09 noviembre, 2011

El jabeque Murciano – Luis Delgado Bañón

Este post fue enviado por Ariodante, quién nos envió su reseña a opiniondelibros@gmail.com. Muchas gracias Ariodante.

Publicado en: http://novilis.es/?p=2640

Cuarta entrega de la Saga Marinera Española, el libro que tenemos entre manos continúa las aventuras del protagonista, Francisco Leñanza, Gigante, y de su amigo Santiago Cisneros, Pecas, ahora ya duque de Montefrío y de resultas del matrimonio de Francisco con Cristina, la hermana de Santiago, cuñados. El autor, Luis Delgado Bañón (Murcia, 1946), capitán de navío, escritor, director -hasta hace muy poco- del Museo Naval de Cartagena, es un amante de la historia, sobre todo la historia naval española, a la que ha dedicado años de esfuerzos y de investigación.

La primera parte de la novela tiene lugar tierra adentro: transcurre en tierras extremeñas, en la hacienda El Bergantín, donde los recién desposados viven su luna de miel; Francisco se recupera a pasos agigantados de la postración a que fue sometido tras sus heridas en el ataque al Peñón con las flotantes, operación comandada por D. Antonio Barceló y cuyo desastroso final le tuvo a las puertas de la muerte. Gracias a los cuidados de la dulce Cristina, del fiel Setum y los sabrosos guisos de Felicia, los paseos por el campo y las noches de amor, Gigante vuelve a recuperar su corpulencia y su vitalidad a punto de cumplir los diecinueve años. La llegada de su cuñado, el pequeño duque de Montefrío, afincado en la villa y corte pero a la caza de una nueva misión, le hace resurgir la llamada de la aventura y del mar, aunque sufre por Cristina, recién desposada y con una promesa de futura continuación de la familia. Pero aunque joven, es una mujer fuerte que sabe con quién se ha casado. Así que las cosas ruedan por su natural.

Posteriormente se desplazan a la hacienda murciana de Santa Rosalía, en la que disfrutan durante unos días de la compañía del general D. Antonio Barceló, que les profesa un cariño paternal. En ese tiempo, a la vez que el viejo marino se explaya con la caza, la buena comida y el aguardiente casero, Francisco aprovecha para recabar información sobre el barco que ha de tripular y su historial, información que Barceló le desgrana entre copa y copa, encantado de su monólogo. Es la manera de que los lectores seamos informados de la situación de la marina del momento, la historia personal de Barceló (que es real) y detalles técnicos sobre la navegación con un tipo especial de barco, el jabeque. Y así damos paso a la parte de acción marinera.

Llega, pues, el momento de que el alférez de navío Francisco Leñanza se incorpore al servicio activo y de ello trata la segunda parte del libro: de la campaña de Argel, en el verano de 1784, donde una flota compuesta por españoles, portugueses, malteses e italianos y comandada de nuevo por el brioso general Barceló, se dirige a la costa de Argel para impartir un castigo por el continuo acoso de los piratas argelinos sometían a nuestras naves en el Mediterráneo.

En la división de jabeques, dirigida por D. Federico de Gravina y Napoli, servirá Francisco, agregándose a la batalla su cuñado Santiago, proveniente de Turquía, donde ha estado en misión de paz. Echamos de menos un relato más largo de esta parte, que hubiera sido interesantísimo, y que sin embargo, el autor lo despacha demasiado a la ligera, para nuestro gusto.

Se nos describe la formación de combate, los problemas con los vientos adversos, los bombardeos que mantienen durante trece días frente a la fortaleza argelina, con el valiente general Barceló, en primera línea, moviéndose con su falúa entre las "cucarachas" (cañoneras y bombarderas) impartiendo órdenes constantemente a diestro y siniestro, babor y estribor, e incluso sufriendo un chapuzón; finalmente, tras haber cumplido la misión, el tornaviaje. En toda esta parte, hay un personaje que comparte la acción con Francisco: el caballero aventurero D. Alvaro de Galdomar, que le cuenta su historia personal y la razón por la cual está entre la tripulación. Historia que más adelante tendrá un curioso resurgir.

