22 junio, 2012

SHAKESPEARE EN VERANO


EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO
WILLIAM SHAKESPEARE

Uno de los momentos en que más maldigo la suerte que me hizo nacer 15 años antes de lo debido es cada vez que me enfrento a mi total incapacidad para aprender inglés. Si me hubieran obligado a estudiarlo desde pequeña en el cole, como me pasó con el francés, probablemente ahora sería capaz de desenvolverme con él como con la lengua de nuestros vecinos, es decir, podría mantener un mínimo de conversación y leer cosas no muy complicadas. O muy complicadas, porque es seguro que  el inglés, dado el uso actual de la lengua de la pérfida Albión, lo habría practicado, no como el francés.
Pero esa es la situación actual. El inglés solo lo domino si es bajito y se deja, cosa que pasa en muy contadas ocasiones, por no decir ninguna. Y eso me fastidia mucho. Sobre todo cuando leo alguna obra importante  para mí  y que me gustaría poder saborear directamente de la pluma de su autor,  no dependiendo de intérpretes.
Eso es lo que me pasa con el libro que vengo a comentar hoy. Esta pequeña obra, salida de la pluma del cisne de Avon, me ha acompañado durante muchos años, más de 30, desde que la representé por primera vez en un teatro y cobré por ello. Eran otras épocas y los pequeños grupos teatrales, básicamente formados por estudiantes, podían moverse por los teatros de los pueblos, funcionar y tener un repertorio mínimo.
Desde entonces, desde que la conocí en profundidad, he pensado que debe perder mucho con la traducción. Al estar escrita en verso, toda la musicalidad se pierde. Giros y dobles sentidos deben quedar diluidos en el sentido lógico de cada frase. Debe ser una verdadera pena, porque incluso traducida al castellano, podemos ver el gran talento de ese escritor inglés que mezcló en ella  romance, enredo y fantasía, con grandes dosis de humor.
Es curioso ver como Shakespeare ambienta su cuento fantástico en Atenas. Una tierra tan lejana y exótica para un inglés del siglo XVI como para nosotros hoy día la amazonia o Tailandia. Quizá más todavía. En esta, para él lejana ciudad, cuna de todo la cultura y el conocimiento, el  autor nos sitúa la víspera del solsticio de verano, noche en la que el mundo de las hadas se funde con el de los mortales y los hechos más insospechados pueden ocurrir.
Y como es lógico pensar, ocurren.
Al día siguiente, el primer día del verano, van a celebrarse las bodas del duque de Atenas, Teseo, con Hipólita, reina de las amazonas. Esa noche, Hermia, una joven a la que su padre obliga a contraer matrimonio con un hombre al que desprecia, y  Lisandro, su enamorado, huyen al bosque cercano a la ciudad. Buscándola acude su prometido Demetrio, junto a su mejor amiga Elena,  que la ha traicionado para conseguir los favores del futuro consorte despechado.

En el mismo lugar y la misma noche, una compañía de actores decide ensayar su obra. Al día siguiente, en las bodas del duque representarán el drama de Príamo y Tisbe, y para que nadie los sorprenda antes de tiempo huyen de la ciudad y se refugian entre la floresta.
Entre los mismos  sagrados árboles que dan sombra a una fuente, Titania, reina de las hadas va a hacer sus ofrendas al solsticio junto a su corte. Esa misma noche, Oberon, rey de los duendes, con el que está enemistada por la posesión de un bellísimo paje, planea con la ayuda del travieso y rápido Puck la forma de arrebatarle el doncel a su esposa.
Entre las sombras amables  juegan las hadas, ensayan los actores, duermen los amantes y una delicada flor expide sus jugos para que sea difícil distinguir sueño de realidad, amor de pasión, certeza de hechizo.

Shakespeare, en su momento autor de moda, recibido por los más altos personajes y cuyos sonetos se vendían y se  copiaban por toda Inglaterra, fue un maestro del lenguaje en todos sus aspectos, eso es de todos conocido y no voy a hacer un comentario sobre eso. Pero si voy a incidir en algo que para mí es básico en un escritor y que ya he comentado muchas veces: los personajes.
Sus criaturas tienen la fuerza de la pasión que este inglés ponía en todos sus escritos y así todos los personajes son capaces de desarrollar en muy pocas líneas unas personalidades definidas y únicas que, aunque en ciertos momentos resulten un poco exageradas, en una obra como esta, irónica, absurda y divertida, no acusan para nada un grado de histrionismo que podría resultar cargante.
Este autor, además tiene la peculiaridad de destacar de una forma notable a sus personajes femeninos, sobre todo en esta obra. Las tres mujeres protagonistas, cuando están presentes eclipsan con facilidad a los personajes masculinos, aunque sean estos los determinantes para el desarrollo de la trama.
Los ingredientes están listos. De la mano maestra del genial poeta nos deleitamos con un plato lleno de un humor exquisito, de una poesía preciosa y delicada como el ala de un hada, y de una serie de situaciones enrevesadas, traviesas y festivas, que hacen de esta comedia fantástica un prototipo de diversión elegante, llena de matices y de ironías en cada uno de sus personajes.

Esta pieza es perfectamente recomendable para quien se quiera introducir en las obras de este autor, ya que su agilidad, y su tono festivo la hacen de muy fácil lectura. Eso sí, como siempre, recomendar una buena traducción para aquel que no tenga la suerte de poder leerla en su idioma original.
PD: A los que os sea arduo leer a Shakespeare pero no os importa verlo en la pantalla, hay una extraordinaria película de 1999, dirigida por Michael Hoffman. También está la gran versión que la Lyndsay Kemp Company grabó. Un verdadero disfrute para los sentidos.

 Ángeles Pavía


20 junio, 2012

SENTIDOS Y SENSACIONES


UNA HISTORIA NATURAL DE LOS SENTIDOS
DIANE ACKERMANN



En la escuela me explicaron que la vista sirve para ver, el oído para escuchar y el tacto para tocar. Pero hasta que no he leído el libro de Diane Ackerman no he comprendido realmente qué significa ver, oler, tocar o gustar.

Una historia natural de los sentidos se organiza en torno a cinco capítulos que van desgranando sucesivamente los cinco sentidos que definen la sensorialidad del mundo tal y como la percibimos los hombres desde el principio de los tiempo, más un capítulo adicional referido a la sinestesia que consiste precisamente en la confusión, la mixtura de los sentidos, en la que un color se puede oler o un acorde musical se ve con una determinada tonalidad, y que, por tanto, se adentra más en el mundo de la neurología.

