31 mayo, 2012

HEREDANDO UN REINO


EL HEREDERO DE TARTESSOS
ARTURO GONZALO AIZPIRI

Nueva edición en EVOHÉ, 2012

¿Pero de dónde surge el interés por ese albor de la historia de España? Diré que en ello tuvo mucho que ver mi padre, quien a lo largo de sus años de estudiante, y más tarde profesor, de latín y griego, construyó una maravillosa biblioteca de los clásicos que fue, y aún sigue siendo, el más frecuentado de mis paisajes literarios. Allí me encontré con la Hispania de Plinio y Pomponio Mela, con el relato de las guerras púnicas y el retrato de Aníbal de Tito Livio, y con un pasaje de Diodoro de Sicilia que se refería al desenlace del asedio de la ciudad oretana de Hélike por el ejército cartaginés de Amílcar Barca. (A. Aizpiri


Aficionado a la arqueología y a la historia, gran lector de los clásicos, el autor ha buscado como marco para su novela la España prerromana, a la que llama Ispania, llena de razas y tribus variopintas en pugna continua y a medio invadir por los cartagineses, que tras haber sido derrotados por los romanos en Sicilia, intentan saquear la península y conseguir una posición de poder. 

Bien documentado, como constata el autor del prólogo, director del Museo Arqueológico Regional de la comunidad madrileña, el libro está estructurado en cinco partes: Voces de agua y fuego; Los jinetes de Tanit; La lámina de plomo; Hambre de destino y La cólera de Aquiles. En total, veinticinco capítulos, aunque el último es muy corto, simbólico. Títulos todos muy bien elegidos y muy sugerentes; en los primeros nos sitúa en la época y la zona, una imprecisa parte que podría estar entre la serranía de Albacete y la de Cuenca, ya que la ciudad de Hélike, capital oretana, no está claro si se la identifica con Elche o con Elche de la sierra, en el nacimiento del río Segura, y Arecorata, la capital  de los ólcades, reino celtíbero al norte, en la serranía conquense. Todo ello lo aclara la Nota del autor, al final del libro.

La narración gira alrededor de un hecho histórico: el sitio a la ciudad oretana de Hélike por parte del ejército cartaginés al mando de Amílcar Barca, acompañado por un jovencísimo guerrero que daría mucho que hablar en el futuro: Aníbal, su hijo. Pero desde los primeros capítulos, en los que imagina la vida en un pequeño poblado y los ritos de introducción del joven Gerión a la clase guerrera, nos sentimos atrapados por la acción, y nos dejamos llevar por la narración, que sin agobiarnos con demasiados detalles que no sabríamos cotejar, dada la poca publicidad de esa época histórica en España, nos lleva de la mano, a veces corriendo, haciéndonos partícipes de las emociones y de los sueños, del miedo y del dolor, así como del placer de una buena comida o una conversación agradable; la relativa ausencia de datos fiables de la época le permite al autor una libertad de movimiento y de ficción, que aprovecha precisamente para hacernos identificar con los personajes principales y contarnos una historia de aventuras, viajes, luchas, traiciones, amor y honor, defensa de un pueblo y muchas otras cosas más que aceptamos porque son universales y sólo sus manifestaciones son lo que cambia a través de los siglos.

La novela desarrolla un excelente tono épico a la vez que le da algunas pinceladas de misterio, referidas al mundo tartésico, desconocido y ancestral, y al mágico, en las inmersiones de Anglea, sacerdotisa de Astarté, en sueños premonitorios y mensajes ultraterrenos. El ritmo de la acción, muy bien tratado, va in crescendo, desde un comienzo pausado y cotidiano hasta una urgencia febril en los últimos capítulos, desembocando en la explosión final. La batalla final, por cierto, está muy bien descrita, y consigue que participemos con el aliento contenido mientras nos adentramos entre el polvo y la sangre, perdonándosele algunas libertades ficticias en beneficio del efecto global.

