31 enero, 2012


LA GUERRA DEL FRANCÉS, LA MARCA DEL TRAIDOR
AMANDO LACUEVA

La Guerra de la Independencia o Guerra del francés, como así la llaman en Cataluña empezó con un engaño: el Tratado de Fontainebleau, y una firma, la de Manuel Godoy, que autorizaba la entrada y el establecimiento de tropas francesas en España con el supuesto propósito de invadir Portugal y la repartición del país vecino entre ambas naciones. El pueblo comenzó a observarlas como algo amenazante, pues veía cómo iban ocupando diversas ciudades. Entre ellas, Barcelona o Figueras en Cataluña.
La caida de Godoy se acelera con el Motín de Aranjuez, que también obligó a la abdicación de Carlos IV a favor de su hijo Fernando VII. Napoleón llama a padre e hijo a Bayona y les fuerza a abdicar a favor de su hermano José Bonaparte.
El 2 de mayo de 1808 se inicia una insurrección en Madrid, abortada por la represión de las tropas napoleónicas. Es el comienzo de la Guerra de la Independencia. José Bonaparte no es reconocido como rey. Era evidente que había un vacío de poder. Para enfrentarse a los invasores se forman las Juntas Provinciales que asumían la soberanía en nombre del rey ausente. En septiembre de 1808 estas Juntas se coordinan y se constituye la Junta Central Suprema, que entre las medidas que adoptan se encuentra la convocatoria de las Cortes de Cádiz.
Esta guerra, en la que el principal protagonista fue el pueblo, daría lugar a una serie de mitos y leyendas. Quién no oyó el nombre de Agustina de Aragón, de origen catalán, manresana, durante el asedio a Zaragoza, o la resistencia de Gerona, que soportó hasta tres asedios franceses; el hostigamiento del Tercio del Ampurdán al invasor; las dos batallas del Bruch, donde fueron derrotados los franceses o la leyenda de Isidre, el tambor del Bruch, que utilizaba un tambor de las cofradías y la reverberación del sonido de éste al chocar con las paredes de Montserrat hizo creer que el número de soldados españoles era muy superior al que realmente había.
Pero faltaba un libro que narrara el heroico sitio, defensa y asalto de Tarragona. Y ese libro ya lo tenemos. Se llama La guerra del francés, la marca del traidor (Ediciones Citerior). Su autor, Amando Lacueva (Hellín, 1960) es asesor fiscal en la Agencia Tributaria de Tarragona. Estudió Peritaje Mercantil en la Escuela de Altos Estudios Mercantiles de Barcelona. Pertenece a diversos grupos de escritores y participa activamente en varios foros literarios. Su primera novela, publicada en 2008, El triángulo vikingo (Mundos Épicos Grupo Editorial), es de corte fantástico y trata sobre las deidades nórdicas y actualmente ya va por la segunda edición. En 2009, Hera Ediciones publica su segunda novela, El sexo sol, obra de ciencia ficción que trata sobre las profecías mayas. Este año verán la luz su poemario “En carne viva” y su cuarta novela “Red final”.
En la introducción Lacueva dice, por medio de uno de los supervivientes , el Mellado, “Tarragona clama un lugar en la Historia de esta patria desagradecida” . Honra la memoria de todos los que allí perdieron sus vidas diciendo “ La brutalidad de los franceses cometida en Tarragona es un oprobio monstruoso y sus líderes con Suchet a la cabeza y Bonaparte a la zaga, unos criminales que con su poder han guardado silencio eterno, soterrando las atrocidades cometidas con la población civil …mis conciudadanos, parientes, amigos. Y yo, ya no me callo por más tiempo”.
Estamos ante una obra coral, con varias tramas que la conforman y con dos protagonistas principales: Tarragona y sus pobladores. Ellos son los dos ejes en torno a los cuales se irán desarrollando todos los acontecimientos que, desde una fría noche del riguroso Diciembre de 1810, el autor nos irá reconstruyendo todo lo sucedido hasta el fatídico 28 de Junio de 1811. Y lo reconstruye por medio de dos narradores, uno objetivo y otro subjetivo, que nos relata los detalles escabrosos.