Pero empecemos. ¿Cómo definir un olor? Ninguna lengua parece capaz de describir un olor si no es acudiendo a luna perífrasis. Algo huele como la canela, como un niño recién nacido, pero salvo por el recuerdo, nadie sería capaz de adivinar a qué nos referimos. Toda una industria gira en torno a los olores (no pensemos sólo en perfumes, también en detergentes, alimentos precocinados, papeles para envolver, velas, etc) reproduciendo los que se encuentran en la naturaleza pero también creando otros nuevos mediante complejos procedimientos químicos cuyas fórmulas son tan secretas como las de un nuevo armamento. 

Con el olor seducimos, conquistamos, pero también lo empleamos como repelente para mosquitos o depredadores (preguntad a las mofetas). Claro que lo que a un europeo puede resultar repugnante (el olor a excrementos sin ir más lejos) a una tribu africana puede parecerle el más refinado afrodisíaco; el olor de comida en putrefacción es un reclamo ineludible para las moscas. Pero nada más maltratado que nuestro olfato, sentido que parece estar en peligro de extinción gracias a la contaminación, alergias y demás afecciones.

Siguiendo nuestro viaje descubrimos programas de pediatría que fomentan en recién nacidos su inteligencia y fortaleza física mediante sesiones programadas de masajes. El tacto, primera puerta por la que se abre el placer sexual, pero también última barrera ante el peligro de depredadores a los que no hemos visto, olido u oído y que se abalanzan sobre nosotros. El calor y el frío no existirían sino los sintiéramos sobre nuestra piel, pero la conciencia del propio ser, la unión alma y cuerpo se manifiesta a través del tacto (recordemos el episodio de la mujer desencarnada de Oliver Sacks, quien no tenía conciencia de su propio cuerpo, que le resultaba tan ajeno como el del camarero que nos sirve un café). La piel es símbolo de poder, dinero o fuerza (los abrigos de bisón, pero también los tatuajes o las escarificaciones que atestiguan la superación de pruebas de iniciación), claro que también es el papel sobre el que se dibuja la tortura, la mutilación o el dolor. El tacto, capaz de un beso sublime o de una violencia sin límite, el más extremo de nuestros sentidos, el que resulta más difícil de perder por completo, el mejor distribuido por todo nuestro cuerpo y el más difícil de aprender a usar.

Pocos sentidos se asocian como el gusto con el placer, el lujo y la abundancia. Sin embargo, no hay sentido más primordial puesto que se relaciona directamente con la alimentación y con los nutrientes que necesitamos, pero que se ha sublimado por el devenir histórico. El gusto, el más comunal de todos los sentidos ya que se disfruta mejor en compañía, el más cultural de todos ellos puesto que el hombre no ha dejado de inventar nuevos sabores, nuevos productos, nuevas mezclas que satisfagan los más sutiles paladares. Pero toda esta delicadez u variedad se apoya en tan sólo cuatro notas (distribuidas desigualmente, tanto en nuestra propia boca como en las diferentes culturas): salado, agrio, dulce y amargo. Cuatro colores para un mosaico infinito. Sabores hay que han marcado el rumbo de la historia como es el caso de la ruta de las especias. El chocolate y la vainilla, el tabaco o las trufas son una muestra de lo que el hombre puede hacer por un sabor y el dinero que puede mover a su alrededor. Por la boca nos llega la leche materna y nos administran la mayoría de las medicinas que tomamos en nuestra vida (la mayoría con edulcorantes que enmascaren su verdadero sabor), pero a través de la boca nos llegan también infinidad de infecciones, no en vano es el orificio más directo (o el de mayor tamaño) a nuestro interior. Por ella los hombres han comido el cuerpo sin vida de otros hombres y por no comer ciertos alimentos muchos hombres han muerto, no parece cosa de tomarlo a broma.

Pero escuchemos con atención qué tiene que decirnos Ackerman sobre el oído. Biológicamente una obra maestra, compleja pero eficaz, diseñada para oír una gama de sonidos lo suficientemente amplia para sobrevivir en mundo hostil (¿quién quiere oír el vuelo de un pajarillo si con ello perdemos el del rugido de un carnívoro que nos acecha?). Y es que una cosa es el sonido y otra el oído que sólo capta aquello para lo que está preparado. 

¿Cómo suena nuestro intestino o nuestro estómago al hacer la digestión, nuestro corazón fatigado? Las modernas máquinas de ultrasonidos nos permiten responder a estas preguntas que ayudándonos a superar la enfermedad y el dolor, otras máquinas permiten aumentar la capacidad de audición de quienes la han perdido. De la naturaleza tomamos ideas como el sonar o el radar que nos permiten ver a través del sonido. Pero la mayor creación en materia de sonido es, sin lugar a dudas, la música. Dominar esas ondas y saber combinarlas, construir aparatos que las reproducen añadiendo suaves matices hasta emocionarnos es fruto de un lento proceso que aún no ha finalizado ni lo hará nunca. Pero a nuestros oídos también llegan bombardeos sónicos en forma de claxon, motores, máquinas taladradoras, gritos, anuncios. La contaminación acústica, capaz de altera el carácter más pacífico y equilibrado, la peor contaminación posible, la que tiene mejor propaganda (el silencio ha sido desterrado de nuestras ciudades, de nuestras vida, es el vacío al que nadie quiere mirar). Pero el silencio también se escucha, probemos.

Nuestra moderna vida descansa en la visión. Vemos películas, jugamos a video juegos, admiramos a las modelos desde sus anuncios. La televisión nos lleva a todas partes, a las guerras más recónditas, o a la casa de la vecina de arriba a través de un reality show. Todo se puede ver, nos preciamos de no tener nada que ocultar, denigramos la oscuridad y queremos que todo salga a la luz. Comenzamos mirando a las estrellas y ahora miramos la Tierra desde ellas. Inventamos las bombillas para ahuyentar la noche y nuestras oficinas ni siquiera necesitan ventanas. Pintamos todas las cosas de colores (igual que ocurre con el gusto, los colores básicos se combinan hasta el infinito pese a su simplicidad primordial), pintamos nuestra piel con los tonos cálidos que nos brinda el sol de una playa paradisíaca, vestimos a nuestros hijos de azul y a nuestras hijas de rosa, pero tenemos la poca delicadez de no cambiar el color de los semáforos aumentando el riesgo de atropello de los daltónicos. 

Hemos hecho un arte de la pintura y decimos de los grandes maestros que en sus cuadros reflejan el interior de los retratados, igual que ocurre con los grandes fotógrafos. Las proporciones en la arquitectura buscan un arquetipo de belleza totalmente visual. Ni aún dormidos perdemos la vista y nuestros sueños son, principalmente, visiones, a veces acompañadas de sonido y otras sensaciones. La vista, el más cansado de nuestros sentidos, para el que hemos inventado las gafas, desarrollado técnicas láser pero al que no sabemos dejar descansar ni un solo segundo y para el que no nos cansamos de crear imágenes del horror que sólo son barridas por otras imágenes anestesiantes.

