escapar de una familia problemática. Y se encontró con que el escritor era un sátiro, un hipersexual que no podía vivir sin practicar el sexo constantemente y con mujeres diferentes. Acabó acostumbrándose, pero usó la baza de los celos y la coquetería, en parte como venganza, en parte porque tampoco le amaba realmente. De hecho, le dio plena libertad para encelarse con sus hermanas, así como con prostitutas. Y Pushkin no necesitó más: las poseyó a todas.

Alexandr Sergeievich Pushkin (Moscú, 1799-San Petersburgo, 1837) poeta, dramaturgo y novelista, considerado como el padre de la moderna literatura rusa; nació en el seno de una familia noble, aunque por parte de madre descendía de un príncipe abisinio, esclavizado por los otomanos y llevado posteriormente a Rusia. Estas gotas de exotismo de algún modo se advertían en sus rasgos que él consideraba poco agraciados, y quizás aumentaron el ardor de su carácter apasionado. Pushkin fue un genio, un torbellino tanto en vida y en muerte, ya que murió a los 38 años, tras recibir un balazo en un duelo por salvaguardar su honor y la libertad de su modo de vida. Envidiado y odiado por muchos, ya que desde muy pronto destacó su producción literaria, poética, dramática y prosística, tuvo que soportar exilio, en Odessa y el Caúcaso, como un héroe romántico, ya que la sociedad no le deseaba en ella.
En 1831 se casa, casi por convención, con Natalia Goncharova, dama bellísima, no muy apasionada, pero generadora de pasiones, incluido el propio Zar, que la había sentado -apenas una niña- sobre sus rodillas y gracias a una oportuna intervención se quedó sin consumar lo que podría haber acabado con su virtud. Pero la coquetería de Natalia –quizás cansada de las constantes infidelidades de su marido, finalmente le lleva al duelo con un dandi francés que pone fin a su vida.
Seductor, sensual y apasionado, amante de la belleza como un artista del Renacimiento, su obra en su conjunto transita a caballo entre el romanticismo y el realismo, caracterizándose por una sucesión de contrastes y un juego con los diferentes puntos de vista. Tres elementos podrían considerarse como definitorios de su obra, mirada globalmente: la aproximación  historicista, la actitud social crítica y el enfoque psicológico. En el Diario, sin embargo, rezuma realismo por los cuatro costados. Realismo e incorrección política, diríamos ahora. Pushkin fue incorrecto políticamente desde que empezó a publicar, lo que le llevó al destierro  en 1820, con diecinueve años, por opiniones políticas liberales que disgustaron al zar, que a punto estuvo de enviarlo a Siberia aunque se contentó con el Cáucaso.
Al mismo tiempo, el Diario tiene profundísimas reflexiones sobre la vida, la muerte, el honor y el amor. Unas marcadamente románticas y otras de un realismo descarnado. Pero sus descripciones del sexo son ardorosas, detalladísimas y francamente perturbadoras por su sinceridad. Abre su alma y muestra su cuerpo como pocos hombres lo han hecho: dispuesto para la muerte, esperando el disparo fatal, escribe a corazón abierto. Las últimas páginas son dedicadas al tema del duelo, que ya veía como inevitable, y hasta lo deseaba: matar o morir, pero acabar aquel infierno en que se estaba hundiendo. Incluso llega a imaginar qué va a hacer su esposa tras su muerte, ¡y acierta! con una lucidez increíble.
Obra imprescindible para comprender el alma del gran escritor, e incluso diría más: el alma de un hombre, el alma de los hombres. Porque creo que  estas páginas resumen la esencia de lo masculino frente a lo femenino, la eterna batalla de los sexos, al margen de lo que entendemos por amor, que pertenece a otro nivel.

Ariodante







10 marzo, 2012

REINAS SUREÑAS


LA REINA DEL SUR
ARTURO PÉREZ-REVERTE

"Sonó el teléfono y supo que la iban a matar (...). Se quedó muy quieta, conteniendo el aliento como si la inmovilidad o el silencio pudieran cambiar el curso de lo que ya había ocurrido (...). En el estéreo del dormitorio, los Tigres del Norte cantaban historias de Camelia la Tejana. La traición y el contrabando, decían, son cosas incompartidas. Siempre temió aque tales canciones fueran presagios, y de pronto eran realidad oscura y amenaza. El Güero se había burlado de eso; pero aquel sonido le daba la razón a ella y se la quitaba al Güero. Le  quitaba la razón y varias cosas más".

Así comienza la historia de Teresa Mendoza, a la carrera. Una carrera que la aleja de su pareja, de su Culiacán querido, de Sinaloa. Pero una carrera que la convierte en un mito, en la Reina del Sur, en la más poderosa narcotraficante del sur de España. En Méjico, en España, todo el mundo habla de ella. Le dieron a elegir dos destinos y decidió instalarse en Melilla.
 
Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) fue reportero de guerra  durante veintiún años, de prensa, radio y televisión, vivió la mayor parte de los conflictos internacionales de las últimas dos décadas.  y es autor, entre otras novelas, de El húsar (1986), El maestro de esgrima (1988), La tabla de Flandes (1990), El club Dumas (1993), Territorio Comanche (1994), La piel del tambor, La carta esférica, La Reina del Sur, Cabo Trafalgar; Un día de cólera, El Asedio y de la serie histórica Las aventuras del capitán Alatriste. Es miembro de la Real Academia Española. Muchas de sus obras han sido llevadas al cine:  El maestro de esgrima, dirigida por Alberto Olea; La tabla de Flandes, por Jim McBride; La carta esférica, por Imanol Uribe; Territorio Comanche, por Gerardo Herrero, o Alatriste, dirigida por Agustín Díaz Yanes, entre otras.

Una mujer es la protagonista de La Reina del Sur. Su historia se va componiendo por el periodista que investiga a Teresa Mendoza, cuya fama era conocida a ambos lados del charco. Nos va poniendo sobre la pista de este personaje entrevistándose con toda aquella persona que hubiese tenido relación con ella. Nos cuenta la huida de La Mejicana, como se le conoce en ese mundo de las drogas y por la policía.

Llega a Melilla. Conoce al propietario de clubes nocturnos, Dris Larbi. Éste le ofrece un trabajo como camarera. Conocerá a Santiago Fisterra, piloto de planeadoras, dedicado al  tráfico de tabaco y estupefacientes. Le enseña todo lo que sabe pero en uno de sus viajes nocturos, son perseguidos y la lancha se estrella contra unas rocas. Santiago fallece y La Mejicana es llevada a prisión. Allí entabla relación con Patty, O´Farrell. Salen de prisión y se dedican al negocio de tráfico de drogas por el estrecho de Gibraltar. Es en la cárcel donde se empieza a fraguar la historia de La Reina del Sur. Pese a ser mujer, los hombres con los que tiene relación en este mundo de los narcos la respetan. Saben que es valiente, que no se amedrenta ante nada. Monta su imperio. Se relaciona con traficantes rusos, españoles. Tiene su propio código de honor. Código que le lleva a tomar decisiones difíciles. Pero si no tienes decisión te puedes encontrar en un gran aprieto. Y para eso ella tiene sangre fría. Sangre que le servirá para ser respetada, para ser rica y también para la venganza, una venganza que la llevará a su país a saldar viejas cuentas.

 Es la protagonista de una trepidante historia cargada de acción. Una acción que nos deja sin aliento. Vivimos cada momento, cada situación que en ella se relata. Nos sumergimos en un mundo que el escritor nos da a conocer. Un mundo que, por desgracia, en la realidad sí existe. Gente sin escrúpulos que se enriquecen a costa de la vida de otros. Hay un código a seguir y el que no cumple el código ya sabe lo que le pasa.

