31 diciembre, 2009

Los amantes del hotel Tirana – Pedro Antonio Curto

Este post fue enviado por Pedro Antonio Curto a nuestro e-mail. Muchas gracias Pedro, muchos éxitos en este 2010 que empieza.

En el verano de 1990, mientras el régimen socialista albanés comienza a derrumbarse, dos jóvenes se aman una noche en la habitación de un hotel. Aida y Aslam se encuentran con las encrucijadas de la historia y a través de ellas construyen la suya propia. Es una noche que tiene algo de iniciativa y sin embargo están rodeados de mundos crepusculares. Por esas rendijas ellos prueban el sabor de un cuerpo ante otro cuerpo, de un ser abandonándose al otro.

Han viajado por tierras albanesas y viajan también a través del tiempo, a una España donde un combatiente de las Brigadas Internacionales comienza a forjar una utopía. Es una utopía que ambos aman, como se aman el uno al otro, con la necesidad sensitiva de transcender, de ir más allá, a una patria carnal, a una patria sin fronteras. Pero se encuentran que viven en la sombra oscura de esa utopía; la que se aleja del sueño para acercarse a la pesadilla.

La novela crea atmósferas intimistas, que fluyen entre lo fantástico de la mitología albanesa y la realidad, para ir a la búsqueda de un territorio donde el individuo se enfrenta a su época, con sus sueños, sus frustraciones y también con sus traiciones.

Nuevamente, muchas gracias por contribuir.

Saludos y que se diviertan esta noche!

30 diciembre, 2009

El secreto – Rhonda Byrnes

Este post fue enviado a gclibros@yahoo.com por Francisco, uno de nuestros fans en Facebook. Muchas gracias Francisco, que tengas un muy buen fin de año y comiences un 2010 lleno de dicha y bendiciones.

Existe un secreto que se conoce desde hace miles de años, y ha pasado de generación en generación. Muchos líderes y personajes de la historia lo conocían y lo aprovecharon, logrando éxito, poder y prosperidad.

El Secreto es la "Ley de la atracción", tesis que postula que los pensamientos positivos atraen riqueza, salud, felicidad y relaciones.

La productora de TV australiana Rhonda Byrnes, basándose en obras clásicas de la auto-ayuda (como La ciencia de hacerse rico, escrito por Wallace Wattles en 1910), produjo en el 2006 un video sobre El secreto, que tuvo un gran impacto en muchas personas. En este revela El Secreto, y a través del testimonio de expertos y gurús en áreas tan diversas como la física cuántica y la medicina, enseña a utilizarlo para lograr lo que queremos en la vida.

Se los recomiendo, tanto el libro como el video son excelentes, en cuanto a lo personal me ayudó mucho.

Muchas gracias Francisco, aunque yo, personalmente, soy un poco escéptico ante este tema. Muchas gracias por contribuir con este espacio.

Saludos!

27 diciembre, 2009

Once minutos – Rafael Sierra Pérez

Este post fue enviado por Rafael Sierra Pérez por medio de nuestra página en Facebook. Muchas gracias Rafael, muchos éxitos con tu obra.

A inicios de la primavera de 1.945 el mundo entero sabía con certeza que Alemania había perdido la guerra. Sin embargo un hombre se negaba admitir su derrota.

Adolf Hitler esperaba un milagro. Un pacto con los aliados occidentales frente a los soviéticos, un arma decisiva que diese un vuelco radical a las hostilidades...

Pero ese deseado milagro no se producía. Semanas previas de este anunciado desenlace y poco antes de poner fin a su vida, el Führer desea satisfacer un apremiante deseo. Decide hacer una visita. Se trasladará a Dachau para entrevistarse, en secreto, con un prisionero de aquel Campo de Concentración; George Elser, un carpintero alemán, que a punto estuvo de acabar con su vida al inicio de la guerra, si el atentado que planeó contra él no hubiese fallado por escasos once minutos.

Durante el transcurso de una noche, y a solas, ambos se despojaran del papel que a cada uno le otorgó el destino. Ya no serán Adolf Hitler, el Führer, y George Elser, el prisionero. Serán dos hombres que desean hablar.

Currículo

Rafael Sierra Pérez.