La polifonía con que el autor desdobla los puntos de vista nos permite distintos enfoques del mismo tema, por lo que captamos mejor lo que se nos está contando, ya que recibimos información de ambos bandos, no desde un único narrador omnisciente y universal, sino desde voces narradoras locales, que a veces llegan a ser subjetivas y escuchamos sus pensamientos.
De este modo, podemos entender la fuerza de Amílcar y sus objetivos, el amor de Aníbal a su padre y a su país y sus juramentos de venganza; la valentía y la ansiedad de los defensores de Hélike, que intentan por todos los medios conseguir ayuda de pueblos hermanos enviando a sus más queridos líderes a tal efecto. Entendemos la mirada recelosa con que reciben los ólcades la llegada del oretano, su petición de ayuda, la necesidad de frenar al invasor púnico que representa una amenaza para el futuro cercano de los pueblos celtíberos.  Y hacemos un aparte en la relación creada entre el personaje de Gerión, el heredero de Tartessos, y Orisson/Argantio, también descendiente del mítico pueblo desaparecido. Se crea una complicidad entre ambos y el lector, que asiste a este secreto compartido  con verdadero interés y emoción. La aparición de Anglea, original mezcla de sacerdotisa y amazona, introduce otra pincelada casi fluorescente en el campo multicolor que se nos va mostrando, creando un atractivo triángulo.

Aunque el personaje central es Gerión, o el eje Gerón/Argantio, se desarrolla todo un despliegue de personajes secundarios muy atractivos, así como unas descripciones del paisaje y de las costumbres muy jugosa, y en algunos momentos muy sugerente y poética, como por ejemplo, este fragmento:
Era su hora favorita: el espacio infinito de la noche, cuajado de estrellas y enigmas, comenzaba a retirarse con los primeros resplandores rosados, dando paso a un cielo mucho más próximo, confortable y humano. Sólo en ese instante ambos mundos, el del día y la noche, el de la vida y la muerte, el de los dioses y los hombres, estaban presentes al mismo tiempo, como si uno pudiera transitarlos juntos, o elegir libremente cuál de ellos hacer propio.

Una parte de los personajes pertenecen a unas culturas muy en contacto con la naturaleza, con los olores y sabores de sus prados y montañas, con los colores de sus cielos y sus bosques; aunque también se contempla el lado de aquellos otros que han desarrollado una cultura más ciudadana, más refinada, que aprecia y reconoce los avances técnicos y artísticos, que posee una lengua escrita, unos símbolos que le permiten relacionarse con su propio pasado y con otras culturas, como la griega. Las referencias a la Ilíada no carecen de importancia simbólica.

Todo ello es aglutinado por el autor de manera muy natural, sin descripciones farragosas, sin abrumarnos con demasiados detalles que nos frenen el desarrollo de la acción. Es una buena novela de aventuras, con movimiento ágil  y que, aunque ubicada en una época histórica, y sin romper los lazos con lo que se sabe que sucedió, se mueve con la libertad necesaria para que disfrutemos sin interrupciones ni lecciones de historia.
La obra se cierra como un anillo con un pequeño hueco donde ambas puntas se rozan pero no se unen del todo: hay algunos cabos que quedan en el aire, discretamente dispuestos a una posible continuación, que no sería de extrañar.

Sin embargo,  a pesar de sus logros evidentes, habría que anotar algunos puntos mejorables, por lo que haré algunas precisiones. La primera, en cuanto a la edición: el Índice está ausente. Tampoco hay un Glosario de personajes y sus relaciones entre sí, ya que el acúmulo de nombres extraños, no  habituales, algunos muy parecidos, hace que a veces, sobre todo en las primeras partes de la novela, nos confundamos o que finalmente optemos por darle más importancia a la acción ignorando quién es exactamente el que la está llevando a cabo, pero esto no es correcto.
Y como siempre, el eterno tema de los mapas: únicamente tenemos un mapa muy genérico y vago de la península ibérica con algunos nombres de ciudades y una ubicación absolutamente ilocalizable, mapa más bien decorativo, como contratapa, que ilustrativo. Hubiera sido muy interesante, junto al glosario y a la nota del autor, que ciertamente es aclaratoria, un somero mapa de la zona donde ocurren los actos, y uno de la descripción del sitio de Hélike. 
Y en cuanto a la narración en sí, quizás adolece de ciertas ausencias, a concretar en una posible continuación: el nombre de Tartessos, citado en el título, apenas es tratado en la historia salvo como una referencia del pasado y con tintes oníricos. Es un tema muy atractivo precisamente por su misterio, como la Atlántida: es un reino que roza lo mítico por la ausencia de datos fiables. Y en ese punto sería muy bien recibido un desarrollo posterior, aunque fuera exclusivamente fabulación ficticia.