 Es una novela que no tiene desperdicio. Reverte, a la hora de trabajarse los capítulos no se anda con tapujos. Te invitar a pasar página tras página. Una obra llena de violencia, de amor, sexo, corrupción, de traiciones, asesinatos. Quizá el único pero de La Reina del Sur es el lenguaje que utiliza, porque la protagonista no renuncia a su origen mejicano y ella no lo olvida, por lo que los vocablos procedentes de su región de origen, Sinaloa, estarán siempre presentes. Pero eso no hace que el ritmo de la acción decaiga. Al contrario, nos entretiene y no decepciona en absoluto.

Galaico

Título: La Reina del Sur
Círculo de Lectores S. A.
Licencia editorial para Círculo de Lectores de Pequot S. L.
Nº. Páginas: 477
ISBN.: 8422697912

08 marzo, 2012

SEÑORES DE LA GUERRA GALAICOS


EL SEÑOR DE LORDEMANOS
MIGUEL ÁNGEL BADAL SALVADOR 
Año 1050. El territorio de Galicia se agita convulso ante la implacable amenaza que se cierne desde las aguas del norte, anunciando el albor del final de los tiempos. Sentado frente al pupitre en el que trabaja, el obispo Cresconio se debate entre turbadores pensamientos, aterrorizado ante la idea de que los paganos lordemanos puedan saquear toda su diócesis y profanar el santuario sagrado del apóstol Santiago. Condenado por Roma, sobre su cabeza pesa la idea de morir excomulgado y padecer eternamente los horrores del infierno; pero entre sus pensamientos se deslizan las evocaciones de otra época, un tiempo en el que la tierra carecía de rey y en el que él mismo hubo de empuñar la espada.

Hace un mes fui a Bibliocafé, lugar emblemático de Valencia donde los haya, a una presentación del libro que vengo a comentar. Hacía tiempo que tenía un poco abandonada la novela histórica, pues, tras un atracón de romanos, legiones, centuriones y demás acompañantes, había estado un tanto saturada y  había decidido tomarme un periodo de descanso. Pero como ya empezaba a echarla de menos, me dejé convencer por los dos escritores, presentador y presentado, y me hice con el libro. La verdad es que me apetecía, después de un largo paréntesis, volver al medievo en todas sus vertientes, historia, literatura, cine, música... Siempre voy por épocas. Nada más salir, casi antes de llegar a casa, empecé a leerlo. Pero hube de dejarlo unos días aparcado por motivos de trabajo acumulado. Cuando ya llegó el fin de semana y me encontré más libre me sumergí totalmente en su lectura. Han sido tres días arduos, ya que no es una novela para lectores poco experimentados, pero ha valido la pena, y aunque tiene, como la mayoría de las obras, luces y sombras, creo que las primeras son mucho más que las segundas.
Esta novela histórica, exquisitamente documentada y perfectamente escrita consigue, desde los primeros párrafos, sumergirnos totalmente en la Galicia medieval. No es una novela de fácil lectura, pues la ambientación, así como el léxico la hacen un poco costosa para quien no esté acostumbrado a modismos y vocabularios un tanto arcaicos, pero la fluidez del estilo del autor compensa esa dificultad. Para allanarnos aún más el camino, al final del libro hay unos apéndices que nos facilitan mucho la comprensión tanto del momento histórico como del vocabulario utilizado.
El personaje central, el eje en torno al cual gira toda la obra es el obispo Cresconio que nos va narrando en primera persona los sucesos que recuerda mientras escribe la crónica de lo acaecido. Este personaje, bien descrito, y bien retratado, aunque un poco esquemático, deja muy atrás en cuanto a personalidad al resto de los habitantes de aquellas tierras. Incluso el señor de Lordemanos, aquel que da nombre a la novela, se queda plano, casi anecdótico, en comparación. La forma de tratar a los personajes es uno de los puntos más débiles de la obra, ya que, el hecho de darles poco relieve, junto con la narración que alterna la primera persona cuando escribe lo que recuerda el monje, y en tercera persona cuando se narra la trama, nos recuerda más a una crónica que a una novela en sí. Esto, que para aquel que va buscando una novela de acción puede ser un defecto o un lastre, para aquel que disfruta con una buena recreación de un ambiente medieval y de la novelación de un hecho histórico es un punto a su favor.

En torno a este personaje se envuelve una trama que sirve para mostrarnos el tema principal de la novela: que la presencia de lordemanos, de los pueblos del norte en las costas cantábricas era mucho más frecuente de lo que la gente piensa. Pero entorno a esa presencia se teje con maestría un ambiente de miedo, casi de terror, de la gente que vivía en esas tierras, personificada por su obispo. Era miedo a los ataques de los lordemanos, y miedo a las incursiones de los sarracenos, miedo a las guerras intestinas de los barones en una tierra que al carecer de rey, carece de gobierno y de ley. Y además, es miedo al propagado fin del mundo, miedo al fin del milenio anunciado en las escrituras, que se palpa con todas las calamidades que acechan a la gente llana que sobrevive como puede. Y por parte del  obispo es miedo a morir en un momento en el que el amor por su tierra y su honestidad lo han llevado a la excomunión.

Ese ambiente amedrentado, oscuro y terrible es lo que Miguel Ángel sabe transmitirnos con fuerza, sabe hacer que nos sintamos transportados cuando nos acostumbramos al lenguaje y nos metemos en la piel del bueno del obispo. Esto lo consigue gracias a lo que para muchos será el mayor impedimento para disfrutar de esta novela: el lenguaje que utiliza. Este es arcaico sin resultar ininteligible, repleto de modismos y expresiones en desuso, pero que por el contexto se entiende en su mayor parte. En manos de alguien que lo utilizara con menos brillantez y acierto podría ser un punto muy negativo, pero en este caso solo hace que aumentar el valor literario de esta obra.

Otro punto que no acaba de convencerme, sin ser ningún defecto serio ni ningún impedimento para disfrutar de este libro, es el hecho de que, cuando el narrador cuenta la trama «actual» se retrotrae en demasía a los usos y modismos que está utilizando cuando la historia es narrada por el obispo Cresconio, habiendo muy poca diferenciación lingüística entre personaje y narrador, Creo que aquí, diferenciar un poco más el lenguaje, dejando el del obispo con todos sus modismos y arcaísmos y modernizar el del narrador, habría sido darle un punto más de agilidad a la lectura de la novela. A pesar de ello, la narración mantiene su coherencia y los diálogos quedan perfectamente encajados, sin resultar forzados, pero dando poco relieve a los personajes. Es esta una obra en la que las descripciones, controladas en su justa medida, la ambientación tan cuidada, y la documentación tan exhaustiva, priman en contra de una agilidad narrativa de la que adolece. A pesar de eso, la novela se estructura perfectamente en torno a la vida del monje y a la crónica que está redactando, pero creo que deja un poco de lado el que en principio debería ser el eje central y es el señorío vikingo de Lordemanos, aunque mantiene la tensión de una forma constante y adecuada.

Indicada sobre todo para un lector experimentado, que busca encontrarse con la historia a través de la literatura y que ya sabe a lo que va, puede ser considerado un libro un poco arduo por el lector medio que busca una novela de aventuras ambientada en el medievo.
Factores positivos que destacan: Su exquisita documentación y ambientación, y un gran dominio del lenguaje que hace que en cuanto se coja el ritmo se disfrute un montón de una prosa elegante y muy cuidada.
Factores negativos que observamos: la superficialidad de los personajes, que en su mayoría son meros comparsas siendo el obispo el único que destaca un poco más pero no lo suficiente para hacer que el lector sienta empatía con él.