Desde la poesía a la biología, la antropología y las relaciones sexuales, la psicología y la medicina, la quiromancia o la artesanía, la música, la cocina, la botánica y la zoología, la investigación aeroespacial, todo ello se relaciona con los sentidos. Más aún, somos hombres puesto que estamos en el mundo y percibimos el mundo gracias a nuestros sentidos. Aunque no seamos conscientes de ello, leemos el mundo a través de estos cinco sentidos (seguro que alguien querrá añadir dos o tres sentidos más, cuantos más mejor, a fin de cuentas) y ellos condicionan lo que leemos. Otros seres vivos tienen lecturas distintas de esta misma realidad. Por ello, el nuestro, nuestro pequeño mundo, el que conocemos, es hijo de nuestros sentidos, ellos nos hechizan como cantos de sirena para hacernos la vida más soportable. 

Abandonémonos a nuestros sentidos o seamos más conscientes de ellos y de todo lo que nos aportan. No perdamos ni un átomo de su valor, vivamos más y mejor la vida, apuremos todo lo que podamos de ella, y todo lo haremos a través de estos cinco sentidos.


GWW




Datos del libro
  • 14.0x22.0cm.
  • Nº de páginas: 368 págs.
  • Editorial: ANAGRAMA
  • Lengua: CASTELLANO
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • ISBN: 9788433913555
  • Año edición: 2000
  • Plaza de edición: BARCELONA


18 junio, 2012

VIDAS RUSAS


VIDA Y DESTINO 
Vasili Grossman


Vida y destino responde al vasto plan de abarcar el mundo conocido de su autor en una coyuntura tan crucial como fuera la batalla de Stalingrado, decisiva en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Se trata de una ‘novela total’, ambiciosa modalidad que ha hecho escuela en la literatura rusa. Dostoievski, Tolstói, Pasternak, Bulgákov, Solyenitzin, en menor medida Turguéniev y Sholojov; son los nombres más representativos de esta tradición, a la que ahora sabemos se suma Vasili Grossman. Y lo ha hecho del modo más propio: cultivando un estilo llano y natural, carente de artificios esteticistas que pudieran enturbiar el propósito fundamental de representación epocal.

En Vida y destino se yuxtaponen la grandeza terrible de lo épico y lo conmovedor de la cotidianeidad. Épica más bien sórdida y atroz, en este caso, puesto que concierne a una de las guerras más despiadadas de la historia, aquella que sacrificó a millones de alemanes y soviéticos en nombre de unos regímenes e ideologías que son vergüenza de la humanidad. Y una cotidianeidad asaltada y despedazada por la contingencia histórica, pero rehecha sobre la misma complejidad de la naturaleza humana, manifiesta tanto en las grandilocuentes justificaciones de la abominable matanza como en los pequeños instantes en que el hombre común despliega las más corrientes de sus facultades.

Aliento épico y mirada cotidiana se combinan de modo sutil y eficaz. Sus indicios mayores son la amplitud escénica, por un lado, y la minuciosidad intimista en las situaciones que configuran el universo novelado, por el otro.Amplitud: evidente enla mirada panorámica aplicada por Grossman a uno de los momentos álgidos de la confrontación germano-soviética. Minuciosidad: desplegada en la caracterización de una abigarrada muchedumbre de personajes y ocasiones en los que cualquiera de nosotros, lectores, podemos sentirnos identificados.
El universo de personajes de la novela es representativo de una variedad posible de categorías humanas y situaciones en que se ven envueltas. Hay de todo: generales y soldados,comunistas recalcitrantes y disidentes, valientes y cobardes y mucho más. Nunca se trata de tipos humanos monolíticos o acartonados. En Vida y destino no hay lugar para simplismos ni para la caricatura. El mezquino puede en cualquier momento mostrarse magnánimo como el que más. El hombre de talante íntegro es susceptible de quebrarse y cometer una villanía. El comedido puede volverse imprudente, y el imprudente mostrarse comedido. Tampoco hay maniqueísmos: los pocos alemanes que habitan la novela no son una encarnación apócrifa del mal, sino que se muestran tan vulnerables como cualquier ser humano. Lo mismo que Krímov, un comisario comunista que de victimario se torna víctima de la paranoia estalinista.

La amplitud y diversidad en los personajes tiene su correlato en la gama de escenarios en que ellos se desenvuelven.La novela tiene su vórtice en la batalla de Stalingrado, pero no se reduce a un mero relato bélico, sino que comprende situaciones paralelas en lugares distintos, tan heterogéneos como un campo alemán para prisioneros de guerra, un campo de trabajo forzado soviético, la estepa caucásica, la prisión moscovita de la Lubianka, un instituto científico, etc. La mirada panorámica de Grossman refleja la multitud de circunstancias que concurren en la decisiva instancia en que las dos mayores potencias totalitarias de Europa concentran su esfuerzo bélico en la ciudad del Volga.
Grossman, a pesar de todo lo que ha visto y sufrido (o acaso por haber visto y sufrido), confía en que el bien será capaz de imponerse a los peores momentos del hombre –este lobo de su propia especie-. Ilustración de esta luz de esperanza es el pasaje en que una mujer, cuyas trazas son las de una persona desquiciada por el dolor, se abalanza sobre un prisionero alemán con la intención aparente o primera de agredirlo, y acaba por ofrecerle un trozo de pan –en un gesto que ni ella misma es capaz de comprender-. Lo que parece decirnos Grossman es que a pesar de los sanguinarios intentos por suprimir toda manifestación de humanidad, siempre será posible el despunte de la piedad y la bondad.
Es cierto que la novela tiene como una de sus dimensiones principales la denuncia radical del totalitarismo. Respecto del fascismo –término genérico empleado por el autor-, la denuncia es patente en la representación del martirio de los judíos, eficaz en un par de pasajes que se encuentran entre los más dramáticos de la novela: el de la carta de la madre judía de uno de los protagonistas, Viktor Pávlovich Shtrum,a cuyas manos llega después de asesinada su madre por los nazis; y el del acarreo de una cantidad de judíos a un campo de exterminio. Su destino final es una cámara de gas, en la que otro personaje, Sofía Ósipovna Levinton, consuma al fin su naturaleza maternal con un niño al que apenas conoce. Pero también esta denuncia procede según la modalidad de incisos discursivos en los que el autor declara la guerra al fascismo, contraponiéndolo explícitamente a toda aspiración libertaria y humanitaria. El fascismo –en este sentido- es el enemigo ya no tanto del comunismo soviético como de la patria gran-rusa y de la humanidad toda, incluidos los propios alemanes (sus primeras víctimas).