Gaditano nacido en Ámsterdam-Holanda (1.963). Está diplomado en Magisterio y licenciado en Humanidades. Actualmente ejerce como profesor de Geografía e Historia en la enseñanza pública. Distintas colaboraciones en prensa y en revistas de temática social constituyen su currículo como autor. Más que escritor, se considera fundamentalmente un excelente lector. Detesta la literatura que únicamente sirve para entretener y ama aquella que se constituye en un instrumento para mover conciencias. Actualmente reside en Arcos de la Frontera, resistiéndose a perder el contacto con su amada Cádiz.

Muchas gracias Rafael, te estamos muy agradecidos por tu contribución.

Los invitamos a enviarnos sus comentarios, críticas y reseñas a nuestro e-mail: gclibros@yahoo.com.

Muy felices fiestas!

20 diciembre, 2009

El sexto sol – Amando Lacueva

Este post fue enviado por Amando Lacueva, el autor del libro, a gclibros@yahoo.com. Muchas gracias Amado, muchos éxitos en tu carrera de escritor y Felices Fiestas.

La novela es de ágil lectura, contiene elementos de ciencia ficción bañado con fuertes dosis de fantasía. Narrada en tercera persona, su narrador omnisciente es cauto en descripciones, permitiendo que la novela adquiera un intenso ritmo desde la primera página. El autor utiliza las anacronías para situar al lector en distintos momentos del desarrollo de la trama. Una novela que encierra un profundo mensaje de superación individual y colectiva, la rotura de los propios miedos y el enfrentamiento de los personajes con su yo interior. Fiel reflejo de las profecías maya, Amando Lacueva nos transporta a un mundo donde el suspense, la acción, el misterio y la aventura, nos harán vibrar hasta la última hoja.

Los personajes están perfectamente construidos y son totalmente creíbles, Con diálogos amenos, inteligentes e interesantes, cargados en ciertas ocasiones con tintes de comedia que os harán arrancar una sonrisa dentro de la desesperación de muchos de ellos.

La trama de la novela tiene como telón de fondo el mensaje profético maya sobre el fin del mundo en 2012. En Copán, Alfred consigue unas rocas con unos glifos mayas que son traducidos por Diana Preston, en el Louvre de Paris. Mientras intentan descifrarlas, La Cruz Parlante, una sociedad secreta compuesta por antiguos sacerdotes mayas, que tienen la misión de protegerlas y ocultar su mensaje al mundo, hace lo imposible, a través de Missha, su brazo ejecutor, para que Alfred y Diana no logren su cometido. En el Centro de Operaciones de Experimentadores de Paris, John y su equipo de astrofísicos, observan las lecturas de los satélites orbitales, que captan diferentes fenómenos astronómicos; manchas solares, eyecciones de plasma increíbles, viento solar y polvo cósmico que se encaminan hacia La Tierra y que perjudicarán tanto su órbita como su polaridad. El Ifremer (Instituto Francés de Investigación y Exploración del Mar), detecta en sus perfiladores, una súbita bajada de la temperatura de los océanos mientras las aves migratorias pierden su orientación y lentamente los satélites están siendo afectados por la eyección de plasma del Sol. Los saldados de la OTAN toman el edificio de la ESA (lugar donde se encuentra John y su equipo de astrofísicos), pues ya no se trata de un seguimiento realizado por instituciones públicas, la grandiosidad de los acontecimientos aconsejan que en adelante se trate de una operación militar, con todo lo que ello conlleva, con el objetivo de, intentar salvar el mundo. Mientras, John y nuestro grupo de amigos, intentan huir del desastre que se cierne sobre La Tierra, viajan hasta la Cordillera del Cóndor, en La República de Ecuador. Se introducen en la Cueva de los Tayos, donde vivirán la aventura más apasionante jamás imaginada. Nuestros personajes, después de haber intentado eludir los envites de la sociedad secreta de la Cruz Parlante y su brazo ejecutor, y escabullirse de entre los soldados de la OTAN, se enfrentarán a un mundo desconocido, a una civilización milenaria, a una tecnología inimaginable, donde precisamente ellos, son la clave, la única clave, como humanos primitivos, para salvar el mundo. Pero no les resultará nada sencillo. El primer y más aterrador de sus retos, será evolucionar, y para ello, deberán pasar por el Salón de los Espejos, enfrentarse a sí mismos, y a sus miedos. Solo, de esa forma, si triunfan, la humanidad quizás tenga alguna posibilidad.