En conclusión, es una novela histórica muy recomendable para los habituales del género, que nos muestra, con una prosa cuidada y muy bien escrita, (cosa muy de agradecer) una época poco explorada y rica en acontecimientos y en vivencias dignas de ser narradas. Yo he disfrutado mucho con ella, y pienso estar muy pendiente de las próximas obras de este autor novel.


Ángeles Pavía

Datos técnicos:
Título original: EL SEÑOR DE LORDEMANOS
Autor: Miguel Ángel Badal
Editorial: De librus tremens
 Nº de páginas: 294
Género: Novela histórica
ISBN : 978-84-15074-20-5



05 marzo, 2012

SABOREANDO MANZANAS


EL SABOR DE LAS PEPITAS DE MANZANA
KATHARINA HAGENA
(Der Geschmack von Apfelkernen)
Editorial Maeva, 2011

La abuela de Iris, Bertha, ha muerto. A la joven le sorprende que su abuela le haya dejado en herencia la vieja casa familiar en la que pasó gran parte de su infancia. Una casa que, para ella, contiene tanto recuerdos felices como tristes. Una casa en la que el aroma a manzana está muy presente debido a los manzanos que hay en el jardín.
Una vez en la casa, Iris empieza a recordar. Bertha tuvo 3 hijas: Christa, la mayor y madre de Iris; Inga una mujer bastante independiente, fotógrafa de profesión y Harriet la hermana pequeña marcada por la trágica muerte de su hija Rosmarie cuando era una adolescente. Ahora, Harriet se hace llamar Mohani y está metida en una secta. El entierro de la matriarca de la familia reúne a las tres hermanas de nuevo. 
Una vez transcurrido el funeral, Iris decide quedarse para poner en orden tanto la herencia de su abuela como sus recuerdos. Ella no puede evitar recordar su infancia y a su prima Rosmarie. También empieza a investigar el pasado de la familia. Iris contará con un apoyo importante: Max, un viejo amigo de la infancia hermano de Mira la amiga íntima de Rosmarie.
Recuerdos y hechos que no la dejarán indiferente lo mismo que al lector.

Llevaba ya tiempo detrás de esta novela y más tras leer la opinión que Laky hizo de ella tanto en su blog como en Ciao. Maeva tiene un gusto exquisito a la hora de editar sus novelas, generalmente la portada dice mucho de la historia que va a encontrarse el lector.

A mí siempre me ha llamado la atención esta portada tan clara, tan elegante y sencilla en la que destacan estas manzanas rojas. Por otro lado, el título de la novela también es de los que agradan y se quedan en el lector: "El sabor de las pepitas de manzana: Una casa heredada, un árbol y muchos recuerdos". Ingredientes que me hicieron pensar que no estaría nada mal esta novela.
Es la primera que leo de la autora alemana Katharina Hagena y no me extrña puesto que es la primera que edita. Una historia que, según reza la solapa de la novela, está teniendo mucho éxito.
 
A mí me ha gustado. Creo que es una historia que está muy bien escrita. En ella predominan los párrafos cortos intercalados con otros más largos. El hilo de la narración no se interrumpe y sabe mantener la atención del lector desde el principio hasta el final. Creo que la historia que nos narra logra enganchar. Además, la forma de escribir que tiene me parece correcta. Las descripciones que realiza te permiten meterte dentro de la historia y llegar a contemplar estos manzanos que había en el jardín de la casa, sentir su aroma y respirar este aire tan fresco que hay en el campo alemán.

También creo que los personajes están muy bien definidos y descritos. Me encanta que la protagonista, Iris, sea también bibliotecaria. Iris me parece una mujer decidida, segura de sí misma y dispuesta a mantener el legado que el deja su abuela. El apoyo que recibe de Max es importante aunque éste tenga un papel más secundario.
Rosmarie, aunque está muerta, tiene un papel destacado también. La intriga de su muerte le da mayor énfasis a la historia. Cuando empiezas a leerla te entran ganas de saber qué le ocurrió, cómo murió algo que no descubrirá el lector hasta que no llegue al final de la misma.
Otro personaje que me ha llamado la atención ha sido Mira, la amiga de la infancia, cuando Katharina Hagena la presenta al principio hace que te hagas una idea de ella que nada tiene que ver cuando llegas al final. Es otro personaje clave en la historia, muy bien logrado también.

El sabor de las pepitas de manzana es una novela agradable de leer. Es verdad que no es un novelón ni que pasará a formar parte de las mejores novelas del siglo XXI pero se deja leer y te deja una sensación muy agradable cuando la finalizas.  A mí me gustan este tipo de historias que te permiten desconectar del mundo real.


Ysabel

02 marzo, 2012

A SOLAS CON BOHUMIL HRABAL

una soledad demasiado ruidosa-bohumil hrabal-9788423333332
UNA SOLEDAD DEMASIADO RUIDOSA

BOHUMIL HRABAL
 Ed. Destino, 2001

Bohumil Hrabal es dueño de una voz propia en el mundo de la literatura contemporánea. Su gusto por temas de gran trascendencia se adereza con un estilo alegre y desenvuelto, protagonizado por personajes que escapan de la mediocridad gracias al exquisito trato que el autor les concede, nada de lo que hagan es visto con desagrado por Hrabal como ya vimos en Yo que he servido al Rey de Inglaterra y, por tanto, el lector se contagia de esa simpatía.
La vida del escritor checo fue una colección de trabajos variopintos hasta los años 50. La experiencia de estos primeros años de formación le sirvió de caldo de cultivo para muchos de sus textos entre los que se encuentra Una soledad muy ruidosa cuyo protagonista es el trabajador de una prensa de papel en un frío y húmedo sótano por cuyo techo caen desde la calle los papeles y libros, desechados por el mundo exterior, que deben ser prensados y empaquetados.
Estos libros son una de sus pequeñas ventanas al mundo. Cada día lleva a su casa algún ejemplar indultado y con él tapiza las paredes de su habitación, su salón e incluso su cuarto de baño, con riesgo continuo de desprendimientos. En ellos aprende las palabras de Jesucristo y Buda, Schiller y Kant o Goethe entre otros muchos. Como él mismo asegura, ha asimilado sus palabras hasta el punto de ser incapaz de reconocer cuáles son sus propios pensamientos, y así sufre inusitadas batallas mentales entre ideas contrapuestas y sus respectivos filósofos adalides. Éste es precisamente el ruido que inunda la soledad de este pequeño hombre.

Pero también hay vida fuera del sótano y de los libros, y así a veces visita a un tío suyo que, ya retirado de su trabajo en los ferrocarriles, ha instalado raíles, una pequeña estación y un tren en el terreno adyacente a su casa. Este entrañable personaje es la semblanza de un familiar de Hrabal con el que vivió durante el final de la Segunda Guerra Mundial y que trabajaba de guardavías de una pequeña estación y en el que se inspiró para escribir la que es quizá su obra más conocida, Trenes rigurosamente vigilados.
Al igual que su tío, cuando se retire del trabajo que ama por encima de todas las cosas, comprará la máquina de prensar (para ello ya está ahorrando) y la instalará en su propio jardín y, una vez al año, enseñara a sus vecinos los secretos del prensado del papel y les dejará hacer su propio fardo por un módico precio.
Otros personajes pueblan las páginas del libro ofreciendo ese fresco a medio camino entre una comedia amable y un amargo sabor que no sabemos de donde procede. Y es que, finalmente, la desgracia se precipita sobre nuestro hombre feliz. Ha oído hablar de una enorme prensadora de papel instalada en una ciudad cercana, capaz de hacer en un día el trabajo que una máquina como la suya hace en una semana.