Por otra parte, la denuncia del régimen soviético es de tipo ‘interno’, consecuentemente con el hecho de que sea el comunismo estalinista la versión de totalitarismo que se ha apoderado de Rusia y su imperio plurinacional y se erija, de este modo, en su enemigo endógeno –así como el fascismo es su enemigo externo-. Grossman nos muestra la perversidad del estalinismo desde la entraña misma del régimen, supresor de libertades y derechos y corruptor de toda relación humana: el del estalinismo es un ambiente emponzoñado por la constante persecución y delación de la individualidad, siempre acosada por el miedo, la doblez y el servilismo. Sin formulaciones discursivas ni sentencias condenatorias, por demás imposibles en el contexto de la época, la tiranía estalinistaes objeto de la acusación que subyace en la certera descripción desus rigores. Tan certera que el régimen impidió la publicación de la novela –y un editor llegó a decirle a su autor que este impedimento se extendería por doscientos años. Por fortuna no ha sido así-.

Pero la novela no consiste en un simple instrumento de denuncia que reduzca su valor al de un burdo folleto de propaganda ideológica. En ella el propósito utilitario circunstancial –universal, si se trata de la crítica del totalitarismo- se imbrica con la intención primordial de retratar, desde las posibilidades ofrecidas por el arte novelístico, un vapuleado fragmento de humanidad, en el que hay sitio –como siempre ocurre allí donde haya seres humanos- para toda clase de pasiones y sentimientos. Así por ejemplo, Shtrum, inserto en la vorágine de la guerra y el despotismo, tiene tiempo para enamorarse de la esposa de un colega que también se ha enamorado de él y prefiere permanecer leal a su marido. Lo que sugerido de esta manera pudiera parecer argumento de culebrón, en la novela se reviste de la mayor naturalidad. Grossman trata este tema con la dosis precisa de arte y realismo, y en sabia mixtura con los demás elementos de una novela que se nos muestra inmensa como la vida. No sólo calidez sino también verismo, nada menos, es lo que se obtiene con esta delicada historia de amor frustrado. Y esta es sólo una de las vívidas demostraciones de humanidad con que nos topamos en la lectura de Vida y destino. Una novela que puede calificarse como una de las mejores que nos ha legado el siglo XX.

Rodrigo

Vasili Grossman, Vida y destino
Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, 
Barcelona, 2007. 
Traducción de Marta Rebón. 
1111 pp.

16 junio, 2012

RELATOS CON LIMONADA


LIMONES DULCES
MARIAN TORREJÓN
Prólogo Fernando Iwasaki
Ed. Certeza, 2012
La autora presenta catorce relatos entre los que, si hubiera que buscar un eje común, este sería el de su actualidad. Los temas son, pues, muy actuales, incluso aquellos en que la memoria es la que juega un papel principal, y por tanto el pasado. Pero es un pasado muy reciente, en el que podemos reconocernos, en general; si no en todos, al menos reconocer situaciones que hemos conocido de cerca, en carne propia o ajena. Y esas incursiones en el pasado, esa relación pasado-presente, es remarcada por la autora en muchos de los relatos. «Los cuentos de Marian Torrejón narran el estupor―nos dice Iwasaki en el prólogo―, la turbación y el desasosiego que conllevan esas irrupciones del pasado, las epifanías de la memoria y los sentimientos que uno creía soterrados». 

Nostálgicos unos, divertidos y humorísticos otros, profundamente emotivos algunos, inquietante y con un toque onírico alguno. En conjunto, Torrejón nos ofrece una amplia perspectiva del mundo humano que nos rodea; de situaciones muy habituales, presentadas de un modo muy sobrio, y atractivo, sin barroquismos, pero ameno, variado y que nos incita a seguir leyendo. De prosa ágil y correcta, distribuye leves pinceladas de poesía y emotividad.
Limones dulces es una contraposición con la que simbolizar ese poso ácido que en toda actividad vital siempre queda, ese recordatorio de que nada ni nadie es perfecto, y el hecho de que haya utilizado el título del primer relato para abarcar el conjunto parece que sea casual. Hay unas gotas de acidez en estos relatos, acidez realista, diría yo. Y asimismo, unas cucharadas de azúcar que nos hacen llevadero el fuerte sabor del limón.

El primer relato mira hacia el pasado: la adolescencia, los primeros encuentros con el amor, los vaivenes de la vida juvenil. El fajín del general y Kaputt son dos relatos nostálgicos, que recrean con mirada amable la situación cotidiana de la vejez, las rutinas e incluso los cambios imprevistos, dándole un matiz levemente jocoso, o entrañable, dentro del dramatismo que supone el invierno de unas vidas en su etapa de decadencia. Esto no es nada y Dos salas son textos francamente dramáticos y tremendos, sobre todo el primero, que al menos a mí me ha causado honda impresión y empatía; situaciones críticas y vividas cotidianamente por mucha gente, que nos pueden pasar a cualquiera o que todos hemos vivido alguna vez: enfermedad, hospitales, muerte o vida.

Crisis, Llámame Seve, se mueven en el mundo de los problemas laborales con un cierto regusto entre sarcástico e irónico; Juntos y Fancy? Son sátiras hilarantes de relaciones amorosas algo conflictivas; El pez muerto deja una sensación amarga; inquietante y perturbador es El cuadro, que plantea una posibilidad de mundos paralelos, simulacros y dobles personalidades. Con un elefante, imposible es un texto onírico, una especie de pesadilla; Sesión de terapia es una intriga psicológica muy bien llevada, un juego en el que los papeles van mudando de sitio hasta ocupar unos el lugar de los otros.
Cierra el libro El cuaderno esmeralda, en el que evoca una impresión infantil guardada en el olvido durante años y que resurge inesperadamente ante un objeto aparentemente inocente. Un conjunto de narraciones cuya lectura entre líneas, nos deja la impresión de que hay mucho más de lo que aparece, de que se nos dice mucho más de lo que leemos. Sensaciones, clima emocional, recreaciones de un espacio-tiempo mental  se aúnan para mantenernos atentos a una lectura amena y reflexiva.
Como ella misma se autodefine en su blog, la escritora valenciana Marian Torrejón, es licenciada en Económicas, pero con más inclinación por los cuentos que por las cuentas. En su haber tiene varios premios literarios: accésit como Finalista en los Premios del Tren 2008 y el Premio de Cuento Ciudad de Tudela 2009, entre otros.