Tal es el realismo con el que se nos narran los hechos, que el autor logra que yo mismo dé un salto en el tiempo de doscientos años y, cual si estuviese en lo más alto del Fuerte del Olivo, que finalmente sería tomado por los franceses antes del asalto final a la ciudad, veía desde ese lugar privilegiado, capítulo a capítulo, como si fuese un personaje más de la obra, cómo Las Cortes de Cádiz envían a un agente, Pedro Sevilla, a la ciudad de Tarragona. Había rumores de que los franceses iban a tomar la ciudad en una fecha determinada y la misión del enviado era averiguar qué era lo que estaba sucediendo realmente. Una goleta se halla fondeada en el puerto natural de Salou. En ella viene Acuña, un criollo de ascendencia catalana. Le aguarda en tierra Pere Suñé, un rico comerciante y brillante ingeniero de Salou. Ambos se traen un negocio entre manos. Crecía cada vez más la posibilidad de que había un espía al servicio de los franceses entre los pobladores de la capital tarraconense. Un espía camaleónico que era capaz de adoptar diversas identidades para conseguir sus fines. Las sospechas recaían sobre Ixart, el impresor del Diario de Tarragona. Ciertas actuaciones suyas daban motivo para desconfiar de él. El fin último sería conseguir la entrega de la ciudad a las tropas napoleónicas dirigidas por Suchart.
Entre los planes que tenía encomendado para que los franceses consiguieran sus propósitos figuraba el pactar una estrategia con el comodoro británico Codrington para que, llegado el momento, su flota mantuviese una actitud pasiva.  Las Cortes envían a otro comisionado ante la ausencia de noticias de Pedro Sevilla. El enviado se llama Casas, el cual es ayudado por su amigo de la infancia el teniente de migueletes  Joaquín Fábregas.  Sin embargo, dudan de que fuese el propio Ixart el traidor. Cabía la posibilidad de que actuara como un señuelo y el verdadero espía permanecía en la sombra. La investigación continúa.
Mientras esto ocurría, las partidas de somatenes, entre los que se hallaba el valiente Mingo Prats y su gente, se echan al monte para hostigar a los franceses en una guerra de gerrillas, atacando los convoyes de las tropas del general francés.
Los acontecimientos que el autor nos va relatando hasta el desenlace final están descritos de forma muy detallada. Logra acercarnos a cómo era la vida en la Tarragona de 1811. En cada uno de los sesenta y un capítulos de que consta la obra, nos pinta con maestría la vida cotidiana de los habitantes de la ciudad. El ambiente en los figones, en donde en torno a unos vasos de vino se maquinan planes; los prostíbulos, las trincheras, la imprenta. Todo es dibujado con habilidad. Y pese a la madeja que tenemos delante no nos perdemos porque si queremos satisfacer nuestra curiosidad para saber por donde se mueven los personajes el autor nos ofrece, al principio, un mapa de la ciudad en aquella época.

Las 430 páginas de que consta el libro están llenas de un lenguaje crudo, sin concesiones y llama a las cosas por su nombre: las putas son putas, los traidores tienen nombre y apellidos, los miembros del somatén no demuestran arrestos, sino cojones y los cobardes quedan tratados como tales. Se nos muestra una descripción detallada y documentada de los escenarios donde transcurre la vida cotidiana de los habitantes de Tarragona. Desde las primeras páginas el interés se manifiesta en las tramas, en las traiciones, ambiciones, pasiones ocultas, mentiras, emboscadas, amores y venganzas que se entrecruzan desde el principio hasta el final. Novela que, pese a su complejidad, vale la pena su lectura y el que se aventure en la misma no quedará defraudado de unos hechos que tenían que ser conocidos porque la historia hay que contarla tal y como es, sin cortapisas, llamándoles a las cosas por su nombre. Una historia que, por algún motivo u otro, no nos era revelada, pero que, por fin, alguien se atrevió a contarla con pelos y señales, preguntándose qué cúmulo de circunstancias se habían producido para que tal atrocidad acabase con la vida de una población civil indefensa ante la barbarie originada por el mal llamado mejor ejército del mundo jamás conocido.