Muchas gracias por tu contribución, Amando.

No dejen de enviarnos sus comentarios, críticas y opiniones para poder hacer crecer este espacio que, naturalmente, es de todos.

¡Saludos y muy Felices Fiestas!

18 diciembre, 2009

Sueños de sílice – Manuel Llaca

Manuel Llaca nos envió este post a nuestra casilla de correos. Manuel, muchas gracias por tu contribución.

El relato que estoy presentando intenta mostrar el ideal de perfección que contiene el sueño de un niño, intenta contar una historia de lucha para la consecución de un fin; una historia englobada en un marco temporal que, poco a poco, suprime la enseñanza del ideal de esfuerzo en las nuevas generaciones, eliminando el fomento cultural en detrimento de una vorágine consumista, un mundo lleno de misantropía por la historia del pasado. El niño crece, alcanzando la edad adulta; el sueño sobrevive, pero, al final, la quimera elegida no era la correcta; el sueño inicial, aún siendo el equivocado, le llevó, irremediablemente, a la quimera real que ocultaba en su interior. Únicamente aprende el que se deja enseñar.

¿Qué es lo que espero de libro? Que lo lea el mayor número de personas; deseo conocer la opinión de todos y cada uno de los lectores, no importa que la obra sea admirada, o reprobada; la admiración me dará alas para continuar, la reprobación me enseñará el camino de mejora.

Reseña

La obra narra, en primera persona, el desarrollo de un sueño, un futuro, a lo largo de más de veinte años de la vida de una persona. Está basada en vivencias reales, pero el relato abandona la vida real para acoger una ficción encubierta.

¿Qué es un sueño de sílice? Para entender el significado es necesario ahondar en el relato, ejecutado de principio a fin por el propio protagonista.

Sueños de sílice es una obra literaria que pertenece al género de la narrativa, de rápida lectura por contar con 204 páginas en total. El narrador es intradiegético, es decir, toda la historia se narra en primera persona. Pretende utilizar un lenguaje coloquial, para una lectura más cómoda.

Muchas gracias Manuel. Muchos éxitos con tu obra.

Saludos!

16 diciembre, 2009

Lágrimas oscuras – Arthur de Jeuffosse

Este post fue enviado a gclibros@yahoo.com por parte de Lorena García García. Muchas gracias por tu contribución Lorena.

Hacía tiempo que no leía una novela de esas que atrapan desde las primeras páginas y ya no puede soltarla. Me ha venido muy bien después de varias de esas de "aguanta las cien primeras páginas que ya verás que buena es luego…" Pero, evidentemente, no se trata sólo de la velocidad y el ritmo del texto, sino de un par de cosas que a mí me han impactado espacialmente. En primer lugar lo poco común del argumento. Se trata nada menos que de la recreación de un par de episodios muy poco tratados por la Historia, casi olvidados, yo diría que hasta ocultados: la privación de derechos de las mujeres atenienses, ordenada por el rey Cécrope, y la creación posterior de una nueva ciudad-estado gobernada, dirigida y defendida por mujeres. Ese segundo episodio es la creación de Temíscira, el nombre con el que los autores clásicos nombraban a dicha ciudad.

Y en segundo lugar, además del ritmo y del argumento, me gusta lo bien que se ciñe a lo poco que sabemos del asunto. Cómo se describen los rituales de iniciación de las niñas, el entrenamiento de las mujeres soldado, las festividades tipo Tesmoforias, el conocimiento que muestra el autor sobre el armamento de la época y su manejo (parece haber sido realmente un hoplita y haber formado en una falange griega…). En fin, me ha gustado casi todo, y no la considero una novela de tipo juvenil, sino algo sobre lo que todo el mundo debería leer en algún momento. Lo comento porque trata también de forma transversal algunos temas que me parecen de mucha actualidad. Por ejemplo, en el libro se plantea una sociedad organizada militarmente, que justifica el uso de la violencia para recuperar los derechos perdidos por las mujeres. Creo que esto también es algo que nunca se ha vuelto a producir en la Historia de la Humanidad, y que tampoco he visto tratar en ninguna otra de las novelas que he leído. Pero, a lo largo de la obra, y especialmente al final, se somete a juicio este planteamiento (no quiero decir cómo termina ;-) Es decir, es una novela en la que se describe algo único y muy poco tratado en la literatura, pero en realidad los personajes (con sus actos y opiniones), plantean la conveniencia o no de utilizar la violencia para alcanzar sus lícitos fines. Las distintas protagonistas defienden o rechazan esta perspectiva… hay un debate abierto a lo largo del libro.