Las aventuras que siguen, -porque el retorno se complica- hacen de estas últimas páginas las más emocionantes del libro, con descomunal tormenta, cruenta batalla y tensión por los cuatro costados. Se acaba con retorno a Cartagena, entre vientos y calmas, y un feliz acontecimiento.

En suma, una novela algo descompensada entre las dos partes. La primera, más lenta y en algunos ratos poco amena, a pesar de que sea la que nos sitúe en las coordenadas históricas y la situación de la Marina y del país en esos años; y la segunda, que es mucho más atractiva por la acción y la trama, siempre necesarias en este tipo de literatura donde la aventura es imprescindible. Cierto que la vida del marino oscila entre tiempos tranquilos en tierra y largas temporadas a bordo, lejos de la familia y del hogar. Pero es la vida que han elegido, y aunque deseen gozar de la familia, en realidad el verdadero hogar del marino es la mar y si se le mantiene alejado de ella, sufre y desespera.

La edición incluye entre las ilustraciones, un mapa de los movimientos de barcos, una imagen de un jabeque con detalles y nombres, y otra imagen del general Barceló.

Ariodante. Octubre 2011.

Muchas gracias Aridante.

¡Saludos!

07 noviembre, 2011

Hay chicos malos. El caso de Marta del Castillo – Alfonso Egea

Esta reseña fue enviada a opiniondelibros@gmail.com por Estefanía Gómez, de parte de la Editorial MAD. Muchas gracias Estefanía, como siempre.

Pocas veces en la historia reciente un caso de desaparición y presunto asesinato ha captado tanto la atención de los medios de comunicación y de la sociedad en general.

Y no es para menos: la víctima, como algunos de los presuntos encubridores o colaboradores, era menor de edad.

Enseguida saltó la noticia a las redes sociales para la movilización ciudadana, y enseguida, también, muchos padres sintieron un escalofrío ante una forma de relacionarse de las pandillas del mundo real o virtual sobre la que lo desconocen todo: lobos que aparentan ser corderos, espíritu de manada, impiedad y mentira.

Alfonso Egea, el periodista que probablemente sepa más del caso, lo narra con exhaustividad y estilo ágil, con información nunca antes desvelada. Podría leerse como una novela policíaca, pero lejos del morbo, y por encima de la crónica de sucesos, Hay chicos malos es una llamada de alerta a la sociedad ante el peligro que acecha a nuestros hijos, ante el que no cabe cerrar los ojos. Por ello el libro ahonda en el comportamiento de jóvenes y adolescentes, a su forma de relacionarse, de la que los adultos lo desconocen casi todo.

Alfonso Egea, el autor:

  • Periodista especializado en la sección de sucesos, con una amplia trayectoria en las cadenas más importantes del país (Tele5, Antena3 y Cuatro).
  • Desde la desaparición de Marta del Castillo, ha seguido el caso exhaustivamente y conoce de primera mano a todos los protagonistas.
  • Ha recopilado material policial y judicial relacionado con el caso y que esclarece todas las historias cruzadas que se han publicado en los medios de comunicación, con el máximo respeto tanto en su acercamiento hacia esta escalofriante historia como de cara a los menores implicados en el caso.

En las primeras páginas se incluyen una "carta abierta" de los padres de Marta del Castillo.

Son 23 capítulos en los que el autor, de forma clara y ágil, y siguiendo el orden cronológico de los hechos, desentraña todas las claves del caso, acompañando el texto con la documentación tomada del sumario: transcripciones, declaraciones, fotografías de pruebas, etc.

Una historia con un final abierto y cuyo desenlace iremos viendo durante los próximos meses.

Muchas gracias Estefanía.

¡Saludos!