La guerra del francés, la marca del traidor
Amando Lacueva
Ediciones Citerior
Primera edición: Marzo 2011
Tapa blanda con solapas
Pág.: 430.
Diseño gráfico y maquetación: Eva Domingo Rojas
ISBN: 9788493867706

29 enero, 2012

DOS RESEÑAS


Un nuevo colaborador, Rafael Téllez, presenta dos reseñas breves:

EL BARRO Y LA COSTILLA 
 JULIO ANTONIO GARCÍA LÓPEZ
Ed. Atlantis

Queridos lectores, os presento una obra escrita por Julio Antonio García López: se trata de una novela de descarnada actualidad. Personas que luchan por ser libres, formas de opresión que nos afectan a todos, ninguna cultura está libre de sus propios mecanismos de sometimiento, el fanatismo de occidente y sus "soldados en guerras de paz" no queda al margen. Una novela de acción y contenido social, una visión crítica y directa al ojo del huracán, donde, a pesar de todo, también hay lugar para la esperanza y el entendimiento.
Son dos los personajes principales que desarrollan este conflicto: José, ex militar regresado de la guerra de Afganistán, que trata de rehacer su vida malviviendo como vigilante de seguridad. Y Samira, chica de familia musulmana que viven entre dos mundos: el  patriarcado religioso y  la España actual.  Las historias se desarrollan de manera paralela hasta cruzarse y chocar de manera trepidante.

El léxico que ha elegido novelista es a veces selecto y otras mundano, se mezclan por tanto delicadeza y brutalidad en diferentes escenarios, que combinan golpes de efecto con momentos de belleza y sentimiento. El lector no quedará indiferente a la lectura, algunos fragmentos le emocionaran, otros le harán saltar del sillón o reír con humor negro, de todo hay en la pluma de Julio Antonio García López.

Para más información, consultar la web del autor: 

SIN NOTICIAS DE ACUARIO
REYES GARCÍA DONCEL
Ed. Paréntesis

Reyes García-Doncel, escritora y educadora, nos presenta su nueva novela: Sin Noticias de Acuario, una novela en la que se mezclan planteamientos existenciales desde diferentes perspectivas. Una acción que se desarrolla en la época en la que el hippismo y los ideales de la New Age, la Nueva Era, la Era de Acuario, inundaron el mundo, de la mano de grandes conciencias y para mejora de muchas cosas, pero también acompañada por algunos oportunistas. Ideales que también llegaron a una España sumida en los últimos años de la dictadura.
Esta novela desenfadada nos hará reflexionar sobre aquella época, en la que los modelos autoritarios chocaban con los ideales de libertad, donde, por oposición al tradicionalismo autoritario surgían mil doctrinas, a cual más descabellada. Tesis y antítesis...¿es la época actual una síntesis de aquello?... dejo el interrogante al lector... Recomiendo muy especialmente la lectura de esta novela. Personalmente me gusta mucho esta obra: desmitifica todo tipo de dogmatismo, sea cual sea su color: militarista, orientalista, extremismos políticos. La protagonista madura, relativiza y alcanza la libertad.