Me ha sorprendido, y me ha encantado la forma de plantear el tema... muy entretenida, apasionante por momentos... y al final didáctica! o eso creo yo :-)

Muy interesante tu post Lorena, nuevamente, muchas gracias.

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Saludos!

14 diciembre, 2009

La maestría del amor – Miguel Ruiz

Liliana Tenaglia nos envió la opinión de esta obra. Muchas gracias por compartir tu experiencia con nosotros Liliana, deseamos que pronto encuentres el libro que te acompañará durante el 2010.

La maestría del amor, de Miguel Ruiz, una guía práctica para el arte de las relaciones. Un libro de sabiduría tolteca. "La felicidad sólo puede provenir de tu interior y es el resultado de tu AMOR" Ninguna persona puede hacerte feliz y que la felicidad es el resultado del amor que irradias desde adentro, entonces habrás conseguido la más importantes de las maestrías. El amor es sanador y nos da la apertura de corazón y de mente que necesitamos para sentirnos plenos y felices!!! ...Mucha sabiduría... es el libro que me ha estado acompañando durante todo este año!!

Muchas gracias por tu contribución, Liliana.

Saludos!

09 diciembre, 2009

El perfume de los libros – Matías Monge

Este post fue enviado por Matías Monge, el autor de la obra, a gcdlibros@yahoo.com. Muchas gracias Matías, te deseamos muchos éxitos en tu camino de enseñanza. Felicitaciones.

Un erudito profesor que atesoraba una extensa y maravillosa biblioteca, con el devenir de la modernidad, teme perder aquellas viejas costumbres que reunía a los niños del pueblo a escuchar de su boca los relatos y andanzas de los grandes clásicos de la literatura, y emprende una osada y ambiciosa empresa: agregar a cada libro de su grandiosa biblioteca un perfume, olor, un aroma particular, según las sensaciones que despertaban en el lector a medida que recorría sus páginas. Después de dilapidar su fortuna, y ver pasar sus años, lo consigue…. o casi; ya que solo un libro pudo derrotar su obsesivo plan.

Matías Monge se desempeña como profesor universitario en instituciones educativas de gestión privada y del estado.

Ha escrito también, artículos relacionados con la calidad de la enseñanza y de los procesos de Aprendizaje.

"El perfume de los libros" es la primera entrega de la serie: "Levántate y Lee" declarada de Interés Cultural y Municipal por el Gobierno de la ciudad de Bahía Blanca.

Muchas gracias por tu contribución, Matías.

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Saludos!

05 diciembre, 2009

El soñador ajeno – Alfredo Cernuda

Este post fue enviado por Leire a gclibros@yahoo.com. Muchas gracias por tu contribución, Leire, te estamos muy agradecidos.

Quería comentaros mi interés sobre la divulgación de una de las novelas más fascinantes que he leído en los últimos tiempos.

Se trata de "El soñador ajeno" y su autor es Alfredo Cernuda. Creo que lo mejor es que os copie la sinopsis (buenísima por cierto) para que os hagáis una idea de lo que os cuento:

Cuando un autor consigue aunar belleza y acción en una misma obra todos estamos de enhorabuena. El soñador ajeno es la prueba brillante y viva de que el realismo mágico de García Márquez se puede usar de formas hasta ahora no exploradas con resultados extraordinarios. A golpe de frases perfectas y de personajes destinados a ser recordados, Alfredo Cernuda nos coloca en un lugar de excepción para asistir al espectáculo de su imaginación, nos hace sitio en la carreta de los Salvatierra para acompañarlos en su periplo circense por tierras del norte durante cuatro generaciones. Un viaje largo y apasionante repleto de lanzadores de cuchillos, de adivinas enigmáticas, de intrigas caciquiles y de abusos eclesiásticos. Una historia que sabe a amor, a odio, a pasado y a futuro. Una experiencia que no será fácil de olvidar.