En suma, una muy recomendable novela de aventuras, que llena un hueco en la novela histórica -el de los pueblos celtíberos- que pocos, salvo tangencialmente, han tratado de modo novelado.

Arturo Gonzalo Aizpiri (Madrid, 1963) ha desarrollado su carrera profesional alternando actividades públicas y privadas en el campo de la energía y el medio ambiente. Actualmente trabaja en una gran empresa energética española. Su pasión por la historia lo ha llevado a escribir El heredero de Tartessos, su primera novela. Ha publicado también diversas traducciones, destacando, recientemente, la del libro de Charles Chaplin Mis andanzas por Europa, en la colección El Periscopio, de Ediciones Evohé.



Ariodante

Fecha: marzo de 2012
Colección: Evohé
Más datos: Nº pág.: 408, 23X15, rústica
ISBN: 9788415415060

Enlace con entrevista:



29 mayo, 2012

OTOÑAL


DONDE SIEMPRE ES OTOÑO

ÁNGELES IBIRIKA


Como cada otoño, Ian O´Connell, afamado escritor de novelas de amor, se aísla en su apartado refugio de Crystal Lake para escribir su nuevo éxito. En su desesperada búsqueda de la inspiración que por primera vez le ha abandonado, encontrará a Elizabeth Salaya. En ese entorno idílico, mientras la va convirtiendo en la protagonista de su novela, el amor comenzará a entretejerse entre los dos sin que él sea consciente. Un amor que nunca creyó que existiera más allá de los libros, y que, junto al gran secreto que esconde Elizabeth y por el que intentará alejarlo de su lado, le harán dudar de todo lo que hasta entonces había creído firmemente. En la hirviente Manhattan, envuelta en el ardor de los candidatos en plena carrera hacia la Casa Blanca, los caminos de Ian y Elizabeth volverán a cruzarse. Pero en medio de intrigas, ambiciones y cadenas de favores que amenazan con tambalear los cimientos de la alta sociedad neoyorquina, será enfrentarse a sus sentimientos y miedos lo que cambie sus vidas para siempre.

Ya hice el comentario en alguna crítica sobre algún libro leído que estos eran, a veces, como los buenos menús que nos presentan en un restaurante: muy buena presentación en los platos y nos quedamos satisfechos cuando los degustamos. Y esta sensación es la que vuelvo a sentir nada más terminar de leer Donde siempre es otoño, la tercera novela publicada por Ángeles Ibirika. Una muy cuidada presentación del mismo donde la ilustración que decora la sobrecubierta atrae la atención del lector y realmente consigue que uno se interese por la historia que contiene en sus páginas.
Dicen que un instante puede cambiarnos la vida. Que un encuentro al que no damos importancia puede convertirse en el suceso que marque toda nuestra existencia. Dicen que puedes ser testigo de ese intervalo fugaz y mágico en el que la rueda del destino se detiene, duda y termina variando la dirección y ocasionando que nada vuelva a ser igual.
Donde siempre es otoño es una novela que me atrapó en su lectura desde el primer capítulo y eso que la autora crea en los primeros compases de la historia un ambiente de misterio. Después me llevaría varias sorpresas con una serie de acontecimientos inesperados terminando en un final sorprendente.

Página a página me iba dando cuenta de la calidad de narración de la misma. Una buena descripción de los acontecimientos y del entorno en el que se desarrollan así como unos diálogos directos le dan agilidad al texto. La autora sabe manejar el ritmo de la novela provocando en el lector los sentimientos que cree debemos expresar en cada pasaje.

Es una novela romántica, sí, pero está aderezada con una serie de ingredientes que la hacen atractiva. Todo mezclado provoca que nos interesemos en la trama; intrigas, ambiciones y corrupción política forman un buen complemento en una historia que se me antoja muy real. No  me extraña, por ello, que tenga las buenas críticas que tiene. Se nota que detrás hay un buen trabajo realizado que dio como resultado este magnífico producto.
Los personajes que irán apareciendo en la novela están muy bien definidos. Poco a poco los iremos conociendo. Esa es otra nota que destaco de la novela. Los vamos identificando en pequeñas pinceladas. Vemos cómo Ian O´Connell es, sin duda, el hilo conductor de la trama y los demás personajes que nos vamos encontrando en la misma son un perfecto complemento que conforman esta atractiva historia. Creo que con ello se logra el que veamos cómo evolucionan sus personalidades.