23 enero, 2012

JUGANDO A DETECTIVES

ARTHUR & GEORGE
JULIAN BARNES



Arthur & George es un díptico que enfrenta la vida de dos contemporáneos cuyas vidas se cruzaron fugazmente pese a su natural divergencia. George es un joven abogado de origen indio que, en la Inglaterra eduardiana de principios del siglo XX, es acusado, juzgado y condenado por rajar el vientre y causar la muerte de varios animales en un condado rural. Su carácter reservado, sus escasas dotes para la comunicación humana, su origen racial y su exclusivo interés por el mundo del Derecho, despreciando otras aficiones más mundanas como las mujeres o el alcohol, le convierten en un espécimen extraño, una rareza en una comunicad intransigente y dispuesta a atribuirle cualquier iniquidad por no querer ser uno más.
Arthur es, naturalmente, el gran escritor Conan Doyle cuya infancia se vio influida por una educación centrada en los elevados principios morales de la Vieja Inglaterra según los cuáles, el ejercicio de deportes físicos servía para templar las tentaciones de la carne, fumar delante de una dama era considerado una absoluta grosería y el honor propio estaba por encima de cualquier otra cuestión terrenal. Pese a que en su infancia conoció la pobreza relativa como consecuencia de la conducta errática y bohemia de su padre – lo que forzó a su pobre y adorada madre a sacar adelante a su parentela- logró abrirse camino, primero como médico, posteriormente como oftalmólogo y, finalmente, dado que la escasez de clientes le permitía escribir en su despacho profesional, como autor de éxito.
Es conocida la aversión que Conan Doyle acabó desarrollando por Sherlock Holmes a quien mató y posteriormente resucitó ante los ruegos de su público (y de su propia madre). Arthur siempre prefirió sus novelas medievales en las que el ideal caballeresco era la esencia. Precisamente ese ideal es el que le llevó a lo largo de su vida a consagrar sus esfuerzos a diversas causas que consideraba justas. Así, organizó numerosas colectas a favor de desvalidos que llamaban su atención por cualquier motivo- por ejemplo el ganador de la maratón de las olimpiadas de Londres descalificado por haber sido ayudado a levantarse a pocos metros de la meta-, se manifestó en contra del sufragio femenino, tomó partido por la mayoría de asuntos públicos de la Inglaterra de su época e intervino activamente en diversos casos judiciales.

En esta última faceta es donde se encuentran fugazmente la vida de estos dos hombres. Arthur Conan Doyle investigó, escribió artículos, promocionó una comisión del gobierno y logró, finalmente, la anulación de la sentencia que condenaba a siete años de trabajos forzados al bueno de George Edalji, incapaz por otro lado de acercarse a una vaca, no digamos ya de abrirle la panza.
A primera vista se podría establecer una relación natural entre las labores “reales” de investigador justiciero de Conan Doyle y las “ficticias” de su creación literaria. Sin embargo, y a diferencia de lo que señalan facilonamente la mayoría de las críticas que se han publicado de este libro, creo que el origen de este impulso está más relacionado con el carácter de desfacedor de entuertos, casi quijotesco, propio de sus ideales elevados. Su interés era limpiar la vergüenza que sentía como inglés por el estrepitoso fracaso que la administración pública (policía, jueces, jurado popular y políticos) había jugado en este episodio. De hecho, a partir de este suceso, y con el fin de prevenir injusticias similares se crearon los Tribunales de Apelación.
Sin duda, y pese a que el título parece mostrarnos a dos personajes en igualdad de condiciones, el libro gira inevitablemente en torno a la vida de Conan Doyle, no sólo por ser más conocida, sino porque su carácter, su infinita energía, su concepción del honor y la visión que de sí mismo tenía (no precisamente modesta) son un poderoso imán al que Barnes sabe sacar un brillo especial que le hace aún más atrayente.
Sin embargo, y a un nivel puramente literario, es la recreación de la vida de George Edalji, cómo se construye ante nuestros ojos asombrados la personalidad y el esbozo de sus pensamientos más íntimos, lo que da la medida del enorme talento de Julian Barnes. El autor sabe tomar una historia real y trocarla, más allá de la pura anécdota, en un territorio literario propio. Mediante un estilo engañosamente sencillo (apenas parece advertirse el trabajo del autor) y con precisión aritmética, se nos desgrana en paralelo el curso de la vida de estos dos hombres ejemplificando dos formas de entender la vida y afrontar sus desafíos.