Cuando decide visitar la máquina queda sorprendido, no sólo por su tamaño y eficiencia, sino por los propios trabajadores, jóvenes, limpios y ¡bebiendo leche en lugar de cerveza!. Incluso con vacaciones pagadas por el sindicato que les organiza viajes al extranjero, el último año a Grecia. Y comprende que él nunca ha disfrutado de un viaje al extranjero, conoce de Grecia a sus autores y sueña que podría acompañar al grupo y mostrarles las ruinas y los lugares en los que Platón y Sócrates ofrecían su sabiduría, o donde se representaban las obras de Sófocles. Pero nada de ello ha visto y sólo tiene sus libros y sus ideas. Y decide volver a su sótano, y rendir como estos jóvenes, abandonar la cerveza por la leche y trabajar a destajo. Pero ya es tarde, su jefe que nunca le ha respetado no aprecia su esfuerzo, le insulta y decide contratar a dos nuevos empleados relegándole a él a tareas de limpieza y al despido. Es el fin.
La prosa poética de Hrabal plantea en cierto modo el mismo problema que Alonso Quijano: la imposición de la literatura sobre la vida. El amor por las historias, por los libros, pero al tiempo, la imposibilidad de crear; el protagonista de Una soledad muy ruidosa no escribe, carece de originalidad y pensamiento propio, sorbido su seso. Sin lugar a dudas se trata de una maldición que muchos desearían disfrutar.
 Bohumil Hrabal (Brno, (Moravia28 de marzo de 1914 - Praga3 de febrero de 1997) fue un destacado novelista checo, entre cuyas obras destacan Trenes rigurosamente vigilados (1964), Yo, que he servido al rey de Inglaterra (1971) y Una soledad demasiado ruidosa (1977, en edición samizdat).


GWW

26 febrero, 2012

VÍCTOR HUGO Y EL TERROR


NOVENTA Y TRES – Victor Hugo

Transcurre en Francia el año de 1793. Es la hora del triunvirato Robespierre-Danton-Marat. En la Vendée, provincia ubicada al oeste del país -predominantemente agraria y un verdadero bastión del tradicionalismo-, se ha desatado una insurrección contra el gobierno revolucionario. Los intentos iniciales de sofocarla han fracasado y el alzamiento se extiende: es la guerra civil. En esta “hora de los sanguinarios”, “el terror replicaba al terror” (Hugo). Unos y otros –insurgentes y fuerzas republicanas- se destrozan sin perdón ni cuartel; nada, ciertamente, que desmienta la fama de crueldad extrema de las guerras civiles. En Noventa y tres tenemos una interesante reflexión acerca del período, escrita por uno de los maestros de la literatura decimonónica.

Novela publicada en 1874 y concebida como primera parte de un ciclo sobre la Revolución Francesa que no llegó a concretarse, Noventa y tres es la obra de un Victor Hugo (1802-1885) consolidado en su papel de paladín del republicanismo, además de hacer de monumento viviente de la literatura francesa. En ella, el célebre autor de Los miserables –entre muchas otras obras- se vale del referido marco histórico y de unos cuantos personajes ficticios (protagonistas de la novela) para delinear algunos de los dilemas planteados por la revolución y la política del terror. Dilemas cuya relevancia es, en lo que hace al fenómeno revolucionario, universal.
La trama se despliega al pulso de la actuación de tres personajes: Gauvain, joven comandante de tropas gubernamentales que ha repudiado su origen aristocrático y adherido, por convicción e idealismo, a la revolución; el anciano pero vigoroso marqués de Lantenac, pariente de Gauvain y, en tanto líder de fuerzas vandeanas, su enemigo (cierta prueba de ferocidad del marqués hace decir a un personaje que “La Vendée tiene un jefe”; esto es, uno a la altura de las circunstancias: implacable y brutal); finalmente, Cimourdain, ex sacerdote devenido partidario del ideal revolucionario, inexorable y glacial en su cometido: es, al decir de Hugo, “el espantoso hombre justo”. Convencido de la necesidad de aplastar la insurrección (“Si la Revolución muere, será por la Vendée”, llega a afirmar), Cimourdain es designado comisario plenipotenciario del Comité de Salvación Pública para la guerra vandeana, lo que lo conduce a Gauvain, comandante de la columna expedicionaria que hostiga a Lantenac. Da la casualidad de que Cimourdain conoce a ambos jefes en liza: desempeñó otrora labores sacerdotales en casa del marqués y fue tutor del pequeño vizconde de Gauvain. En realidad, fue él quien sembró en el alma del joven su virtud republicana, y aunque han dejado de verse por mucho tiempo, se profesan uno a otro el afecto de un padre y un hijo.
Conforme progresa la narración se dilucida su conflicto medular, a saber: el problema de la clemencia en medio de una crisis de proporciones, tal que el axioma de ‘a grandes males, grandes remedios’ parece ofrecer la única alternativa seria y la clemencia convertirse en estorbo, haciendo del indulgente un irresponsable, cuando no un criminal. Lantenac y Cimourdain se merecen en cuanto a ferocidad; ambos están dispuestos a arrasar con todo lo que se oponga a sus respectivos designios: exterminar la revolución para restaurar la monarquía, en el caso del marqués; aniquilar a la contrarrevolución, en el del ex sacerdote. En ambos hay el mismo desprecio de la clemencia, en el convencimiento de que, cuando están en juego causas tan cruciales como las que ellos defienden, la misericordia para con el enemigo o el traidor sólo puede ser negligencia o, peor aun, otra forma de traición; un crimen imperdonable. Gauvain, en cambio, está hecho de otro material. Venera la revolución y la sirve con fervor, pero su fibra moral propende a la indulgencia.No ve, por ejemplo, en la matanza de prisioneros o de religiosos un favor a su ideal ni un servicio a la república, sino el peor modo de desacreditarlos. Así como el viejo Cimourdain representa la República implacable, su ex discípulo representa la República clemente. Gauvain considera los principios supremos de la revolución como dogmas de paz y armonía; si se quiere conquistar a los pueblos para la república universal, nada más contraproducente que asustarlos. “No hay que hacer el mal para hacer el bien. No se derriba el trono para dejar en pie el patíbulo”, asegura. Es un soldado para el que no tiene sentido vencer si no se puede perdonar. En la guerra vandeana, pues, estos jefes de las fuerzas republicanas –militar uno, Gauvain, político el otro, Cimourdain- personifican modos contrapuestos de entender la revolución y los medios de los que ella deba valerse ante quienes se le oponen. El conflicto es latente, y el logro de su objetivo, la derrota y captura de Lantenac, será la causa de su estallido.
Cimourdain tiene órdenes de matar al marqués; son órdenes que repugnan a Gauvain. Lantenac tuvo oportunidad de huir, pero ha preferido arriesgar su vida salvando a unos niños en peligro de muerte, los mismos que había secuestrado y con los que había pretendido chantajear a sus enemigos; el propio marqués ha cedido al llamado de la compasión. La conciencia de Gauvain se debate entre el deber moral que lo conmina a la piedad y el deber de lealtad y obediencia a la república y la revolución. Pero también se juega su modo de comprender el servicio a ambas; modo afecto a la bondad y la indulgencia.
Gauvain, enfrentado a este problema, obra según le dicta su conciencia aun a riesgo de hacerse reo del crimen de traición. No intenta huir ni pide clemencia para sí, pues entiende que ha infringido la ley. Es Cimourdain quien debe juzgarlo, con lo que se ve expuesto al problema de condenar a muerte a quien ama como a un hijo. En su mano está exonerarlo del patíbulo -no le faltan razones bien fundadas-. ¿Debe llevar al extremo su obediencia irrestricta al deber? ¿Qué Patria es ésta que se funda en la negación de la clemencia? ¿Se impone en todos los casos el deber legal al deber moral?
La novela da cuenta todo lo expresamente posible de la admiración de Hugo por la revolución. No niega sus errores ni sus horrores, pero sí está dispuesto a justificarlos (a cuenta del ideario democrático y republicano legado por el movimiento). En el balance de los beligerantes en el conflicto vandeano se decanta claramente por el bando revolucionario; esto al extremo de presentar dicha guerra como una confrontación entre el boscaje y el pantano provincianos, de un lado, y París (el del Comité de Salud Pública, de la Convención y de la guillotina), del otro. Confrontación entre campesinos y patriotas; entre Región y Patria; entre barbarie y civilización. Para mayor abultamiento, Hugo contrasta la insurgencia del montañés suizo (la de que tuvo por referente a Guillermo Tell) con la del campesino vandeano, declarando que mientras el primero combate por un ideal, el segundo lo hace por prejuicios; si el suizo lucha por la libertad y la comuna, el vandeano lo hace en nombre del aislamiento y de la parroquia. Afirma el escritor lo siguiente: “Las ideas generales odiadas por las ideas parciales es lo que constituye la lucha por el progreso”. La insurrección vandeana, en concepto del autor, no es más que la reacción de una idea local contra una idea universal.