 Ian O´Connell es, sin duda, el hilo conductor de la trama. Es un joven escritor que convierte cada novela suya en un éxito pero que, al mismo tiempo, se le ve como un ser prepotente, egocéntrico, mujeriego, que piensa que con mover un dedo todo está a sus pies. No cree en el amor, “el amor de las novelas no existe en la vida real” pese a ser un escritor de novelas románticas pero vemos, a lo largo de los capítulos, cómo va cambiando su concepto del mismo. Ese cambio será debido a su cada vez mayor obsesión por Elizabeth, con la que volverá a coincidir en Baltimore.

Busca cualquier excusa para estar lo más cerca de ella posible. Lo que en un momento fue solo en una atracción física se convierte ahora en lo que él no cree, en un amor que le lleva a correr una serie de riesgos con tal de conseguir su objetivo que no es otro que arrebatarle al senador a su esposa y hacerla suya para siempre.
Ian contrae matrimonio con Audrey, la consentida hija de Howard, un prestigioso abogado que colaboraba con el candidato en la recaudación de fondos para poder convertirse en el nuevo presidente de la nación. Una esposa que se va dando cuenta de que su matrimonio es una farsa y que su pareja la engaña con otra.
Edgar, un fotógrafo felizmente casado con Jennifer, pese a algún que otro devaneo extraconyugal, es el amigo inseparable del protagonista. Un complemento perfecto que le aconseja en cada locura que comete pero que termina ayudándole en todos sus propósitos, incluso en la investigación que el escritor lleva a cabo para desenmascarar unas irregularidades que está cometiendo el senador Thompson para financiar su campaña, mediante la creación de unas empresas fantasmas. Ian verá cómo esa ilegal operación involucra a su suegro. Este descubrimiento será definitivo para desenmascarar definitivamente al candidato y hacer tambalear sus aspiraciones.

Ambiciones también representadas por la periodista de la NBC, Kate Evans, que no duda en hacer todo lo posible para conseguir sus propósitos, su cuota de poder, para lo que no dudará en formar parte del equipo que apoya al presidente en su campaña electoral.
Donde siempre es otoño es una novela que me ha sorprendido gratamente. He de confesar que no soy un asiduo lector de novelas románticas. Algunas cayeron en mis manos, sí, pero esporádicamente. Me ha dejado un buen sabor cuando terminé de leerla. Sin duda alguna, la recomiendo y creo que el que la lea no se arrepentirá por haberlo hecho porque Ángeles Ibirika ha sabido construir una historia con fundamento, que rezuma a otoño en cada página que leemos, estación del año a la que siempre encontraremos alguna referencia, plasmada en algunas ocasiones con un lenguaje cuasi poético,  en sus diversas manifestaciones “el otoño enfermó de invierno cuando ella desapareció”.


Ángeles Ibirika nació en Ugao-Miraballes, un pequeño pueblo cerca de Bilbao (Vizcaya). Su primera novela, Entre sueños, (Ediciones B, Z bolsillo) publicada en abril de 2010, fue galardonada como mejor debut romántico en El Rincón Romántico y con  el Premio Romántica´s como mejor autora revelación española. En junio de 2011 Ediciones B publica también su segunda novela Antes y después de odiarte, novela con la que ganó dos Premios Dama.


 Francisco Portela

Ficha técnica: 
Título: Donde siempre es Otoño
Autora: Ángeles Ibirika
Editorial: Planeta S. A. (Booket)
Imágenes de la cubierta: Irene Lamprakou/Trevillon Images
Primera edición: mayo de 2012
ISBN: 9788408005094
Nº Páginas: 478