Mi experiencia personal con este libro ha sido increíble. He anotado muchas frases que quiero seguir recordando, he sido capaz de meterme en la historia de esta familia desde el comienzo, viviendo sus propias experiencias y sobre todo, soñando.

Una magistral forma de recordarnos que todavía existen libros que sin versar sobre vampiros o enigmas encerrados en cuadros renacentistas, son capaces de llevarnos a un mundo mágico y pasar unos días inolvidables con su lectura.

Leire, nuevamente, muchas gracias.

Esperamos que no dejes de enviarnos sus comentarios y opiniones.

Saludos!

Sex en Tijuana. Relatos libres en un espacio donde todo es posible – Pedro Gaggia

Pedro Gaggia nos envió la información de este post a gclibros@yahoo.com. Muchas gracias Pedro por tu contribución, muchos éxitos con tu obra.

Personajes que aceptan y conviven —a veces con rabia, otras con calma y sin oposición— con la realidad de quienes son, sin cuestionarla y dándole sentido.

Una mujer víctima de pedofilia que recrea su rabia en una forma de expresión artística; una adolescente que en su debut sexual experimenta el paraíso y el amor eterno; migrantes que encuentran el otro lado sin cruzar la frontera; dos amigas que comparten absolutamente todo; una niña con pánico al dentista, genio en el arte de la auto-estimulación; pies en busca de su independencia y libertad de disfrute sexual…

Expresión literaria libre, cuentos brutalmente honestos, historias desafiantes, polémicas, sensuales, cómicas, tiernas, inquietantes, que no admiten la neutralidad y que producen sensaciones diversas al lector.

La vital expresión del sexo es el tema común, en múltiples manifestaciones y situaciones; mas, debajo de esta impronta, subyacen mensajes ocultos, entre párrafos y expresiones, que serán una bocanada de aire fresco y puro para quien los decodifique.

El marco perfecto para las narraciones es Tijuana, ciudad fronteriza del Noroeste de México, que aporta su eclecticismo de origen y el universo variopinto de humanos que la viven o transitan.

Prólogo

Tijuana es un espacio onírico, un lugar en donde todo es posible, una tierra de aceptación, un vergel en el desierto; un peldaño hacia "el otro lado" —forma en que llama la gente de México a su vecino fronterizo: los Estados Unidos— que para muchos se convierte en el puerto de destino. Una ciudad que ha sido considerada por unos como la más visitada del mundo, por otros, un territorio sin ley… pero para los millones de almas que la habitan por nacimiento o por adopción, es el hogar que los cobija y donde ganan su sustento con dignidad.

Este lugar, que acoge por igual a los de arriba y a los de abajo, pródiga y entrañable, es el marco ideal para esta primera colección de relatos que usted está a punto de leer: Sex en Tijuana. El título es en alusión al espanglish que suelen manejar los habitantes de esta ciudad fronteriza. El sexo es el hilo conductor, el denominador común de las historias de esta obra; descarnado, provocador, libre de todo juicio. En una tierra de posibilidades, los personajes expresan en forma abierta y sin tapujos quienes realmente son.

Diez historias desafiantes, polémicas, sensuales, cómicas, tiernas e inquietantes, que no nos permiten permanecer neutrales. Los personajes cobran vida y se cuelan dentro del lector, provocando diversidad de sentimientos: compasión, odio, emoción, rechazo, tristeza o risa. Podríamos identificarnos con alguno de ellos, o con una parte de todos porque, sin juicio de valor, todos somos el reflejo de otros, todos somos uno. Seres humanos buscando aceptación y aprobación en los demás cuando realmente no la necesitamos; ilimitados, viviendo con limitación; libres, pero prisioneros de nuestros sistemas de creencias; poderosos, regalando y desperdiciando nuestra energía; sabios de nacimiento, pero buscando la verdad afuera; felices por derecho, pero viviendo en el drama… unos por elección, otros por ignorancia.

Los personajes de esta serie de relatos recuperan, de la manera que pueden y aún más allá de sus permisos, el control sobre la expresión posible de su sexualidad.