Ariodante


Ficha técnica:
Título: Limones dulces
Autora: Marian Torrejón
Editorial: Certeza, 2012
98 páginas

15 junio, 2012

NOTA DE PRENSA

ANALES DE LA TIERRA GODA II
Sergio Torrijos
E-book
Ed. Amarante, 2012

Es una novela de género fantástico, ambientada en un territorio llamado "Tierra Goda" en el que conviven diferentes pueblos y razas: humanos, elfos, enanos, goritis, orcos y otras criaturas. Algunas son conocidas por los amantes del género fantástico y otras inventadas. El autor ha una historia previa, tanto mítica como real, incluyendo un pabellón de dioses de las diferentes razas.

La diferencia con otras novelas del mismo género es su realismo. Sergio Torrijos intenta dotar a toda la novela de una capa de normalidad cotidiana que va desde el trabajo hasta la lucha. Abundando más en lo real, en esta novela, cuando se combate, la sangre salpica y mancha a los personajes. Gracias a esa visión se ha orquestado un mundo más cruel en el que se acerca más a la experiencia que nosotros tenemos. Se ha ambientado en una época a caballo entre la antigüedad y nuestro medioevo. El autor intenta ser fiel al principio histórico de que frente a similares realidades puede haber diferentes soluciones, por ello existen reinos humanos, confederaciones, ciudades libres, o con estatus diferenciados, y una amalgama de distintas realidades políticas.

En el centro de la trama encontramos a un clan de enanos; sus vicisitudes, su vida diaria, sus relaciones con los vecinos, de misma raza o de diferente, y las soluciones que dan a los problemas que les van surgiendo. Todo ello dentro de los avatares que sufre el territorio de Tierra Goda, donde hay desde siempre una lucha feroz entre criaturas del caos contra el resto de habitantes. El personaje principal es Boras Egelund, jefe del clan, quien como persona joven irá aprendiendo y cambiando en su manera de ver y de actuar. A él se sumarán varios miembros del grupo que aportan diversidad de caracteres a la historia.

Narrada en primera persona, tiene varias voces solapadas; circunstancia que intenta reflejar varias visiones de un mismo hecho que será interpretado de diferente modo según quien lo narre, aportando una multiplicidad de puntos de vista muy interesante.
Esta novela, aporta una nueva visión al género dotándole de un realismo y una congruencia, tanto en las acciones como en los planteamientos, del que a veces carece.
Se trata del tercer libro de Sergio Torrijos, el cual puede adquirirse en la web de Editorial Amarante o en los portales y librerías más importantes de internet (Amazon.es, Amabook, etc)

Ficha técnica:

Autor
GéneroNovela fantástica y aventuras
Año: 2012
ISBN: 978-84-940102-3-1 
Formato: ePub (sin DRM)


13 junio, 2012

VOLANDO CON BLANCA MIOSI


EL CÓNDOR DE LA PLUMA DORADA
BLANCA MIOSI 


Túpac estaba tan conmovido que no atinó a decir palabra. Siempre había pensado en un padre inmortal y al tener la certeza de que moriría, le invadió una sensación de temor y desconsuelo. Le había escuchado decir en algunas oportunidades que cada quinientos años habría un cambio fundamental, y el formaría parte de eso, porque regresaría transformado en un nuevo Pachacútec, pero Túpac no era un hombre fácil de convencer. Aquellas palabras, sin embargo, dichas en aquellos cruciales momentos le impresionaron profundamente.

Blanca Miosi, la autora de El cóndor de la pluma dorada dice que la escribió con el corazón. Y, efectivamente, a medida que vamos pasando sus páginas nos vamos dando cuenta de su afirmación. Estrictamente documentada, la narración se ciñe a los hechos que realmente acontecieron durante el incario y la llegada y conquista de los españoles.

Una historia de amor imposible se desarrolla en los primeros capítulos. La hija del gran Pachacútec, que gobernaba el extenso Tahuantinsuyu, estaba enamorada de Koullur. Pachacútec, sin embargo, tenía otros planes para ella: ofrecérsela como virgen al dios Inti. Su hijo Túpac Yupanqui se embarcó en una expedición marítima impensable para aquel entonces: llegarían, tras meses de dura travesía, hasta lo que hoy es la Polinesia, en Oceanía. La noticia de esas tierras le llegó al inca por medio de unos mercaderes que afirmaban que al otro lado del mar de Mamacocha había unas islas con grandes riquezas. Mar a quien los españoles llamarían Océano Pacífico.

El imperio fue extendiendo sus dominios. Túpac Yupanqui, ya sucesor de Pachacútec, continuó la tarea de su padre. Durante su reinado el imperio alcanza su máxima expansión. No reparará en peligros a la hora de emprender expediciones que depararán grandeza a su reino.

Le sucedería su segundo hijo, Titu Cusi, el emperador Huayna Cápac. El imperio era tan extenso que ya para su padre había sido difícil de gobernar. Estaba decidido a llevar al incario a su máximo desarrollo aunque tuvo que enfrentarse a revueltas. Finalizadas las revueltas, mandó reconstruir Quito y llevó al imperio  a una época de franco esplendor prosiguiendo la obra de su padre. Pero esa tranquilidad contribuyó a la decadencia del gran ejército incaico. El imperio estaba abocado a la repartición entre sus dos hijos: Huáscar y Atahualpa.

Después de la muerte de Huayna Cápac, el imperio fue gobernado por ambos, cada uno en su territorio de manera pacifica aunque siempre con la idea de ir armando un gran ejercito.

Casi al tiempo en que Cristóbal Colón se topó con el Nuevo Mundo, murió Tupac Yupanqui. En 1525, Francisco Pizarro, alcalde de Panamá, estaba convencido de lo que había dicho un mercader moribundo: que más al sur había un reino muy rico. Pizarro no se resignaba a perder la oportunidad de conseguir riquezas.
Pizarro se encontró con una guerra civil entre los partidarios de Huáscar y Atahualpa. Esto le beneficiaría en sus conquistas terminando con la captura, evangelización y muerte de Atahualpa.