27 mayo, 2012

VIENTOS CON NOMBRE


El NOMBRE DEL VIENTO
PATRICK ROTHFUSS




He pasado muchos años desligada totalmente de la literatura fantástica. Bueno, no, no exactamente. Seguía leyendo, pero nada nuevo. Cuando me apetecía leer algo de ese tema me limitaba a releer lo que tenía por las estanterías. Eso  hizo que no estuviera al tanto de las novedades, salvo para enterarme de si Martin la había palmado ya antes de publicar el siguiente libro de la saga o si de repente nos sorprendía acabando el que llevábamos años esperando.
Hasta el año pasado en que, de forma totalmente fortuita tropecé con gente aficionada a este género de literatura y decidí retomarlo, tenía el tema abandonado. Poco a poco voy poniéndome las pilas y voy descubriendo libros y autores que para mí son nuevos, mientras que para la mayoría de los aficionados al género, sobre todo para aquellos más jóvenes que yo (la inmensa mayoría, por no decir todos), y que dominan el inglés, ya es literatura anticuada.
En este renacimiento de mi afición literaria, herencia de una infancia y una juventud algo extrañas, y viendo todos los comentarios elogiosos de este libro en webs, blogs, foros y demás mentideros del fantástico patrio y ajeno, decidí echar un ojo a esta afamada novela, pensando que me había perdido algo meritorio.
La verdad es que me decepcionó bastante. Creo que me podría llevar a pensar que tienen razón aquellos que dicen que no hay relatos nuevos, que todo está ya contado, que lo que vale es la forma de contarlo y de hacer más o menos creíbles e interesantes los personajes y las situaciones. Podría, si no fuese porque sí  he leído algunas de esas historias que cuentan cosas nuevas.
Y esto es lo que me pasa con este libro. Hubo momentos, muchos, en los que pensaba que ya había lo leído, y otros en los que sabía lo que iba a pasar, que lo veía tan predecible y tan manido, que me daba rabia no ubicarlo en una novela determinada, pero no lo hacía, porque solo pensaba en literatura fantástica. Conocía la historia, perfectamente, y conforme avanzaba se me hacía mas y mas familiar, pero seguía descolocada.
Hasta un tiempo después de haberlo terminado, no pude enfocarlo con otra perspectiva. Fue entonces cuando descubrí con que libros lo asociaba de tal forma que parecían solaparse el uno con los otros hasta formar una sensación de “dejá vu”. Quizá no sea tan parecido, quizá solo sea una asociación relativa, pero la verdad es que cuanto mas pienso en ello, mas elementos de conexión le encuentro con “El médico”, la famosa novela de Noah Gordon, y en un plano distanciado, con “Retorno a Brideshead”, de Evelyn Waugh, y por supuesto con Harry Potter, aunque con esta tiene en común lo mismo que cualquier otra novela ambientada en una universidad anglosajona, aparte de un personaje calcado del bribón Draco Malfoy.
Con la primera,  las semejanzas de la trama son importantes: mientras el joven Kvrothe pasa su infancia con una troupe de titiriteros y su adolescencia como arrapiezo en la ciudad, para acabar pasando su juventud en una universidad donde aparece como alumno aventajado pero paria, Robert Cole pasa su infancia como arrapiezo de Londres y su adolescencia como aprendiz de barbero y titiritero ambulante, lo que le da al instrucción necesaria para, cuando llega a la universidad de sus sueños, ser un alumno aventajado pero paria. Ambos tienen un don que los hace especiales, aunque no se trate del mismo, y ambos maduran y encuentran la amistad y el amor de las mismas maneras. Quizá el hecho de que una transcurra en un periodo medieval concreto de la historia, y la otra esté ambientada en una época medievalista muy similar aún hace que las semejanzas sean mayores.
Respecto a la segunda novela con la que la relaciono, “Retorno a Bridesead”, fue sobre todo el ambiente de la universidad lo que me hizo recordar, más que al libro de Evelyn Waugh, a la extraordinaria serie de la BBC. Puede que alguno la recuerde como la que lanzó al estrellato, a principios de los ochenta, a un joven y fascinante Jeremy Irons. Pero es sobre todo la relación del protagonista con Julia, la hermana del impresionante Sebastian lo que me viene a la mente cuando recuerdo ciertos pasajes de “El nombre del Viento”, que no voy a desvelar aquí, a riesgo de “spoilear” al personal.
Respecto a los personajes, son bastante planos y estereotipados. Si Kvrothe quiere ser cínico y descreído cuando se nos presenta como un cantinero, tiene que practicar mucho para alcanzar a Athos, por ejemplo (el mosquetero de mayor edad de los tres que Dumas hizo famosos), o al  mítico Philip Marlowe. Y cito estos como prototipos antiguos que ya le daba mil vueltas al significado de personaje amargado, irónico, torvo y oscuro cuando los abuelos de estos autores aun no sabían ni por donde se cogía un lápiz. El resto de los personajes son meras comparsas sin personalidad, totalmente olvidables.
Lo único destacable es el estilo narrativo, que no es que sea ninguna maravilla, pero engancha, es de fácil lectura, y hace que entretenga lo suficiente como para ser leído con bastante agrado. Y hoy día ya es de agradecer que sea así ya que es lo único que nos puede aportar una novela que no se esmera nada en la trama ni en los personajes. Es la gran ventaja de este escritor. Ha escrito muy bien una historia ya escrita y para quien le venga de nuevas, puede ser la gran maravilla de la literatura fantástica.
No sé. A mí si me quieren contar caperucita, tendrán que esmerarse mucho más para que después me trague la bella durmiente, que por lo que van comentando por ahí quienes la están leyendo en inglés, tiene toda la  pinta de ser la segunda parte. Esperaré, a ver que dicen los que la leen en castellano, ahora que acaba de salir.