En esta existencia multidimensional, en donde las creaciones toman vida, tengo la certeza de que cada personaje me guió amorosamente para contar su historia.

Muchas gracias Pedro.

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Saludos!

03 diciembre, 2009

La paciente impaciente - Rolando Martiñá

Este post fue enviado por Rolando Martiñá a nuestra casilla de correos, gclibros@yahoo.com. Muchas gracias por la contribución, esperamos que tu obra sea todo un éxito.

La escalerilla estuvo siempre ahí, porque eso que ahora es mi consultorio, fue en su momento un patiecito que comunicaba con la terraza. Hubo épocas en que se trató de disimularla de varios modos: plegándola hacia arriba, y/o pintándola del color de la pared, y/o colmándola de chorreantes potus que verdaderamente la convertían en un ingenioso recurso decorativo. Finalmente, (como suele pasar, tarde o temprano) se decidió que "ya que estaba, que estuviera". Se la desplegó totalmente, se la liberó de los ya incontenibles invasores vegetales y se la pintó de rojo.

No es nada frecuente ver en uno de esos lugares semejante objeto, sin embargo, pese a su ahora notoria presencia, los pacientes no lo tenían demasiado en cuenta ni se ocupaban de él, más que por medio de alguna rápida ojeada circunstancial. Algunos, porque pisaban por primera vez un consultorio y no tenían con qué comparar; otros, quizá, porque calculaban cuánto les costaría dedicarle algún tiempo a tema tan intrascendente, aunque inusual. Los más, creo, ni la veían, absortos como estaban en las turbulencias de su mundo interior.

Esto fue así durante mucho tiempo, hasta que llegó Elba. Era una cuarentona tensa y recién divorciada, que pronto mostró, entre otras cosas, que necesitaba tener todo bajo control, todo el tiempo. De modo que no pudo dejar de registrar tempranamente el objeto en cuestión. La primera vez, le dedicó un breve vistazo; la segunda, una mirada más intencional, y la tercera, una observación lenta y detallada que culminó haciéndome sentir la dureza de sus pequeños ojos negros, apenas atenuada por gruesos cristales, mientras preguntaba: "para qué es eso?"

Dos cosas suelen pasarme a menudo mientras trabajo: una, que me surgen con bastante facilidad comentarios humorísticos. Y dos, que, en determinadas circunstancias, siento el impulso irrefrenable de decir ( o hacer) algo, que no podría justificar ni técnica ni científicamente en ese momento, y que, a veces - sólo a veces - puedo hacerlo después. Ambas cosas deben haber confluido para que le respondiera seria y convincentemente: "es para el alta. Por ahí, los pacientes se van de alta", subrayando la última palabra y acompañándola de un gesto ascendente de mi mano derecha. Elba me escrutó durante unos segundos, miró nuevamente la escalera, recorriéndola con sus ojos hasta el hueco en el que parecía perderse, volvió a mirarme y dijo "ah".

Meses y meses trabajamos duramente con las durezas de Elba (y con las mías para entenderlas). Ambos pusimos a dura prueba nuestra paciencia y tenacidad. Y ella demostró, más de una vez, ser una persona bastante más inteligente de lo que podía parecer y, sobre todo, uno de esos seres que, para su bien y para su mal, tratan a toda costa de satisfacer las expectativas que , ellos y los demás, tienen sobre sí mismos. Todo era duro en ella; también las virtudes. Y, poco a poco, éstas empezaron a aflorar, liberándose de los rígidos barrotes tras los cuales esbozaban, al principio, sólo tenues pedidos de libertad. Como suele suceder, el cuerpo empezó antes: su rostro fue aflojándose lentamente, hasta llegar algunas veces a auténticas sonrisas; su espalda se abandonó cada vez más sobre el respaldo; sus gruesos vidrios fueron cambiados por lentes de contacto; y su espíritu, menos temeroso ahora, hasta incursionó espontáneamente en divertidas asociaciones respecto de los múltiples significados que podíamos encontrarle al tema del "contacto". Ese fue el momento en que sentí que todo marcharía bien.

En efecto, con una actitud paciente - como corresponde - Elba, con mi compañía, fue haciendo el inventario minucioso de sus callosidades anímicas y fue aprendiendo a pulirlas y tornearlas sin lastimar el hueso, al mejor estilo de un experto podólogo. Y eso, sin dejar de andar.