El cóndor de la pluma dorada es una novela que todo aquél que le guste el género histórico va a engancharse a su lectura y más por el carácter didáctico que tiene la misma. Escrita en tercera persona, utiliza un lenguaje sencillo salpicado, eso sí, por vocablos quechuas pero que no influyen para nada en la comprensión del texto. Al contrato, le aportan realismo y, a base de ir familiarizándonos con ellos vamos entendiendo su significado. Así ocurre con Koullur, que era un chasqui, o sea,  un mensajero.
                                           
Los personajes los vamos conociendo a lo largo de la novela. Están bien caracterizados y llegamos a familiarizarnos con sus defectos y sus virtudes. Vemos cómo la dedicación de cada uno de los incas a su cometido va cambiando, sobre todo la actitud de Huayna Cápac, pues en los reinados anteriores la casta militar estuvo dedicada a la abstinencia, la privación y el trabajo pero con él las costumbres cambiaron. El imperio se desmembró con su mandato y los españoles aprovecharon la ocasión.

El cóndor de la pluma dorada  nos va enseñando, a lo largo de sus veintiocho capítulos, la cultura incaica. El Cápac Ñan, una gran vía de comunicación que llegó a alcanzar hasta los confines del imperio. Su religión, politeista, con Wiracocha como el creador de todo pero a quien más veneraban era a Inti, el sol. La estructura social del imperio, que era vertical, con el inca en la cúspide y los súbditos eran la parte más baja de la escala social. Era una sociedad polígama. Los incas eran los que gobernaban el imperio. Eran una casta y el inca elegía de entre sus hijos a su sucesor. Sus ciudades, templos, agricultura, ganadería, todo ello lo iremos conociendo a lo largo de esta obra.

Sin duda, con esta novela nos damos cuenta de que tanto los incas como los conquistadores buscaban lo mismo: el someter a los conquistados y hacerse con las mayores riquezas posibles. Errores y aciertos, triunfos y fracasos, conquistas y esclavos: todo esto igualó tanto a unos como a otros.

Esto es lo que se agradece de una novela histórica, su imparcialidad. De otro modo, siempre nos quedará la duda. Una duda que daría lugar a confundirnos y el lector que vaya a leer El cóndor de la pluma dorada agradecerá el trabajo efectuado por la autora  a la hora de ofrecernos una obra en la que, aparte de entretenernos, pretende que conozcamos los hechos tal como realmente ocurrieron.

Francisco Portela

08 junio, 2012

CUENTOS MONSTRUOSOS


 EL MONSTRUO EN MI
 Jose Ignacio Becerril
Ed. Saco de Huesos

Este libro, publicado por la editorial Saco de Huesos, es una antología de ocho cuentos del llamado género “fosco” y uno de ciencia ficción. Los relatos, dentro de este género que funciona a caballo entre la fantasía y el terror, los podemos clasificar a su vez en diversos subgéneros: costumbrista, romántico, policíaco, fantástico o simplemente terror. Todos tienen en común el protagonismo del monstruo, a veces interno a veces externo, salvo el último, que es un relato de Ci-Fi que no cumple esta premisa.

Esta antología de cuentos me ha llamado mucho la atención. No suelo leer relatos, no es un género que me guste en exceso, siempre lo digo. Suelen saberme a poco. Y Tampoco suele gustarme el género de terror, en ninguna de sus vertientes (novela, relato, cine…) porque suele darme muy poco miedo y por lo general me aburre mucho. Pero esta antología ha conseguido inquietarme realmente. Cada uno de esos relatos ha sabido tocar alguna parte de mi interior y, bien por una cosa, bien por la otra, ha sabido conectar conmigo de una forma que no es nada habitual y a la que no estoy nada acostumbrada. No es la temática en sí, en realidad nueve temáticas sobre monstruos diferentes; es, sobre todo, la forma de abordarlas y la forma de narrarlas lo que ha llegado a conseguir que, después de la lectura de cada relato, tuviera que parar para asimilarlo. Eso puede parecer normal en otros lectores. Quien me conozca sabe que si hago eso es porque algo diferente pasa con ese libro.

Uno de los factores que hacen que esto pase es que Nacho sabe crear a los personajes con cuatro palabras. Y alguno de ellos de tal manera que le pones nombre, apellidos y hasta foto. Esto es algo que para mí es muy importante, casi básico en cualquier tipo de narración; si no me creo a los personajes me da igual lo maravillosa que sea la historia, lo bien urdida que esté la trama o la sublime exquisitez de la prosa; si los personajes no me parecen reales no conecto y no me gusta. Creo que esto es uno de los puntos más fuertes que tiene este escritor, que deja de contarnos una historia para contarnos la historia de fulanito, de menganito, y están ahí, los ves, y los sientes. Hasta los personajes de los relatos que escribe uno de los personajes de un relato te parecen reales. Y con eso juega, y muy bien, por cierto.
Otro de los factores es, por supuesto el tema tratado en los relatos. Como el nombre de la antología indica, es el monstruo que todos llevamos dentro, y que no siempre es el que parece ser. Y a veces lo es, también. Nacho sabe jugar muy bien al despiste, por lo que en todos los relatos acaba sorprendiéndonos. En unos porque nada es lo que parece, y en otros porque al ser tan predecible la historia, te sorprende que ese final sea el que toca, el que es lógico, el que todos damos por supuesto y estamos esperando que sea cualquiera menos ese. Pero siempre está ahí presente el Monstruo. Ese monstruo que cualquier persona puede llevar en su interior, a veces solo peligroso para sí mismo, en forma de una fobia, una enfermedad; a veces peligroso para toda la sociedad; a veces tierno, otras salvaje, despiadado, pero nunca, nunca, neutro.

Quizá el factor determinante en la buena impresión que me ha causado este libro sea su  forma de escribir: me gusta. Sabe transmitir las ideas con mucha claridad, no resulta difícil seguirlo. Todo lo contrario, te introduce rápidamente en la historia de forma absorbente y te arrastra  de tal forma, que lo que menos percibes es el estilo, pero eso solo se consigue cuando una obra, como lo está esta, está bien escrita. Las descripciones son parcas y precisas, al igual que los diálogos. Con cuatro palabras es capaz de introducirnos en cada uno de los relatos de un plumazo, en transportarnos a cada una de las historias y sumergirnos por completo en ellas. Ésta creo que es su principal virtud. La historia puede o no puede gustarte, pero la vives. Cada uno de los diálogos encaja a la perfección en los personajes. No hay muchos, porque los relatos son cortos, pero son indiscutiblemente uno de sus puntos fuertes. Respecto a  la ambientación, con cuatro palabras te sitúas perfectamente en el lugar donde están ocurriendo los hechos. Te sientes introducido en el ambiente con gran rapidez. Respecto a la estructura, cada uno de ellos tiene la suya propia, que difiere mucho de unos a otros, adaptándose en todo momento a la historia y al clima que el autor quiere darle. Todos los relatos son coherentes en sí mismos y en la antología salvo el último, el de Ciencia Ficción, que queda un poco descolgado de la uniformidad de la antología, tanto por la historia, como por el clímax o el estilo narrativo. Mientras en los ocho primeros hace gala de una buena habilidad narrativa, en el último se dispersa y se ralentiza, en unos momentos, para acelerarse y atropellarse en otros, quedando puntos narrativos poco definidos. Los protagonistas se nos desdibujan, haciéndose más planos que en el resto de los relatos, y la  historia en si conforma un todo poco creíble que a mí, por lo menos, me ha dejado fría.