Datos del libro
  • Editorial: ANAGRAMA
  • Lengua: CASTELLANO
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • ISBN: 9788433971227
  • Año edición: 2007
  • Plaza de edición: BARCELONA

19 enero, 2012

DURMIENDO EN EL PATIO


EL PATIO DORMIDO 
 Mª JOSÉ GALVÁN
Evohé Ediciones, 2012


Ediciones Evohé me ha sorprendido gratamente con la primera novela de la escritora madrileña, nacida en 1962, y Licenciada en Historia del Arte, Mª José Galván.  Ya el lector lo primero que se va a encontrar nada más abrir este precioso libro es un plano, un plano en el que vemos cuatro inmuebles que tienen un denominador común: el patio. Un patio que está ahí, sin hacer ruido, viendo el transcurrir de la vida de los vecinos que habitan a su alrededor. Pero el plano tiene su sentido porque nos sirve para ver dónde residen los personajes que aparecen y desaparecen en esta obra coral, donde casi toda ella se desarrolla en interiores. El potencial lector no se me asuste al encontrarse el mismo, así, de sopetón. Una gran idea del magnífico trabajo desarrollado por su creadora.

Pero el hecho de que todo lo que en la obra acontece transcurra casi sin movernos de esas paredes no hace que pierda interés su lectura. Al contrario. No hace poco leí otra de similares características, también una obra coral pero aquí la trama transcurría casi toda en un hotel. Un denominador común tienen ambas: me costó un poco meterme en lo que la autora nos quiere transmitir pero una vez que le coges el hilo no eres capaz de soltarlo, lo mismo que hace un gato cuando juega con una madeja, que empieza a tirar de ella y sigue hasta deshacer todo el trabajo que había hecho su ama. Con ambas me ocurrió lo mismo pues al terminar de leerlas me dije que eran dignas de releerlas con el tiempo. Obras que te quedan en la memoria y de las cuales sacas muchas conclusiones. En este caso, la condición humana.

El libro me gustó en su conjunto, tanto por su cuidada presentación, que lo es, por la ilustración impactante de su portada, como por el sentido de la gran calidad que atesora en su interior. Una calidad narrativa por la que la autora nos sumerge en una obra de fácil lectura, con un lenguaje muy de nuestros tiempos, encontrándonos con registros diferentes según sea el personaje que intervenga, porque es una novela en la que se ven representadas una gran parte de la población de este país, la que más abunda, la clase media, con sus sentimientos, su quehacer diario pasando de un personaje a otro que, aunque sean tantos los que habitan en esa famosa manzana, poco a poco nos vamos familiarizando con sus problemas, sus alegrías, sus tristezas.

 Escrita en tercera persona, la autora nos cuenta cómo la tranquilidad de esos vecinos cambia en la madrugada de un siete de septiembre. Una madrugada que los padres de un adolescente, Julio, no iban a olvidar jamás, pero tampoco la iban a olvidar los vecinos de los portales colindantes donde se produjo el fatal incidente que truncaría una vida: el patio. Allí nunca pasaba nada, todo era considerado normal. Pero llegó el día fatídico. Y todo fue porque tres muchachos, en plena noche, se introdujeron a tientas por la rampa de acceso al mismo pero, con tan mala fortuna que, entre risa y risa de los adolescentes, uno de ellos, el más alto, tropezó con algo, dio un enorme traspié y cayó. Cayó hasta que poco a poco sentía que se le iba la vida. El fatal desenlace se produce.  

—¡Qué pena lo de ese chico! —suspiró la madre reanudando la conversación—. La muerte es lo peor de todo. La puñeta nos la están haciendo, eso es verdad, pero ¡cómo estarán los padres!