Por momentos me maravillaba la increíble constancia de esta mujer que, seguramente, por primera vez en su vida se enfrentaba a sí misma de una modo tan crucial. De hecho, el día que se lo hice saber de alguna manera, recibí de su parte, como un costoso regalo, la primera mirada dulce de unos ojos tan poco acostumbrados a eso que no pudieron dejar de parpadear por un buen rato. Nos reímos juntos brevemente y ahí comencé a pensar que nuestra relación comenzaría a recorrer el tramo final. Y así se lo hice saber.

Quizá no fui lo bastante sagaz - y no sería la última vez - como para interpretar adecuadamente lo que se escondía tras su ligero gesto de sorpresa. Lo cierto es que después de esa sesión, faltó dos veces seguidas sin aviso - cosa totalmente inusual en ella - y luego apareció, como si nada, con la perceptible intención de que ésa fuera la última. Por primera vez hablamos explícitamente del alta, de las razones que había para considerarla oportuna, de los logros obtenidos, etc. etc. Y cuando yo - al estilo de Elba - comenzaba a experimentar ya la "satisfacción del deber cumplido", se comienza a producir un cambio en la tranquila y previsible escena que, de una súbita perplejidad inicial, me llevó a un estado muy difícil de describir.

Recuerdo vagamente que ella se incorporó, suelta y resuelta como nunca, se dirigió a la escalera y mirándome de un modo extraño me dijo suavemente: "bueno, pero me voy por ahí... Y usted, me acompaña..." Por entre las grietas de una ya cristalizada perplejidad, aparecieron, como humeantes géiseres, dos borrosas ideas. La primera, fue simplemente: "cría cuervos...", así, con puntos suspensivos y todo. La segunda, tuvo forma de pregunta: "Qué hice? Esta mujer está loca. Y yo más que ella..." Aunque ahora me parezca mentira, en el breve lapso de dar los tres pasos hacia la escalera, lo que hacía como un autómata, aún se me ocurrieron dos cosas más: "Que significa esto?" y " lo que ella no sabe es que yo padezco de vértigo; que no puedo cambiar una lamparita sin apoyo; que no me asomo a los balcones; que nunca hubiera subido por mi propia decisión a esa maldita cosa..."

Comenzamos el ascenso. Ella adelante y yo atrás. Cada paso era para mí un suplicio y, mientras me preguntaba una y otra vez si debía comunicarle lo del vértigo y dar por terminado el asunto, comencé a sentir los primeros síntomas: sudor frío, temblor en las piernas, sensación de mareo... A medida que nos acercábamos al oscuro hueco donde estaba la puerta de entrada a la terraza, mi estado empeoraba. Y más aún cuando empecé a compararlo con la agilidad y determinación de la que hasta ayer era mi dócil y cumplidora paciente. Parecía una gata. Parecía no haber hecho otra cosa en su vida.

Aunque recurra a un lugar común, debo decir que esos segundos parecieron horas. Me sentía a la vez protagonista y observador de una historia absurda a la cual, como hipnotizado, no podía dejar de prestarme. Y cuando ya creía desfallecer, llegamos al cubículo pre-terraza, el que, por suerte tenía paredes por tres de los cuatro costados. Era - contra toda mitología - un ascenso al infierno, pero parecía que habíamos atravesado ya el purgatorio. O por lo menos, eso creía.

El pequeño cubículo estaba sumido en la más absoluta oscuridad, de modo que, salvo el sonido agitado de nuestras respiraciones, no podíamos tener ninguna constancia uno del otro. Estuvimos un rato en silencio, reponiéndonos, inmóviles. Yo recuerdo que trataba por todos los medios de vislumbrar alguna señal de cansancio o abandono en Elba, pero lo que obtuve fueron claros indicios de que la mujer firmemente apoyada en la pared y aferrando con la mano izquierda la baranda de la escalera, comenzó a intentar correr, con la derecha, el cerrojo de la puertita de acceso.