03 noviembre, 2011

Ulises y las sirenas. El dilema de la infidelidad – Jesús Cotta

Esta reseña fue enviada a opiniondelibros@gmail.com por Estefanía Gómez, de parte de la Editorial MAD. Muchas gracias Estefanía, como siempre.

¿En qué se diferencian amor y ammoorr? ¿En qué un desliz y una cañita al aire? ¿Quién o qué tiene la culpa, si la tiene? ¿Todos, si la ocasión es óptima, podemos ser infieles? ¿Soy un amante socrático o soy más bien aristotélico? ¿Qué conviene más a los amantes: una buena dosis de Kant o un toque de Nietzsche? ¿Encajaré bien con un amante posmoderno? ¿Es la fidelidad un logro moral o un lastre? ¿Hay que confesar la infidelidad o llevársela a la tumba? ¿El infiel lo es por debilidad o por falta de amor? ¿Las parejas liberales se aman de veras? ¿Se debe prevenir la infidelidad?

Esas y otras muchas preguntas aborda este ensayo de filosofía orientadora y práctica, sin eludir los abismos ni perderse en las nubes. Confidencias de amigos, casos prácticos, clasificaciones filosóficas de amantes, coros de sirenas tentadoras y el lucero del amor como guía se alían para arrojar luz sobre un asunto en el que cuesta ser racional cuando hay que ser racional, e irracional cuando hay que ser irracional, porque la razón lo oscurece con sus prejuicios, el deseo con sus ganas y el corazón con sus miedos y frustraciones.

Dos estrellas contrarias nos llaman: seguridad y libertad, deber y placer, compromiso e independencia, Ítaca y las sirenas. Ni promiscuidad ni monogamia colman esas dos aspiraciones humanas. La infidelidad siempre será una tentación. La fidelidad siempre será una necesidad.

Jesús Cotta nos proporciona lo más parecido a una solución a este problema sin solución.

Un libro diferente que se atreve a decir muchas verdades sobre el espinoso asunto de la infidelidad en la pareja. Basándose en mitos clásicos y en "confesiones" contemporáneas, Cotta hace un repaso a esta problemática con un lenguaje directo y muy ágil. A nadie dejará indiferente.

Ámbito de influencia: Sevilla, donde el autor es profesor en un instituto y toda España, por la universalidad del tema. Cotta tiene un blog muy seguido, por lo que el libro tendrá gran eco en la blogosfera.

Muchas gracias Estefanía.

¡Saludos!

01 noviembre, 2011

Siempre en mi memoria – Guadalupe Eichelbaum

Este post fue escrito y publicado por Alejandro Pérez Guillén y enviado a opiniondelibros@gmail.com por Guadalupe Eichelbaum para su reposteo. Muchas gracias Guadalupe por tu contribución.

Si en El libro de las ilusiones, de Paul Auster, el personaje principal, sumido en una depresión sin salida aparente, sale a flote gracias al azar, a la contemplación de un actor de cine mudo en la pequeña pantalla que le devuelve a la vida al arrancarle un amago de sonrisa, si en El libro del buen amor, unos versos magníficos mitigan el dolor de un hijo ante la muerte de su padre, en la novela Siempre en la memoria Andrea supera en parte el duelo de una pérdida con el recuerdo de su hijo en la tierra y, de forma casual, al darse cuenta de que unas fuerzas invisibles la empujaban hacia la vida, con la escritura de un diario íntimo en el que desnudaba su alma con la esperanza de que esos sentimientos quedaran impregnados en el papel con tanto ahínco que uno pudiera recuperarlo con la lectura.

La ternura de una niña dibuja el aliento de seguir adelante en la protagonista, desempeña el papel de un don Quijote influenciado por su amigo Sancho, de un Sancho que sufre el proceso de quijotización en sus propias carnes: la mujer actúa como una niña indefensa que no sabe cómo afrontar los problemas y la niña muestra una actitud adulta y reflexiva que contrasta con su situación.