Angeles Pavía

FICHA TÉCNICA
Título: El NOMBRE DEL VIENTO
Autor: PATRICK ROTHFUSS
Editorial:  DEBOLSILLO
Páginas: 872
ISBN: 84-9908-247-9
Género: Novela / Fantasía Épica


25 mayo, 2012

KAFKIANAS


Conversaciones con Kafka 
Gustav Janouch


Conversaciones con Kafka es una obra peculiar. Recoge las conversaciones mantenidas entre 1920 y 1924 por el autor del libro (entonces un joven con inclinaciones literarias y artísticas) con Kafka. Esta extraña amistad nace de la relación laboral del padre de Janouch con Kafka (ambos eran funcionarios del Instituto de Seguros de Accidentes de Trabajo) a quien admira y respeta por sus opiniones y comportamiento. De este modo, Janouch tendrá acceso directo al despacho de Kafka los días en que acuda a visitar a su padre, observándole en su entorno laboral y acompañándole de vuelta a su casa en la Plaza Vieja. Según la relación se vuelve más estable, el joven acompañará a Kafka en alguno de sus paseos vespertinos.

Entre los estudiosos serios de la vida y obra del autor checo este libro no goza de excesivo crédito. Quizá se deba a que Kafka dejó un enorme corpus escrito en forma de correspondencia y diarios que ofrece una ingente información de primera mano sobre su vida y pensamiento. Otra importante razón es que las conversaciones que aquí se recogen aparecen desligadas de contexto, en muchas ocasiones como una acumulación de aforismos agrupados temáticamente. Que el copista de los mismos fuera un joven que sentía una gran admiración por su maestro pero que difícilmente tenía capacidad para reflejar de manera objetiva y alejada del tumultuoso espíritu juvenil, las precisas observaciones de Kafka, es otro argumento en contra de dar plena confianza a lo recogido en el texto.

En la propia introducción del autor se recoge otro hecho sorprendente que explica la diferencia entre la primera versión del libro, publicada por Max Brod, y la edición definitiva con nuevas conversaciones. Según informa Janouch, los párrafos suprimidos en la versión de Brod no fueron rechazados por éste sino que la persona que hizo las copias a máquina para enviarlas a la editorial, suprimió (quizá por ganar tiempo, o porque no eran de su gusto), numerosos pasajes. Las hojas que contenían estas partes hicieron su aparición años después en casa de Janouch, donde siempre habían estado guardadas sin ser consciente de ello. Se ha sugerido la posibilidad de que la adición en la edición definitiva haya sido "adulterada" para incluir reflexiones que puedan apoyar la tesis de un Kafka visionario, profeta de los desastres de la Guerra, el Holocausto o el Comunismo.

Dudas aparte, lo cierto es que este libro nos ofrece una imagen de Kafka algo diferente a la habitual pero, en esencia, totalmente acorde con lo que se sabe de él. Su gravedad y su seriedad a la hora de expresar sus opiniones, sus convicciones sobre el papel de la Literatura en la sociedad o su visión del judío de principios del siglo XX, alejado del gueto pero incapaz de hallar un lugar bajo el sol en el nuevo mundo que está surgiendo son una constante de su pensamiento a través de sus obras de ficción, diarios, correspondencia o estas conversaciones. .