Vaya uno a saber cuánto hacía que nadie intentaba lo mismo. Por lo tanto, la herrumbre y el progresivo desajuste entre la puerta y el marco, volvían francamente fastidiosa la operación. Tras un rato de infructuosas maniobras, yo lo pensé; juro que lo pensé. Pero no lo pude ejecutar: "este es el momento. La dificultad es infranqueable. Qué mejor, para abandonar todo sin culpa y satisfechos con el intento... Y dar por terminada esta absurda historia". Sin embargo, mientras mi cabeza iba en esa dirección, mis manos fueron en otra: sin que mediara pedido alguno de su parte, comencé a ayudarla. Quizá sentí la demanda imperiosa de sus ojos negros entre la negrura; quizá recuperé de mis ancestros el caballero que todo hombre lleva dentro, el Quijote decidido a todo para complacer a su Dulcinea. No sé; lo cierto es que mientras encontraba más y más razones para dejar todo y mandarme a mudar, más y más me esforzaba en tratar de destrabar ese maldito cerrojo que parecía haber sido remachado justamente en los tiempos del hombre de la Mancha.

Durante un rato, nos turnamos. Después, sin palabras, decidimos colaborar, y, mientras yo atraía con todas mis fuerzas la puerta hacia mí, ella hacía jugar el cerrojo a la vez que trataba de hacerlo zafar de su añosa cárcel de hierro. Tanto hicimos, que en medio del esfuerzo supremo el cerrojo cedió y estuvimos a punto de venirnos abajo por el impulso. Fue un momento decisivo: sólo había que empujar la puertita, agacharse un poco y salir. Parecía fácil, después de lo anterior. Pero ahí, por primera vez, percibí un atisbo de duda en Elba. Silenciosos y agitados, permanecimos unos minutos sin que ninguno de los dos lo hiciera. Finalmente, ella estiro su brazo y la puerta, con un quejido, lentamente se abrió. Dimos el paso y toda la noche se presentó ante nosotros.

Había luna llena. Corría una leve brisa fresca que no hubiéramos sospechado abajo y las estrellas resplandecían de a miles. Comenzamos a desplazarnos cuidadosamente, admirando hacia arriba, pero mirando bien hacia abajo, porque no faltaban conos de sombra que aparecían por un lado u otro. Conos, pirámides, cubos: toda una geometría de sombras debíamos esquivar, a menudo observados desde lejos por un par de luminosos ojos felinos, que cada tanto acompañaban su presencia con un súbito maullido. Como suele suceder, poco a poco nos animamos a más: asomarnos, espiar, saltar, traspasar una medianera, oler una chimenea, husmear un cobertizo. Empezamos a descubrir una ciudad arriba de otra.

Confiados, nos fuimos alejando. Y justo cuando, al parecer, empezamos a sentir, a la vez, la necesidad de celebrar, apareció ante nuestros ojos una especie de pequeño jardín artificial, recién desocupado, a juzgar por su mesa, su botella vacía, sus dos copas y un par de sillas que parecían estar esperándonos. Tomé de la mano a mi acompañante y con gesto de gentilhombre la invité a sentarse. Ella me agradeció con una graciosa inclinación de cabeza y, tras sentarme en frente, tomamos las copas, las alzamos y con gesto solemne, las hicimos chocar. Hubo unos minutos en que todo se detuvo, y, tras ellos, Elba que se incorpora, que se despereza con fino ademán principesco, y que lentamente comienza a alejarse de mí. Yo que quiero hablar y no puedo, que atino sólo a levantar mi mano; ella que se vuelve y agita la suya, mientras la luna muestra su cara a pleno, y se va...

Sé que algunos colegas opinan que fue un sueño. De ella o mío. O mío sobre uno de ella. O múltiples viceversas. No sé, pero a veces siento que el viaje continúa. Que seguimos recorriendo esos misteriosos sótanos de altura, sorteando, casi a ciegas, los innumerables deshechos que la gente guarda en la parte de arriba. Que seguimos, más allá de nuestras propias preguntas, desafiando las ráfagas del viento que azota las azoteas; y la lluvia, que anega las calles y las convierte en una extraño mar que observamos desde arriba, como desde la borda de un Titanic, displicentes, copa en mano y libres de temor. Siento que seguimos viéndole las dos caras a la luna. Siento que seguimos. Y que eso nunca terminará.

Muy interesante, Rolando, muchas éxitos.

Saludos!

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