Hugo hace gala de una buena dosis de fatalismo o determinismo geográfico. Atribuye justamente el triunfo de la rebelión suiza –rebelión de las montañas- y el fracaso de la rebelión vandeana –rebelión de los bosques- a “la influencia fatal del medio ambiente”. Según el novelista, “los países libres tienen Apeninos, Alpes, Pirineos, un Olimpo. [...] Grecia, España, Italia, Helvecia, tienen como figura la montaña; Cimeria, Germania o Bretaña, el bosque. El bosque es bárbaro”. En temeraria metáfora, Hugo sostiene que “la educación no es la misma si está hecha para las cumbres o para los bajos fondos”.
Visto el carácter ideológico de la novela, la construcción de personajes adolece de cierto esquematismo. No es que parezcan autómatas: aun los antipáticos Cimourdain y Lantenac exhalan algo de calidez humana, y Hugo se demora cuidadosamente en la caracterización de los protagonistas; pero importan menos como individuos imaginados que como portavoces de ideas. La obra carga con el lenguaje ampuloso e imponente al que era aficionado Hugo, sobre todo en los pasajes descriptivos y reflexivos. Los diálogos, a la par que abundantes, son chispeantes y acerados como si se tratase de duelos de espadachines; también son enfáticos y muy teatrales. Todo está concebido para impresionar al lector, incluyendo el dramatismo de la acción, poblada como está de giros sensacionales. Pero, a mi entender, nada más impactante que el dejo de simplismo que impregna las ideas del autor. La revolución francesa es en sí un tema conflictivo que difícilmente admite juicios unívocos. También exige hacer los distingos correspondientes (creo que 1789 no es lo mismo que 1793, por ejemplo).
Me ha parecido, en suma, una novela inquietante. Y estimulante.

Rodrigo

- Victor Hugo, Noventa y tres. Losada, Buenos Aires, 2007. Traducción de Luis Echávarri. 439 pp.

23 febrero, 2012

VAGABUNDEANDO CON G. HAEFS


CUENTOS VAGABUNDOS
GISBERT HAEFS
Evohé Narrativa

 Gisbert Haefs (Wachtendonk, Renania, 1950), autor, traductor y editor germánico, realizó sus estudios de filología inglesa y española en la Universidad de Bonn. Como él mismo cuenta en una entrevista, he nacido en una familia católica, pasando mis años de escuela en un colegio de jesuitas – me había costado bastante trabajo ganarme la libertad intelectual, y después de luchar contra el adoctrinamiento cristiano, no me apetecía dejar mi cerebro a los marxistas, sino pensar por cuenta propia. Entonces, la filología y la literatura  fueron su elección universitaria. Ha trabajado como traductor independiente y más tarde como traductor y editor en alemán de diversos autores como Bioy Casares, Borges, Kipling,  Conan Doyle, Chesterton, Mark Twain o incluso Bob Dylan y Brassens, ya que también, como un virtuoso renacentista, le interesa la poesía y la música, habiendo publicado en 1981 unos Cantos Grotescos, canciones que compuso, interpretó y editó en disco.
En España conocemos más su vertiente como autor de ensayo y novela histórica, pero hay otros aspectos de su amplia obra literaria que se nos muestran ahora, en esta compilación de cuentos que presentamos aquí. Y nos sorprendemos al descubrir casi a un autor desconocido, nuevo, distinto y muy atractivo. Siempre se ha dicho que es más difícil escribir un buen relato que una buena novela, porque ha de concentrarse en un breve espacio y ha de atraer y atrapar al lector para dejarlo satisfecho a su final. En España no hay demasiada tradición de relato, pero creo que precisamente por ello, podemos augurar que estas historias van a encontrar una acogida en hambrientos lectores de un género no muy abundante por estos lares.

En estos dieciocho cuentos, de muy diversa factura, obras que ya han sido publicadas en Alemania anteriormente y de donde algunos personajes han sido recogidos en obras posteriores, encontramos un nexo de unión, vago, sutil y vaporoso: la inquietud y el desasosiego. Son narraciones inquietantes, ciertamente. Porque descubren tras una fachada de cotidianeidad, en algunos casos, o de normalidad, un mundo oscuro, agazapado cual monstruosa criatura a la espera de ser liberada.
No es casualidad que Haefs haya traducido a Conan Doyle o a Kipling, o a Bioy Casares y a Borges, todos ellos con una faceta inquietante en sus obras. Traducir es como recrear una obra, recrear a un autor. Un buen traductor ha de meterse en la piel del autor al que traduce y adivinar qué ha querido decir;  qué y cómo lo dice, realmente. Y en esa empresa ha de haber una simbiosis, una interrelación entre ambos. Leer entre líneas antes de verter al otro idioma, finalmente, la obra ajena, que, en una pequeña pero importante parte, el traductor hace propia, le impregna.

El espíritu de Kipling sobrevuela muchos de estos relatos. También descubrimos un humor muy especial, muy borgeano, una mezcla de inquietud y de goticismo, como en Monstruo o El anatomista azul. Clima onírico, impactante, en El fin de Jürgen Soberg. Hay en algunos una cierta intención de sátira muy fina, de paradoja, como en la Parábola con varios conocidos. Errores y virutas toca el tema de las sectas pseudorreligiosas, que es reiterativo en varios relatos, como En la frontera.