Hay otras escenas que pueden resultar más sorprendentes, como las visitas a iglesias, a las que parece aficionado. Igualmente, Kafka se revela como un consumado conocedor de Praga, de sus recovecos y callejones, sus patios oscuros y los pasadizos más recónditos o la casa en que residieron pintores, políticos o músicos; todo ello le es familiar, como si fuera el cronista de la ciudad. También emerge un Kafka conocedor de la ciencia de su época; en las conversaciones utiliza símiles y metáforas tomadas de la mecánica de los fluidos, los fotones, etc. No parece que se trate, por tanto, de una persona totalmente entregada a sus reflexiones y a sus escritos, ajena del mundo y sus avances.

Esta imagen, que tanto ha distorsionado su figura, se suele ejemplificar con una entrada de su diario en la que coloca al mismo nivel un suceso trivial con la entrada de Rusia en la Primera Guerra Mundial contra Austria-Hungría. Por contra, el Kafka que aquí se nos presenta está muy pendiente de la actividad política de su época por el nacimiento de la República Checa tras el desmembramiento del Imperio Austrohúngaro, las corrientes sociales más extremas, las manifestaciones sindicales o, incluso, el movimiento sionista (su amigo Brod se presentaba a las elecciones por un partido que aspiraba a obtener un escaño por esta opción).

Pero todas estas corrientes sociales, políticas o ideológicas, producían un gran recelo y miedo en Kafka, no por los fines que perseguían, sino por lo que suponen de anulación del individuo. El Hombre, ese ser rico, con matices, capaz del bien y del mal por su propia elección, queda en un segundo plano por el peso de la masa que le instruye de modo que todo atisbo de pensamiento pasa a un segundo plano. Es la masa enfervorecida la que destruye la libertad del individuo imponiendo su propia Ley, su propia forma.

El pensamiento paradójico de Kafka lo abarca todo y corrige las apreciaciones apresuradas de su joven contertulio. Siempre un matiz, cuando no, una opinión en principio disparatada sobre las cuestiones más diversas, sean la Literatura, el Arte, la Vida o la Muerte, y todo ello con la precisión lingüística que le es propia. De este modo no se priva de corregir cualquier posible malinterpretación que de sus palabras pueda hacer Janouch (“El lenguaje es el ropaje de lo indestructible que hay en nosotros; un ropaje que nos sobrevive”).

Por las líneas del libro afloran detalles humanos de gran valor, como la información de que al tiempo que defendía judicialmente causas a favor del Instituto, sufragaba de su bolsillo la defensa jurídica del trabajador afectado, como forma de justicia equilibradora salvaguardando al mismo tiempo su lealtad al Instituto y a su propia conciencia.

Conversaciones con Kafka nos permite conocer la relación de Kafka con su compañero de despacho a quien respeta pese a la escasa simpatía que éste le profesa; también podemos llegar a comprender cómo su trabajo en el Instituto le causaba tanto malestar y rechazo pese a su desempeño siempre correcto e incluso ejemplar.
 
Las paradojas de Kafka están muy unidas a su característico sentido del humor que la imagen vulgarizada de su figura ha obviado totalmente en favor de un ser tenebroso y depresivo. Por contra, Janouch (igual que Max Brod) pone de manifiesto las numerosas ocasiones en que sus conversaciones terminaban en una carcajada, o al menos en el especial modo de carcajear que tenía Kafka.

Este libro no será de interés para aquellos que pretendan acercarse a conocer al autor checo, antes bien, les confundirá por su estilo meramente acumulativo y algo desordenado, así como por la seriedad de muchas de las reflexiones que en él se contienen. Para aquellos conocedores de la persona y obra de Kafka el libro puede ser un extraordinario contrapunto con el que disfrutar con cada una de las reflexiones que en él se contienen pues, aunque no hubieran sido pronunciadas por Kafka (al menos en su literalidad), éste las habría suscrito totalmente.


 GWW

Datos del libro
  • 13.0x20.0cm.
  • Nº de páginas: 354 págs.
  • Editorial: DESTINO
  • Lengua: CASTELLANO
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • ISBN: 9788423328321
  • Año edicón: 1998
  • Plaza de edición: BARCELONA


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