La portada no me acaba de gustar. La idea sí, la idea de una figura humana actual con cabeza monstruosa, en una reminiscencia del minotauro si me gusta, pero el desarrollo de la ilustración, no. Me parece que queda un poco frío, sin resultar atractivo en sí, aunque refleje la idea que se pretende transmitir con los relatos.
En resumen, es un libro que recomendaría a los amantes del género, y a los que no lo son,  tanto por sus historias muy interesantes como, por la prosa cuidada y ágil. Es un libro que me ha dejado muy buen sabor de boca, y con ganas de mas, de mucho más.

Ángeles Pavía

06 junio, 2012

BUENOS CONSEJOS


QUE NO TE LA DEN CON QUESO
Rosetta Forner
Ed. Planeta, 
Col. Zenith 


"Que no te la den con queso" es uno de los últimos libros que ha editado Rosetta Forner a través de Planeta dentro de su colección Zenith. Rosetta Forner es una coach pero no una coach de las aburridas, de las que escriben libros que más que ayudar ejercen el efecto contrario.
 Como todos los libros de Rosetta Forner, no deja indiferente a nadie. Puede gustar mucho o todo lo contrario. A mí, personalmente, me ha encantado. Es una lectura de la que he podido extraer muchas ideas a parte de pasármelo bien leyendola.

Con un lenguaje sencillo pero de los que te incitan a pensar, ella va exponiendo sus ideas las cuáles son muy útiles. Al menos, siempre me ayudan mucho. Sobre todo, Rosetta busca ayudar a las mujeres a sentirnos mejor con nosotras mismas, a ser fuertes y no caer en lo que ella llama " damiselas de la diadema floja". Mujeres que son incapaces de decirle " no" a un hombre porque viven una situación de dependencia con el mismo, que se niegan a ver que, a veces, él abusa de ellas en el sentido de que hacen lo que les pide sin tener en cuenta sus sentimientos. Rosetta no está de acuerdo con este tipo de mujeres y lucha para que todas nos sintamos " diosas" y "reinas". Mujeres con personalidad que son capaces de mandar a la porra al mismísimo "príncipe azul". No quiere decir con ello que se haya de tener un odio a los hombres, sólo que las mujeres debemos mantener nuestra identidad, nuestra personalidad, nuestras ideas, no cambiar para contentar al otro. Hay que ser mujeres con la cabeza y las ideas muy claras, con una gran corona sobre nosotras.

Todos los libros de Rosetta Forner me han encantado. En la Biblioteca los tengo casi todos. A ellos se une este último: ""Que no te la den con queso". Tomando como elemento de comparación una suculenta tabla de quesos, Rosetta va desgranando diferentes tipos de comportamiento y cómo hemos de actúar para ver que no van con buenas intenciones o no son ciertos. En una palabra: pretende que veamos la realidad de la fantasia, que no nos lo " zampemos" todo lo que nos ofrezcan; que no siempre es oro todo lo que reluce.

A diferencia de sus otros libros, este está dirigido a ambos sexos ( en los otros se nota más que el público al que están destinados es el femenino). Ella expone cada una de las situaciones con un lenguaje cercano y sencillo, leer a Rosetta es como si estuvieses hablando con un amigo mientras degustas una buena taza de té, paseas por la orilla del mar o te relajas con una mascarilla. Lenguaje sencillo pero de los que hacen pensar. 

Aunque lo es, no lo considero otro libro más de autoayuda. Personalmente, los odio porque más que ayudar muchas veces logran lo contrario. No. Para mí este libro, como los otros, de Rosetta Forner es una guía. Un punto de apoyo que a mí me ha servido de mucho.

Por ello, me parece oportuno recomendar su lectura y descubrir a esta autora. Estoy segura de que no os va a defraudar sino todo lo contrario. 
Es una lectura que entretiene al tiempo que da que pensar y,  por qué no, discutir.


Ysabel


DATOS TÉCNICOS:

248 páginas
Idioma: Español
ISBN: 978-84-08-08051-0
Código: 10001460
Formato: 13 x 21 cm.
Presentación: Rústica con solapas
Colección: Biblioteca Rosetta Forner

















04 junio, 2012

BUSCANDO A UN BARÓN


En busca del Barón Corvo: Un experimento biográfico
A.J.A. Symons


En busca del barón Corvo es uno de esos libros cuya existencia parece mediar entre la clandestinidad y el secreto de los iniciados. Sólo unos pocos conocen de la existencia del barón y su pequeño pero interesante papel dentro de la literatura universal. En Frederick Rolfe se conciertan todos los elementos del malditismo literario: la biografía azarosa, el desprecio de sus contemporáneos y una peculiar obra literaria, más sobresaliente por su rareza que por su brillantez artística.

Sin embargo, el mérito del libro descansa igualmente en la labor de su autor: A.J.A. Symons, quien no se limita a la mera biografía sino que describe (de ahí la adecuación del título, la busca, la quest) el proceso de reconstruir la vida de Rolfe, las pistas que cada nuevo descubrimiento abrían en su investigación, las conjeturas que quedaban confirmadas por posteriores revelaciones, o desmentidas para siempre, la correspondencia y entrevistas que concertó con personas que conocieron de primera o segunda mano al extraño escritor. Todo ello explica el subtítulo de esta obra “Un experimento biográfico” que bien merecería tener numerosas secuelas.

A través de las averiguaciones de Symons, accedemos a un segundo nivel, el de los hechos ciertos y probados en torno al barón Corvo así como sus palabras (vertidas, bien a través de sus libros, bien gracias a la abundante e intensa relación epistolar que mantuvo con sus conocidos, amigos o enemigos). De la unión de todos estos elementos surge ante nuestros ojos la figura completa de Rolfe y, como de entre la bruma de un amanecer en la laguna de Venecia, podemos adivinar su pensamiento, sus intenciones y sus frustraciones; podemos llegar a conocer cuánto le dolieron las traiciones que consideraba que le hacían sus amigos y cómo influyeron en su obra.