Algunas narraciones se enmarcan dentro del más puro estilo de la novela policíaca, siendo altamente destacable El triunvirato, que me parece de una estructura y elaboración redonda (a pesar de ser triangular), y en menor grado, Matzbach y un par de buenistas, de la que destacaría este párrafo: “Quien pone eufemismos en circulación, cambia el lenguaje, cambia el contenido de las palabras para mejorar el mundo conforme a su modelo, acaba llamando, probablemente pronto, “auto de fe” a la quema de herejes y “limpieza étnica” o, por qué no, “purificación religiosa de la población”, al genocidio.
Otras, como Un feliz acontecimiento o como, sobre todo Ángel en la penumbra, a pesar de su apariencia de dirty realism, contiene diversas connotaciones, absolutamente terribles: el amor/odio al héroe, el repudio a los que nos protegen pero que necesitamos, a la inevitable herencia paterna, la mediocridad que no soporta al diferente, al que ayuda, precisamente porque se le necesita, el resentimiento contra todo ello, ...son  relatos parabólicos, que lanzan una potente carga de profundidad contra una sociedad en franca decadencia, y algunos dejan un regusto de amargura, como el de Retorno al hogar, que es mucho más dramático y parece un mal sueño. Tanto el comienzo, con El testigo,  como el final del libro, con Los dones de los tres reyes, tienen un marco de tema histórico judeocristiano, romano y, si se quiere, religioso. Y ambos son muy curiosos y con un toque de humor muy especial, francamente divertido.
 Sin embargo, se echa de menos al final de cada relato, la fecha en que fue escrito, que consideramos un dato más para ubicarlos, así como su título original. Tampoco una introducción o breve prólogo sobre la obra del autor  hubiera sido desdeñable, al ser una colección de cuentos tan variopinta, y tan diferente a lo ya conocido de Haefs en España. Vaya, de todas formas, nuestra enhorabuena a Evohé por esta nueva publicación, que nos muestra otra cara de un autor que tiene aún mucho que contarnos.


Ariodante



20 febrero, 2012

24 HORAS CON ZWEIG

Aprovechando que  el próximo día 22 de febrero es el 70 aniversario de Stefan Zweig:

VEINTICUATRO HORAS EN LA VIDA DE UNA MUJER

STEFAN ZWEIG


«Sólo un libro que se mantiene siempre, página tras página sobre su nivel y que arrastra al lector hasta la última línea sin dejarle tomar aliento, me proporciona un perfecto deleite.» Stefan Zweig. Estas palabras que dice el autor sobre lo que debe de ser un libro para  un lector es lo que, realmente, me pasó al leer Veinticuatro horas en la vida de una mujer porque esta pequeña pero gran novela de poco más de cien páginas atrapa a uno toda ella de principio a fin, leyéndola con ansiedad, pues se está ávido de conocer cuáles fueron las causas que originaron el lamentable suceso que desconcertó a los huéspedes de la pensión de la Riviera, que en ella pasaban unos días de apacible descanso. El tema que alteró la tranquilidad de los comensales fue un deplorable incidente que afectó a la sensibilidad de los inquilinos del «Palace Hotel», al que era anexo la pensión antes citada, pues se unía a él a través de un jardín y los residentes en uno y  otro edificio podían mezclarse sin problema alguno.

Incidente narrado en primera persona porque quien esto nos cuenta era uno de esos contertulios, causante, además de que la discusión fuera en aumento. Ese acaloramiento fue ocasionado por las diferencias que había entre unos y otros a cerca del acontecimiento en cuestión. Y lo que había sucedido era que, ya bien entrada la tarde, un rico comerciante de Lyon buscaba desesperadamente a su esposa. Todos estaban realmente asustados ante la desesperación de este hombre, pues dada la tardanza de la señora Henriette, que así se llamaba la mujer, algunos se temían lo peor. Pero una criada del Palace encuentra una carta y se la entrega. Al leerla el hombre se derrumba. Todos se dan cuenta del motivo de la desaparición y abandonan al comerciante en su abatimiento. La condesa que presidía la reunión de los tertulianos le cuenta su historia al narrador para que así comprenda cuál es su punto de vista sobre lo ocurrido y le hace ver, de esta manera, que comparte con él su misma opinión. 

 
Stefan Zweig (Viena, 1881- Petrópolis, Brasil, 1942) es el autor de este atractivo relato.   Su declarado antibelicismo hace que se exilie en Zurcích (Suiza).  Escribe historias noveladas como Erasmo de Rotterdam o María Estuardo así como ensayos históricos y literarios como Verlaine, Tres maestros (Balzac, Dickens y Dostoievski) o biografías como la de María Antonieta, adaptada al cine. Escribe libretos de óperas. Luchó toda su vida por la ciudadanía del mundo y por la paz y fraternidad humana.  Se suicida en Brasil, junto con su segunda esposa. 

El autor describe con maestría y un lenguaje sencillo pero efectivo las pasiones humanas. En la época en que se desarrolla esta historia priman las apariencias porque si una persona, sobre todo una mujer, se aparta de la moralidad que le tocó vivir será criticada quedando marcada para siempre por el «qué dirán». Dominaban los prejuicios sociales sobre todo lo demás pues las disputas que refleja en la novela es si lo que hizo Henriette está bien o mal. Utiliza incluso el francés para referirse a términos relacionados con el amor o el juego y  el inglés en un pequeño diálogo entre el narrador y la condesa, todo ello aclarado con notas del traductor.

Es una obra que recomiendo por su fácil lectura y destacaría sobre todo cómo se puede conocer a una persona sin mirarle a la cara por los gestos que la misma hace con las manos sobre el tapete del juego, utilizando la protagonista la técnica de la quiromancia.

Galaico
 
Ficha técnica:

VEINTICUATRO HORAS EN LA VIDA DE UNA MUJER
STEFAN ZWEIG
Título original: Vierundwanzig studen aus dem leben einer frau
Traducción: María Daniela Landa
Portada de J. Palet
ED.PLAZA & JANES, S. A. 1969


16 febrero, 2012

SACKS EN MARTE


un antropologo en marte-oliver sacks-9788433905406UN ANTROPÓLOGO EN MARTE
OLIVER SACKS. Anagrama, 2006