¿Por qué les estaban haciendo la puñeta?. Y lo intento explicar así porque es una palabra que se suele utilizar en la vida diaria y puede interpretarse según la connotación que tenga, en este caso la de enfado, irritación de unos vecinos que se ven involucrados en algo que según ellos, creen que no tienen arte ni parte. La notificación del inicio de un procedimiento judicial va llegando a los presidentes de los cuatro portales. La familia pide resposabilidades a los inmuebles a cuyos propietarios considera culpables del fallecimiento de su hijo.

La escritora madrileña nos va relatando de forma magistral todo lo que en la novela sucede, desde la relación de unos vecinos que están condenados a entenderse, al proceso judicial que va siguiendo su curso. Todo ello bien documentado pero descrito de manera que nos enfrascamos en la lectura de la misma sin querer perdernos detalle, con un lenguaje a veces escrito en tono desenfadado, haciendo soltar incluso alguna carcajada,  sabiendo utilizar figuras como metáforas, comparaciones, exclamaciones o sonidos onomatopéyicos en su justo momento. Diálogos que agilizan la lectura de esta maravillosa obra.

Una obra, en definitiva, muy de nuestros días, un fiel reflejo de lo que ocurre en nuestra sociedad. Son, pues, situaciones que suceden a diario. Y ese carácter actual que tiene El patio dormido lo vemos en sus personajes pues nos los podríamos encontrar en el rellano de nuestras plantas. Vecinos con los que apenas uno se saluda, si es que nos saludan. Pero llega un momento, un problema, en el que por muy conflictivas que sean las relaciones que se produzcan entre nosotros no nos queda más remedio que afrontarlo.


16 enero, 2012

CRUZANDO EL PUENTE CON ANDRIC


UN PUENTE SOBRE EL DRINA  
Ivo Andric

Ivo Andric, connotado escritor de origen bosnio (1892-1975), creó en los años de la Segunda Guerra Mundial una trilogía novelística denominada ‘de los Balcanes’, compuesta por las novelas Crónica de Travnik, Un puente sobre el Drina y La señorita. Parece incuestionable que la mejor de las tres es Un puente sobre el Drina. Drina es el nombre de un río que desde antiguo ha hecho de frontera natural entre Bosnia y Serbia. En el siglo XVI, cuando la región circundante conformaba una provincia adscrita al imperio turco, el visir que la gobernaba decidió construir un puente sobre dicho río, a la altura de la ciudad de Vichegrado. La presente novela cubre los cuatro siglos que van desde la construcción del puente hasta el período inicial de la Primera Guerra Mundial.
Se trata de una obra de ficción con basamento en hechos históricos. Su registro es episódico, alternando la anécdota y el drama. Andric es un estupendo fabulador, de modo que en ‘Un puente…’ ni lo dramático degenera en patetismo ni lo anecdótico en banalidad. Nunca sus materiales, aquellos de los que se vale el autor, llegan a degradar el alto nivel del todo. Mi impresión es que Andric advierte en cada situación un indicio de sentido –de la vida, del mundo, del ser del hombre-, sin que esto signifique que la novela abunde en filosofías (como no abunda en simbolismos). Acaso hiciera una muy certera selección de lo que, a su juicio, merece ser contado en unas crónicas (mayormente ficticias, cómo éstas de la ciudad de Vichegrado). El caso es que ninguno de los episodios que componen la novela adolece de gratuidad, y todos ellos sortean con éxito los riesgos de la sordidez y el melodrama.

Cada personaje y cada sucedido, cual sea el volumen que ocupen en el conjunto, son útiles al propósito de plasmar la dignidad de lo humano, así como la futilidad de toda soberbia (ideas ambas, directrices en el plan de la obra). Por momentos parece que el relato discurriese por la senda ejemplarizante de cierta literatura, mas enaltecido por la ausencia de moralinas y de sentencias edificantes. He ahí, por ejemplo, el personaje de lamentable estampa cuyo destino es el de ser bufón del pueblo: incluso él en su miseria puede disfrutar un asomo de gloria, cuando le celebran la pequeña aunque temeraria proeza de bailar sobre el parapeto del puente. O aquel dignatario musulmán, presunto erudito y cronista de la ciudad, en realidad un fatuo ignorante: los hechos más notorios –tal como la conquista austro-húngara de la provincia- empalidecen ante su convencimiento de que nada sería más importante que su propia persona; así pues, sus pretendidas crónicas no pasan de unas cuantas páginas de cuadernillo.