Este brillante resultado es consecuencia exclusiva del método empleado por Symons que no pasa por ofrecer una visión lineal y acabada del biografiado sino que nos muestra los elementos sobre los que basa su indagación, sus luces y sus sombras, de modo que el propio lector pueda contradecir imaginariamente al autor. Todos estos ingredientes hacen de En busca del barón Corvo una lectura que desafía los estilos convencionales por los que suelen discurrir obras similares y que convierte la experiencia de su lectura en un acontecimiento refrescante y novedoso.

Como ya se ha señalado, la historia de la Literatura tiene su propia rama maldita formada por autores que no lograron el reconocimiento de sus contemporáneos pero a los que el tiempo ha sabido poner en su lugar. Asimismo, abundan los ejemplos de escritores no muy reconocidos pero cuyas obras son delicados manjares en manos de bibliófilos. En esta segunda categoría, el aspecto biográfico del genio desconocido acostumbra a ser igual de interesante (o más) que sus escritos, de manera que vida y obra se dan la mano para conformar un todo inseparable, cuya importancia es recíproca.

En el caso del barón Corvo, su vida se cimienta sobre una serie de complejos entre los que se puede contar el trastorno bipolar, la esquizofrenia y la manía persecutoria, unidos a una gran sensibilidad y temperamento artístico. La extraña psique de Rolfe le llevó al convencimiento de que estaba llamado a metas más altas que las del resto de mortales con quienes convivía, de modo que trató de descubrir por sí mismo cuál era el camino por el que debían despuntar sus talentos.

Primeramente lo intentó como sacerdote católico, abandonando la fe anglicana en la que nació, dado el atractivo de la liturgia católica, la conexión de este credo con la historia del arte y su profundo simbolismo con los que su carácter parecía convenir. Sin embargo, y ésta fue la primera gran traición que sufrió (o creyó sufrir) en su vida, fue rechazado por la jerarquía impidiéndole la ordenación a la que consideraba que estaba llamado. La herida que este hecho le ocasionó queda reflejada en una de sus novelas (Alejandro VII), obra en la que el cónclave romano elige Papa a un desconocido al que le había sido negada la ordenación sacerdotal por inquinas y envidias de sus superiores. Esta “venganza literaria”, muchos años después de ocurridos estos hechos, no sólo refleja lo profundo del dolor que le supuso aquel rechazo, sino que da la pauta de la práctica totalidad de sus obras, concebidas como un modo de vengar afrentas y ajustar cuentas con quienes en la vida real zancadilleaban su camino a la gloria.

Tras este duro golpe, Rolfe trató de rehacer su vida de muy diversas maneras, como preceptor de una importante familia católica, secretario de un notable profesor de Oxford, protegido de una peculiar dama italiana (de esta etapa tomaría el apelativo de barón Corvo), pintor de escudos heráldicos para una parroquia católica, etc.

Prácticamente en todas estas etapas de su vida se reproduce la misma secuencia. Rolfe deslumbra con sus modales, sus conocimientos de arte o de la Florencia de los Medici, su talento como pintor o escritor y entabla nuevas amistades. Rolfe espera de estas amistades una devoción y apoyo incondicionales de modo que finalmente, por extraños quiebros del destino cualquier acontecimiento simple, el más simple malentendido, supone un estallido de violencia (normalmente sólo a nivel verbal, del que dejan constancia muchas de sus cartas), una nueva afrenta que vengar, un peldaño más en el descenso a su peculiar infierno y a la desconfianza en la humanidad en general.

Abandonada la pintura como forma de lograr la fortuna, el reconocimiento y la admiración que redimieran toda su vida, y la dotaran de un sentido, optó por la literatura. Su peculiar estilo se caracteriza por su vitriolismo, su barroco lenguaje y su ingenio en cuanto a estructuras gramaticales y a la invención de nuevas palabras o a la adaptación y modelación de otras ya caídas en desuso. La fuerza de su estilo hace olvidar lo poco atractivo de sus tramas argumentales, forzadas por la necesidad de vengar sus reales o ficticias ofensas.

La vida del barón Corvo, de quien se puede decir ciertamente que no ganó un chelín gracias a sus escritos, terminó en Venecia en una debacle en la que el vicio y la locura no bastaron para ahogar hasta el último segundo, la eterna queja lastimosa contra el mundo que el desgraciado Rolfe compartía con quien le quisiera escuchar o lanzaba al cielo cuando la soledad se convirtió en su única confidente.

Sus contradicciones fueron incontables. Su odio por los católicos no le impidió relacionarse en gran medida sólo con ellos, su ambición y excesos le hacían perder la confianza de aquellos que podían ayudarlo y, en última instancia, el odio de Rolfe siempre acababa por volverse contra quienes más podían o querían ayudarle. Este odio tampoco le impedía, una vez rotas las relaciones con antiguos colaboradores a quienes acusaba de las peores villanías, recurrir nuevamente a ellos mediante cartas lastimosas en las que se ofrecía a olvidar las heridas inflingidas mediante la entrega de dinero o favores similares.

Symons, hijo de su tiempo y de una sociedad excesivamente imbuida del ideal victoriano, considera la homosexualidad reprimida de Rolfe el motor de su errática y desgraciada vida. Quizá se trate simplemente de que sus problemas psicológicos encontraron la forma de aflorar de forma manifiesta a raíz de diversos episodios críticos que condicionaron su relación con el resto de seres humanos y la visión que de sí mismo tenía. Para salvar esta contradicción elaboró su propia teoría en función de la cuál, su desgraciada vida tomaba sentido por el alto fin al que estaba destinado. Todos cuantos se opusieran a él lo hacían con el fin de impedirle su culminación, en una especie de conspiración general contra su persona. Esta farsa le permitió salir adelante de las numerosas crisis que conoció en su vida y le ayudó a no perder nunca la fe en sí mismo.

La vida de Rolfe sólo puede inspirar lástima en nuestros días, pero la imagen de un ser que lucha por aquello en lo que cree, que es capaz de superar todas sus limitaciones convencido de su propia genialidad, es el arquetipo del artista romántico, un solitario enfrentado al mundo que se niega a reconocer su talento contra toda evidencia. El modo en el que Symons nos lo presenta, gradualmente, haciéndonos partícipes de sus propios avances en la investigación, nos aventuran en un largo proceso de interiorización de la peculiar mente del barón. Todo ello permite afirmar que la lectura de este libro es una “lectura experimental” parodiando a su autor de la que todo amante de la buena literatura debería tener noticia.

 GWW

Datos del libro
  • 13.0x20.0cm.
  • Nº de páginas: 332 págs.
  • Editorial: LIBROS DEL ASTEROIDE
  • Lengua: CASTELLANO
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • ISBN: 9788493431518
  • Año edición: 2005
  • Plaza de edición: BARCELONA


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