Como un antropólogo en Marte es como describe su experiencia de la vida Temple, la autista del último capítulo de este libro de Oliver Sacks. Temple es un ejemplo de autista altamente funcional que ha superado gracias, entre otras cosas, al lenguaje y su esfuerzo denodado, la terrible triple carencia que asfixia a otros autistas (carencias sociales, comunicativas e imaginativas). Ha logrado desarrollar una brillante carrera profesional a través de su trabajo de investigación en materia de ganado, convirtiéndose en asesora de numerosos proyectos pioneros en todo el mundo, dando clases en la Universidad, escribiendo innumerables ensayos, dando conferencias y dedicando el tiempo que le queda a estudiar el fenómeno del autismo, a escribir sobre él (su libro más importante al respecto es su propia autobiografía) y dar charlas sobre el autismo. Pese a este tremendo éxito, Temple vive incapaz de asumir los sentimientos ajenos, no maneja correctamente el lenguaje irónico, no es capaz de valorar conceptos como "espiritualidad, belleza, amor".
Ha creado una fachada que le permite pasar por uno más, a costa del tremendo esfuerzo de "aprender" comportamientos sociales que observa e imita. Esta extrañeza ante el mundo es lo que la convierte en un antropólogo en Marte.
En la misma situación se encuentra el autor, Oliver Sacks que contempla y nos relata con asombroso y cariño las tremendas historias que conforman este volumen y que, al igual que ocurre en El hombre que confundía a su mujer con un sombrero, nos enfrentan a un mundo sobrecogedor del que apenas podemos atisbar una sombra gracias a divulgadores como Sacks.
Las historias de Un antropólogo en Marte vuelven a recoger casos clínicos realmente sorprendentes sin perder nunca la perspectiva humana. El autor acude a casa de los protagonistas, convive con ellos y de ellos aprende que, en muchas ocasiones, lo que parece una grave "deficiencia" no es más que una forma diferente de ser, de comprender o percibir el mundo. ¿De poder superar el autismo, Temple aceptaría la propuesta? La respuesta clara y directa de la bióloga es inmediata: No. No está dispuesta a renunciar a las “ventajas” de su autismo (capacidad de análisis, dedicación a su trabajo, pensamiento visual, retentiva, etc) a cambio de unas aptitudes que parece no necesitar.
Paradójico resulta también el caso del pintor que, tras un leve accidente de tráfico, pierde la percepción del color. Este pintor, cuya obra se basaba en el extenso uso de colores brillantes, reconstruye su vida y obra, sobre el blanco y negro. Sus cuadros ganan fuerza y expresividad y su ambiente social pasa a ser el nocturno dado que la luz del sol le molesta y dificulta la visión. El proceso de adaptación a las nuevas circunstancias es largo y no está exento de dificultades, de pruebas y errores, pero finalmente le conduce a un nuevo equilibrio que le permite sacar partido a una grave incapacidad. ¿Cabe definir su percepción como atrofiada o anormal?¿Desearía volver a ver el color? Nuevamente la respuesta es clara: No.
Otro pintor en apuros es Magnani quien abandonó de niño el pueblo de la Toscana en el que había nacido y en el que su padre había fallecido dejando a su madre abandonada con todos sus hijos por criar. Magnani "congeló" el pueblo de su infancia y lo guardó en su memoria tal cuál quedó a finales de los años 40 con una precisión tal que sus cuadros (cuyo único tema es Pontito) pueden ser vistos como fotografías, reproduciendo detalles nimios con fiel precisión. Su cerebro "vive" en Pontito de modo que, cuando está ante un lienzo, incluso gira la cabeza para poder ver lo que hay a los lados del camino que está pintando. Magnani hace girar toda su vida sobre Pontito al igual que hace su obra pese a no haberlo visitado en decenios. Cuando finalmente acude al pueblo en dos ocasiones, sufre un choque tremendo dado que el pueblo ha seguido el curso de la historia, a diferencia de lo que ocurre con los cuadros que lo representan, y la realidad lucha por abrirse paso. Después de un parón en su obra, Magnani vuelve a pintar como lo hacía antes, añadiendo algún nuevo detalle que ha visto en sus visitas (por ejemplo una antena de televisión, un poste de electricidad) pero dejando la esencia de "su pueblo" intacta, su cerebro se ha impuesto a la realidad.
El último hippie es incapaz de vivir más allá de los primeros años 70, su mundo quedó congelado en aquella época en la que comenzaron sus mareos y fiebres y en que los Grateful Dead eran el grupo de moda en la Costa Oeste con todos sus miembros al completo, mientras para el resto del mundo son recuerdo de una época muerta, al igual que varios de sus integrantes. Greg parece comportarse como las personas lobotomizadas de los años 40 y 50, sin impulsos propios, totalmente ausente y pasivo. Sin embargo, al primer estímulo (unas palabras que se le dirijan, música que suene al fondo de la sala) se convierte en una persona expansiva, atenta y conversadora, aunque anclada en los 70. ¿Sería más feliz en su vida sabiendo que los Dead dejaron de ser lo que representaron para él? Greg no está en disposición de contestar por sí mismo a esta pregunta pero adivinamos la respuesta.
Bennet padece el síndrome de Tourette, una afección neurológica que reduce al individuo a una serie de tics gestuales, orales y de todo tipo que parecen hacer imposible una vida sosegada. Sin embargo, Bennett está felizmente casado, conduce un coche, pilota una pequeña avioneta, da clases en la universidad local y es el cirujano de mayor prestigio en todo su hospital. En las reuniones semanales con sus colegas alarga los brazos hacia el techo, estira las piernas de manera compulsiva, lleva la cabeza hacia el suelo mientras sus hombros se agitan pero su opinión es respetada y nadie parece sorprenderse de su comportamiento. Para poder estudiar y preparar las operaciones más complejas debe consultar sus libros de medicina sentado en una bicicleta estática preparada a tal efecto mientras fuma en pipa. La realización de movimientos mecánicos y rítmicos parece concederle un poco de paz para poder leer sin que su cabeza salte a otra parte. ¿Renunciaría a todo lo que ha conseguido a cambio de perder esas "pequeñas rarezas" como las define su feliz esposa? Seguramente no.

La adaptación no siempre resulta feliz y en ocasiones fracasa. Virgil fue operado de cataratas con más de 40 años tras haber vivido sin visión prácticamente desde los 6 años. Su vida era estable, a punto de casarse, trabajaba como masajista para la YMCA que, al tiempo, le facilitaba una casa, había aprendido a leer en Braille y era autónomo. Su cerebro había hiperdesarrollado el tacto ocupando parte de las zonas que correspondían a la visión. Tras las operación Virgil no logró ver correctamente ni dar coherencia al mundo que se le presentaba ante sus ojos. Incapaz de comprender que la conjunción de dos ojos, una nariz y una boca eran una cara, o de tener una visión tridimensional que le permitiera distinguir qué objeto está cerca, cuál lejos, etc, acabó retornando a su mundo de tinieblas con graves problemas de autoestima y una creciente frustración. Problemas de salud previos (peso excesivo, presión arterial, ...) agravados por su desánimo acabaron por poner punto y final a su vida sin que su cerebro pudiera "recuperarse" de los años que había vivido ciego.
El cerebro es en ocasiones capaz de utilizar sus recursos libres concentrándolos en una determinada aptitud. La capacidad memorística o la habilidad de cálculo más prodigiosa son características comunes a muchos savants generalmente despreciados como espectáculos circenses. Stephen es un niño incapaz de comunicarse pero con unas dotes especiales para el dibujo que suscita interés y se ve alentado a desarrollar una brillante carrera con la publicación de varios libros de dibujos y viajes alrededor del mundo en busca de temas para sus ilustraciones. Stephen es capaz de "atrapar" el estilo de Matisse y hacerlo suyo. No copia los originales, asume su estilo y le agrega el suyo propio. Incluso se aprecia cierta ironía en sus retratos que, sin embargo, no es capaz de transmitir en su vida cotidiana, circunscrito a su condición de adolescente asocial con los conflictos y represiones que ello supone. ¿Tiene capacidad de empatizar o de sentir apego por las personas? ¿Siente verdadero aprecio por quienes se esfuerzan por atenderle?¿El contacto social podrá modelar su cerebro para dotarle de cierta capacidad de sentimientos?

Éstas son las historias que nos presenta Sacks y éstas las cuestiones a las que, en ocasiones responde, y en otras deja para futuras investigaciones o para la simple especulación. Una idea subyace, nuestra concepción de integridad y plenitud, de normalidad, determinan lo que, a sensu contrario, es anormal o deficiente. Los personajes de este libro nos hacen ver que no ser réplicas de nuestro modelo no las hace imperfectas, minusválidas o incapaces. Como un antropólogo, deberíamos abstenernos de juzgar con nuestros prejuicios y etnocentrismo. Este libro es un estupendo antídoto contra esa amenaza y un ejercicio para conocer mejor a nuestros semejantes o a nosotros mismos.