En la narrativa de Guadalupe Eichelbaum Sánchez destaca el modo sutil con el que sella la boca de cada uno de los capítulos de la novela con unas frases cortas y unos silencios largos que invitan al lector a reflexionar sobre su propia existencia. La novela nada tiene que ver con la poesía, pero permite que uno se identifique con los personajes, pues por encima de la acción hay un análisis minucioso de su psicología de forma tan natural como profunda. No hay una visión maniquea de la realidad, sino que ésta está compuesta por una amplia gama de grises, desde la sonrisa inocente del día al luto imberbe de la noche: Había ganado mucho. Aún así, no estaba en paz con la vida. Le agradecía y le reprochaba pero no se suman y restan los sentimientos. No se anulan los negativos con los positivos, no hay matemáticas en el alma. Sólo un eterno ir y venir, mecerse en todas direcciones, muchas contradicciones y unas pocas certezas que, a veces, resultan no ser ciertas.

De las paredes de la casa escapa Andrea hacia el jardín como un Locus amoenus donde el paisaje se identifica con el entorno en una simbiosis de sentimientos que se duplican en el corazón con la fuerza descomunal de una ola que amenaza con arrasarlo todo. En el jardín se refugia de la soledad y de los miedos, en el jardín se siente libre a ratos, pues la naturaleza le otorga el sosiego y la paz necesarios para que la conciencia descanse. En este contexto aparece una crítica a la construcción desmedida en los pueblos que borran el sueño de un paisaje que se niega a morirse entre ladrillos, que nos recuerda que el pasado ya no es el mismo, ni siquiera como estampa de otoño que se niega a sucumbir ante nuestros ojos.

La novela gira en torno a la antítesis, a un contraste de pareceres y de personajes que apoyan la ficción a ambos lados de los extremos, como si la distancia entre ellos supusiera la mejor forma de acercamiento. Es una antítesis que se aproxima al paralelismo de unas vidas que a la postre confluyen en el mismo afán de salvar el pellejo, de embarcarse en el río de la existencia sin más asideros que los estímulos de una vida en común que los atrapa y los hace cómplices: Náufragos que habían intentado salvarse de maneras distintas.

La etopeya aparece como un recurso fundamental en la historia, de tal modo que el narrador parece ser un psicólogo que no intenta diagnosticar a sus pacientes, pero, sin embargo, es capaz de dejar que se muestren tal y como son, les deja el espacio suficiente para que puedan desahogarse, pintar con palabras en blanco y negro el alma que se escapa entre las páginas del libro. El lector es el único dispuesto a analizar el comportamiento de esos fantasmas que deambulan por su imaginación empujados por el ímpetu de la novela.

El tiempo se resquebraja en un antes y un después que deja al descubierto el abismo de una soledad sometida al dolor de una pérdida. Los personajes se refugian en el pasado como un remedio eficaz para sobrellevar el presente o en otras ocasiones huyen del escenario para emprender una nueva vida: siempre huyen hacia adelante o hacia atrás hasta que de nuevo el discurrir de los acontecimientos absuelve en parte el pecado de la angustia colocando una cicatriz donde habitaba el abismo, una cicatriz lo suficientemente sólida como para que se convierta en un puente a través del cual el presente retome el hilo de su propia historia, a través del cual pueden llegar a convivir el presente con el futuro y con el pasado, sin que el miedo al sufrimiento nos paralice del todo.

Siempre en mi memoria es un manual de supervivencia donde los sentimientos afloran con la espontaneidad de la primavera y los lectores no tienen más remedio que darse cuenta de que los cuentos a veces se asemejan tanto a la realidad que nos asustan y la realidad es un cuento del que en ocasiones no queremos despertar. Abramos los ojos a esta novela y aprenderemos mucho de nosotros mismos.

Muchas gracias Guadalupe.

¡Saludos!

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