Si el puente aparece como escenario privilegiado de la novela, su kapia (una terraza provista de graderíos a mitad de la construcción) es a la vez hito y epítome de la historia de Vichegrado -tanto la Gran Historia como la pequeña, la del hombre común-. En la kapia se reúnen a diario ociosos y opinantes de lo divino y de lo humano. Allí se comentan noticias y se cierran negocios, y refuerzan los vichegradenses sus vínculos sociales. Desde la kapia se arroja al río la bella a la que han desposado contra su voluntad. Ahí se le ha aparecido a un jugador compulsivo el Gran Engatusador, que lo ha curado de su mal pero también le ha robado su vitalidad. Sobre sus piedras consuman los juerguistas grandes borracheras, y las nuevas generaciones de estudiantes filosofan sobre el mundo y rivalizan en amores. Es en una losa de la kapia donde se emplazan bandos y proclamas oficiales (del gobierno turco primero, luego del poder habsburgo). En esta terraza se instalan las guardias que controlan el paso de viajeros y transeúntes. En postes erigidos de propósito exhibe el ejército turco cabezas de rebeldes serbios –también de inocentes que han tenido el infortunio de hacerse sospechosos al arbitrio otomano-. En la terraza discuten los musulmanes, ya en el siglo XIX, las medidas a seguir para enfrentar el avance de las tropas cristianas. Y es en ella que un comité representativo de las tres religiones de la ciudad (musulmana, ortodoxa y judía) recibe al victorioso ejército austro-húngaro –y sufre el desdén de su altivo comandante-.
El puente es también testigo y víctima del cambio de los tiempos. Nacido como fundación pía por voluntad de un gobernante islámico, conforme transcurrenlos siglos su significado religioso pierde relevancia, para terminar cediendo frente al utilitarismo y pragmatismo de los días de la modernidad (llegada con el dominio habsburgo). Estupefactos, los musulmanes de Vichegrado observan lo que ellos consideran característica inquietud y laboriosidad de los occidentales, manifiesta en los ingentes trabajos de reparación del puente. Pero también constatan –desde el prisma de los más ancianos y testarudos de entre aquellos- la malicia e impiedad del eterno enemigo, al enterarse de que los austríacos han instalado una carga explosiva en la emblemática edificación.

Entrado el siglo XX, el país será un enorme campo de batalla en que se batirán los ejércitos de imperios decadentes y de incipientes estados. Si durante las Guerras Balcánicas de 1912 y 1913 en Vichegrado sólo resuenan ecos distantes de la guerra, el conflicto desatado por el atentado de Sarajevo (el asesinato del archiduque Francisco Fernando) acaba por ensañarse con la ciudad.
“[…] Y el puente –comenta en medio de la novela el narrador- continuaba irguiéndose, como siempre, con su eterna juventud, la juventud de una concepción perfecta y de las grandes y estimables obras del hombre, que ignoran lo que sea envejecer y cambiar y que no comparten –al menos, ésa es la impresión que dan- el destino de las cosas efímeras de este bajo mundo”.
Lo lamentable es que los azares de la historia confirmen a veces –tal vez con demasiada frecuencia- la precariedad de impresiones como aquella. No obstante, habría que congratularse de que la misma veleidosa historia inspire obras de excelencia, como ésta que he comentado. Si hay gentes de talento en quienes aproveche la inspiración, mejor que mejor.

Rodrigo

- Ivo Andric, Un puente sobre el Drina.
ISBN-9788498677959
RBA, Barcelona, 2010. 448 pp. 48 páginas

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