GWW

11 febrero, 2012

CARPENTIER EN SU REINO


EL REINO DE ESTE MUNDO
ALEJO CARPENTIER
(Varias Ediciones)
El reino de este mundo’ es una novela que evoluciona sobre un trasfondo histórico dado por los orígenes de la República de Haití, en el que intervienen personajes como los caudillos Mackandal y Henri Christophe, Paulina Bonaparte y su marido el general Leclerc. El autor, el cubano Alejo Carpentier (1904-1980), se sirvió de tales materiales históricos para ilustrar una tesis literaria de amplia resonancia cultural, puesto que concierne al arduo tema de la identidad latinoamericana-: la teoría de lo real maravilloso.
Escritor de vasto saber y oficios variados, musicólogo entre otras cosas, Carpentier contribuyó de modo decisivo a perfilar y enaltecer la singularidad latinoamericana en el universo narrativo. La novela ‘Écue-Yamba-O’ (“Alabado sea el Señor”, en lengua yoruba), su debut literario, constituye una tentativa de registrar la cultura popular cubana, en la que el elemento de origen africano tiene una vigorosa presencia. Carpentier se vale aquí de las claves ya probadas de la escuela naturalista vernácula, y el resultado es un relato de índole antropológica aún carente de la originalidad y la rotundidad de su obra posterior.
En la génesis del concepto de ‘lo real maravilloso’ tuvo parte fundamental un viaje realizado por el escritor a Haití en 1943, en donde pudo “sentir el nada mentido sortilegio” del país e imbuirse de la vitalidad de sus mitologías. Conforme al ideario carpenteriano, que extrapola la especificidad haitiana al universo americano haciendo tabla rasa de su diversidad, en América –entiéndase la del sur del Río Grande- el prodigio no es recurso forzado de una civilización que haya agostado la planta de sus tradiciones y mitos y que, ávida del fruto mirífico de la fantasía, deba contentarse con penosos sucedáneos. Europa puede experimentar el malestar en la culturay procurarse efímera evasión de la aridez racionalista en los malabares del surrealismo y otras vanguardias artísticas. En América Latina y el Caribe, en cambio, el mito subsiste con toda su fuerza, haciendo de la región tierra fértil para el prodigio. El rescate de la cosmovisión americana es el motivo que subyace a ‘El reino de este mundo’ (1949), auténtico manifiesto carpenteriano y segunda novela del autor. 
En concepto de Carpentier, la persistencia del mito exige que la realidad americana sea representada por un arte narrativo distinto del que dictan los parámetros del racionalismo. En el imaginario americano –tentado estoy de decir ‘imaginario carpenteriano’- la realidad anula las fronteras que la mentalidad racionalista establece entre las dimensiones natural y sobrenatural, permeándose ambas de modo tan espontáneo y completo que nada impidela ocurrencia en nuestro mundo de los más sensacionales portentos o milagros. Por lo tanto, si el escritor se aboca a la tarea de representar esta realidad, ha de hacerlo bajo el prisma de lo real maravilloso, concibiendo una ficción maravilloso-realista: una en que lo prodigioso sea parte ingénita de lo real.
La novela que reseño se nutre de los hechos históricos que desembocaron en la independencia de la colonia francesa de Saint-Domingue, actual Haití, y en el establecimiento de la grotesca monarquía de Henri Christophe; acontecimientos todos de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX. El punto de vista que unifica la trama es el de un personaje ficticio de nombre Ti Noel, de raza negra, primero esclavo y luego peón liberto que hace de testigo de la tormentosa historia. Liderados por el manco Mackandal, hechicero versado en venenos y en el arte de la metamorfosis, los negros de la colonia se sublevan contra la dominación blanca; la insurrección es derrotada, su líder ejecutado y los negros sometidos a sistemática matanza. Años después se produce una nueva insurrección que a largo plazo culminará en éxito. Ya independizado el país, sobreviene la autoproclamación, en 1811, de Henri Christophe como rey de la parte septentrional bajo el nombre de Henri I; acabará suicidándose en 1820, en medio de una nueva sublevación.
La obra es breve en verdad (abulta apenas un centenar de páginas), pero densa en significado. No se atiene al propósito de novelar una porción de la historia haitiana, en sentido de desplegar una sucesión pormenorizada de acontecimientos y de retratar a sus protagonistas. Nada de esto, puesto que la narración es fragmentaria, el punto de vista muy sesgado y las omisiones y los saltos temporales demasiado amplios. Más bien, dicha porción de historia proporciona la ambientación en que se desenvuelven Ti Noel y otros personajes, entregados a la fascinación y también las penurias del exuberante Caribe. (La fugaz aparición de Paulina Bonaparte, hermana de Napoleón casada con el general Leclerc -comisionado por su poderoso cuñado para la recuperación de la colonia y fallecido en el intento-, pone una nota colorida, plena de sensualidad.) Provee, aquella porción de historia, la justificación del propósito ideológico del autor: como está dicho, la plasmación literaria de una peculiar cosmovisión americana, premoderna y forjada en ricos sincretismos culturales.

de lo prodigioso. El pensamiento mítico de la población negra subvierte los parámetros de la realidad ‘normal’ tal cual es entendida por los blancos; para aquélla la realidad mítica es la normalidad misma. El contraste entre los dos paradigmas culturales, el ‘occidental’ y el premoderno de los negros haitianos, es evidente –más que en ningún otro pasaje de la novela- en el momento de la ejecución de Mackandal. Los colonos franceses, al quemarlo en la hoguera, creen suprimir por completo la amenaza representada por el nigromante. Para sus congéneres africanos, en cambio, el manco sólo se ha desembarazado de su envoltura humana; al momento de ser devorado su cuerpo por las llamas, su espíritu se eleva por los aires y se desvanece arrojándose entre los negros, quienes comprenden que Mackandal ha decidido permanecer en el reino de este mundo, esperando el instante propicio para reaparecer y liberar a su pueblo de la esclavitud. Los negros se gozan del modo como su padre espiritual ha burlado los métodos de los blancos –confirmando un nuevo triunfo de los “Altos Poderes de la Otra Orilla”-. Por su parte, los blancos sólo han tomado nota de la –aparente- insensibilidad de los negros, la que, a su entender, confirmaría el primitivismo y la inferioridad de esta raza.

En mi opinión, la teoría de lo real maravilloso, directo antecesor del realismo mágico de García Márquez, contiene mucho de artificio y de parcialidad. La preeminencia, cuando no mera pervivencia, de una mentalidad mitológica puede ser entendida como fenómeno marginal que a duras penas se las ve ante el avance arrollador de la modernidad. Asignarle valores genéricos en cuanto esencia de lo latinoamericano me parece excesivo; peor aún si se hace, como en el presente caso, desde la excepcionalidad haitiana, tomando la parte por el todo. Creo que el trasfondo ideológico de la novela deja mucho que desear y que la propia trayectoria histórica de esta América lo ha desbancado. Sin embargo, como pieza fundamental de la literatura de estas latitudes, la novela conserva todo su interés. Su estilo generoso en imágenes y vivacidad depara una lectura soberbia, verdaderamente cautivante.

Rodrigo

09 febrero, 2012

Presentación de En el país del arte. Tres meses en Italia, de Vicente Blasco Ibáñez. 

El acto tendrá lugar a las 12 horas del sábado día 11 de febrero, en la Casa-Museo de Blasco Ibáñez, en la calle Isabel de Villena nº 157 (Valencia), al lado del Paseo Marítimo y la Playa de la Malvarrosa.

Contará con la presencia de Rosa Mª Rodríguez Magda, directora de la Casa y autora del prólogo, Javier Baonza, editor, y Julio Castelló, responsable de la edición crítica.


¡Sálvese quien pueda! - Andrés Oppenheimer

¡Sálvese quien pueda! El futuro del trabajo en la era de la robotización. Oppenheimer siempre me ha llamado la atención, si bien no he sid...